FORO Y PP, ENTRE LA BRONCA Y LOS TRIBUNALES: ASÍ SE GOBIERNA EN COLUNGA Y GIJÓN

La actualidad política y administrativa en Asturias está marcada por varios conflictos entre administraciones públicas, empresas y partidos políticos principalmente de la derecha extrema (Foro y PP) desnortada que tenemos en Asturias. En Colunga, la empresa que suministra electricidad al Ayuntamiento, gobernado por FORO, ha presentado una querella penal contra el alcalde, José Ángel Toyos, y varios técnicos municipales por un presunto delito de prevaricación. La compañía reclama una deuda de 2,2 millones de euros correspondiente a facturas impagadas desde el año 2024 y acusa al consistorio de haber destinado el dinero previsto para pagar la luz a otros gastos municipales. El conflicto podría derivar incluso en el corte del suministro eléctrico en los próximos meses si no se salda la deuda, mientras la empresa asegura haber intentado sin éxito una solución extrajudicial https://bit.ly/4ubZSzN

Por otro lado en el municipio de Gijón también se ha abierto un frente judicial relacionado con la gestión municipal. La entidad Humana, dedicada a la recogida selectiva de ropa usada, ha denunciado la “mala praxis” al gobierno municipal de Foro y PP tras la anulación del contrato de recogida textil que había sido adjudicado legalmente en agosto de 2025. Según la organización, la alcaldesa Carmen Moriyón impulsó fuera de plazo (aplicando el método del dedazo) un nuevo informe jurídico que llevó a desistir del proceso pese a que los informes técnicos y legales avalaban la adjudicación. Humana considera que esta decisión responde a presiones y a un posible favoritismo hacia Cáritas Koopera, y ha presentado recursos judiciales para que se restablezca la legalidad https://bit.ly/4uaBGOh

        Foto del alcalde de Colunga, José Angel Toyos y Carmen Moriyón

Mientras tanto también en el Ayuntamiento de Gijón, el debate político en la ciudad también se traslada al ámbito de la vivienda. El PP ha presentado alegaciones para impedir que el Gobierno del Principado declare los barrios gijoneses de La Arena y Cimadevilla como zonas de mercado residencial tensionado. Los populares critican la falta de colaboración entre administraciones, posibles deficiencias metodológicas en los datos utilizados y la inseguridad jurídica del proceso. Además, rechazan las medidas de intervención en el mercado del alquiler propuestas por el consejero de Vivienda, Ovidio Zapico (IU), defendiendo que limitar los precios no solucionará el problema de acceso a la vivienda https://bit.ly/4rSTMmc

Vistas de cara al ciudadano, las tres noticias dibujan un patrón muy reconocible: cuando la gestión municipal falla (o se percibe que falla), el coste real lo pagan los vecinos en forma de servicios en riesgo, inseguridad jurídica, pérdida de confianza y más crispación política. Y, además, aparece otra constante: la bronca pública como sustituto de explicaciones verificables.

1) Lo que ve el ciudadano en Colunga: servicio esencial en riesgo y opacidad financiera

En el caso del suministro eléctrico, el problema no es solo “una deuda”: es el riesgo de interrupción de un servicio básico y, por tanto, el salto de la política local al terreno de lo cotidiano (alumbrado, edificios municipales, instalaciones deportivas, etc.).

Carencias que se desprenden del relato:

  • Planificación presupuestaria y tesorería: dos años de facturas impagadas sugieren (como mínimo) un fallo grave de programación de pagos, previsión de gasto y control de liquidez.
  • Prioridades poco justificadas: si, como afirma la empresa, se usó dinero consignado para luz en otras partidas, el ciudadano percibe “se pagó lo que convenía políticamente” (obras visibles, partidas que dan rédito político) frente a lo “invisible” (suministros).
  • Transparencia insuficiente: cuando no se aclara con datos dónde está el dinero, el vacío se llena con sospechas. Y en política municipal, la sospecha es corrosiva: rompe la confianza con proveedores, con la oposición y con el propio vecindario.
  • Gestión del conflicto: si la empresa asegura que intentó acuerdos y no los logró, el ciudadano interpreta falta de negociación eficaz y aumento del riesgo por bloqueo.

