AYUNTAMIENTO DE LLANES Y GIJÓN: DATOS CONTRA PROPAGANDA

 

El ruido es una de las herramientas más eficaces del poder cuando faltan resultados. No hace falta mentir de forma burda: basta con saturar el espacio público de anuncios, titulares, polémicas menores o enfrentamientos calculados para desplazar del centro del debate aquello que realmente preocupa a la ciudadanía. Cuando la conversación gira constantemente en torno a declaraciones llamativas, promesas grandilocuentes o controversias accesorias, se diluyen cuestiones mucho más concretas y verificables: la ejecución presupuestaria, el estado de los servicios públicos, el cumplimiento de compromisos o la eficacia real de las políticas adoptadas.

El ruido funciona porque apela a lo inmediato y emocional. Genera reacción, posicionamiento, indignación o aplauso. En cambio, la gestión requiere datos, seguimiento y rendición de cuentas, elementos menos espectaculares pero esenciales en una democracia sana. Cuando los cargos públicos priorizan la narrativa sobre los resultados, la política se convierte en un escenario y la administración en un segundo plano.

Desviar la atención no siempre implica una estrategia conspirativa; a veces es simplemente una cultura política basada en la comunicación permanente y el anuncio continuo. Sin embargo, el efecto es el mismo: los problemas estructurales —vivienda, servicios básicos, dependencia, sostenibilidad— quedan en un segundo plano mientras el foco se desplaza hacia lo anecdótico.

Una ciudadanía crítica tiene la responsabilidad de no quedarse en el titular ni en la polémica del día, sino de exigir datos, plazos y evaluación de resultados. Porque donde hay demasiado ruido, suele haber pocas explicaciones sólidas.

Hoy voy a poner a dos políticos de los ayuntamientos asturianos que no se casan de tirar tinta del calamar para tapar sus miserias de gestión, sin embargo, los datos son contundentes de su falta de gestión en múltiples cuestiones que afectan a gijoneses y llaniscos. La primera es Carmen Moriyón, la cual podemos ver la tinta del calamar en el siguiente video: https://bit.ly/3MIPT3V

En los últimos años, el proyecto del vial de Jove, previsto como solución al intenso tráfico pesado que atraviesa barrios del oeste de Gijón y como vía de acceso a El Musel, ha sido uno de los asuntos más controvertidos de la gestión municipal. El plan original, que ya llevaba décadas de retrasos, fue aprobado en el año 2021 y, tras pasar por fases de actualización y licitación, finalmente quedó desestimado por el Ministerio de Transportes antes de llegar a adjudicación efectiva.

Desde el Ayuntamiento la alcaldesa, Carmen Moriyón, ha repetido que lo sucedido supone un “agravio sin precedentes” para Gijón y ha responsabilizado directamente a otras administraciones, especialmente al Gobierno central y a formaciones políticas que, según ella, priorizaron intereses electorales sobre la ejecución real de la obra.

Este discurso ha sido acompañado de declaraciones en las que pone énfasis en lo que considera una falta de compromiso de Madrid y en la necesidad de “ir con los vecinos hasta donde haga falta” para lograr una alternativa que no pase por una solución en superficie. Más recientemente, y en el contexto de la ausencia de avances concretos, ha llegado a plantear incluso acudir al Defensor del Pueblo con objeto de forzar al Ministerio a moverse en torno a este asunto, enfatizando que ni siquiera recibe respuestas claras de parte de sus interlocutores en el Ejecutivo central.

Sin embargo, este énfasis en la responsabilidad ajena ha sido recibido con críticas desde otros grupos políticos locales, que han señalado que la alcaldesa ha tenido múltiples oportunidades para presentar iniciativas propias que facilitaran el trazado o dieran impulso al proyecto, incluidas reuniones en Madrid, sin que se haya producido una propuesta concreta ni medidas claras de seguimiento públicamente conocidas desde el gobierno municipal ni autonómico. Mientras tanto, el debate ha quedado marcado por acusaciones cruzadas y por una sensación creciente entre asociaciones vecinales de falta de resultados tangibles.


