EL “TANCREDISMO” DE BARBÓN ANTE CERREDO: MIRAR AL SUELO MIENTRAS ARDE LA MINA

En política, tancredismo suele significar una actitud de inmovilidad o pasividad ante un problema grave, como si el político “se quedara quieto” esperando que el peligro pase solo.

Viene de Don Tancredo, un personaje del toreo cómico que se quedaba inmóvil sobre un pedestal para que el toro lo confundiera con una estatua. La RAE define dontancredismo —sinónimo de tancredismo— como la “actitud imperturbable” de quien parece no darse cuenta de un peligro grande.

En política se usa para criticar a quien:

  • no toma decisiones importantes;
  • evita enfrentarse a un conflicto;
  • deja que el problema crezca;
  • actúa como si no pasara nada.

El 28 de abril de 2026, La Voz de Asturias publicó las declaraciones de Nieves Roqueñí, actual presidenta de la Autoridad Portuaria de Gijón y exconsejera de Transición Ecológica, Industria y Desarrollo Económico del Gobierno asturiano. Roqueñí defendió que el informe de la Inspección General de Servicios encargado por el Ejecutivo autonómico a raíz del accidente de la mina de Cerredo, en el que murieron cinco trabajadores y otros cuatro resultaron heridos, no establece una vinculación entre lo ocurrido y la gestión política. La exconsejera, de cuya Consejería dependía el servicio de Minas, figura entre las siete personas señaladas por responsabilidad en el borrador de dictamen elaborado por Covadonga Tomé, presidenta de la comisión parlamentaria que investiga el accidente. Ante las peticiones de dimisión, Roqueñí afirmó que el informe “ha marcado actuaciones a mejorar”, pero “no hace una vinculación del accidente y la gestión política”, y reiteró que mantiene esa posición de falta de relación entre la causa del siniestro y la gestión realizada en la Consejería.

El 29 de abril de 2026, El Comercio informó del debate en la Junta General sobre las responsabilidades políticas por el accidente de Cerredo. En esa sesión, el consejero de Ciencia, Industria y Empleo, Borja Sánchez, defendió que la responsabilidad política del Gobierno del Principado pasa por asumir las once recomendaciones recogidas en el informe de la Inspección General de Servicios. También explicó que el Ejecutivo trabaja, junto al Instituto de Transición Justa, en una evaluación sobre la explotación de carbón en Asturias y sobre posibles conflictos con la normativa vigente, como la Ley de Cambio Climático y el plan de cierre de la minería no competitiva. Sánchez restó peso al borrador del dictamen de la comisión de investigación presentado por Covadonga Tomé, al afirmar que contiene “errores” y que necesita “bastantes mejoras”. Entre esos errores citó que se atribuyeran responsabilidades al IDEPA pese a reconocer, según su interpretación, que no tenía competencias directas en la autorización o control de la actividad minera. También criticó que se señalara a funcionarios con nombres y apellidos, al considerar que podría afectar a su derecho a la presunción de inocencia.

El 30 de abril de 2026, RTPA recogió las declaraciones de Adrián Barbón en el pleno de la Junta General. El presidente del Principado (Don Tancredo) insistió en que, por el momento, no se ha demostrado que existan responsabilidades políticas en su administración, “por acción o por omisión”, en el accidente de la mina de Zarréu/Cerredo que costó la vida a cinco trabajadores. No obstante, admitió que su Gobierno no hizo “una valoración correcta” al suprimir en 2019 el Servicio de Seguridad Minera. Barbón afirmó que si más adelante aparecen nuevos elementos podría cambiar de posición y depurar responsabilidades “caiga quien caiga”, pero subrayó que no está dispuesto a condenar a nadie ni a decir que determinadas personas son responsables de cinco muertes cuando, según él, no hay pruebas que lo demuestren. También señaló a la empresa por realizar una actividad no autorizada, que calificó como la causa directa del siniestro.

En conjunto, las informaciones publicadas entre el 28 y el 30 de abril de 2026 reflejan que el Gobierno asturiano y cargos señalados en el borrador de la comisión parlamentaria aceptan la existencia de actuaciones a mejorar, la necesidad de aplicar recomendaciones y la conveniencia de recuperar el Servicio de Seguridad Minera, pero niegan que esté demostrada una relación directa entre la gestión política y el accidente. Frente a esa posición, la oposición y Covadonga Tomé mantienen la exigencia de responsabilidades políticas por las decisiones administrativas previas, la supresión del Servicio de Seguridad Minera, el funcionamiento del Servicio de Minas y la falta de control sobre la explotación.

En las noticias citadas del 28, 29 y 30 de abril de 2026 no aparecen declaraciones directas de familiares de los trabajadores fallecidos ni de los trabajadores heridos en el accidente de Cerredo. Las declaraciones recogidas corresponden a cargos políticos e institucionales: Nieves Roqueñí, Borja Sánchez, Covadonga Tomé y Adrián Barbón.

El 22 y 23 de abril publiqué dos post en el blog donde explicaba las responsabilidades del gobierno autonómico amparándose en lo que dice la ley en cuanto a las responsabilidades legales que tenían con el servicio de minas. Se puede leer en los siguientes enlaces: https://bit.ly/4uhXsi6, https://bit.ly/4cYgkfl

Confrontados los dos posts que escribí con las declaraciones de Nieves Roqueñí, Borja Sánchez y Adrián Barbón, casan solo en un punto: todos parten de que la causa directa del accidente fue la actividad de la empresa en una explotación no autorizada. Pero no casan con el núcleo de mi argumentación de los post, porque en los mismos separo dos planos distintos: una cosa es la responsabilidad penal directa por la explosión y otra la responsabilidad política y administrativa por el funcionamiento del Servicio de Minas, por las autorizaciones, las inspecciones, la vigilancia, la tramitación de denuncias y la reacción ante indicios de irregularidad. Esa separación aparece expresamente en mis posts: señalo que el dictamen provisional no sostiene que la Administración causara directamente el accidente, sino que hubo fallos de control, supervisión, inspección y coherencia autorizatoria que contribuyeron a mantener un contexto de riesgo no corregido https://bit.ly/4ucdkTi  

Roqueñí intenta cerrar el debate afirmando que el informe de la Inspección General de Servicios “ha marcado actuaciones a mejorar”, pero “no hace una vinculación del accidente y la gestión política”. Ese argumento desplaza el foco desde la gestión del Servicio de Minas hacia la causalidad directa del siniestro. El problema, según lo desarrollo en los posts, es que la responsabilidad política no exige demostrar que un cargo público provocó materialmente la explosión, sino determinar si quienes dirigían la Consejería competente cumplieron con su deber de supervisar un servicio público que tenía funciones de autorización, inspección, vigilancia y reacción ante actividades mineras irregulares https://bit.ly/48wa8cZ  