Resultado práctico: inseguridad (¿cortarán la luz?), coste (intereses, litigios, penalizaciones) y desgaste institucional.

2) Lo que ve el ciudadano en Gijón (contrato textil): “si ganas una licitación, ¿te la pueden tumbar?”

Aquí el impacto es más “institucional” pero muy serio: el mensaje que queda, si se confirma lo denunciado por Humana, es que las reglas del juego pueden cambiar después, especialmente si hay presión de actores con peso social que son del agrado de Moriyón y comparsas.

Carencias que se reflejan:

  • Seguridad jurídica y neutralidad: cuando una adjudicación “avalada” por informes se anula después, la percepción ciudadana es: “no mandan los pliegos ni los técnicos, manda la política”.
  • Gobernanza de lo público: un Ayuntamiento que parece actuar “a golpe de informe sobrevenido” da imagen de improvisación y de uso instrumental de la asesoría (aunque habría que ver el detalle completo del expediente).
  • Efecto desincentivo: empresas y entidades ven más riesgo en presentarse a concursos. Eso reduce competencia y puede traducirse en peores condiciones para el Ayuntamiento (menos ofertas, precios más altos, menos innovación).
  • Coste para el contribuyente: recursos, pleitos, posibles indemnizaciones y retrasos. El ciudadano lo traduce como tiempo y dinero públicos consumidos por una decisión mal cerrada.

Aquí la bronca política funciona como cortina: la disputa se convierte en “ellos contra nosotros”, mientras la pregunta ciudadana es más simple: ¿se siguieron procedimientos claros y defendibles?

3) Zonas tensionadas: cuando el debate se vuelve trinchera y el problema sigue afectando al ciudadano

En vivienda, el ciudadano suele percibir que la política discute el instrumento (zona tensionada sí/no, control de precios sí/no) pero no resuelve lo urgente: acceso a alquiler asequible, oferta suficiente, rehabilitación, vivienda pública, etc.

Carencias típicas que aparecen en el enfoque de “bronca”:

  • Debate de etiquetas: se discute “intervención” vs “mercado”, pero se ofrece menos claridad sobre un plan operativo: suelo, licencias, incentivos, parque público, colaboración con propietarios, movilización de vivienda vacía.
  • Uso del procedimiento como arma: alegar metodología y requisitos puede ser legítimo, pero ante el ciudadano suena a “trámite para bloquear”, sobre todo si no se acompaña de una alternativa cuantificada.
  • Crispación como estrategia: convertir al adversario (Principado, IU, etc.) en el problema principal evita hablar de lo incómodo: qué ha hecho (o no) el gobierno municipal de Gijón para aumentar oferta o aliviar precios... La respuesta es obvia, nada.

La consecuencia: el vecino ve un problema real (alquileres) y una discusión política que a veces parece más pensada para marcar posición que para producir resultados.

4) El hilo conductor: gestión débil + relato agresivo = pérdida de confianza

Lo que “encadena” las tres noticias, desde una mirada crítica, es lo siguiente:

  • Servicios y contratos como campo de batalla: en vez de una administración previsible, aparece un escenario de conflicto permanente (empresa vs ayuntamiento; adjudicatario vs gobierno; oposición vs gobierno).
  • Instituciones tensionadas: cuando todo acaba en juzgados, el ciudadano concluye que la política no está resolviendo, está trasladando el coste al sistema judicial.
  • Falta de rendición de cuentas clara: el patrón de “estamos trabajando en ello”, “facturas incorrectas”, “deficiencias metodológicas” puede ser cierto en parte, pero si no va acompañado de documentación, cronología y números, suena a excusa.
  • La bronca como refugio: cuanto más duro es el relato (“presiones”, “irregularidades”, “intervencionismo”, “dedazo”), más fácil es movilizar a los tuyos… Y más difícil es explicar con serenidad qué falló y cómo se corrige.

5) ¿Qué carencias concretas atribuiría un ciudadano a “esta derecha desnortada” según estos casos?