 Foto: Carmen Moriyón Entrialgo... Seguimos con el ruido para tapar la ineficacia en la gestión

Este foco constante en culpar a otras administraciones cuando el proyecto clave no avanza, a pesar de que el Ayuntamiento de Gijón maneja un presupuesto municipal superior a los 300 millones de euros, ha generado un clima de crítica hacia la gestión política local: se señala que puede estar más orientada a la narrativa que a la obtención de soluciones claras y realistas, especialmente cuando no se han presentado documentos técnicos, compromisos firmados o calendarios verificables que demuestren iniciativas propias para desbloquear la cuestión.

Por lo tanto esta cuestión parece obvia que no se ha abordado con el interés que suscita para un colectivo de vecinos del oeste de Gijón (13.000 habitantes), que se han quedado sin respuesta a una de sus mayores necesidades por la negligencia de todas las administraciones asturianas, la local (Moriyón) y la autonómica (Barbón), al rechazar el proyecto en superficie que se presentó y no presentar un proyecto alternativo a la administración central.

Pero es que Moriyón recurre periódicamente a estos fuegos artificiales cuando las cosas que gestiona no presentan cifras ni métricas de buena gestión. El martes 17 de febrero conocíamos que La ciudad de Gijón ha visto cómo su tasa de reciclaje se estanca en torno al 36,4 % en 2025, apenas una décima más que el año anterior y muy por debajo del 55 % exigido por la Unión Europea para 2025. Este nivel de separación de residuos sitúa al municipio lejos de los objetivos marcados por la legislación comunitaria, lo que expone a la ciudad a la necesidad de adoptar medidas municipales más estrictas en los próximos dos años si no mejora significativamente la situación https://bit.ly/3ZL9weP

Ante este estancamiento, el Ayuntamiento ha diseñado un plan de medidas progresivas para aumentar la recogida selectiva y reducir la cantidad de basura que termina en vertederos. La primera fase del plan se centrará en facilitar la separación de residuos a la ciudadanía mediante la ampliación de infraestructuras de reciclaje, más contenedores y puntos limpios, así como incentivos y campañas de concienciación para promover buenas prácticas entre los vecinos.

Si estos esfuerzos iniciales no son suficientes y los objetivos legales siguen sin cumplirse, el Ayuntamiento contempla pasar a una segunda fase más coercitiva a partir de 2027, que incluiría sistemas de control más exigentes e incluso sanciones o ajustes en las tasas de basura para quienes no separen correctamente los residuos.

Este enfoque responde tanto a motivos medioambientales —cumplir con la normativa europea y reducir el impacto de los residuos urbanos— como a razones económicas, pues la mala separación implica costes significativos al Ayuntamiento (por ejemplo, decenas de millones de euros en transporte y tratamiento de residuos que podrían haber sido reciclados). En conjunto, la noticia destaca que Gijón se enfrenta a un reto importante en materia de reciclaje, con el objetivo de revertir el estancamiento actual y adoptar medidas más duras si no se alcanzan los niveles deseados en los próximos dos años. Hay que tener en cuenta para los ciudadanos de Gijón que la Ley de Residuos 7/2022, de 8 de abril, publicada en el BOE el 9 de abril de 2022 y en vigor desde el 10 de abril de 2022. Han tenido cuatro años para corregir el problema del reciclaje y no ha hecho nada desde junio del año 2023, el problema ya venía de los socialistas “monchitos”, pero Moriyón se puso de perfil y ahora que es cuando ve el coste que tendrá para los gijoneses es cuando le entra la prisa.

Hoy mismo se ha publicado una noticia que refleja lo que sucede en los partidos de la derecha extrema como, Foro y PP, allí donde gobiernan. La noticia informa de un enfrentamiento interno entre dos concejalías del Partido Popular en el Ayuntamiento de Gijón, en el marco de la gestión municipal. Según la información difundida, se produjo un intercambio tenso de acuerdos y reproches políticos entre concejales del mismo partido, algo que llamó la atención por el contexto de colaboración de dicha formación dentro del equipo de gobierno municipal.