El argumento de Borja Sánchez sigue una línea parecida. El consejero afirma que la responsabilidad política del Gobierno pasa por asumir las once recomendaciones del informe de la Inspección y por completar la evaluación de la explotación de carbón en Asturias. También resta valor al borrador de dictamen por contener, a su juicio, errores, entre ellos el señalamiento de funcionarios y la atribución de responsabilidades al IDEPA. Sin embargo, el propio hecho de asumir once recomendaciones sobre planificación inspectora, herramientas digitales, revisión de transmisiones de derechos mineros, regulación de los Proyectos de Investigación Complementaria y posible refuerzo organizativo del servicio confirma que existían deficiencias relevantes en la gestión previa. El Gobierno de Barbón, por tanto, admite la necesidad de corregir el sistema, pero evita traducir esas deficiencias en responsabilidades políticas concretas https://bit.ly/4cVx3Q9

La posición de (“Don Tancredo”) Barbón es la más clara en esa estrategia defensiva. El 30 de abril de 2026 admitió que, “visto en perspectiva”, su Gobierno no hizo una “valoración correcta” al suprimir el Servicio de Seguridad Minera al inicio de la legislatura, pero rechazó que esa reestructuración pueda vincularse al accidente y volvió a colocar el centro de la responsabilidad en la empresa, afirmando que si esta no hubiera hecho algo para lo que no tenía autorización no habría habido cinco muertos. Esa afirmación puede servir para señalar la causa empresarial directa, pero no responde al reproche político-administrativo planteado en mis post: por qué una actividad ilegal o irregular pudo mantenerse sin una reacción pública eficaz en un sector sometido precisamente a control minero https://bit.ly/4mYos3M

Ahí está la principal contradicción. El Gobierno regional sostiene que no hay responsabilidad política demostrada porque no se ha acreditado una relación directa entre la actuación administrativa y el resultado mortal. Mis posts, en cambio, sostienen que ese no es el estándar propio de una comisión parlamentaria ni del control político. La Junta General controla la acción del Consejo de Gobierno y puede exigir responsabilidad política; la responsabilidad política y administrativa no se confunde con la penal. La Ley de Minas tipifica como infracción grave la realización de actividades de aprovechamiento sin autorización, y la Ley 40/2015 reconoce a las Administraciones la potestad de comprobar, verificar, investigar e inspeccionar actividades sometidas a la legislación aplicable… Cuestión que el gobierno de Barbón se paso por el arco del Triunfo https://bit.ly/4cImfpP  

Por eso, las responsabilidades que el Gobierno de Barbón elude o rebaja en su discurso no son, estrictamente, responsabilidades penales por los homicidios, sino responsabilidades políticas y administrativas por el estado y funcionamiento del control público minero. Entre ellas figuran la supresión en 2019 del Servicio de Seguridad Minera, la falta de una planificación inspectora suficientemente reglada, las deficiencias en la trazabilidad y tramitación de denuncias, la necesidad de revisar las transmisiones de derechos mineros, la utilización de los PIC en un contexto de cierre de la minería no competitiva y la ausencia de una reacción más intensa tras antecedentes e indicios previos. El informe de Inspección, asumido por el propio Gobierno, apuntó a recomendaciones precisamente en esos ámbitos, y Europa Press recogió que el informe señalaba el uso de los PIC como vía para autorizar extracción de carbón y eludir el plan de cierre https://bit.ly/3OPywje  

En mis posts, la crítica no consiste en negar que la empresa tenga responsabilidad directa, sino en rechazar que esa responsabilidad empresarial borre las obligaciones públicas de vigilancia, inspección y reacción que tiene el Gobierno de Barbón. El razonamiento es que una explotación clandestina o irregular no convierte a la Administración en ajena al problema, sino que activa precisamente el ámbito de actuación de la autoridad minera. Si había deberes públicos de inspección y control, y si el propio informe oficial detecta fallos en inspecciones, denuncias, trazabilidad, transmisiones, cobertura normativa y organización del servicio, entonces la tesis gubernamental de que todo queda reducido a la conducta de la empresa resulta insuficiente para cerrar el debate político https://bit.ly/4dea18y

En resumen, Roqueñí, Sánchez y Barbón no rebaten el fondo de mis explicaciones en los dos post: desplazan el debate desde la responsabilidad política por la gestión del Servicio de Minas hacia la ausencia de prueba penal directa contra cargos públicos. Admiten mejoras, reconocen fallos de valoración y aceptan reformas del sistema, pero evitan asumir que esas mismas deficiencias puedan generar responsabilidades políticas. Esa es la responsabilidad eludida por el Gobierno regional: no la de haber provocado directamente la explosión, sino la de haber dirigido, mantenido o no corregido a tiempo un sistema de control minero que, según el informe y el debate parlamentario, funcionó con carencias graves antes de la tragedia de Cerredo.

El tancredismo” que puede apreciarse en esta situación no consiste en que el Gobierno asturiano no haya hecho absolutamente nada después del accidente. Sí ha encargado un informe, ha anunciado recomendaciones, ha hablado de recuperar el Servicio de Seguridad Minera y ha prometido mejoras. El tancredismo” está en otra parte: en moverse administrativamente, pero permanecer inmóvil políticamente. Es decir, reconocer fallos, admitir que hubo cosas que mejorar, incluso aceptar que la supresión del Servicio de Seguridad Minera no fue una valoración correcta, pero evitar que todo eso tenga consecuencias políticas concretas. La RAE define el dontancredismo”, sinónimo de “tancredismo”, como la actitud imperturbable de quien parece no darse cuenta de la amenaza de un peligro grande. En este caso, aplicado al debate político, el peligro no es solo el accidente ya ocurrido, sino la posibilidad de que un sistema público de control minero haya fallado gravemente y que, aun así, nadie asuma responsabilidad política por ello.

La posición de Nieves Roqueñí encaja en esa lógica porque desplaza el debate desde la gestión política del Servicio de Minas hacia la causa directa del accidente. Ella sostiene que el informe de la Inspección General de Servicios marca actuaciones a mejorar, pero no vincula el accidente con la gestión política, e insiste en que no hay relación entre la causa del siniestro y la gestión realizada en la Consejería. Esa defensa puede tener sentido si se está hablando de responsabilidad penal directa por la explosión, pero resulta insuficiente si el debate es político y administrativo. Roqueñí fue consejera del área de la que dependía el Servicio de Minas, y el reproche que se plantea no es que ella provocara materialmente la explosión, sino si desde su Consejería se ejercieron con suficiente rigor las funciones de supervisión, inspección, vigilancia y reacción ante irregularidades en una explotación minera.

