ASTURIAS: PONER PRECIO A VIVIR, LLANES Y GIJÓN, LA VIVIENDA COMO NEGOCIO, NO COMO DERECHO

Ayer y hoy se han publicado dos noticias en la prensa regional que reflejan, desde perspectivas distintas pero complementarias, la evolución reciente del problema de la vivienda en España, especialmente en el mercado del alquiler.

Por un lado, hoy se publica el análisis de CaixaBank Research donde describe con bastante detalle cómo el mercado del alquiler se ha dividido en dos realidades muy diferentes. En los contratos en vigor, las subidas han estado fuertemente contenidas, generalmente por debajo del 3% entre 2018 y 2025. Esto se explica por la intervención regulatoria del Gobierno tras la crisis inflacionaria derivada de la guerra de Ucrania: primero con topes del 2% en 2022 y 2023, después del 3% en 2024, y finalmente con la introducción del nuevo Índice de Referencia del Alquiler de Vivienda (IRAV) en 2025, que incluso se ha situado por debajo del IPC. Durante la pandemia, esta contención fue aún más evidente, llegando a una mediana del 0%.

Sin embargo, el problema aparece con toda virulencia en los nuevos contratos de alquiler. CaixaBank Research señala que estos han experimentado un fuerte repunte tras la pandemia, con crecimientos que desde 2024 superan claramente la inflación y que en los últimos meses de 2025 alcanzan subidas medias del 15%. Esta brecha entre contratos antiguos y nuevos genera tensiones importantes en el mercado. Aunque existen regulaciones en zonas tensionadas como Cataluña —donde el precio no puede superar el del contrato anterior salvo excepciones—, la presión sigue siendo elevada.

El informe también analiza el esfuerzo económico de los hogares, que se mantiene en torno al 30% de los ingresos de media, pero con un dato preocupante: en un 30% de los casos se supera el 40%, entrando en situación de “sobreesfuerzo”. Esta situación provoca que muchas familias opten por cambiar de vivienda para mantener su nivel de gasto, aunque ello implique empeorar condiciones (casas más pequeñas, peor ubicadas o de menor calidad). Los jóvenes son el colectivo más afectado, ya que aproximadamente la mitad vive de alquiler y destina cerca del 30% de sus ingresos a la vivienda, con especial impacto en grandes ciudades donde el esfuerzo puede alcanzar el 35%-40%. Como conclusión, CaixaBank apunta que la única solución estructural pasa por aumentar la oferta de vivienda para mejorar la asequibilidad https://bit.ly/4rDxlAv

 

En este contexto, la segunda noticia publicada ayer muestra la respuesta institucional a este problema, con la creación desde el gobierno regional asturiano de “Casa 47”, la nueva entidad pública impulsada para fomentar el alquiler asequible https://bit.ly/4sl02U2 Este proyecto, heredero de Sepes, toma su nombre del artículo 47 de la Constitución y busca consolidar la vivienda como un derecho. Como ejemplo, se ha puesto en marcha un proyecto piloto en varias ciudades, destacando el caso de Mieres, donde 443 solicitudes compiten por 37 viviendas de alquiler asequible, lo que evidencia la alta demanda existente.

Las viviendas ofertadas presentan precios significativamente más bajos que los del mercado (desde 343 euros hasta 735 euros mensuales según tamaño) y contratos de larga duración (hasta 75 años), lo que pretende garantizar estabilidad a largo plazo. Además, el Gobierno regional plantea que la vivienda protegida tenga carácter permanente, evitando errores del pasado como su privatización. Este enfoque se complementa con una fuerte inversión pública: desde 2018 se han destinado 265 millones a políticas de vivienda en Asturias, y el futuro Plan de Vivienda 2026-2030 prevé 231 millones adicionales para construcción, ayudas al alquiler y rehabilitación.

En conjunto, ambas noticias se conectan claramente: mientras CaixaBank Research diagnostica un mercado tensionado, con fuertes subidas en nuevos alquileres y dificultades crecientes para los jóvenes, la iniciativa “Casa 47” representa un intento de las administraciones públicas de intervenir aumentando la oferta de vivienda asequible y garantizando el acceso como un derecho, especialmente en los territorios más afectados.

Las dos noticias permiten trazar una radiografía bastante clara, basada en datos y hechos, del problema de la vivienda en Asturias y de cómo este se manifiesta de forma desigual según el territorio.

