Ayer podíamos leer en la prensa regional un extenso artículo periodístico de “cámara” de la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón Entrialgo, donde nos presentó el año que termina como un punto de inflexión para Gijón. Repite varias veces la idea de que la ciudad “ya está en otra pantalla” respecto a 2023 y que, por primera vez en mucho tiempo, existe una hoja de ruta clara y proyectos visibles. Se refiere sobre todo a los tres grandes ejes que considera su gran carta de presentación: Naval Azul, Tabacalera y la ampliación del Parque Científico. Sostiene que pocas ciudades pueden presumir de tener tres operaciones urbanísticas de semejante envergadura avanzando al mismo tiempo y, además, repartidas por el oeste, el centro y el este.
Sobre Naval Azul insiste en que el Ayuntamiento controla ya el 60% del suelo, lo que le permite conducir el desarrollo. Defiende el paseo provisional —que reconoce que en Gijón genera recelos— como una forma de mostrar a la ciudadanía dónde se han invertido cuatro millones de euros. Explica que el primer edificio lo construirá el propio Ayuntamiento, un inmueble “del siglo XXI”, pensado para empresas que buscan espacios modernos e hiperconectados. Para ella, Naval no es solo urbanismo: es una declaración de intenciones, un mensaje de que “Gijón puede” y de que el oeste tendrá las mismas oportunidades que el este, aunque se llegue con 25 años de retraso.
De Tabacalera resalta que la obra está licitada, adjudicada y con previsión de iniciar los trabajos en el primer trimestre, incluso antes de lo que se esperaba. Lo presenta como un proyecto cultural clave, vinculado a la revitalización de la ciudad. En cuanto al Parque Científico, recuerda que la parcela para la Universidad Europea está prácticamente lista para entregarse y pone mucho énfasis en que esa institución representa empleo, innovación y una apuesta clara por el talento local.
A partir de ahí, Moriyón conecta estos proyectos con el gran objetivo que marca para el resto del mandato: “blindar Gijón como ciudad de oportunidades”. Dice que no basta con atraer inversiones; lo importante es que los jóvenes quieran quedarse. Por eso anuncia un paquete de medidas específico antes del verano, dirigido a retener a quienes salen del Campus y también a atraer a quienes se fueron. Subraya que el empleo es solo una parte del problema: hacen falta impuestos razonables, transporte eficaz, oferta cultural, deportiva y de ocio accesible, y un entorno urbano en el que resulte agradable vivir.
En materia patrimonial y de gestión económica presume de haber podido comprar varias parcelas estratégicas —La Isla, la finca de la Pecuaria para aparcamiento y los terrenos de las antiguas naves de Flex— gracias a una buena planificación presupuestaria. Afirma que todo ello incrementa el patrimonio municipal y fortalece la capacidad del Ayuntamiento. También reivindica el Plan Llave y la colaboración público-privada como herramientas imprescindibles ante la magnitud del problema de la vivienda, defendiendo que “no sobra nadie” en ese reto. Y resume la situación económica asegurando que Gijón inicia el nuevo año con el mayor presupuesto de su historia, lo que considera prueba de solvencia y de un futuro basado en obras y proyectos reales, no en promesas.
Cuando habla de infraestructuras, marca un contraste muy nítido. Sobre los accesos al Puerto y el vial de Jove se muestra abiertamente pesimista. Habla de “bloqueo”, de falta de coordinación entre Ministerio y Principado y de silencios injustificables por parte de un PSOE que gobierna en ambos niveles. Dice no entender cómo algo tan decisivo para sacar del barrio mil camiones diarios puede estar sin respuestas. En cambio, sobre el hospital de Cabueñes dice tener más confianza porque percibe trabajo técnico, orden y planificación. También se declara optimista respecto a la Universidad Europea y al proyecto sanitario de Quirón, que —según asegura— siguen apostando por la ciudad.
En el plano urbano y cultural repasa varias actuaciones: la nueva sede del parque de Bomberos, diseñada junto a los propios profesionales; la posibilidad de que Emulsa crezca en el espacio actual de Roces; el futuro del museo Piñole, donde admite que tuvo que dar marcha atrás al ver el rechazo social, priorizando la tranquilidad y las garantías de conservación; y el uso del Revillagigedo, donde dice que hay opciones expositivas, pero que debe informar primero a la Fundación Cajastur. También se detiene en El Llano, donde destaca la escuela infantil, la mejora del entorno de la Escuelona, rebajes de aceras y diálogo constante con las asociaciones vecinales, a las que valora por preocuparse tanto por las obras como por los problemas sociales del barrio.