El argumento de Borja Sánchez sigue el mismo patrón. El consejero presenta la asunción de las once recomendaciones del informe como la forma de asumir la responsabilidad política. Pero ahí aparece una sustitución: se cambia la responsabilidad política por los fallos detectados por una hoja de ruta de mejoras futuras. Asumir recomendaciones es necesario, pero no equivale por sí solo a depurar responsabilidades por lo ya ocurrido. El propio informe, según Europa Press, apunta al uso de los Proyectos de Investigación Complementaria como vía para autorizar extracción de carbón y eludir el Plan de cierre; menciona ausencia de consultas al Instituto de Transición Justa; constata reducción de efectivos e incremento de funciones en el Servicio de Minas; y detecta áreas de mejora en transmisiones de derechos y concesiones mineras en unidades en abandono o cierre. Si el Gobierno de Barbón asume ese informe como propio, no puede reducirlo a un simple catálogo técnico de mejoras sin afrontar la dimensión política de esos fallos.

En el caso de Adrián Barbón, el tancredismo” es todavía más visible porque hay una admisión expresa de error seguida de una negativa a extraer consecuencias políticas. El 30 de abril de 2026 reconoció que, “visto en perspectiva”, su Gobierno no realizó una valoración correcta al suprimir el Servicio de Seguridad Minera al inicio de la legislatura. Sin embargo, rechazó vincular esa reestructuración con el accidente y volvió a centrar la causa en la empresa, afirmando que si la empresa no hubiera hecho algo para lo que no tenía autorización, no habría habido cinco muertos. Esa afirmación señala una causa empresarial directa, pero no responde a la pregunta política central: ¿Cómo pudo mantenerse una actividad no autorizada en un sector sometido a control público minero?

Ahí está el núcleo del problema. Barbón, Roqueñí y Sánchez no niegan que existieran fallos, pero intentan encapsularlos como “ámbitos de mejora”, “errores a corregir” o “valoraciones incorrectas”. Eluden convertir esos fallos en responsabilidad política. Dicho de otro modo: aceptan que el sistema debía funcionar mejor, pero rechazan que quienes dirigían ese sistema tengan que responder políticamente por no haberlo corregido antes. Esa es la forma concreta de “tancredismo”: quedarse quietos en la atribución de responsabilidades mientras anuncian movimiento en las reformas futuras.

Mis posts anteriores apuntan precisamente a esa separación entre planos. No plantean, al menos según el contenido enlazado, que la Administración causara directamente la explosión, sino que la Administración minera pudo incurrir en fallos de control, supervisión, inspección y coherencia autorizatoria que contribuyeron a mantener un contexto de riesgo no corregido. En uno de mis post se recoge que el debate no se limita a la conducta de la empresa, porque el Gobierno del Principado tenía atribuciones en autorización, inspección y vigilancia de trabajos mineros, además de potestad sancionadora y de declaración de caducidad.

Ese enfoque tiene respaldo normativo. La Ley 40/2015 establece que las Administraciones deben velar por el cumplimiento de los requisitos previstos en la legislación aplicable y que, dentro de sus competencias, pueden comprobar, verificar, investigar e inspeccionar hechos, actos, actividades y circunstancias necesarias. La Ley de Minas, por su parte, considera infracción grave realizar actividades de aprovechamiento de recursos sin autorización o concesión, así como la intrusión de labores, los aprovechamientos fuera del perímetro otorgado, la falta de dirección facultativa y la conservación inadecuada de explotaciones si de ello puede resultar riesgo grave para las personas o el medio ambiente.

Por eso, la tesis gubernamental de Barbón que “la empresa actuó ilegalmente” no cierra el debate político. Al contrario: si una empresa actuaba ilegalmente en una mina, el papel de la autoridad minera era precisamente controlar, inspeccionar, verificar, sancionar o paralizar cuando procediera. La ilegalidad empresarial no convierte a la Administración en ajena al problema; activa el terreno propio de la vigilancia pública. Más aún cuando el propio informe habla de Proyectos de Investigación Complementaria, transmisiones de derechos, falta de consultas al ITJ, reducción de efectivos, necesidad de revisar el dimensionamiento del servicio y mejoras en procedimientos administrativos.

La pregunta que planteo como ciudadano es, ¿Si hubiese muerto, un hijo, un padre o un hermano de Barbón, Roqueñi y Sánchez habrían mantenido la misma postura?, tiene valor como interpelación moral y política, para poner de relieve otra cuestión: la distancia entre la frialdad institucional del argumento y la gravedad humana de lo ocurrido. Cuando se responde a cinco muertes con fórmulas como “no hay vinculación demostrada”, “el informe no señala responsabilidades políticas” o “asumir recomendaciones ya es responsabilidad política”, la sensación pública puede ser que el Gobierno se protege a sí mismo antes que asumir el alcance de los fallos detectados. Esa pregunta desnuda el problema ético de fondo: si ante una tragedia de esa magnitud basta con anunciar mejoras sin que nadie asuma consecuencias.

El tancredismo” de esta supuesta “izquierda” representada por Barbón, estaría en presentarse como defensor de lo público, de los trabajadores y de la seguridad, mientras en un caso con cinco muertos reduce la responsabilidad política a esperar informes definitivos, discutir el borrador de la comisión, señalar a la empresa y prometer reformas. No es una acusación penal; es una crítica política: si el Servicio de Minas dependía del Gobierno autonómico, si el Servicio de Seguridad Minera fue suprimido en 2019, si el informe oficial constata deficiencias relevantes y si ahora se anuncia recuperar o reforzar lo que antes se debilitó, entonces la explicación pública no puede limitarse a decir que todavía no hay una relación causal directa probada.

En conclusión, el tancredismoestá en confundir deliberadamente o políticamente la ausencia de condena penal con la ausencia de responsabilidad política. Barbón, Roqueñí y Sánchez sostienen que no se ha demostrado que la gestión política causara directamente el accidente. En mis posts se responde que esa no es la única cuestión: la cuestión es si el Gobierno asturiano dirigió, organizó y supervisó adecuadamente el sistema público encargado de controlar la actividad minera. Con los datos citados, lo que se puede afirmar sin elucubraciones es que el Gobierno reconoce fallos, acepta recomendaciones y anuncia correcciones, pero evita asumir responsabilidades políticas personales o institucionales por el funcionamiento previo del Servicio de Minas. Ese es el punto donde la acusación de “tancredismo” adquiere sentido político.