El punto de partida lo marca el informe de CaixaBank Research, que identifica una fractura clave en el mercado del alquiler: mientras los contratos en vigor están estabilizados por regulación (subidas generalmente por debajo del 3%), los nuevos contratos han experimentado incrementos muy elevados, con una media del 15% en 2025. Esta diferencia no es menor, porque en la práctica crea dos mercados paralelos: uno “protegido” para quienes ya están dentro y otro mucho más caro para quienes acceden por primera vez o necesitan mudarse.

Este fenómeno tiene una traslación directa a Asturias. Aunque la comunidad no presenta, en términos agregados, los niveles de tensión de Madrid o Barcelona, sí reproduce las dinámicas fundamentales: el acceso a un nuevo alquiler es cada vez más caro en comparación con los contratos antiguos. Esto explica que, incluso en un territorio con menor presión demográfica, el esfuerzo medio del alquiler se sitúe en torno al 30% de los ingresos, con un 30% de hogares superando el 40%, lo que se considera sobreesfuerzo.

La segunda noticia aporta un dato muy concreto que permite medir la magnitud del problema en Asturias: en Mieres, 443 solicitudes para solo 37 viviendas de alquiler asequible. Esto supone aproximadamente 12 solicitantes por vivienda, una ratio que evidencia una demanda muy superior a la oferta disponible. Además, los precios de estas viviendas —343 € para dos dormitorios, 458 € para tres y 735 € para cuatro— sirven como referencia de lo que se considera “asequible” en el contexto regional. Es importante porque esos importes están claramente por debajo de los precios que están alcanzando muchos nuevos contratos en zonas urbanas.

Si trasladamos esta radiografía a las principales ciudades y municipios mencionados, se observan matices relevantes:

En Oviedo y Gijón, como principales núcleos urbanos, se concentran las dinámicas más cercanas a las descritas por CaixaBank. El esfuerzo del alquiler tiende a situarse entre el 30% y el 35% de los ingresos, pudiendo alcanzar el 40% en nuevos contratos, especialmente en zonas céntricas o bien comunicadas. Esto afecta particularmente a los jóvenes, que tienen mayor dependencia del alquiler. La consecuencia práctica es la movilidad forzada: muchas personas optan por viviendas más pequeñas, periféricas o de menor calidad para no superar su capacidad económica.

En Llanes, el problema adopta una forma distinta pero igualmente relevante: la presión turística. Aunque ambas noticias no entran en detalle sobre vivienda turística, el hecho de que en municipios de menor tamaño el esfuerzo se sitúe entre el 25% y el 30% no implica ausencia de problemas. En zonas costeras como Llanes, la disponibilidad de vivienda para alquiler residencial suele verse limitada por otros usos, lo que reduce la oferta efectiva y puede tensionar los precios en determinados momentos del año o en determinadas zonas. En este contexto, el acceso a vivienda estable puede ser especialmente complicado para población joven o trabajadores locales.

El caso de Mieres, por su parte, es especialmente ilustrativo porque muestra el “lado oculto” del problema: incluso en municipios con menor presión de mercado, la demanda de vivienda asequible es muy elevada cuando existe oferta pública. La ratio de más de 12 solicitantes por vivienda indica que hay una necesidad estructural no cubierta, que no siempre se refleja en los precios medios pero sí en la dificultad de acceso.

La radiografía que dibujan los datos del mercado del alquiler —subidas del 15% en nuevos contratos, esfuerzo medio del 30% con un 30% de hogares superando el 40%, y ratios de más de 12 demandantes por vivienda asequible— sitúa el problema de la vivienda en un plano muy concreto: existe una tensión real entre la demanda y la oferta, especialmente en el acceso a nuevas viviendas en alquiler.

En ese contexto, la posición de los gobiernos municipales que rechazan la intervención pública en el mercado debe analizarse a partir de los resultados observables y no de planteamientos teóricos. En municipios como Gijón o Llanes, donde se ha defendido una menor intervención y una mayor confianza en el funcionamiento del mercado, el dato relevante es que la oferta de vivienda asequible no ha aumentado mediante promoción pública en la actual legislatura. Es decir, no se han incorporado nuevas viviendas públicas que actúen directamente sobre uno de los principales cuellos de botella señalados por el propio análisis de CaixaBank: la falta de oferta.