Aunque los detalles concretos de los motivos del choque no siempre se describen de forma extensa, la noticia subraya que estas tensiones se expresaron públicamente (por ejemplo, a través de redes sociales como Facebook o X/Twitter), y reflejan discrepancias sobre la gestión de competencias o proyectos dentro del propio grupo del PP en el Ayuntamiento.  

El uso de la palabra “gresca” apunta a un enfrentamiento visible y poco habitual entre ediles de la misma fuerza política, lo que sugiere que existen divisiones internas sobre actuaciones concretas en la gestión municipal o sobre la coordinación entre áreas de gobierno… De esto Moriyón y el sicario Álvaro Queipo no saben nada.  

Hoy también podemos leer en la prensa local la magnitud de la tensión inmobiliaria que existe en Gijón con un caso especialmente significativo: un ático en primera línea de la playa de San Lorenzo salió al mercado por 1.790.000 euros, lo que supone 7.783 euros por metro cuadrado, convirtiéndose en uno de los precios más altos registrados en la ciudad. Esta cifra prácticamente duplica los entre 3.200 y 3.600 euros por metro cuadrado que se consideran habituales incluso en la zona Centro, la más cara del municipio https://bit.ly/3MXFkKx

Aunque se trate de una vivienda de lujo, el dato no es anecdótico, sino representativo de una escalada sostenida de precios en determinadas áreas de Gijón. La comparación entre este récord y los valores medios refleja una brecha creciente entre el mercado de alto poder adquisitivo y la capacidad real de acceso a la vivienda de la mayoría de la población, en un contexto donde jóvenes y familias encuentran cada vez más dificultades para comprar o alquilar en condiciones asumibles… De esto Moriyón y sus “mariachis” concejales de gobierno no saben nada.

Otro personaje que es una desgracia para los ciudadanos a los que representa es el alcalde de Llanes, el parado Enrique Riestra Rozas. En el siguiente enlace https://bit.ly/4ruOe1d  se puede ver sus fuegos de artificiales con los que tapar su negligencia e incompetencia del gobierno municipal del Ayuntamiento de Llanes de la ultraderecha de, VecinosxLlanes y PP.

El jueves pasado se publicaba el informe de COGERSA sobre las tasas de reciclaje del gobierno municipal del Ayuntamiento de Llanes. El análisis de los datos de COGERSA entre 2017 y 2025 muestra que el Ayuntamiento de Llanes se mantiene muy lejos del objetivo legal del 55 % de reciclaje fijado por la Ley 7/2022. En el año 2025 el municipio apenas alcanzó el 10,52 %, lo que supone una brecha de 44,48 puntos porcentuales respecto a la meta obligatoria. En ocho años el incremento acumulado ha sido de solo 1,88 puntos, y tras el máximo puntual de 13,61 % en 2021, los porcentajes han vuelto a estancarse en torno al 10-11 %, sin una tendencia sostenida al alza.

 

   Foto: dos tahures políticos, Enrique Riestra y Álvaro Queipo 

Los datos reflejan que más del 89 % de los residuos municipales siguen tratándose como fracción resto, lo que evidencia la ausencia de un impulso estructural en la recogida selectiva. Tampoco se aprecia una estrategia consolidada capaz de acercar progresivamente al municipio al cumplimiento normativo. El contraste entre el mandato legal y la realidad local es amplio y persistente.

Este desfase no es solo ambiental, sino también económico: cuanto menor es el reciclaje, mayor es la exposición al impuesto estatal sobre el vertido y mayor la presión financiera sobre el servicio municipal de residuos, con posibles repercusiones en la tasa que pagan los vecinos. En conjunto, la evolución de los indicadores entre los año 2017 y 2025 refleja una gestión que no ha logrado adaptar el modelo municipal a las exigencias legales vigentes, manteniendo a Llanes en una situación de incumplimiento estructural https://bit.ly/4s9aJsx

La actuación del alcalde de Llanes en los últimos años ha estado marcada por promesas ambiciosas de mejora de la calidad de vida de los llaniscos, acompañadas de una retórica de modernización y equidad territorial. Sin embargo, la realidad de la gestión municipal presenta aspectos contradictorios cuando se analizan cuestiones concretas de servicios básicos y objetivos sociales.