Las carencias que se ven y observan en estos gobierno de la derecha extrema serían:

  1. Gestión económica poco solvente o poco explicada (Colunga): riesgo de impagos prolongados, priorización discutible, falta de transparencia inmediata.
  2. Debilidad en la cultura de procedimiento (Gijón–textil): decisiones percibidas como politizadas, expedientes que se vuelven frágiles y litigables.
  3. Estrategia más reactiva que propositiva (vivienda): mucha oposición al instrumento del rival, pero menos concreción en un paquete alternativo medible que repercuta en el vecino de Gijón.
  4. Comunicación de confrontación: el relato se apoya en “culpas” y “enemigos”, no en datos y soluciones; eso puede tapar errores, pero a la larga erosiona credibilidad.

6) Qué exigiría el ciudadano (y sería una buena “prueba de competencia”)

Si un gobierno municipal quiere desmontar la idea de incompetencia, lo más efectivo no es responder con bronca, sino con evidencias:

  • En Colunga: plan de pagos fechado, auditoría/explicación de partidas, cronología del conflicto, medidas para evitar reincidencia.
  • En Gijón–textil: publicación clara del razonamiento (qué cambió y por qué), garantías de neutralidad, impacto económico (coste del desistimiento) y calendario para relicitación sin sesgos.
  • En vivienda: alternativa cuantificada (vivienda pública, incentivos, rehabilitación, movilización de vacía, agilización de licencias) con metas, plazos y presupuesto.

Si no aparece ese tipo de respuesta, el ciudadano tenderá a pensar justo lo que vengo señalando con esta derecha troglodita: que la bronca sirve para ganar tiempo y tapar una gestión que no está a la altura de lo que exige el ciudadano que paga… Mientras que muchos de los cargos que hoy están en esos gobiernos cobran lo que no ganan en la vida civil.

Para terminar el post quiero manifestar que al final, más allá de discursos, excusas o enfrentamientos en los plenos, la política municipal se mide por algo muy sencillo: si los servicios funcionan, si los contratos se gestionan con limpieza y si los problemas reales de la gente se afrontan con seriedad. Cuando lo que aparece con gobiernos de Foro y PP, una y otra vez, deudas sin aclarar, contratos anulados que terminan en los tribunales y debates convertidos en trincheras ideológicas, el ciudadano percibe que la gestión ha sido sustituida por el ruido.

La política de la bronca y la trifulca permanente que hoy se ve en Gijón y en Colunga no es solo una cuestión de estilo; es el síntoma de una forma de gobernar donde la confrontación sirve para ocultar carencias de gestión. Mientras se discute, se acusa o se agita al adversario, los problemas siguen ahí: facturas que no se pagan, decisiones administrativas que generan litigios y un acceso a la vivienda que continúa sin soluciones claras.

Para el ciudadano, esta situación acaba convirtiéndose en una auténtica prueba del algodón. No hacen falta grandes análisis: basta con observar si las instituciones funcionan con rigor o si se convierten en escenarios de conflicto permanente. Cuando la política se degrada hasta ese punto, la conclusión es inevitable: quien gobierna está obligado a hacerlo con competencia, transparencia y responsabilidad.

Y cuando eso no ocurre, la democracia ofrece el único mecanismo que realmente importa: el voto. Es ahí donde los ciudadanos pueden poner fin a la política del ruido y exigir gobiernos que trabajen para resolver problemas, no para multiplicarlos como hacen Moriyón y Toyos. Porque la confianza pública no se recupera con discursos encendidos, sino con gestión seria. Y cuando esa gestión falla de forma reiterada, la ciudadanía tiene en sus manos la capacidad de enviar a quienes han demostrado su incompetencia de vuelta a la oposición.

Ya lo dijo Octavio Paz: “Un gobierno que no rinde cuentas acaba gobernando contra los ciudadanos.”