Resulta bochornoso que la derecha y la ultraderecha asturiana —PP, Foro y Voxpretendan aparecer ahora como guardianes de la vergüenza política en el caso de Cerredo, cuando en otras tragedias de enorme gravedad, como la DANA del 29 de octubre de 2024 en Valencia, la exigencia de verdad, responsabilidades y reparación no ha recibido siempre el mismo tratamiento político. Aquella catástrofe dejó 237 víctimas mortales recordadas en el homenaje de Estado, según RTVE, mientras la investigación judicial sigue centrada en las responsabilidades derivadas de la gestión de la emergencia en la provincia de Valencia, donde El País cifra 230 muertos https://bit.ly/4tLmzu4

Esa contradicción no absuelve al Gobierno de Adrián Barbón. Al contrario, la hace todavía más evidente. Que PP, Foro o Vox utilicen el accidente de Cerredo para desgastar políticamente al Ejecutivo asturiano no elimina el fondo del problema: cinco trabajadores murieron en una explotación minera en la que, según lo que se viene conociendo, existían problemas de autorización, control, inspección y supervisión. Y ante una tragedia de esa magnitud no basta con decir que la culpa directa fue de la empresa, ni con refugiarse en que no existe todavía una responsabilidad penal acreditada contra cargos públicos. La responsabilidad política no funciona así. No exige que un consejero haya provocado materialmente una explosión; exige responder por cómo funcionaba el servicio público encargado de evitar que una actividad irregular llegara hasta ese punto.

En el caso de Cerredo, lo que debería exigirse con absoluta claridad es que toda la documentación relativa a autorizaciones, inspecciones, denuncias, transmisiones de derechos mineros, Proyectos de Investigación Complementaria, decisiones administrativas y funcionamiento interno del Servicio de Minas sea remitida a la Fiscalía, para que se depuren las responsabilidades que procedan. No se trata de condenar anticipadamente a nadie, ni a cargos políticos ni a funcionarios. Se trata de que quienes participaron en la cadena administrativa que permitió la falta de control sean examinados con todas las garantías, porque estamos hablando de cinco trabajadores muertos y de un servicio público cuya finalidad era precisamente vigilar una actividad de riesgo.

Lo que no resulta aceptable es convertir las deficiencias reconocidas en simples “mejoras futuras”. Barbón admite que su Gobierno no hizo una valoración correcta al suprimir el Servicio de Seguridad Minera, pero al mismo tiempo niega que eso permita hablar de responsabilidad política. Roqueñí sostiene que el informe no vincula el accidente con la gestión política. Borja Sánchez plantea que asumir las once recomendaciones del informe equivale a asumir responsabilidades. Esa línea argumental tiene un problema evidente: reconoce que había cosas que funcionaban mal, pero evita que quienes dirigían políticamente ese sistema asuman consecuencia alguna por ello.

Ese es el “tancredismo” de fondo. No es inactividad absoluta; es inmovilidad política. Es moverse en el terreno de los informes, los anuncios, las reformas y las recomendaciones, mientras se permanece quieto en lo esencial: la asunción de responsabilidades. Se acepta que el sistema debe corregirse, pero se niega que quienes lo organizaron, lo mantuvieron o no lo corrigieron a tiempo tengan que responder políticamente. Se señala a la empresa, cuya responsabilidad debe investigarse hasta el final, pero se intenta dejar fuera del foco a la Administración que tenía deberes de vigilancia, inspección y control.

La ciudadanía tiene derecho a no conformarse con esa explicación. Tiene derecho a exigir verdad, documentación, investigación y responsabilidades. También tiene derecho a recordar que, cuando la política se parapeta detrás de informes técnicos para evitar consecuencias, la democracia queda reducida a una escenificación. En una tragedia con trabajadores muertos, el Gobierno no puede limitarse a decir que aprenderá para el futuro. Debe explicar qué falló, quién decidió, quién supervisó, quién omitió controles, quién recibió advertencias y por qué no se actuó antes.

Tampoco se puede esperar demasiado de un Barbón que, en otros escenarios, ya mostró una forma de entender el poder más pendiente del equilibrio interno del partido que de afrontar determinadas realidades incómodas. En Llanes, durante demasiado tiempo, permitió que un socialismo deteriorado conviviera con una dinámica política cada vez más tóxica, mientras la ultraderecha de VecinosxLlanes y PP utilizaban la hemeroteca para señalar contradicciones que él prefería esquivar. Esa forma de actuar ayuda a entender por qué, en Cerredo, la prioridad vuelve a parecer la autoprotección política antes que una asunción clara de responsabilidades.

Al asturiano de a pie le queda, al menos, una herramienta: pasar factura democrática las próximas elecciones autonómicas. Es cierto que las listas cerradas no son el mejor mecanismo para exigir responsabilidades personales, porque muchas veces protegen a quienes deberían dar explicaciones directas. Pero aun así el voto sigue siendo una forma de castigar a quienes no quieren asumir el marrón que generaron o permitieron. Ante un caso como Cerredo, lo mínimo exigible es apoyar a quienes reclamen responsabilidades con hechos, documentos y argumentos, y no a quienes utilicen la tragedia solo como arma partidista como la derecha y la ultraderecha cuando en otras tragedias actuaron como “Don Tancredo”.

La vergüenza política no puede ser selectiva. No puede exigirse en Asturias y negarse en Valencia, ni reclamarse contra Barbón mientras se blanquean otras tragedias cuando afectan a gobiernos del propio signo. Pero esa hipocresía de la derecha y ultraderecha no limpia la responsabilidad del Gobierno asturiano. Cerredo exige verdad, Fiscalía, documentación completa y responsabilidades políticas. Y lo que hasta ahora muestran Barbón, Roqueñí y Sánchez es una defensa que intenta separar las mejoras reconocidas de las consecuencias políticas que esas mismas mejoras hacen inevitables. Ahí está el núcleo del problema: cinco muertos, un sistema de control cuestionado y un Gobierno de Barbón que, en lugar de asumir el peso político de lo ocurrido, sigue instalado en el “tancredismo”.

Ya lo dijo Harry S. Truman: “La responsabilidad termina aquí.”


(Es la traducción política de su lema “The buck stops here”, asociado a la idea de que quien gobierna no puede pasar la responsabilidad a otros. La Biblioteca Truman explica que el presidente tenía ese lema en su mesa y lo vinculaba directamente con la obligación de decidir y no pasar la carga a nadie más.)

 

ASTURIAS, LLANES O GIJÓN, SIN VIVIENDA NO HAY VIDA DIGNA

 

Ayer se publicaba en la prensa nacional la noticia donde se nos informaba de una estadística especial del INE que mide por primera vez la dificultad real para acceder a una vivienda en España. Los datos proceden de preguntas adicionales incluidas en la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 y se refieren a lo ocurrido durante los doce meses anteriores. La principal conclusión es que la mayoría de personas que intentaron cambiar de vivienda no lo consiguieron: 4.804.800 residentes en España de 16 años o más buscaron vivienda activamente, pero solo el 33,8% logró mudarse. Esto significa que 3.182.400 personas quisieron trasladarse a una nueva residencia y no pudieron hacerlo.