En materia de vivienda, el Ayuntamiento ha aprobado presupuestos que incluyen incentivos para fomentar el alquiler anual —como ayudas de hasta 1.000 € por vivienda— con el objetivo de reorientar parte del parque de viviendas turísticas hacia el alquiler residencial. Aunque estas medidas responden a una necesidad real de acceso a la vivienda, su alcance real y eficacia aún está por verificarse en términos de incremento efectivo de oferta residencial estable ya que la partida fue de 50.000 euros en los presupuestos del año 2025.

Respecto al saneamiento y suministro de agua, la gestión ha mostrado tensiones significativas. El contrato de gestión del agua y alcantarillado con la empresa concesionaria (Asturagua) viene arrastrando una deuda por facturas no abonadas de años recientes, mientras el Ayuntamiento ha tenido que tramitar modificaciones contractuales complejas para regularizar el servicio y garantizar su continuidad. Esto pone de manifiesto que, pese a las afirmaciones institucionales, la planificación y ejecución en este ámbito han sido deficientes, con decisiones de contratación y prolongaciones de concesiones pasadas que limitan la capacidad de inversión y renovación de infraestructuras.

En saneamiento urbano y limpieza, los debates plenarios han puesto de relieve una percepción de mala gestión en la contratación de servicios esenciales. La prestación de dichos servicios es motivo de insatisfacción por parte de los llaniscos al ser manifiestamente mejorables.

El suministro de agua en diversas localidades del concejo sigue siendo objeto de atención: las negociaciones sobre regularización de contratas, revisiones tarifarias y cumplimiento de calidad han puesto de manifiesto que las inversiones necesarias para mantener y mejorar las redes —por ejemplo, la traída de agua en Posada— no han sido abordadas con la rapidez y los recursos que la situación demandaría. Hace diez años que llegaron al gobierno y todavía no se ha cambiado dicha macro traída.

En conjunto, el balance de estas áreas esenciales revela una clara disonancia entre las promesas institucionales y los resultados concretos: medidas presupuestarias dirigidas a políticas sociales, sí, pero con implementación práctica insuficiente en la mejora real de servicios básicos, en el cumplimiento de objetivos ambientales y en la renovación de infraestructuras elementales. Esto ha generado, tanto en la oposición como en parte de la ciudadanía, una percepción de gestión desordenada e incapaz de traducir las promesas en resultados verificables.

Los datos salariales de 2023 reflejan que el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Llanes supone un coste anual cercano a 293.902 euros, con retribuciones individuales que alcanzan los 46.200 euros anuales en el caso del alcalde y de otros concejales con dedicación plena, mientras que varios ediles perciben en torno a 30.100 euros o más de 33.000 euros anuales. A ello se suma el coste de un asesor, que asciende a 47.824 euros al año, lo que incrementa aún más el gasto político estructural.


Retribuciones de los mangantes que hoy ocupan el gobierno municipal de Llanes 

Estas cifras deben analizarse en contraste con los indicadores públicos de renta media en el concejo, que, según los datos del INE, se sitúan muy por debajo de esas cuantías (renta bruta media declarada por persona fue de 26.197 €). La comparación evidencia una brecha notable entre lo que perciben los responsables políticos y la realidad económica de muchos vecinos. En un contexto donde en el municipio persisten problemas estructurales como el bajo nivel de reciclaje, las dificultades de acceso a la vivienda o la falta de avances en servicios clave, el volumen de recursos destinados a salarios políticos adquiere una dimensión especialmente sensible e indecente.

La cuestión no es ideológica, sino de proporcionalidad y resultados. Cuando los indicadores de gestión no muestran mejoras significativas y los objetivos legales —como el 55 % de reciclaje— se incumplen de forma amplia y sostenida, resulta legítimo exigir que las retribuciones públicas vayan acompañadas de eficacia, planificación y cumplimiento normativo. Sin resultados verificables, la percepción ciudadana puede inclinarse hacia la idea de que la estructura salarial política no guarda coherencia con el rendimiento obtenido en la gestión municipal.