 

GIJÓN CON ALQUILER IMPOSIBLE: PRECIOS DISPARADOS Y UNA POLÍTICA MUNICIPAL AL SERVICIO DEL MERCADO

 

El mercado del alquiler en Asturias está experimentando una fuerte subida de precios, especialmente en la ciudad de Gijón. Según el índice inmobiliario de Fotocasa, los tres barrios más caros para alquilar vivienda en la región se encuentran en esta ciudad: el Centro (13,52 €/m² al mes), La Arena (13,28 €/m²) y El Natahoyo (12,58 €/m²). A continuación aparecen varios barrios de Oviedo, como HUCA-La Cadellada (12,31 €/m²), Salesas-Foncalada-Campoamor (12,26 €/m²) y Campo San Francisco-Uría (12,25 €/m²). La directora de Estudios de Fotocasa, María Matos, señala que Asturias vive un momento de transformación en el mercado del alquiler y que Gijón lidera claramente los precios, con barrios donde una vivienda estándar ya supera los 1.000 euros mensuales. Además, algunas zonas han experimentado fuertes incrementos anuales, como HUCA-La Cadellada en Oviedo, con una subida del 28,9%, o el Centro de Gijón, con un 20,6% https://bit.ly/4reLKmK


 El tridente de la incompetencia en el gobierno municipal que actúan como sicarios de la iniciativa privada a la hora de construir vivienda, Carmen Moriyón y Jesús Martínez Salvador

Por otra parte, el debate político sobre el alquiler también se intensifica en el Ayuntamiento de Gijón. Los grupos municipales de Izquierda Unida y Podemos han criticado al gobierno local, formado por la derecha extrema de, Foro Asturias y el Partido Popular, por presentar alegaciones contra la declaración de Cimavilla y La Arena como zonas de mercado residencial tensionado. Según IU y Podemos, esta postura prioriza la vivienda como negocio frente al derecho a acceder a ella y deja sin soluciones a quienes tienen dificultades para pagar el alquiler. Desde el Ayuntamiento se considera que la declaración no está justificada, mientras que los partidos de izquierda defienden que existen estudios rigurosos que avalan la medida y que limitar los precios ayudaría a contener las subidas. El debate continuará en el Pleno municipal y en las negociaciones con la Consejería de Vivienda del Principado https://bit.ly/4cnL3Un

El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales en el municipio de Gijón, especialmente por el fuerte incremento de los precios del alquiler. En este contexto, la gestión del actual gobierno municipal encabezado por, Carmen Moriyón (Foro Asturias) en coalición con el Partido Popular ha sido objeto de críticas por la falta de medidas estructurales que amplíen el parque público de vivienda y faciliten el acceso a los ciudadanos con menos recursos.

Uno de los elementos centrales del debate es la escasa producción de vivienda pública durante el actual mandato. Diversos análisis y posicionamientos políticos señalan que, en los primeros años de gobierno, el Ayuntamiento no ha impulsado directamente promociones públicas significativas, lo que ha generado críticas sobre la falta de intervención municipal en un mercado tensionado. De hecho, el propio Gobierno del Principado ha señalado que podría promover nuevas promociones de vivienda pública en la ciudad si el Ayuntamiento facilita suelo municipal para ello, planteándose la construcción de unas 300 viviendas adicionales destinadas principalmente al alquiler asequible.

La cuestión del suelo municipal se ha convertido así en uno de los puntos clave del debate. Según distintos informes y declaraciones institucionales, existen varias zonas en Gijón donde podrían desarrollarse proyectos de vivienda protegida —como Perchera, Nuevo Gijón Oeste o el entorno de Peritos— siempre que haya cooperación entre administraciones. Sin embargo, durante buena parte del mandato esta colaboración no se concretó, lo que alimentó las críticas de quienes consideran que el Ayuntamiento no ha aprovechado plenamente las oportunidades para ampliar el parque público de vivienda.

Otra de las líneas de actuación del gobierno local ha sido el denominado “Plan Llave”, un modelo que apuesta por la colaboración con promotores privados. Este plan prevé la construcción de viviendas protegidas en parcelas municipales mediante permutas con empresas constructoras, lo que implica que una parte de las viviendas pasa a manos privadas y otra parte al patrimonio municipal. En la primera fase se planteó la construcción de 120 viviendas, de las cuales una parte se destinaría posteriormente al alquiler asequible gestionado por la Empresa Municipal de la Vivienda. Este enfoque ha sido criticado por algunos sectores que consideran que prioriza la colaboración con promotores privados frente a la promoción directa de vivienda pública.

