Hoy podemos leer en la prensa regional que el Consejo de Gobierno del Principado aprobará la declaración del proyecto de implantación de la multinacional Costco en el polígono de Bobes (Siero) como Proyecto de Interés Estratégico Regional (PIER), una figura pensada para agilizar inversiones generadoras de empleo. La decisión, adelantada por La Nueva España https://bit.ly/4qYKiox, llega más de seis meses después de que la documentación completa fuese remitida a la agencia Sekuens y superando ampliamente el plazo legal de tres meses que fija la normativa, que considera el silencio administrativo como desestimatorio.
La tramitación comenzó con el registro de la solicitud el 25 de junio y el envío completo de la documentación el 1 de julio. Tras requerirse información adicional en agosto, la resolución definitiva fue rubricada el 6 de febrero. El proyecto prevé una inversión mínima de 45 millones de euros en dos años, la creación de al menos 170 empleos en los tres primeros años —260 en los tres siguientes—, con un 47% de contratos indefinidos a tiempo completo, además de unos 700 empleos indirectos. Incluye también una estación de servicio con al menos 16 surtidores.
Foto: Ángel García y Adrián Barbón
La decisión no ha estado exenta de polémica. El consejero de Ordenación del Territorio y coordinador general de IU, Ovidio Zapico, votará en contra, manteniendo la postura crítica de su formación. Izquierda Unida, junto con Comisiones Obreras, la Unión de Comerciantes y el Partido Comunista de los Trabajadores de España, presentó alegaciones al considerar que el proyecto no cumplía algunos requisitos exigidos para ser declarado estratégico, como el carácter novedoso de la actividad o su contribución a la cohesión territorial. Estos reparos motivaron la incorporación de un compromiso formativo previo a la contratación de la plantilla.
Uno de los principales obstáculos era que las directrices regionales de comercio impedían la instalación en suelo industrial. La vía del PIER permitió sortear esta limitación, ya que la declaración prevalece sobre el planeamiento urbanístico y habilita modificaciones normativas. El Gobierno regional descartó modificar “ad hoc” la normativa comercial y optó por esta alternativa jurídica.
El respaldo al proyecto tiene también una dimensión política. La aprobación supone una posición discrecional del Ejecutivo, basada en informes técnicos, pero no exenta de posibles recursos judiciales, que podrían ser impulsados por competidores del sector. No obstante, la interposición de demandas requeriría avales económicos debido al impacto que tendría paralizar la inversión.
En el plano político, la luz verde a Costco rebaja la tensión entre el alcalde de Siero, Ángel García “Cepi” (PSOE), y el Gobierno regional presidido por Adrián Barbón. García había criticado el retraso en la tramitación y llegó a advertir en rueda de prensa: “Espero que no sea necesario que desde Siero preparemos una candidatura para presentarnos a las próximas elecciones autonómicas para defender nuestros intereses”, denunciando lo que consideraba un trato “injusto” hacia el concejo. Sus palabras desataron un intenso cruce de declaraciones.
Barbón enmarcó la situación en un contexto más amplio, afirmando que “hay un grupo de empresarios asturianos que desde hace más de un año están analizando, trabajando, planteando la posibilidad de crear un nuevo partido de la derecha asturiana”, con el objetivo de “reordenar” ese espacio político ante el declive de Foro Asturias y la desaparición de Ciudadanos. Desde la oposición, el presidente del PP asturiano, Álvaro Queipo, respondió que la izquierda vive “una crisis profunda que responde al miedo y a la certeza de que van a perder el poder”, añadiendo que Asturias no necesita “un Partido Socialista en descomposición” ni que “nos regale un Jesús Gil”.
Según recoge también la información publicada posteriormente en el mismo diario https://bit.ly/4avKTrm, la inminente aprobación del proyecto, el más ansiado por el alcalde sierense, parece reconducir la situación y alejar, al menos por ahora, la posibilidad de una ruptura política. Así, la declaración estratégica de Costco no solo desbloquea una inversión relevante para Siero, sino que también contribuye a devolver cierta estabilidad a las relaciones entre el Ayuntamiento y el Ejecutivo autonómico.