Foto: Carmen Moriyón, Ángela Pumariega y Jesús Martínez Salvador, los tres máximos responsables del problema de la vivienda en Gijón

Esta posición política se alinea con planteamientos defendidos a nivel autonómico por dirigentes como el sicario, Álvaro Queipo, quien ha manifestado su rechazo a la intervención del mercado del alquiler mediante regulaciones o límites de precios, apostando por soluciones basadas en la liberalización y el estímulo de la oferta privada https://bit.ly/41h393q  Este posicionamiento es coherente en el plano ideológico, pero debe contrastarse con los resultados empíricos allí donde estas políticas no intervencionistas se han aplicado en el ámbito local bajo gobiernos de su partido y aliados afines, como los fascistas de VecinosxLlanes y sus socios de la derecha extrema de Foro en Gijón.

Si se comparan ambas realidades —por un lado, un mercado que eleva con fuerza los precios en los nuevos contratos, y por otro, la ausencia de incremento del parque público— se observa que no se ha producido una corrección estructural del problema desde el ámbito municipal. Esto tiene consecuencias prácticas: en Gijón, donde la presión urbana es mayor, el acceso a vivienda obliga a asumir esfuerzos cercanos o superiores al 35% de los ingresos en muchos casos; en Llanes, la limitada disponibilidad de vivienda residencial estable reduce las opciones para la población local, especialmente en determinadas zonas.

El elemento central del análisis es que el mercado, por sí solo, no está generando suficientes viviendas a precios compatibles con los niveles de ingresos de una parte significativa de la población, especialmente jóvenes. Este hecho no es una hipótesis, sino que se refleja en indicadores concretos: incremento de precios por encima de la inflación, sobreesfuerzo económico y elevada demanda cuando se ofrecen alternativas asequibles.

Frente a esto, la ausencia de promoción pública implica que uno de los mecanismos directos para aumentar la oferta —la construcción o movilización de vivienda protegida o asequible— no se ha utilizado en esos municipios durante la legislatura. Esto no invalida otras posibles estrategias, pero sí evidencia que no se ha actuado sobre el factor que el propio diagnóstico económico identifica como clave: ampliar la oferta disponible en condiciones accesibles.


 Foto: Juan Carlos Armas, Enrique Riestra y Álvaro Queipo, el trio calavera del problema de la vivienda en Llanes

Por tanto, el contraste entre la situación del mercado y la acción (o inacción) pública es claro: mientras los indicadores apuntan a un problema de acceso y de escasez de vivienda asequible, la falta de promoción pública mantiene inalterado ese desequilibrio. En términos prácticos, esto se traduce en que los efectos del mercado —subidas en nuevos contratos, mayor esfuerzo económico y desplazamiento de la población hacia viviendas de menor calidad o peor ubicación— continúan sin un contrapeso significativo desde el ámbito local.

En definitiva, el análisis de esta situación no requiere especulación, sino atender a los datos disponibles: un mercado tensionado, una demanda acreditada de vivienda asequible y una ausencia de incremento del parque público en determinados municipios como Llanes y Gijón. La consecuencia observable es que las dificultades de acceso a la vivienda persisten, especialmente para los colectivos más vulnerables dentro del mercado del alquiler, en un contexto en el que las posiciones contrarias a la intervención pública no han venido acompañadas, hasta el momento, de resultados que modifiquen esos indicadores.

El análisis de la situación de la vivienda en Asturias, a la luz de los datos disponibles, permite incorporar otro elemento relevante: el papel que se está otorgando al sector privado en la gestión del problema y cómo se está utilizando el suelo público.

Partiendo de la base ya descrita —un mercado con subidas del 15% en nuevos contratos, un esfuerzo medio del 30% y una demanda acreditada de vivienda asequible que supera ampliamente la oferta disponible—, la cuestión central es cómo se incrementa esa oferta. En este punto, algunas administraciones locales han optado por fórmulas en las que el protagonismo recae en promotores privados, facilitando suelo público o impulsando desarrollos en los que la rentabilidad empresarial es un elemento clave.

Este planteamiento se ha traducido, en la práctica, en políticas orientadas a hacer viable económicamente la promoción, como el debate sobre el incremento de los módulos de vivienda protegida. Subir estos módulos implica, de facto, elevar el precio máximo de venta o alquiler de la vivienda protegida, lo que puede facilitar la entrada de promotores, pero al mismo tiempo reduce el grado de asequibilidad para los potenciales beneficiarios. Es decir, introduce una tensión directa entre viabilidad económica del promotor y accesibilidad para la población.