El INE interpreta esta cifra como una aproximación a la demanda insatisfecha de vivienda, aunque advierte de que probablemente se queda corta. La razón es que la estadística solo recoge a quienes llegaron a buscar activamente, pero no incluye a quienes ni siquiera iniciaron la búsqueda porque asumieron que el mercado no les permitiría encontrar una vivienda adecuada, ni a posibles demandantes externos, como extranjeros que quisieran mudarse a España pero no lo lograron.

Aunque el porcentaje de personas que buscó vivienda sin éxito representa el 7,6% de la población residente de 16 años o más, ese grupo supone la mayor parte de quienes sí querían mudarse. En total, el 11,5% de los ciudadanos tenía intención de cambiar de vivienda, pero la mayoría no consiguió hacerlo. La noticia subraya que esta dificultad no solo afecta a los proyectos personales o familiares, sino también a la movilidad laboral y económica, ya que limita la capacidad de las personas para trasladarse allí donde podrían vivir mejor o encontrar mejores oportunidades.

El motivo principal del fracaso en la búsqueda fue el precio. Según el INE, el 67,2% de quienes no encontraron nueva vivienda señalaron el “precio excesivo” como la causa principal. Muy por detrás aparecen otros motivos: un 6,6% indicó que las viviendas disponibles no tenían las condiciones que buscaban y otro 6,6% afirmó que su propio perfil no cumplía las condiciones exigidas para alquilar o comprar. El 19,6% restante mencionó otras razones no especificadas.

La noticia destaca que los grupos más afectados son los jóvenes, los inquilinos y los extranjeros. Casi la mitad de las personas que buscaron vivienda sin éxito tenía entre 30 y 44 años, con alrededor de 1,4 millones de afectados. Esta franja de edad es especialmente relevante porque coincide con etapas de emancipación, consolidación laboral y formación de nuevos hogares. Es también el grupo con mayor proporción de personas que aspiran a mudarse, ya que el 21,9% de la población de esa edad intentó cambiar de residencia. Sin embargo, el 68% de quienes buscaron vivienda en esa franja no la encontró.

Entre los más jóvenes, el problema aparece de otra forma: muchas veces la demanda ni siquiera llega a generarse. La noticia señala que el 67,1% de las personas de entre 18 y 34 años convivía con alguno de sus progenitores en 2025. Además, según Eurostat, la cifra asciende al 68,7% si se incluye a quienes viven fuera del hogar familiar pero siguen dependiendo económicamente de sus padres. El problema de emancipación se prolonga incluso más allá de los 30 años, ya que el INE recoge que el 70,8% de quienes intentaron mudarse entre los 30 y los 34 años no pudo hacerlo por el elevado precio de la vivienda.

Los inquilinos también se encuentran entre los colectivos con más dificultades. El 26,4% de quienes vivían en alquiler a precio de mercado intentó cambiar de vivienda en 2025, pero el 67,5% no pudo hacerlo. Entre los residentes nacidos fuera de la Unión Europea, el 22,7% quiso cambiar de vivienda, aunque el 60,6% buscó sin éxito. La noticia relaciona estos datos con el hecho de que estos grupos suelen estar menos asentados en una vivienda en propiedad y, por tanto, están más expuestos a las condiciones del mercado.

El problema se agrava en los municipios más grandes. En las localidades de menos de 10.000 habitantes, el 58,9% de quienes querían mudarse no encontró vivienda, mientras que en las ciudades de más de 500.000 habitantes el porcentaje sube hasta el 71,7%. También se observa diferencia según la densidad de población: en las zonas poco pobladas, el 55,2% de quienes buscaron vivienda no pudo mudarse, mientras que en las áreas densamente pobladas el porcentaje alcanza el 69,7%.

Aun así, la noticia remarca que el problema del precio es transversal y no se limita a las grandes ciudades. Tanto en áreas densamente pobladas como en zonas menos pobladas, más del 60% de quienes no pudieron mudarse señalaron el elevado precio como causa principal. El texto concluye que, mientras la creación de hogares siga creciendo a mayor ritmo que las viviendas terminadas, la diferencia entre la oferta disponible y la demanda de vivienda continuará aumentando, lo que seguirá presionando los precios y dificultando la movilidad residencial en España https://bit.ly/4daCQTj

A la vez que se publicaba esta noticia, también aparecía en la prensa otra que enlaza directamente con esta. La noticia explicaba que España cuenta hoy con más viviendas que antes de la crisis inmobiliaria, pero con menos propietarios. Según un informe del Ministerio de Derechos Sociales y el CSIC, el parque de viviendas ha aumentado en torno a dos millones de inmuebles desde 2008, pero ese crecimiento no ha servido para ampliar el acceso a la propiedad. Al contrario, la vivienda se ha ido concentrando cada vez más en manos de quienes ya eran propietarios, especialmente en los grandes tenedores.

El dato más llamativo es el de los propietarios con más de diez viviendas. Este grupo ha cuadruplicado su patrimonio desde 2008, pasando de controlar unas 138.000 viviendas a cerca de 626.000 en el año 2025. La noticia señala que esta evolución forma parte de una tendencia general: cuanto mayor era el número de inmuebles que poseía un propietario, mayor ha sido su crecimiento posterior. Es decir, el aumento del parque inmobiliario no se ha distribuido de manera equilibrada, sino que ha reforzado la posición de quienes ya tenían más viviendas.

Los datos muestran una evolución escalonada. Los propietarios de una sola vivienda han perdido peso, con una caída del 3,7%, mientras que los propietarios de dos viviendas han aumentado un 8,1%. A partir de ahí, el crecimiento es más intenso: los propietarios de tres inmuebles aumentan un 22,5%; los de cuatro, un 32,2%; los de cinco, un 43,1%; y quienes tienen entre seis y diez viviendas, un 51,6%. Incluso entre los grandes tenedores, el peso relativo ha aumentado un 35,3%.

La noticia interpreta este cambio como una transformación de fondo del mercado inmobiliario. La vivienda aparece cada vez menos como un simple bien de uso y más como un activo de inversión y acumulación patrimonial. Esto ha provocado una estructura más desigual, en la que el crecimiento del parque de viviendas no amplía la base de propietarios, sino que consolida a quienes ya estaban dentro del mercado.

Uno de los cambios más importantes es que, por primera vez en la serie histórica, los multi propietarios son mayoría. El 51,7% de los propietarios posee dos o más inmuebles, frente al 48,3% que tiene una sola vivienda. En el año 2008 ocurría lo contrario: el 53,9% tenía una única vivienda y el 46,1% poseía dos o más. La noticia presenta este dato como una señal de cambio estructural en el mercado.