En los últimos días, el escenario político asturiano ha estado marcado por la tensión generada tras las declaraciones del alcalde de Siero, Ángel García “Cepi”, quien insinuó la posibilidad de promover una candidatura alternativa en las próximas elecciones autonómicas si su concejo seguía recibiendo, a su juicio, un trato “injusto” por parte del Gobierno regional. Esa advertencia coincidió con rumores sobre movimientos empresariales para articular un nuevo partido de ámbito autonómico de cara a las elecciones de mayo de 2027.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, dio verosimilitud a esos movimientos, con el objetivo de “reordenar” ese espacio político ante el declive de otras formaciones. Sus palabras fueron interpretadas como una señal de preocupación ante la posible fragmentación o reconfiguración del mapa político regional. Desde la oposición, el líder del PP asturiano, Álvaro Queipo, intervino sembrando su toxicidad a la que os tiene acostumbrados hablando de algo que ni le va ni loe viene, mientras gobiernos en los que participa como Gijón y Llanes, viven momentos de zozobra con sus políticas en problemas como la vivienda.
En este contexto, algunos análisis interpretan que la mera posibilidad de una nueva fuerza política ha generado inquietud en el Ejecutivo autonómico, especialmente por el efecto que podría tener en el equilibrio electoral tanto en las autonómicas como en las municipales de 2027. La aprobación del proyecto de Costco en Siero, muy defendido por el alcalde, ha contribuido a rebajar la tensión interna y a cerrar, al menos de momento, la amenaza de ruptura.
En política, movimientos como el protagonizado por el alcalde de Siero se describen a menudo como un “órdago”. El término procede del mus, un juego de cartas tradicional en el que un jugador puede apostar todo lo que tiene en una sola jugada. Trasladado al ámbito político, un órdago es una apuesta máxima: una amenaza o desafío lanzado públicamente para forzar una reacción del adversario —o incluso de un compañero de partido—, sabiendo que si no se cumple puede debilitar gravemente la credibilidad de quien lo lanza.
Un órdago político, por tanto, no es solo una declaración contundente, sino una maniobra estratégica que en este caso le ha salido redonda al alcalde de Sier. Esta acción implica medir fuerzas, calcular apoyos reales y evaluar las consecuencias. Si el rival cede, quien lanzó el órdago sale reforzado, como es el caso del alcalde de Siero, si no, puede quedar expuesto y perder autoridad. En el caso asturiano, la insinuación de una candidatura alternativa funcionó como un desafío de alto voltaje que agitó el tablero político regional. Sin embargo, la rápida reconducción de la situación sugiere que el órdago cumplió su función como instrumento de presión más que como antesala de una ruptura definitiva.
Un análisis de la trayectoria política del alcalde de Siero, Ángel García “Cepi”, muestra un estilo de gestión caracterizado por posiciones firmes y, en ocasiones, confrontativas cuando considera que una decisión es beneficiosa para el concejo.
Nada más acceder a la alcaldía protagonizó un conflicto relevante con la Policía Local, derivado de desacuerdos organizativos y laborales que acabaron judicializándose. Aquel episodio marcó el inicio de un mandato en el que el alcalde evidenció una disposición clara a sostener sus planteamientos incluso ante una fuerte contestación interna.
Más recientemente, anunció su intención de privatizar el servicio público del agua, una medida que no figuraba explícitamente en su programa electoral. La decisión generó un fuerte rechazo entre parte de la ciudadanía, hasta el punto de que vecinos de Siero han iniciado una recogida de firmas para promover un referéndum que permita a la población decidir sobre el futuro del servicio. El alcalde, sin embargo, se ha mostrado contrario a la convocatoria de dicha consulta, defendiendo que la gestión propuesta es la más adecuada desde el punto de vista técnico y económico.