Para terminar el post quiero manifestar que en Gijón y en Llanes los datos están encima de la mesa. En Gijón, observamos a una ciudad que no avanza en infraestructuras clave ni en reciclaje mientras el debate se diluye en declaraciones y enfrentamientos. En Llanes vemos un municipio que permanece a más de 44 puntos del objetivo legal de reciclaje, con inversiones limitadas en vivienda y servicios básicos que no muestran una mejora estructural tras más de 10 años de gobierno municipal.

Carmen Moriyón y Enrique Riestra no pueden refugiarse indefinidamente en la confrontación política ni en la retórica institucional. Gobernar no es señalar al de enfrente, sino cumplir objetivos medibles, planificar con rigor y rendir cuentas con resultados. Cuando las cifras oficiales evidencian estancamiento y la brecha entre promesas y realidad persiste, la responsabilidad política deja de ser abstracta y se convierte en una exigencia concreta.

Pero tampoco puede ignorarse el papel de la oposición. Una oposición socialista que se limite a observar, reaccionar de forma puntual o mantener un perfil bajo ante incumplimientos evidentes no cumple plenamente su función democrática. Fiscalizar con firmeza, proponer alternativas viables y exigir calendarios y compromisos verificables forma parte del equilibrio institucional. Cuando el gobierno no ofrece resultados y la oposición no ejerce una presión eficaz y constante, quienes acaban pagando el coste son los vecinos. En política local, menos ruido y más responsabilidad —tanto en el gobierno como en la oposición— es la única vía para recuperar credibilidad y eficacia.

Ya lo dijo Jean-Paul Sartre: “La confianza se gana con hechos, no con palabras.”

GOBIERNO MUNCIPAL DE LLANES (VECINOSXLLANES Y PP)... A 44 PUNTOS DE CUMPLIR LA LEY

 

El análisis de los datos de Cogersa correspondientes al Ayuntamiento de Llanes entre los años 2017 y 2025 revela una realidad preocupante: no solo no se ha alcanzado el objetivo legal de reciclaje del 55 %, sino que ni siquiera se ha avanzado de forma sostenida hacia esa meta. La evolución demuestra falta de ambición, ausencia de medidas estructurales eficaces y un estancamiento incompatible con las obligaciones normativas vigentes por parte del incompetente gobierno fascista que lleva gobernando algo más de diez años.

El marco legal es claro. La Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que transpone las directivas europeas en materia de gestión de residuos, establece que en el año 2025 los municipios deben alcanzar al menos un 55 % de preparación para la reutilización y reciclado de los residuos municipales. Esta meta no es orientativa ni simbólica: es un mandato legal derivado de la normativa europea y aprobado por el Gobierno español, de obligado cumplimiento para todas las administraciones locales.


 
Foto: José Ramón Amor Sordo jurando su cargo en presencia de Enrique Riestra

Frente a ese 55 % exigido por ley, el gobierno municipal de Llanes presenta los siguientes datos:

En el año 2017 el porcentaje de residuos separados era del 8,64 %. En el año 2018 subió al 9,43 % y en el año 2019 alcanzó el 10,47 %. Aunque hubo una ligera mejora inicial, los valores seguían siendo extremadamente bajos. Entre los años 2020 y 2021 se produjo el único avance significativo del periodo: en el año 2020 se alcanzó el 12,86 % y en 2021 el máximo registrado, 13,61 %. Sin embargo, incluso en ese mejor año, el municipio estaba a más de 41 puntos porcentuales del objetivo legal.


 Foto: datos de reciclaje del Ayuntamiento de Llanes desde el año 2017. Fuente: COGERSA

Lejos de consolidarse esa mejora, a partir del año 2022 se produce un retroceso claro. En el año 2022 el porcentaje cae al 10,32 %, en el año 2023 se sitúa en 10,67 %, en el año 2024 en 10,57 % y en el año 2025 baja ligeramente al 10,52 %. Es decir, durante los últimos cuatro años el reciclaje ha quedado estancado en torno al 10-11 %, sin una tendencia ascendente real.