Respecto al episodio del albergue, Moriyón confiesa que el escrache le dejó una sensación “horrible”. Reconoce que pudo interpretarse como una cesión ante el odio, pero insiste en que su prioridad fue proteger la seguridad, la intimidad y la dignidad de las personas sin hogar. Agradece el respaldo de la Red de Inclusión Activa y deja claro que, mientras duren las obras, nadie quedará desatendido.
En el terreno político, sostiene que la relación con el PP es correcta y pone como prueba los tres presupuestos aprobados sin grandes conflictos. Rechaza la idea de ruptura antes de elecciones, porque —dice— Gijón no puede pagarse inestabilidad. No ahorra críticas, en cambio, para el PSOE gijonés: lo acusa de mentir sobre los terrenos de Naval, de votar en contra de su compra y de estar completamente desconectado de la realidad. Sobre su futuro político, afirma que está disponible para seguir en 2027 si su partido —Foro— lo decide, y remarca que la formación quiere ser decisiva en un cambio de signo político en Asturias, incluso abriendo la puerta a posibles entendimientos con el PP si eso facilita la alternancia.
En suma, la alcaldesa traza un balance que combina autocomplacencia y reivindicación: presenta el año 2025 como el año en que los grandes proyectos arrancan definitivamente, el Ayuntamiento gana músculo patrimonial y financiero, se sientan las bases para retener a la juventud y Gijón se proyecta, según sus palabras, hacia un futuro hecho “a base de realidades”. bit.ly/4qnUIxP
Si tuviésemos que realizar un desglose correcto de los problemas que hoy tiene Gijón tras algo más de dos años y medio de mandato del gobierno de la derecha extrema de: Foro, PP y tránsfuga, que hoy gobierna el municipio los podríamos enumerar de la siguiente forma:
1. El primer problema estructural que no se disuelve con logros retóricos es el de los accesos al Puerto de El Musel, una cuestión que lleva años sin solución satisfactoria con gobiernos socialistas ni con el gobierno actual. Aunque Moriyón reivindica que el Ayuntamiento tiene ambiciones para invertir en la zona y mejorar el entorno, la realidad es que la infraestructura viaria principal sigue sin resolver sus problemas básicos de circulación y seguridad logística. A día de hoy, más de 1 300 camiones pasan cada día por la avenida Príncipe de Asturias, generando congestión, ruido y riesgos para la población urbana, sin una alternativa definitiva aprobada que desvía ese tráfico pesado fuera del casco urbano. La Voz de Asturias
Además,
los proyectos prometidos hace años para resolverlo, como algún trazado
soterrado o túnel, han sido descartados por motivos técnicos y económicos,
y no hay todavía trazado claro ni plazos confirmados para una
solución definitiva. El Ministerio de Transportes ha optado por
soluciones en superficie que todavía están en estudio, mientras que el
plan más ambicioso sigue sin fecha de ejecución ni garantía de que elimine el
tráfico pesado de la avenida. elDiario.es
Lo que se ve no es una transformación en curso como nos afirma Moriyón,
sino una ineficacia prolongada en cerrar un problema que afecta al día a
día de los vecinos y a la competitividad del puerto.
2. El
segundo problema evidente es el de la vivienda. La crisis en Gijón no está resuelta, ni
siquiera con anuncios de iniciativas que parecen muy por detrás de la necesidad
real. En la prensa regional se repite que el acceso a la vivienda es un
problema grave y estructural, hasta el punto de que ha sido foco de debates
nacionales en Gijón y de encuentros de grandes ciudades para abordar la “emergencia
habitacional”. Europa Press Aunque Moriyón habla de planes y acuerdos,
los datos apuntan a que el parque de vivienda pública es escaso y hay
barrios con dificultades muy claras de acceso a vivienda, especialmente en
zonas del sur de la ciudad. miGijón
Los informes técnicos han señalado que barrios como Santa Bárbara,
Contrueces, Ceares o El Llano muestran los mayores problemas de acceso, y la
rotación de la vivienda pública es baja, lo que agrava aún más la presión del
mercado. Actualidad Asturias+1
3. El tercer problema que las cifras y hechos reflejados por Moriyón oculta en sus declaraciones del discurso de los “grandes proyectos” es la falta de coordinación institucional y la lentitud de las soluciones que dependen de múltiples administraciones. La propia prensa ha recogido episodios como el pulso entre el Ayuntamiento y el Principado sobre la cesión de suelo para vivienda pública, donde la oposición de los “monchitos” del PSOE ha criticado duramente al gobierno local por rechazar inicialmente propuestas que habrían acelerado la construcción de cientos de viviendas. PSOE Gijón/Xixón Ese ejemplo es una muestra más de la letalidad que hoy supone la polarización cuando es utilizada en beneficio propio, para ocultar la incapacidad de sacar adelante iniciativas que son torpedeadas entre administraciones de diferente signo político por intereses electorales. Sucede tanto de derecha a izquierda como de izquierda a derecha, es el cáncer político que hoy sacude a la sociedad española. Esta situación no es un hecho aislado: demuestra que las iniciativas que necesitan cooperación con otras administraciones (Principado, Gobierno central) avanzan a paso lento o con fricciones que retrasan resultados concretos. Esto se evidencia tanto en problemas como la vivienda, como en accesos portuarios y en otros planes urbanísticos relacionados con infraestructuras y servicios.