En este contexto, el uso de suelo público adquiere una importancia estratégica. Cuando estos suelos se destinan a desarrollos donde la iniciativa privada tiene un peso central, el resultado depende de cómo se equilibre esa colaboración: si el objetivo prioritario es maximizar la oferta a precios accesibles o garantizar condiciones de rentabilidad que incentiven la construcción como promueve el gobierno municipal de Gijón. Los datos disponibles no reflejan, por el momento, un aumento significativo del parque de vivienda asequible derivado de estas políticas en los municipios analizados.

El caso de Llanes introduce otra dimensión del problema: la planificación urbanística. En el desarrollo del nuevo planeamiento, la proporción de vivienda reservada para uso público o protegido resulta un indicador clave. Si, dentro de un volumen elevado de nuevas viviendas previstas, la reserva para vivienda pública es minúscula, el efecto estructural sobre el acceso a la vivienda será limitado. Esto es especialmente relevante en municipios donde la disponibilidad de vivienda ya es un factor crítico, ya que el planeamiento urbanístico es una de las herramientas principales para corregir desequilibrios a medio y largo plazo.

Por tanto, al poner en relación todos estos elementos —mercado tensionado, escasez de oferta asequible, utilización de suelo público y planificación urbanística— se observa un patrón claro: las políticas que priorizan la participación del sector privado sin un incremento significativo del parque público ni una reserva amplia de vivienda protegida no están generando, según los indicadores disponibles, una mejora sustancial en el acceso a la vivienda como sucede en municipios como Gijón y Llanes.

En términos estrictamente analíticos, sin recurrir a valoraciones externas, los datos muestran que el problema identificado (falta de oferta asequible) persiste, mientras que las herramientas empleadas (ajustes de módulos, colaboración con promotores como sucede en Gijón y baja proporción de vivienda pública en planeamientos como sucede en Llanes) no han producido, hasta ahora, un cambio cuantificable en los principales indicadores: precios de acceso, esfuerzo económico de los hogares y número de viviendas disponibles a precios asequibles.

Para terminar el post quiero manifestar que a la vista de los datos y de los resultados observables, el problema de la vivienda en Asturias no admite ya diagnósticos ambiguos ni respuestas dilatorias. Cuando los nuevos contratos suben un 15%, cuando uno de cada tres hogares destina más del 40% de sus ingresos al alquiler y cuando la demanda de vivienda asequible multiplica por más de diez la oferta disponible, la cuestión deja de ser ideológica para convertirse en una evidencia material.

En ese contexto, la responsabilidad política no puede medirse por discursos, sino por resultados. Y los resultados, en municipios como Gijón o Llanes y en el ámbito autonómico, son claros: no se ha ampliado de forma significativa el parque público, no se ha corregido el desequilibrio entre oferta y demanda y no se ha reducido el esfuerzo económico que soportan los ciudadanos.

Cuando responsables públicos como Carmen Moriyón, Enrique Riestra o Álvaro Queipo sostienen modelos que priorizan la rentabilidad del mercado o delegan la solución en dinámicas que, según los datos, no están resolviendo el problema (el mercado), el contraste con la realidad se vuelve inevitable. No se trata de cuestionar posiciones ideológicas, sino de constatar que los indicadores clave —precio, acceso y esfuerzo— no han mejorado bajo esas estrategias.

El resultado es que, mientras el mercado fija precios al alza, una parte creciente de la población queda fuera o se ve obligada a aceptar peores condiciones de vida. En ese escenario, la vivienda deja de ser un derecho efectivo y se comporta, en la práctica, como un bien condicionado por la capacidad económica, sin mecanismos suficientes que corrijan ese desequilibrio.

El epílogo es, por tanto, directo: cuando el problema está medido, cuando la demanda está cuantificada y cuando las soluciones estructurales pasan por aumentar la oferta asequible, la ausencia de resultados no es neutral. Mantener políticas que no alteran estos indicadores implica, de hecho, consolidar una situación en la que el acceso a la vivienda sigue siendo una dificultad real para miles de ciudadanos. Y esa es una realidad que no se explica por discursos, sino por datos.

Ya lo dijo Nelson Mandela: “Una sociedad que no garantiza la vivienda digna está fallando en lo más básico.”