El dato más contundente es el siguiente: en ocho años (2017-2025) el municipio solo ha incrementado el porcentaje de reciclaje en 1,88 puntos porcentuales (del 8,64 % al 10,52 %). A este ritmo de crecimiento, alcanzar el 55 % sería matemáticamente inviable en décadas.

Además, el volumen total de residuos gestionados apenas varía (10.805,25 toneladas en el año 2025 frente a 10.837,35 en el año 2024), mientras que los residuos separados incluso descienden (1.145,17 Tn en el año 2024 frente a 1.136,70 Tn en el año 2025). Esto evidencia que no existe un impulso decidido para aumentar la recogida selectiva.

Desde una perspectiva crítica, los datos reflejan que:

  • No se ha producido una implantación efectiva de sistemas avanzados de recogida (puerta a puerta, quinto contenedor obligatorio para orgánica, pago por generación, etc.).
  • No se aprecia una estrategia sostenida de incremento anual.
  • No existe una hoja de ruta visible para aproximarse al objetivo legal.
  • El máximo histórico (13,61 %) fue coyuntural y no estructural.

El contraste entre el 55 % exigido por la Ley 7/2022 y el 10,52 % alcanzado en 2025 es abrumador: Llanes se sitúa 44,48 puntos porcentuales por debajo del objetivo legal. Esto no es una desviación leve, sino una brecha estructural que evidencia una falta de adaptación a la normativa estatal y europea.

En conclusión, el estudio muestra que él gobierno municipal fascista de VecinosxLlanes y PP  no ha adoptado medidas suficientes ni eficaces para cumplir con la obligación legal de alcanzar el 55 % de reciclaje en 2025. La evolución no solo es insuficiente, sino que en los últimos años refleja un claro estancamiento. Desde una perspectiva jurídica y ambiental, la situación exige una revisión profunda del modelo de gestión de residuos municipal si se pretende cumplir con la legislación vigente y con los compromisos europeos en materia de economía circular.

El incumplimiento del objetivo del 55 % de reciclaje en el año 2025 no es una cuestión simbólica ni meramente ambiental; tiene implicaciones jurídicas y económicas reales que afectan directamente a los vecinos de Llanes. La obligación deriva de la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que transpone las directivas europeas y fija objetivos vinculantes para todas las administraciones públicas, incluidos los ayuntamientos.

En primer lugar, la responsabilidad jurídica primaria recae sobre el Estado español ante la Unión Europea. Si España no cumple los objetivos de reciclaje fijados para el año 2025, la Comisión Europea puede iniciar un procedimiento de infracción. Este procedimiento puede culminar con sanciones económicas al Estado. Aunque la multa la impone la UE al Estado, la legislación española permite posteriormente repercutir responsabilidades económicas a las administraciones que hayan contribuido al incumplimiento (en este caso será sancionado el Ayuntamiento de Llanes). Es decir, si un municipio presenta niveles muy inferiores a los exigidos, podría verse afectado por mecanismos internos de compensación o ajustes financieros.

En segundo lugar, existe una consecuencia económica directa ya vigente: el impuesto estatal sobre el depósito de residuos en vertedero y la incineración, introducido por la propia Ley 7/2022. Este impuesto grava cada tonelada de residuos que no se recicla y acaba en vertedero. Cuanto menor es el porcentaje de reciclaje, mayor es el volumen de residuos sujetos a este impuesto. El coste de este tributo lo asumen inicialmente las entidades gestoras, pero en la práctica se traslada a los municipios y, finalmente, a los ciudadanos a través de la tasa de basuras.

En un municipio como Llanes, donde en el año 2025 el reciclaje se sitúa en torno al 10,52 %, más del 89 % de los residuos municipales continúan tratándose como fracción resto. Esto implica una elevada exposición al impuesto de vertido. A mayor tonelaje no reciclado, mayor carga fiscal anual. Ese incremento puede traducirse en:

  • Subida de la tasa municipal de recogida de residuos.
  • Incremento del canon que el municipio paga a la entidad gestora.
  • Reducción de capacidad presupuestaria para otros servicios públicos.