La concentración también se observa en el alquiler. Menos de cuatro de cada diez viviendas arrendadas pertenecen a pequeños propietarios con un solo inmueble. Aproximadamente el 39% del mercado está en manos de caseros con una única vivienda, mientras que el 61% restante lo controlan multi arrendadores, grandes tenedores, empresas y entidades públicas. Incluso dejando fuera a empresas y entidades públicas, los propietarios particulares con dos o más viviendas concentran el 52,8% del mercado del alquiler.

Este predominio de los multi arrendadores es especialmente visible en las grandes ciudades y en las zonas con precios más tensionados. En Barcelona, representan el 60,8% del total; en Madrid, el 56,4%; y superan el 60% en ciudades como Palma o Las Palmas de Gran Canaria. La noticia vincula esta concentración con un mercado del alquiler cada vez más presionado por el desequilibrio entre oferta y demanda.

El texto también destaca que la demanda de alquiler crece más rápido que la oferta disponible. En los primeros días de publicación de una vivienda pueden concentrarse más de cien interesados, mientras los precios medios superan los 1.200 euros mensuales. En muchos casos, estos alquileres se sitúan por encima de la cuota hipotecaria media, lo que refleja la dificultad de acceso tanto al alquiler como a la compra.

A esta situación se suma una ligera ralentización de las compraventas. En febrero se registraron 59.689 operaciones, un 0,5% menos que un año antes, lo que supone el segundo descenso interanual consecutivo del año, según el INE. Aun así, la actividad sigue en niveles altos después del fuerte repunte de 2025, cuando se superaron las 714.000 transacciones, la cifra más elevada desde el año 2007.

La noticia señalaba que el ajuste de las compraventas no es igual en todo el territorio. En algunas comunidades las operaciones retroceden, mientras que en zonas tensionadas siguen aumentando. En estas áreas, la escasez de oferta continúa presionando los precios y dificultando el acceso a la vivienda, sobre todo para los hogares con menor capacidad económica.

El texto también subraya una transformación más amplia del sistema residencial español. Los hogares que viven en una vivienda en propiedad han pasado del 79% al 63,9% en catorce años, mientras que el alquiler ha aumentado del 11,9% al 19,2%. Al mismo tiempo, los hogares que reciben ingresos por alquiler casi se han triplicado, pasando del 3,4% al 9,8%.

El resultado descrito es una polarización creciente. Por un lado, aumentan los hogares que no poseen ningún inmueble, con un crecimiento del 63%. Por otro, también crecen los hogares con dos o más propiedades, que aumentan un 54%. En cambio, el grupo intermedio, formado por hogares con una única vivienda, se ha reducido un 22%.

La noticia concluye que el acceso a la propiedad ha dejado de funcionar con la misma fuerza como mecanismo de integración social y acumulación patrimonial. Tener empleo y renta ya no garantiza poder comprar una vivienda, mientras que quienes ya poseen inmuebles tienen más capacidad para acumular nuevas propiedades y obtener rentas.

Por último, el artículo aborda el debate político sobre el decreto de alquileres. El Congreso vota la prórroga extraordinaria de los contratos de alquiler incluida en el real decreto de medidas económicas. La norma pretende extender hasta finales de 2027, por un máximo de dos años, los contratos que venzan en ese periodo y limitar la actualización anual de las rentas. La medida busca evitar una subida brusca de precios ante el vencimiento de más de un millón de contratos firmados durante la pandemia a precios más bajos. Sin embargo, el decreto necesita la convalidación del Congreso y, según la noticia, no cuenta por ahora con la mayoría necesaria, con el rechazo anunciado de PP, Vox y Junts https://bit.ly/4n3Hg1S

Por último ayer también se publicó la noticia en la prensa regional asturiana donde se informaba que el 6,6% de los asturianos buscó vivienda en 2025 y no consiguió encontrar una opción adecuada, según el módulo sobre dificultades de acceso a la vivienda de la Encuesta de Condiciones de Vida publicado por el INE. Este porcentaje sitúa a Asturias por debajo de la media nacional, que fue del 7,6%, y la convierte en la octava comunidad autónoma de 17 con menor demanda insatisfecha de vivienda. Las mayores dificultades se registraron en Baleares, con un 10,6%; Madrid, con un 10,2%; Melilla, con un 9%; Canarias, con un 8,9%; y Cataluña, con un 8,7%.

En el caso de los menores de 30 años, además del precio, también pesan las condiciones exigidas para alquilar o comprar, ya que un 9,3% afirmó que no pudo acceder a una vivienda por no cumplir requisitos como avales, contratos indefinidos o fianzas elevadas. La noticia también destaca la dificultad de emancipación de los jóvenes. En 2025, el 67,1% de las personas de entre 18 y 34 años vivía con alguno de sus progenitores. En la franja de 26 a 34 años, el porcentaje bajaba al 44,3%, aunque con diferencias entre hombres y mujeres: el 50,8% de los hombres de esa edad seguía viviendo con sus padres, frente al 37,5% de las mujeres. El texto subraya que la permanencia en el hogar familiar no responde mayoritariamente a una elección personal. Entre los jóvenes de 26 a 34 años que vivían con sus padres, solo el 1,9% afirmó que seguía haciéndolo por voluntad propia pese a poder asumir el coste de una vivienda. La mayoría señaló motivos económicos y dificultades del mercado inmobiliario.

También se observa una relación clara entre ingresos y emancipación. Entre los jóvenes con rentas superiores a 24.000 euros netos anuales, el 29,4% vivía con sus padres, mientras que entre quienes ingresaban menos de 6.000 euros anuales el porcentaje subía al 55,5%. Además, el 25,6% de los jóvenes con mayores ingresos estaba ahorrando para comprar o alquilar, frente a solo el 2,9% entre los de rentas más bajas.

En conjunto, la noticia refleja que Asturias presenta una situación algo menos grave que la media española en cuanto a demanda insatisfecha de vivienda, pero confirma que el acceso a una casa sigue siendo difícil, especialmente para los jóvenes. El principal problema es la combinación de precios altos, ingresos insuficientes y requisitos económicos que dificultan tanto el alquiler como la compra https://bit.ly/4tKnAmg 

Las noticias publicadas ayer reflejan que el problema de la vivienda en España ha dejado de ser una dificultad puntual o limitada a determinados territorios y se ha convertido en una emergencia estructural. La primera idea clara es que existe una demanda real de vivienda que no logra materializarse: millones de personas intentan mudarse, pero la mayoría no lo consigue. El dato de que solo el 33,8% de quienes buscaron vivienda lograra cambiar de residencia muestra que el mercado no está dando respuesta a una parte muy importante de la población.