En conjunto, lejos de “estar en otra pantalla” o haberse puesto definitivamente en marcha, Gijón sigue enfrentando problemas estructurales de movilidad y logística urbana, profunda presión sobre el acceso a la vivienda, y una gestión interadministrativa que aún no produce resultados concretos y rápidos. Estas cuestiones no se corrigen con proyectos anunciados o territorios comprados si no se traducen en soluciones tangibles para las personas que viven, trabajan y se desplazan en la ciudad.
Pero más allá de los grandes proyectos anunciados por Moriyón en esta entrevista amable en el diario cortesano de LNE, Gijón arrastra problemas que condicionan profundamente la vida diaria y la calidad de vida de sus habitantes. Uno de ellos es la presión sobre el mercado de la vivienda, que se ha traducido en un aumento muy notable de los precios de compra: en octubre de 2025 el precio por metro cuadrado en la ciudad alcanzó cifras históricas y creció casi un 20 % en un año, superando la media nacional y elevando aún más la dificultad de acceder a una vivienda propia o alquilada, incluso en barrios tradicionalmente más asequibles. Esta escalada pone una carga económica extra sobre los hogares y hace que la vivienda sea menos accesible para jóvenes, familias de ingresos medios y personas en situación vulnerable. RUSSPAIN.COM
Relacionado con esta presión, la gestión del parque de vivienda pública también evidencia tensiones reales. Según el Principado de Asturias, la escasa rotación de viviendas sociales y la falta de suelo municipal aportado para nuevas promociones dificulta que se amplíe de manera efectiva la oferta pública que alivie la situación de emergencia social. Esto sitúa a muchos hogares en listas de espera prolongadas, en situaciones de vulnerabilidad sin salida clara y dependencia de adjudicaciones de urgencia que no alcanzan a cubrir la necesidad. El diario de Asturias
Otro problema que no siempre aparece en los discursos institucionales es la inseguridad y conflictos de convivencia en barrios concretos. En algunos sectores de la ciudad, como en Contrueces, vecinos han denunciado una situación “insostenible” debido a amenazas y agresiones entre residentes, lo cual apunta a tensiones sociales que superan la gestión urbana y que requieren política social, educativa y comunitaria, no sólo inversión en infraestructura. Facebook
Además de estos problemas estructurales, hay realidades que afectan directamente a la seguridad física y al urbanismo cotidiano. El caso de una vecina que sufrió el colapso del suelo de su vivienda por problemas de humedad pone de manifiesto que parte del parque residencial sufre deficiencias técnicas y deterioro ligado al clima y al mantenimiento, lo que plantea riesgos para la seguridad y la habitabilidad de algunos edificios. RUSSPAIN.COM
También Gijón enfrenta problemas de seguridad pública y violencia, siendo escenario de sucesos graves, como el hallazgo de un caso de violencia machista que terminó con una mujer asesinada por su pareja, un episodio que refleja que los problemas de género y violencia doméstica no son ajenos a Gijón y que requieren respuestas contundentes en términos de prevención, protección y apoyo a las víctimas. ElHuffPost
Por último, aunque no menor, está la incertidumbre industrial y laboral derivada de la evolución de sectores tradicionales como el siderúrgico. Empresas como ArcelorMittal enfrentan dilemas de modernización, presión de costes y reducción de capacidad que amenazan empleos ligados a la economía histórica de la región. Esta situación crea un telón de fondo de preocupación para trabajadores, familias y comunidades que dependen de industrias que están transformándose de manera profunda y no siempre con certezas sobre el futuro. El País
En conjunto, estos problemas muestran que las dificultades cotidianas de los gijoneses no se reducen a base de anuncios de grandes proyectos urbanísticos: acceso a la vivienda, convivencia vecinal, seguridad, mantenimiento del parque residencial y la estabilidad del empleo industrial siguen siendo problemas que moldean la vida en la ciudad y que, en muchos casos, exigen soluciones urgentes y sostenidas que de momento no se ven.