En tercer lugar, el incumplimiento de objetivos ambientales puede afectar al acceso a subvenciones y fondos europeos vinculados a economía circular y transición ecológica. Muchas líneas de financiación exigen compromisos verificables en materia de reciclaje. Si los indicadores municipales son estructuralmente bajos, la capacidad de captar financiación puede verse limitada, lo que repercute en menor inversión en infraestructuras locales.

En cuarto lugar, si el Ayuntamiento se ve obligado a implantar de forma acelerada medidas correctoras (como recogida puerta a puerta, contenedor marrón obligatorio, sistemas de control o digitalización), el coste de implantación puede ser elevado. Si esas inversiones no se planifican progresivamente, suelen financiarse mediante:

  • Incrementos extraordinarios de tasas.
  • Endeudamiento municipal.
  • Reasignación de partidas presupuestarias.

Desde el punto de vista estrictamente económico, el principal coste para los llaniscos no sería una multa individual directa, sino un aumento progresivo del coste del servicio de recogida y tratamiento de residuos. La combinación de impuesto estatal al vertido, posibles ajustes financieros internos y necesidad de inversión correctiva puede traducirse en un encarecimiento estructural del servicio.

En síntesis, las consecuencias reales y verificables del incumplimiento en el municipio de Llanes son:

  • Mayor carga fiscal derivada del impuesto al vertedero.
  • Posible incremento de la tasa de basuras.
  • Menor acceso a financiación ambiental.
  • Necesidad de inversiones correctivas que pueden repercutirse en el recibo municipal.

No se trata de hipótesis especulativas, sino de efectos previstos en el propio marco normativo vigente. Cuanto más lejos esté el municipio del 55 % exigido, mayor será la presión económica y financiera para corregir esa desviación. Y, en última instancia, el impacto económico acaba trasladándose a los vecinos a través del sistema de financiación local.


Foto: porcentaje de reciclaje de los distintos municipios del Oriente de Asturias en el año 2025. Fuente: COGERSA

A partir de los datos de 2025 que figuran en la tabla de COGERSA, el análisis del reciclaje en los municipios del Oriente de Asturias muestra un incumplimiento generalizado y muy amplio del objetivo legal del 55 % de preparación para la reutilización y reciclado fijado por la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular. No se trata de desviaciones pequeñas ni coyunturales, sino de diferencias estructurales de más de 30 y 40 puntos porcentuales respecto al mínimo exigido.

En el año 2025, el Ayuntamiento de Llanes presentaba un 10,52 % de residuos separados sobre el total (1.136,70 toneladas separadas de 10.805,25 gestionadas). La distancia respecto al 55 % es de 44,48 puntos porcentuales. Llanes no solo no se aproxima al objetivo, sino que se sitúa cinco veces por debajo del umbral legal.

Amieva registra un 7,14 %, Cabrales un 12,94 %, Cangas de Onís un 11,15 %, Caravia un 16,15 %, Colunga un 12,73 %, Onís un 21,39 %, Parres un 19,36 %, Ponga un 8,24 %, Peñamellera Alta un 19,12 %, Peñamellera Baja un 21,55 % y Ribadedeva un 16,10 %. Ninguno de estos municipios alcanza siquiera la mitad del objetivo legal. El que presenta el mejor dato, Peñamellera Baja (21,55 %), se encuentra todavía a 33,45 puntos del 55 %. Onís, con 21,39 %, está a 33,61 puntos. Parres, con 19,36 %, a 35,64 puntos. Incluso los municipios con cifras relativamente más altas siguen muy lejos de la exigencia normativa.

En el extremo inferior, Amieva (7,14 %) y Ponga (8,24 %) se sitúan a casi 47 puntos del objetivo. Llanes (10,52 %) y Cangas de Onís (11,15 %) superan ligeramente el 10 %, pero siguen a más de 43 puntos del 55 %. En términos objetivos, el margen de incumplimiento es masivo en todos los casos.

Si se observa el volumen de residuos gestionados, la situación es especialmente relevante en municipios con mayor tonelaje total. Llanes gestiona más de 10.800 toneladas anuales, Cangas de Onís más de 4.400 toneladas y Parres más de 3.100. En estos casos, el bajo porcentaje de reciclaje implica que miles de toneladas continúan tratándose como fracción resto, con el consiguiente impacto económico y ambiental.