También reflejan que el principal obstáculo es el precio. Tanto en el conjunto de España como en Asturias, el coste excesivo de comprar o alquilar aparece como la causa central que impide acceder a una vivienda. No se trata solo de que falten viviendas disponibles, sino de que muchas de las que existen no están al alcance económico de quienes las necesitan. A ello se suman requisitos cada vez más difíciles de cumplir, especialmente para los jóvenes, como avales, contratos indefinidos, fianzas altas o perfiles económicos muy exigentes.

Las noticias muestran además que el problema afecta especialmente a quienes están en momentos vitales en los que la vivienda es clave: jóvenes que quieren emanciparse, personas de entre 30 y 44 años que buscan formar o consolidar un hogar, inquilinos que necesitan cambiar de residencia y población extranjera. En el caso de los jóvenes, el problema es todavía más profundo, porque muchos ni siquiera llegan a buscar vivienda al asumir que no podrán pagarla. El elevado porcentaje de personas de entre 18 y 34 años que sigue viviendo con sus padres refleja que la emancipación se retrasa principalmente por razones económicas y por las condiciones del mercado.

Otro aspecto importante es que las noticias reflejan una transformación del modelo de propiedad. España tiene más viviendas que antes, pero menos hogares propietarios. El aumento del parque inmobiliario no ha ampliado el acceso a la vivienda, sino que ha favorecido la concentración en manos de quienes ya poseían inmuebles. El crecimiento de los multi propietarios y de los grandes tenedores indica que la vivienda funciona cada vez más como un activo de inversión y acumulación, y menos como un bien destinado principalmente a cubrir una necesidad residencial.

Esta concentración también se traslada al alquiler. La mayoría de las viviendas arrendadas ya no está en manos de pequeños propietarios con una sola vivienda, sino de multi arrendadores, grandes tenedores, empresas y entidades públicas. Esto coincide con un mercado del alquiler muy tensionado, donde la demanda supera claramente a la oferta y los precios medios resultan cada vez más difíciles de asumir para muchas familias.

Las noticias también reflejan que el problema no se limita a Madrid, Barcelona o las grandes ciudades, aunque allí sea más intenso. Incluso en municipios pequeños y en comunidades como Asturias, donde la situación aparece algo menos grave que la media nacional, existe demanda insatisfecha y graves dificultades de emancipación para los jovenes. Esto muestra que la emergencia de la vivienda tiene una dimensión territorial amplia: afecta tanto a grandes áreas urbanas como a zonas menos pobladas, aunque con distinta intensidad.

En conjunto, las tres noticias reflejan que la crisis de la vivienda combina varios factores: precios elevados, ingresos insuficientes, falta de oferta asequible, endurecimiento de las condiciones de acceso, concentración de la propiedad y pérdida de capacidad de los hogares para convertirse en propietarios. El resultado es una sociedad más polarizada entre quienes ya poseen vivienda y pueden acumular más patrimonio, y quienes quedan fuera del mercado o dependen del alquiler en condiciones cada vez más difíciles.

Dos municipios asturianos que sufren dicha realidad de forma más cruda son Gijón y Llanes. La realidad que sufren gijoneses y llaniscos encaja directamente con el diagnóstico general publicado por el INE: el problema no es solo que haya personas que quieran comprar o alquilar, sino que una parte importante de quienes buscan vivienda no consigue acceder a ella. En España, el 7,6% de las personas de 16 años o más buscó vivienda activamente sin poder cambiar de residencia, y el principal motivo fue el precio excesivo, señalado por el 67,2% de quienes no lograron mudarse. Asturias aparece por debajo de la media, con un 6,6%, pero el propio dato demuestra que el Principado no está fuera del problema https://bit.ly/4cP62Ox

 

En Gijón, la situación se observa con especial claridad porque hablamos del mayor núcleo urbano asturiano y de barrios concretos ya señalados por el Principado como zonas con tensión residencial. La Arena y Cimadevilla figuran entre las áreas tramitadas como zonas de mercado residencial tensionado, junto con otros puntos de Asturias. La existencia de esas zonas no es una consigna política abstracta: responde a la constatación de que el acceso a la vivienda se ha encarecido y de que el mercado ordinario no está resolviendo el problema por sí solo https://bit.ly/4cD1qfy  

El conflicto político en Gijón se entiende porque el Ayuntamiento ha rechazado acompañar esa vía regulatoria. En marzo del año 2025, el pleno gijonés aprobó una resolución contra la declaración de La Arena y Cimadevilla como zonas tensionadas sin acuerdo previo con el Principado. La propuesta fue presentada por Foro y PP y salió adelante con los votos de Vox y del concejal no adscrito, mientras PSOE, IU y Podemos votaron en contra. El gobierno local defendió que faltaban datos suficientes y que no bastaba con hablar de topar precios https://bit.ly/4cVNOLh  

El resultado práctico de esa posición es que, ante una emergencia de acceso, el gobierno municipal de Foro, PP y tránsfuga, ha optado por poner cautelas y frenos a una herramienta pública pensada para intervenir en el mercado del alquiler. Esa actitud encaja con una visión política que desconfía de la regulación y que prefiere dejar más margen a la iniciativa privada. El problema es que, según los datos generales del INE, el mercado actuando por sí solo está dejando fuera a una parte significativa de la población, especialmente a jóvenes, personas de entre 30 y 44 años, inquilinos y hogares con menos capacidad económica https://bit.ly/4ueUivQ

Además, el choque no se limita a la regulación del alquiler. El Principado ha acusado al Ayuntamiento de Gijón de bloquear la cesión de suelo público para construir vivienda pública, y anunció que compraría suelo en la ciudad para impulsar pisos públicos ante ese bloqueo. Según la información publicada por el Gobierno asturiano, el compromiso municipal incluía avanzar en la cesión de suelo para construir hasta 300 viviendas públicas de alquiler asequible, pero el plazo terminó sin avances https://bit.ly/4mT3Ium   

Esto es especialmente relevante porque la vivienda pública y el alquiler asequible son herramientas directas para aliviar la presión sobre quienes no pueden competir en el mercado libre. Si el suelo público no se moviliza para vivienda pública, el gobierno municipal está renunciando a una de las pocas palancas municipales claras para intervenir en el problema. En ese contexto, la crítica de que el gobierno local mira antes al equilibrio con el sector privado que a la necesidad inmediata de los vecinos tiene base política: los hechos muestran resistencia a la declaración de zonas tensionadas y falta de avances en la puesta a disposición de suelo público https://bit.ly/4u6mlxa