Uno de los muchos hechos que pone en entredicho la gestión del gobierno municipal de Foro y PP en estos dos años y medio es la permutación y modificación urbanística que facilitó la llegada del hospital privado del Grupo Quirón. El pleno del Ayuntamiento aprobó en 2025 cambios en el Plan General de Ordenación Urbana para permitir la construcción del hospital privado, una operación que sólo contó con el apoyo de Foro, PP, Vox y parte del PSOE, y fue rechazada expresamente por Izquierda Unida y Podemos. Según estas formaciones, la modificación puntual de suelo público facilita una operación privada que supone una mercantilización de servicios públicos básicos como la sanidad, y se percibe como una cesión de patrimonio público a intereses privados en lugar de optar por una expropiación que garantizase interés público pleno. Desde la izquierda municipal se denunció que esta permuta no solo beneficia a la empresa sino que compromete espacio que podría haberse utilizado para ampliar el Hospital de Cabueñes o para otros fines de interés general bit.ly/3MRDhr4
Esa polémica no surge únicamente de posturas ideológicas: grupos vecinales y formaciones políticas llegaron a exigir la expropiación de las parcelas de Quirón en Cabueñes precisamente para asegurar que ese suelo quedara bajo control público y no dependiera de decisiones económicas privadas. La compra condicionada “si el juzgado tumba” el hospital refleja la incertidumbre y la falta de control público absoluto sobre un espacio que tiene un impacto directo en la sanidad y el urbanismo de Gijón bit.ly/3MUNcw0
Esta operación, lejos de ser aislada, hay que enmarcarla en la percepción que tienen los ciudadanos con hechos que han sucedido desde la llegada de Moriyón al gobierno municipal. El actual Gobierno municipal ha gestionado el suelo público de manera poco transparente o poco vinculada a necesidades sociales urgentes. Durante la discusión sobre Quirón hubo voces que afirmaron que la administración local, con su modificación urbanística, “convierte suelo público en negocio privado” y que esta política podría sentar precedentes que prioricen intereses empresariales por encima de las necesidades básicas de la ciudadanía bit.ly/45cprWw
Otro hecho que ha generado descontento e interrogantes es la postura del socio de la derecha extrema, PP, respecto a políticas sociales sensibles como el reconocimiento de zonas tensionadas para la vivienda. En Gijón, ciertos barrios sufren problemas de acceso al alquiler y de precios elevados, y la declaración de zonas tensionadas es una herramienta que parte de la oposición consideraba necesaria para activar medidas de protección del derecho a la vivienda. Sin embargo, el PP se opuso a dicha declaración, argumentando que “no resuelven el problema y agravan la situación”, en lugar de respaldar medidas estructurales de vivienda pública o intervenciones directas para colectivos vulnerables. Esta postura se interpretó por muchos actores políticos y vecinos como una falta de voluntad para reconocer formalmente la gravedad de la crisis habitacional y una preferencia por soluciones de mercado en lugar de intervención pública robusta bit.ly/3KQaHWx
Pero más allá de cuestiones urbanísticas y sociales, otro hecho que pesa sobre la imagen pública del gobierno municipal es el pacto con la ultraderecha. En la campaña municipal de mayo de 2023, Moriyón aseguró que no pactaría con los extremos, pero tras las elecciones fue investida alcaldesa con los votos de Foro, PP y Vox, formando un tripartito de derechas que luego fue cuestionado por buena parte de la ciudadanía por su falta de coherencia con lo anunciado en campaña electoral bit.ly/495OqvJ
Ese pacto tuvo consecuencias prácticas, como la entrada de Vox en el gobierno local y la posterior expulsión de su concejala (la sobrina del cardenal) Sara Álvarez Rouco, lo que llevó a que un exmiembro de Vox, Oliver Suárez, a pasase e integrarse en el equipo de gobierno como no adscrito (tránsfuga) algo considerado por muchos como un caso claro de transfuguismo político para mantener la estabilidad del Ejecutivo municipal miGijón+1. Lo llamativo del caso es que, años antes, Moriyón había criticado fuertemente este tipo de comportamientos, calificando de falta de decencia que alguien mantuviera cargos políticos únicamente para “cobrar un sueldo o ver si me ficha el contrario”, y señalando que quienes no estén identificados con el proyecto deberían retirarse bit.ly/48SMU1g … Parece que para Moriyón y sus fieles del Foro más las complicidades del PP, esas palabras perdieron valor cuando la supervivencia política lo exigió.