Desde el punto de vista estrictamente legal, el objetivo del 55 % no distingue por color político ni por tamaño del municipio. Es una obligación general. En el conjunto de municipios analizados, gobernados por distintas formaciones políticas, el resultado es homogéneo: todos incumplen el mínimo exigido en 2025. No hay ningún caso que pueda considerarse alineado con la senda de cumplimiento.

En términos comparativos, la diferencia entre el mejor y el peor municipio apenas supera los 14 puntos porcentuales (entre aproximadamente 7 % y 21 %), pero la diferencia respecto a la meta legal supera los 30 puntos en todos los casos. Esto indica que el problema no es aislado ni puntual, sino estructural en todo el Oriente de Asturias.

En conclusión, los datos de 2025 muestran que ningún municipio del Oriente asturiano alcanza el 55 % de reciclaje exigido por la legislación estatal. Las cifras reales oscilan entre el 7 % y el 21 %, muy por debajo del umbral legal. La brecha no es marginal, sino sustancial, y refleja un incumplimiento generalizado del objetivo normativo vigente.

Los datos de reciclaje de Llanes en 2025 no dejan margen para la complacencia. Un 10,52 % de separación frente al 55 % exigido por la Ley 7/2022 supone una brecha de 44,48 puntos porcentuales. Tras ocho años, el incremento acumulado es de apenas 1,88 puntos. La evolución no refleja una senda de convergencia hacia el objetivo legal, sino un estancamiento persistente.

En una administración democrática, la responsabilidad es concreta. En Llanes, la dirección política del Ayuntamiento corresponde al alcalde, Enrique Riestra, y la gestión directa de áreas clave vinculadas a la prestación de servicios y a la planificación presupuestaria recae en los concejales José Ramón Amor Sordo (Obras y Servicios) y Juan Valladares (Hacienda). Cuando los indicadores estratégicos permanecen tan alejados de lo que marca la ley, la responsabilidad política no es difusa: tiene nombres y apellidos, en este caso tres fascistas incompetentes.

No se trata de un debate ideológico, sino de resultados verificables. Los datos muestran que no se ha consolidado una estrategia capaz de elevar de forma sostenida la recogida selectiva. El máximo histórico del 13,61 % en 2021 no se mantuvo; desde 2022 el porcentaje gira en torno al 10-11 %, sin crecimiento estructural. Más del 89 % de los residuos siguen tratándose como fracción resto.

Las consecuencias no son abstractas. A mayor volumen de residuos no reciclados, mayor exposición al impuesto estatal de vertido, mayor presión sobre la tasa municipal de basuras y mayor carga presupuestaria. La gestión ambiental no es solo una cuestión ecológica: es también una cuestión económica que afecta directamente a los vecinos de Llanes.

El problema, además, no es exclusivo de Llanes. En el conjunto del Oriente de Asturias, ningún municipio alcanza siquiera la mitad del 55 % exigido. Los porcentajes oscilan entre el 7 % y el 21 %. La homogeneidad del incumplimiento sugiere una inercia institucional donde la adaptación al marco legal no ha sido prioritaria en términos de resultados.

Gobernar implica cumplir la ley y rendir cuentas por los resultados. Cuando los objetivos son conocidos desde hace años y la distancia no se reduce, la exigencia democrática es revisar el modelo, fijar metas intermedias verificables y ejecutar medidas con impacto real. Los datos del año 2025 sitúan a Llanes muy lejos del estándar legal. La responsabilidad de corregir esa brecha corresponde, sin ambigüedades, a quienes dirigen y gestionan el Ayuntamiento y si no lo han conseguido solo tienen un camino… Dimitir e irse para su casa en lugar de sangrar los bolsillos de los llaniscos con su “mierda” política.

Ya lo dijo Montesquieu: “La corrupción de cada gobierno comienza casi siempre por la de sus principios.”

 

 

 

 

AYUNTAMIENTO DE LLANES Y GIJÓN: DATOS CONTRA PROPAGANDA

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