A este contexto se suma el anuncio del rector de la Universidad de Oviedo sobre la retirada de Lugones como sede del Centro de Inteligencia Artificial, alegando desavenencias con el Ayuntamiento de Siero, según recoge la información publicada https://bit.ly/40fmq4M La salida del proyecto supone un revés simbólico y estratégico para el municipio, que aspiraba a posicionarse en un ámbito tecnológico emergente.
Estos episodios refuerzan la percepción de un alcalde cuyo liderazgo político apuesta por decisiones ejecutivas, incluso cuando generan fricción institucional o social. Sus defensores interpretan esta actitud como determinación y capacidad de iniciativa; sus críticos, como una forma de gobernar poco dada al consenso y a la autocracia. En cualquier caso, el patrón común en los distintos conflictos apunta a una manera de ejercer la alcaldía basada en sostener con firmeza la postura propia frente a presiones externas, aun a riesgo de abrir controversias políticas y sociales de calado.
En el actual contexto político asturiano, y teniendo en cuenta el peso decisivo de la circunscripción central en unas elecciones autonómicas, la tensión generada por las advertencias del alcalde de Siero ha sido interpretada como un factor de presión relevante para el presidente del Principado, Adrián Barbón. Acostumbrado a una estructura orgánica cohesionada y sumisa dentro de la FSA, la posibilidad de que surgiera una nueva formación capaz de fragmentar el voto en la circunscripción central —donde se concentra buena parte del electorado— habría obligado al presidente a recular en su estrategia. En ese escenario, el pulso lanzado desde Siero se convirtió en un elemento a gestionar con cautela, hasta el punto de que determinadas decisiones políticas parecen haber contribuido a rebajar la tensión interna y a evitar un desgaste que pudiera comprometer las expectativas electorales socialistas en 2027.
La comparación entre lo ocurrido en el municipio de Siero y la situación política del municipio de Llanes reflejan dos estilos distintos de confrontación institucional, pero con un elemento común: el recurso al gesto de alto impacto como herramienta de presión. En el caso de Llanes, bajo el gobierno municipal fascista de; VecinosxLlanes y el PP, la estrategia frente al Ejecutivo autonómico de Adrián Barbón ha estado marcada por acciones simbólicas y mediáticas —colocación de pancartas en el balcón consistorial, envío de comunicaciones en catalán al Gobierno regional, convocatorias de manifestaciones y escenificaciones públicas de protesta— que han buscado situar el conflicto en el centro del debate político.
Estos movimientos pueden interpretarse como “órdagos de papel”: desafíos lanzados no tanto desde la capacidad real de alterar el equilibrio institucional, sino desde la intención de generar relato, tensión y visibilidad con el teatro que se montaba para ello. El fin último es ocultar su incapacidad de gestión como viene acreditada tras algo más de diez años de gobierno municipal. A diferencia de un órdago clásico —que implica asumir riesgos políticos concretos y medibles—, aquí el peso recae más en la puesta en escena que en la consecuencia jurídica o administrativa inmediata. Son gestos diseñados para cohesionar al electorado propio, marcar perfil ideológico y proyectar una imagen de firmeza ficticia frente al Gobierno autonómico.
Sin embargo, este tipo de confrontación simbólica tiene efectos ambivalentes. Por un lado, refuerza la identidad del bloque político que gobierna el municipio y alimenta la narrativa de agravio frente a la administración regional. Por otro, traslada hacia fuera una percepción de conflicto permanente que impacta negativamente en la imagen institucional del concejo, especialmente cuando las acciones se perciben como provocaciones más que como propuestas que sirvan para resolver los problemas.