 

“DESAHUCIOS INVISIBLES”, ABANDONO VISIBLE: EL FRACASO DE LA VIVIENDA EN ASTURIAS Y LLANES

 

Hoy se publica una noticia en un diario nacional donde analiza la creciente problemática de los denominados “desahucios invisibles” en España, entendidos como aquellas situaciones en las que los inquilinos se ven obligados a abandonar sus viviendas no por un proceso judicial directo, sino por la finalización de contratos o por subidas del alquiler que no pueden asumir. Según el informe “La vivienda, cimiento de desigualdades” elaborado por Oxfam Intermón, en el último año uno de cada tres inquilinos ha sufrido este fenómeno. Además, en el 60% de los casos, estas personas no solo abandonan su vivienda, sino que también deben trasladarse a otro barrio o municipio, lo que afecta a su entorno social y condiciones de vida.

El informe identifica como colectivos más afectados a los extranjeros extracomunitarios, que representan el 37% de los casos, y a los menores de 35 años, con un 31,9%. En el caso de los jóvenes, la situación es especialmente grave, ya que uno de cada dos se ha visto obligado a regresar al hogar familiar por no poder afrontar el coste del alquiler.


Uno de los factores principales de esta situación es el incremento sostenido de los precios del alquiler, que en los últimos cinco años han aumentado entre un 35% y un 40%. Este periodo coincide con la duración habitual de los contratos de arrendamiento cuando el propietario es un particular, lo que provoca que muchas subidas se materialicen en el momento de la renovación. Este fenómeno se ha intensificado especialmente en los años 2025 y 2026, debido a que muchos contratos firmados en 2020 y 2021 —cuando los precios bajaron por la pandemia— están venciendo ahora. Además, se prevé una nueva oleada en el año 2027, relacionada con el vencimiento de contratos de siete años vinculados a grandes tenedores de vivienda.

En cuanto al esfuerzo económico que supone el acceso a la vivienda, los datos reflejan una situación de alta presión financiera. El 85% de los inquilinos destina más del 30% de sus ingresos al pago del alquiler, umbral considerado de riesgo, y uno de cada tres supera el 50%. Entre los hogares con hipoteca, el 62% dedica más del 30% de sus ingresos al pago del préstamo, y uno de cada cinco destina más de la mitad. En contraste, el 60% de las personas que tienen su vivienda completamente pagada consigue ahorrar cada mes, lo que evidencia una clara diferencia entre propietarios y no propietarios. Además, el 58% de los inquilinos considera improbable poder acceder a la compra de una vivienda en el futuro.

El encarecimiento de la vivienda también está teniendo consecuencias directas en las condiciones de vida. Se observa un aumento del alquiler por habitaciones y de la convivencia con personas sin relación familiar: el 13% de los inquilinos comparte vivienda en estas condiciones, porcentaje que se eleva al 22% entre la población migrante y al 27,7% entre los jóvenes de entre 25 y 34 años. Esta situación no se limita a los jóvenes, ya que también afecta a una de cada diez personas de entre 35 y 54 años.

Asimismo, la falta de capacidad económica se extiende a otros ámbitos básicos. El 19,2% de la población no pudo afrontar el pago de suministros esenciales en el último año, lo que refleja una situación de vulnerabilidad que podría agravarse por factores externos como el contexto internacional.

El informe también destaca el papel de la vivienda como factor de desigualdad estructural. En este sentido, se señala que el 21,2% de las personas que ya poseen una vivienda considera probable heredar otra, frente al 11,6% de quienes viven de alquiler, lo que refuerza la brecha entre propietarios y arrendatarios https://bit.ly/4rD5jFk

La situación descrita en el informe de Oxfam Intermón sobre los “desahucios invisibles” puede trasladarse al contexto de la comunidad asturiana dentro de las dinámicas generales del mercado de la vivienda en España. Asturias presenta tradicionalmente un mercado inmobiliario menos tensionado que el de grandes áreas urbanas como Madrid o Barcelona, pero en los últimos años también ha experimentado un incremento sostenido de los precios del alquiler, especialmente en núcleos urbanos como Oviedo, Gijón y Avilés.