A estas tensiones políticas se suma otro hecho que ha generado un debate intenso sobre la ética y la responsabilidad pública: la condena de Carmen Moriyón por parte del Tribunal de Cuentas por pagos indebidos con cargo al Grupo Municipal de Foro Asturias. El Tribunal estableció que Moriyón debe abonar más de 31.000 euros —un total cercano a 35.000 euros con intereses— por la utilización irregular de fondos del grupo municipal correspondientes a dietas, cargos con tarjeta de crédito, pagos a terceros y otros conceptos sin justificación clara, lo que el fallo considera un perjuicio a las arcas públicas. La sentencia generó críticas de todos los grupos de la oposición, que incluso pidieron su dimisión, señalando que la utilización de dinero público para fines que no respondían al carácter finalista de la subvención era inaceptable en un cargo público elDiario.es+1.
Moriyón defendió que todo se trató de un “error contable” y que no existió enriquecimiento personal, pero esta explicación no aplacó las críticas sobre la falta de transparencia ni sobre cómo se gestionan los recursos públicos en su entorno político miGijón. La oposición también cuestionó que la alcaldesa perciba, además de su salario como regidora, una asignación por su cargo como presidenta de Foro Asturias, algo que en su momento no fue claramente declarado en la declaración de actividades y que generó acusaciones de “sobresueldo” más allá de lo que establece su sueldo oficial como alcaldesa Europa Press.
Todo lo anterior se combina con el hecho de que Moriyón es figura tri-asalariada: percibe retribuciones del Ayuntamiento de Gijón, ingresos por su actividad profesional en medicina privada y una asignación por su cargo en el partido político Foro, lo que para algunos críticos plantea serias dudas sobre qué imagen y qué prioridades se están ofreciendo a los gijoneses, en un contexto donde muchos problemas sociales, urbanísticos y de servicios siguen sin resolverse con la urgencia que la ciudadanía demanda bit.ly/4pbZQEm
En este escenario, resulta imposible pasar por alto el papel de la oposición socialista en Gijón, convertida —más por omisión que por acción— en la mejor coartada del actual gobierno municipal. La figura de José Ramón García “Monchu”, al frente de la agrupación local, aparece para muchos como un lastre que debilita cualquier intento serio de regeneración interna y de construcción de una alternativa creíble al rumbo que hoy marca Carmen Moriyón. Su liderazgo, más preocupado por mantener equilibrios orgánicos que por confrontar políticamente decisiones que afectan de lleno a la ciudad, termina por ofrecer una imagen de desmovilización, de resignación y de falta de ambición. En este contexto, el gobierno municipal de la derecha extrema actúa con margen, sin apenas contrapeso político real, y convierte el Ayuntamiento en un espacio donde las mayorías se sostienen con pactos oportunistas mientras la oposición mira hacia dentro. Ignorar esta realidad sería engañarse: el socialismo gijonés, lejos de ser palanca de cambio, se ha convertido —por ahora— en un factor que explica por qué determinadas prácticas y derivas de gobierno continúan sin encontrar una respuesta firme, articulada y convincente.
Para terminar el post quiero manifestar que al final, el balance que Carmen Moriyón intenta convertir en relato de éxito se sostiene más en titulares que en certezas. Nos ofrece promesas envueltas en grandes proyectos, fotos de futuro y una retórica de ciudad “en otra pantalla”, mientras los problemas de fondo —vivienda, desigualdad entre barrios, falta de coordinación institucional, deterioro del espacio público— continúan intactos o avanzan demasiado despacio. Y frente a ello, tenemos una oposición socialista incapaz de articular alternativa, más pendiente de sí misma que de la ciudad, le sirve involuntariamente de salvoconducto político. Así, los triunfos que hoy se presentan como logros históricos corren el riesgo de ser pan para hoy y hambre para mañana: brillo inmediato, rédito electoral y, detrás, una ciudad que sigue esperando soluciones sólidas, duraderas y hechas pensando en quienes la viven, no solo en quienes la gobiernan.
Ya lo dijo Antonio Machado: “En política, lo importante no es hacer creer, sino no engañar.”
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