En Llanes, la situación tiene una naturaleza distinta, pero igual de grave para la vida cotidiana de sus vecinos. No estamos ante una gran ciudad, sino ante un concejo turístico donde la presión sobre la vivienda se mezcla con el atractivo vacacional, la vivienda de uso turístico, la segunda residencia y la escasez de alquiler residencial estable. El propio alcalde de Llanes, él ultra Enrique Riestra,  llegó a afirmar que, si había un concejo asturiano con precios del alquiler realmente tensionados y necesidad de regulación efectiva, ese era Llanes https://bit.ly/4sWXQS7

La declaración de Llanes y Posada como primeras zonas de mercado residencial tensionado de Asturias confirma que el problema ha alcanzado un reconocimiento institucional. La resolución del Principado afecta a Llanes y Posada, en el concejo de Llanes, y a Arenas y Poo, en Cabrales, como primeros ámbitos declarados al amparo de la Ley estatal de Vivienda, con una duración inicial de tres años prorrogables https://bit.ly/4efulYb

En Llanes, además, la presión turística aparece como un factor central. El Gobierno asturiano ha señalado que limitará las viviendas de uso turístico en las zonas declaradas tensionadas porque este fenómeno agrava la presión sobre el mercado residencial. En el caso concreto de Llanes, ya se habían incluido la capital, Posada, Barru, Poo, Celoriu y Nueva dentro de las áreas en tramitación como zonas tensionadas https://bit.ly/4tyg25H

También consta que el Ayuntamiento de Llanes ha actuado sobre el problema de las viviendas turísticas, tarde y mal, con una moratoria y un Plan Especial de Usos Turísticos que amplía la suspensión de nuevas licencias a núcleos urbanos y rurales saturados, fijando como referencia el 5% de viviendas vacacionales o turísticas sobre el total de viviendas existentes. Lo ha hecho cuando el problema ya estaba desbocado por su negligencia en la gestión del problema al conceder desde el ámbito municipal licencias que saturaron el mercado inmobiliario. Lo que también puede afirmarse es que esas actuaciones no han evitado que el concejo acabe siendo uno de los primeros ámbitos oficialmente declarados tensionados en Asturias https://bit.ly/4cVOWyv

La diferencia entre Gijón y Llanes está en el tipo de presión. En Gijón, el problema se concentra en barrios urbanos con alta demanda y precios al alza. En Llanes, la dificultad se agrava por el peso del turismo y por el uso de viviendas como activo económico de temporada. Pero el efecto social es parecido: vecinos que trabajan, viven o quieren formar un hogar en el municipio encuentran cada vez más difícil acceder a una vivienda estable, mientras parte del parque disponible se orienta hacia usos más rentables.

La dependencia de la iniciativa privada que defienden los partidos de los gobiernos municipales de Gijon y Llanes, olvidan que dicha acción no resuelve por sí sola este problema, porque el promotor privado construye o pone vivienda en el mercado cuando le resulta rentable, no necesariamente cuando el vecino necesita vivienda asequible. En municipios tensionados, esa lógica puede aumentar el número de inmuebles sin garantizar precios accesibles. Eso conecta con la segunda noticia nacional: España tiene más viviendas que antes, pero menos propietarios, y el crecimiento del parque inmobiliario se ha concentrado en multi propietarios y grandes tenedores. La cuestión, por tanto, no es solo construir más, sino para quién, a qué precio y bajo qué régimen de acceso.

En Gijón, la falta de colaboración para movilizar suelo público y el rechazo a herramientas como la zona tensionada refuerzan la sensación de abandono entre quienes necesitan vivienda asequible. En Llanes, aunque hay medidas sobre vivienda turística, la declaración como zona tensionada demuestra que la presión ha superado la capacidad de respuesta ordinaria del municipio. En ambos casos, la emergencia se percibe porque las políticas municipales de ambos gobiernos no han conseguido garantizar que la vivienda funcione como derecho efectivo para la población residente.

La consecuencia social es clara: jóvenes que retrasan la emancipación, familias que no pueden cambiar de vivienda, trabajadores que tienen dificultades para vivir cerca de donde trabajan e inquilinos sometidos a una competencia cada vez mayor. Cuando los gobiernos municipales priorizan soluciones apoyadas en el mercado privado y retrasan o discuten las herramientas públicas disponibles, el problema no desaparece; se desplaza sobre los vecinos, que son quienes soportan los precios, los requisitos de acceso y la falta de alternativas asequibles.

Para terminar el post quiero manifestar que el problema de la vivienda ya no admite excusas ni diagnósticos tibios. Los datos muestran una realidad evidente: hay más viviendas, pero menos capacidad real de acceder a ellas; hay más parque inmobiliario, pero más concentración; hay más demanda social, pero menos respuestas públicas eficaces. La vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de desigualdad, y mientras miles de personas no pueden emanciparse, cambiar de casa o vivir cerca de donde trabajan, una parte creciente del mercado funciona como espacio de acumulación económica.

Lo más grave es que muchas administraciones siguen actuando como si el mercado fuese a resolver por sí solo un problema que precisamente ha ayudado a crear. Cuando los gobiernos municipales o autonómicos reducen su papel a esperar la iniciativa privada, retrasan la movilización de suelo público, discuten las zonas tensionadas o llegan tarde a regular la vivienda turística, el resultado no es neutral: favorecen que la carga recaiga sobre los vecinos. En municipios como Gijón y Llanes, esa realidad se percibe con claridad. La falta de vivienda asequible, el encarecimiento del alquiler, la presión turística y la ausencia de una respuesta pública suficientemente firme terminan expulsando de hecho a quienes solo quieren vivir en su ciudad o en su concejo.

La emergencia habitacional no se resuelve con declaraciones, ni con confiar en que los constructores hagan vivienda accesible por iniciativa propia, ni con medidas tardías cuando el problema ya está desbordado. Se resuelve con intervención pública, vivienda protegida, alquiler asequible, regulación efectiva y decisiones políticas que pongan por delante a la gente que vive y trabaja en esos municipios. Mientras eso no ocurra, gobiernos como los de Gijón o Llanes podrán hablar de gestión, pero lo que muchos vecinos verán será otra cosa: abandono, lentitud y una clara falta de prioridad hacia quienes sufren cada mes el precio de no poder acceder a una vivienda digna.

Ya lo dijo Aristóteles: “Gobernar no es proteger los intereses de quienes acumulan, sino garantizar las condiciones mínimas para que todos puedan vivir con dignidad.”

 

EL “TANCREDISMO” DE BARBÓN ANTE CERREDO: MIRAR AL SUELO MIENTRAS ARDE LA MINA

En política, tancredismo suele significar una actitud de inmovilidad o pasividad ante un problema grave , como si el político “se quedar...