El aumento de las rentas, en línea con el crecimiento nacional de entre un 35% y un 40% en los últimos cinco años, coincide igualmente con la finalización de contratos firmados durante la pandemia, lo que provoca situaciones de renovación con precios más elevados. Este proceso puede derivar en dinámicas similares a las descritas en el informe, donde los inquilinos se ven obligados a abandonar sus viviendas por no poder asumir las nuevas condiciones económicas. En Asturias, esta situación se refleja especialmente en jóvenes y trabajadores con rentas medias o bajas, que encuentran dificultades para mantenerse en el mercado del alquiler.

La estructura demográfica de Asturias, caracterizada por un envejecimiento de la población y una menor presencia de jóvenes en comparación con otras comunidades, no impide que este colectivo sea uno de los más afectados. Al igual que indica el informe, muchos jóvenes tienen dificultades para emanciparse o mantener su independencia residencial, lo que puede traducirse en el regreso al hogar familiar o en la necesidad de compartir vivienda. Este último fenómeno, aunque menos extendido que en grandes ciudades, ha ido en aumento en zonas urbanas asturianas.

En relación con la población extranjera, Asturias presenta un porcentaje menor que otras regiones, pero este grupo también puede experimentar una mayor vulnerabilidad en el acceso a la vivienda, en línea con el dato nacional del 37% de afectados por “desahucios invisibles”. Las dificultades económicas y la precariedad laboral pueden influir en su capacidad para afrontar subidas del alquiler.

El esfuerzo económico destinado a la vivienda en Asturias también refleja patrones similares a los señalados por Oxfam. Aunque los precios absolutos puedan ser inferiores a los de otras comunidades, los ingresos medios también lo son, lo que mantiene elevada la proporción de renta destinada al alquiler o a la hipoteca. Esto puede situar a una parte significativa de la población en niveles de esfuerzo superiores al 30% de sus ingresos, umbral considerado de riesgo, y limitar su capacidad de ahorro, dificultando el acceso a la compra de vivienda. 

Asimismo, el encarecimiento del acceso a la vivienda en Asturias contribuye a cambios en las condiciones de vida, como el aumento del alquiler por habitaciones o la movilidad residencial forzada dentro de la propia comunidad, especialmente hacia zonas más periféricas o con precios más bajos. Este tipo de desplazamientos puede tener impacto en la estabilidad social y laboral de los afectados.

Por último, la diferencia entre quienes poseen vivienda y quienes viven de alquiler también está presente en Asturias. La mayor estabilidad económica de los propietarios, junto con la posibilidad de heredar vivienda, contrasta con la situación de los inquilinos, que enfrentan mayores dificultades para ahorrar y acceder a la propiedad, reproduciendo así patrones de desigualdad similares a los descritos en el informe.

En Llanes, la situación descrita por Oxfam encaja con un contexto local especialmente sensible al problema del acceso a la vivienda. No existen cifras en las fuentes públicas consultadas una cifra específica de “desahucios invisibles” para el municipio, pero sí aparecen varios indicadores objetivos que muestran una fuerte presión sobre el uso residencial estable. Llanes tenía 13.486 habitantes según el INE en 2025, mientras que su estructura de alojamiento y vivienda refleja un peso muy elevado del uso no permanente y del uso turístico https://bit.ly/4dpQAtU

El primer rasgo relevante es la composición del parque residencial. En el censo de 2011, Llanes contaba con 12.890 viviendas familiares, de las que 5.685 eran viviendas principales, 4.915 secundarias y 2.290 vacías. Eso significa que las viviendas principales representaban en torno al 44,1% del total, mientras que las secundarias suponían aproximadamente el 38,1% y las vacías el 17,8%. Dicho de otro modo, ya en esa fotografía censal menos de la mitad del parque familiar estaba dedicado a residencia habitual, un dato que sitúa a Llanes en una posición de especial fragilidad cuando aumenta la presión sobre el mercado https://bit.ly/4lTc2tP

A esa estructura se suma el peso del alojamiento turístico. SADEI recoge para el año 2024 un total de 17.232 plazas turísticas en Llanes entre las distintas modalidades de alojamiento. Además, un estudio encargado por el Ayuntamiento y citado en el año 2024 situaba en más de 5.600 las plazas de uso turístico entre pisos y casas en el concejo. La comparación con la población empadronada es muy expresiva: el total de plazas turísticas equivale a alrededor del 127,8% de la población de Llanes, y esas más de 5.600 plazas de viviendas turísticas y vacacionales representan una magnitud muy alta para un municipio de 13.486 habitantes https://bit.ly/4smaScw