En ese sentido, los órdagos lanzados desde el gobierno municipal de Llanes no parecen orientados a negociar desde una posición técnica o institucional sólida como ha sido el caso del alcalde de Siero, sino a tensionar el espacio público y polarizar el debate. Son movimientos que buscan erosionar políticamente al Ejecutivo de Barbón, pero cuyo resultado práctico depende menos de la eficacia administrativa que de la batalla del relato. Como ocurre con todo órdago, el riesgo está en que, si no se traduce en resultados tangibles para el municipio como sucede en Llanes, se termina percibiendo como una sucesión de gestos sin efecto real más allá del ruido político y la comedia.
En Llanes, una parte significativa del debate político local gira en torno al papel que desempeña el grupo municipal socialista en la oposición. La crítica que se escucha con frecuencia no se centra únicamente en discrepancias ideológicas, sino en la percepción de una oposición débil, excesivamente condicionada por las directrices orgánicas de la FSA y más preocupada por no incomodar al Gobierno autonómico que por ejercer una fiscalización firme y constante del equipo de gobierno municipal. Esa actitud es interpretada por algunos sectores de población como una renuncia práctica a liderar reivindicaciones propias del concejo cuando estas implican tensionar la relación con Oviedo.
Desde esa óptica crítica, el socialismo llanisco aparece como una estructura más pendiente de los equilibrios internos del partido —congresos, alineamientos orgánicos y posicionamientos dentro de la federación— que de construir una alternativa municipal sólida y reconocible. Se reprocha una falta de iniciativa política sostenida en el tiempo, una escasa capacidad para marcar agenda y una tendencia a reaccionar más que a proponer. En lugar de capitalizar el desgaste del gobierno local o de abanderar demandas concretas ante el Principado, se percibe un discurso contenido, medido y prudente hasta el punto de resultar políticamente inofensivo.
A ello se suma la crítica hacia la implantación social de sus representantes. Parte del electorado considera que algunos perfiles no han desarrollado durante la legislatura un trabajo visible y constante en el tejido asociativo, económico o vecinal del concejo, lo que dificulta que se consolide una relación de confianza basada en hechos tangibles. En política municipal, donde el conocimiento directo y la cercanía pesan especialmente, la falta de presencia continuada se traduce en pérdida de credibilidad. La expresión “por sus obras los conoceréis” resume bien esa exigencia ciudadana: no basta con la etiqueta partidista, sino que se demanda una trayectoria concreta y verificable.
El problema que señalan los críticos no es tanto la pertenencia a un proyecto político autonómico como la sensación de dependencia excesiva del mismo. Cuando la oposición municipal parece actuar más como delegación orgánica que como voz autónoma del concejo, se genera la impresión de que las prioridades locales quedan subordinadas a cálculos estratégicos de ámbito regional. En ese contexto, el socialismo llanisco afronta el desafío de reconstruir liderazgo propio lejos de los “paracaidistas” que se proponen y validan desde la FSA, reforzar su implantación real en el municipio y demostrar con trabajo continuado que su proyecto no es únicamente una extensión disciplinada de la estructura regional, sino una alternativa municipal con identidad y compromiso propios.
Para terminar el post quiero manifestar en definitiva, Llanes no necesita más gestos teatrales ni pancartas de balcón, ni tampoco una oposición muda pendiente de no incomodar a nadie en Oviedo. Llanes necesita dirigentes que sepan medir sus fuerzas y, cuando sea necesario, lanzar órdagos reales por los intereses del concejo, no desafíos de cartón piedra ni silencios tácticos. La política municipal exige valentía, pero también eficacia; firmeza, pero con resultados tangibles. Lo que se demanda por los llaniscos no es ruido ni disciplina orgánica ciega, sino liderazgo con arraigo, capacidad de negociación y determinación para plantar cara cuando Llanes lo requiera. Porque los llaniscos no viven de escenificaciones (teatrillos) ni de cálculos internos de partido, sino de decisiones que mejoren su día a día sus vidas… Y de momento eso no lo tienen.
Ya lo dijo Aristóteles: “No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”.