El propio gobierno municipal fascista de Llanes de, VecinosxLlanes y PP, ha reconocido esa presión y ha actuado sobre ella cuando ya era tarde y mal. En octubre del año 2024 anunció que no concedería nuevas licencias de viviendas de uso turístico en las poblaciones urbanas que superasen el umbral de cinco viviendas turísticas por cada 100 hogares. Un año después, en octubre del año 2025, el consistorio aprobó inicialmente el Plan Especial de Usos Turísticos y amplió la suspensión de nuevas licencias a todos los núcleos del municipio, urbanos y rurales. Esa secuencia administrativa muestra que la tensión no se estaba localizando solo en el casco urbano de Llanes, sino en el conjunto del concejo https://bit.ly/4rD2kNg

Vista desde la lógica del informe de Oxfam, la consecuencia más clara para los llaniscos es que el problema de la vivienda no se reduce a una subida de precios aislada, sino a una competencia intensa entre usos residenciales, de segunda residencia y turísticos. Cuando en un municipio como Llanes una parte tan grande del parque no está orientada a residencia habitual y, además, el Ayuntamiento adopta medidas para frenar nuevas licencias turísticas e incentivar el alquiler anual, lo que queda acreditado es la existencia de dificultades reales para sostener oferta estable para la población local tras diez años de gobierno municipal incompetente e insolvente con los problemas de los llaniscos. En los presupuestos del año 2026, el Ayuntamiento incorporó una subvención de 50.000 euros para fomentar el alquiler anual, con ayudas de 1.000 euros por vivienda, precisamente para atraer viviendas de uso turístico y vacacional hacia el mercado residencial. Un brindis al sol si tenemos en cuenta que el presupuesto municipal era de 22 millones de euros y la vivienda es el principal problema de los llaniscos https://bit.ly/4sgRhdN


Por la izquierda el concejal de Urbanismo, Juan Carlos Armas (PP) y el alcalde de Llanes, Enrique Riestra (VxLl), dos fascistas que tienen a Llanes sumidos en un caos urbanístico

Eso afecta de manera directa a los residentes del concejo porque el mercado local no se comporta solo como mercado de vivienda, sino también como mercado turístico. En la práctica, para un vecino que necesita alquilar todo el año, la oferta disponible compite con fórmulas más rentables o más flexibles para el propietario. Por eso, el patrón que Oxfam describe para España —finalización de contrato, subidas difíciles de asumir y salidas forzadas sin procedimiento judicial— encuentra en Llanes un terreno especialmente propicio: no porque haya un dato público local que lo cuantifique, sino porque los factores que lo favorecen están documentados en el propio municipio https://bit.ly/3Pi5aK4  

Para la población joven llanisca, el impacto potencial es particularmente severo. Oxfam señala que los menores de 35 años son uno de los grupos más afectados por los “desahucios invisibles” y que una parte importante de los jóvenes acaba regresando al hogar familiar. En Llanes, donde la oferta residencial estable compite con segunda residencia y uso turístico, esa dificultad de emancipación tiende a agravarse: no solo por precio, sino por disponibilidad de vivienda durante todo el año. En un municipio turístico, el obstáculo no es únicamente cuánto cuesta alquilar, sino encontrar vivienda en condiciones de estabilidad temporal https://bit.ly/3PaEfQt  

También repercute sobre los trabajadores vinculados al comercio, la hostelería y los servicios locales. En un concejo con un volumen tan alto de plazas turísticas, la actividad económica depende en gran medida del turismo, pero esa misma especialización tensiona el acceso a la vivienda de quienes trabajan allí de forma continuada. El resultado es una contradicción muy visible: el municipio necesita empleo ligado al turismo, pero el predominio del uso turístico de parte del parque residencial puede dificultar que esa población trabajadora resida de forma estable en el propio concejo. Esa es una de las formas concretas en que la desigualdad habitacional descrita por Oxfam se traduce en una escala municipal https://bit.ly/4sL9YGg

Otro efecto importante para los llaniscos es el desplazamiento dentro del propio territorio. Oxfam subraya que, cuando el alquiler se vuelve inasumible, muchas familias no solo abandonan la vivienda, sino también su barrio o su municipio. En Llanes, la ampliación en el año 2025 de la suspensión de nuevas licencias turísticas a todos los núcleos, incluidos los rurales, sugiere que la presión ya no se limitaba a unos pocos puntos del concejo. Eso significa que el problema no se resuelve fácilmente desplazándose desde la villa a otras parroquias o pueblos del municipio, porque la tensión alcanza una escala territorial más amplia https://bit.ly/4bP8Qf2  

El caso de Llanes, además, debe leerse dentro de una tendencia asturiana reciente de contracción de la oferta residencial. En Asturias, la oferta de alquiler de larga duración cayó en el año 2025 en 2.217 viviendas, un 14,1%, y la presión de demanda alcanzó 31 interesados por anuncio, según la información publicada sobre el mercado regional. Ese dato no es municipal, pero ayuda a situar a Llanes dentro de un entorno autonómico ya tensionado, al que el concejo añade sus factores propios de turistificación y segunda residencia https://bit.ly/4rFaFjE

En conjunto, el análisis exhaustivo de Llanes a la luz del informe de Oxfam conduce a una conclusión clara: el concejo reúne varios de los elementos que hacen más probable la expulsión silenciosa de residentes del mercado de vivienda estable. Los datos disponibles muestran un parque residencial donde las viviendas principales son minoría frente al conjunto de viviendas familiares, una presencia muy elevada de plazas turísticas, una reacción regulatoria intensa del gobierno municipal fascista, hecha tarde y mal, para limitar nuevas licencias y una política municipal específica para intentar recuperar cuando ya es tarde la vivienda hacia el alquiler anual. Todo ello apunta a que, para muchos llaniscos, el problema no es solo pagar más, sino competir por una vivienda habitual en un municipio donde el uso turístico y la segunda residencia tienen un peso extraordinario https://bit.ly/3NsUKXm  

Para terminar el post quiero manifestar que a la luz de los datos expuestos, la situación de la vivienda en Asturias y, de forma especialmente intensa, en el municipio de Llanes, refleja un problema estructural que no ha sido abordado con la eficacia necesaria por parte de las administraciones públicas. El incremento sostenido de los precios del alquiler, la reducción de la oferta de vivienda habitual y la presión creciente del uso turístico han generado un escenario en el que amplias capas de la población encuentran serias dificultades para acceder o mantenerse en una vivienda.

En Asturias, la caída de la oferta de alquiler de larga duración y el aumento de la demanda evidencian un mercado tensionado, donde el acceso a la vivienda se convierte en un factor de desigualdad creciente. Esta situación no es puntual ni coyuntural, sino el resultado de una falta de planificación sostenida en el tiempo, donde las medidas adoptadas han sido, en muchos casos, insuficientes o tardías.

En Llanes, los datos muestran con claridad una realidad especialmente preocupante: un parque de viviendas en el que las residencias habituales son minoría frente a segundas viviendas y alojamientos turísticos, unido a un volumen de plazas turísticas que supera a la población empadronada. Esta estructura condiciona directamente el acceso a la vivienda para los residentes, generando una competencia desigual entre el uso residencial y el turístico. Las medidas adoptadas por el gobierno municipal fascista, como la limitación de licencias o los incentivos al alquiler anual, evidencian el reconocimiento del problema, pero también reflejan que la intervención llega en un contexto donde la presión ya está consolidada.

El resultado de esta combinación de factores es una dificultad real para que los llaniscos puedan desarrollar su proyecto de vida en su propio municipio, especialmente en el caso de los jóvenes y de los trabajadores vinculados a sectores esenciales como la hostelería o los servicios. La necesidad de desplazarse, compartir vivienda o incluso abandonar el municipio se convierte en una consecuencia directa de un modelo que prioriza otros usos de la vivienda frente a su función residencial.

En términos generales, la evolución del mercado de la vivienda en Asturias y en municipios como Llanes pone de manifiesto una desconexión entre la magnitud del problema y la respuesta institucional. Los datos reflejan una realidad objetiva de presión, desigualdad y dificultad de acceso, mientras que las políticas aplicadas no han logrado revertir estas dinámicas ni garantizar de forma efectiva el derecho a la vivienda.

Ya lo dijo Nelson Mandela: “La pobreza no es natural, es creada por políticas.”

 

 

 

 

ASTURIAS: PONER PRECIO A VIVIR, LLANES Y GIJÓN, LA VIVIENDA COMO NEGOCIO, NO COMO DERECHO

Ayer y hoy se han publicado dos noticias en la prensa regional que reflejan, desde perspectivas distintas pero complementarias, la evoluci...