En paralelo, el gobierno municipal también ha defendido una posición contraria a la declaración de zonas tensionadas de vivienda en la ciudad, una herramienta prevista en la legislación estatal para limitar o contener la subida de los alquileres en áreas donde el acceso a la vivienda es especialmente difícil. El Ayuntamiento ha argumentado que esta medida podría desincentivar que los propietarios saquen sus viviendas al mercado de alquiler, por lo que considera que no solucionaría el problema estructural de acceso a la vivienda. Sin embargo, esta postura ha generado un intenso debate político, ya que otras fuerzas consideran que la regulación del mercado del alquiler es necesaria para frenar la escalada de precios.

El problema de la vivienda en Gijón también está ligado a la evolución urbanística de la ciudad. Grandes ámbitos de suelo urbano o de transformación, como los terrenos vinculados al Plan de Vías o espacios como el conocido Solarón, llevan años formando parte del debate urbanístico sobre qué usos deben tener estos espacios: si vivienda, zonas verdes u otros equipamientos urbanos. Estas decisiones condicionan directamente la disponibilidad de suelo para nuevas promociones residenciales y, por tanto, la capacidad de aumentar la oferta de vivienda.

A todo ello se suma un contexto de fuerte presión en el mercado del alquiler. Los precios han aumentado de forma notable en barrios céntricos y zonas cercanas a la playa o al centro urbano, lo que está elevando el coste medio de una vivienda y dificultando el acceso para jóvenes y trabajadores con ingresos medios. En este escenario, el debate político se centra en qué modelo de política de vivienda debe aplicarse: uno basado principalmente en el mercado y la colaboración público-privada, como defiende el actual gobierno municipal de la derecha extrema o uno basado en una mayor intervención pública y ampliación del parque de vivienda social.

En definitiva, el análisis de la política municipal de vivienda en Gijón muestra una confrontación clara entre dos enfoques. Por un lado, el gobierno local apuesta por la colaboración con promotores privados, el desarrollo de vivienda protegida mediante fórmulas mixtas y el rechazo a medidas de control directo del mercado del alquiler. Por otro, sectores de la oposición y organizaciones sociales consideran que la ciudad necesita un impulso mucho mayor de vivienda pública, una utilización más decidida del suelo municipal y medidas regulatorias para frenar el aumento de los precios del alquiler.

A este escenario se suma otro elemento que agrava la situación: la escasa capacidad de la Empresa Municipal de la Vivienda de Gijón para aumentar de forma significativa el parque público de alquiler durante el actual mandato. Mientras otras ciudades están ampliando progresivamente su parque de vivienda pública para actuar como regulador del mercado, en Gijón la oferta municipal sigue siendo limitada frente a una demanda creciente de vivienda asequible. Esta falta de ampliación del parque público coincide con un momento en el que el precio del alquiler se encuentra en máximos históricos en varios barrios de la ciudad, lo que incrementa la presión sobre jóvenes, familias y trabajadores con ingresos medios.

También se ha señalado desde distintos colectivos sociales y vecinales que la política municipal no ha desarrollado aún una estrategia integral para afrontar el problema de la vivienda. Entre las cuestiones que se mencionan con frecuencia está la falta de medidas específicas para movilizar viviendas vacías hacia el mercado de alquiler asequible, la ausencia de incentivos suficientes para el alquiler social o asequible y la falta de instrumentos municipales que permitan equilibrar el mercado en los barrios más tensionados.

Otro aspecto relevante es el impacto que tiene el crecimiento de las viviendas de uso turístico en determinadas zonas de la ciudad, especialmente en áreas cercanas al centro histórico y a la playa. Diversos colectivos vecinales han advertido que la expansión de este tipo de alojamientos reduce la disponibilidad de vivienda residencial y contribuye a la subida de los precios del alquiler en barrios como Cimavilla o La Arena, lo que intensifica el debate sobre la necesidad de una regulación más estricta para evitar que el uso turístico desplace a los residentes.

En este contexto, la falta de consenso institucional entre el Ayuntamiento de Gijón y el Gobierno del Principado en cuestiones como la declaración de zonas tensionadas o la disponibilidad de suelo para nuevas promociones públicas añade un elemento adicional de bloqueo político que dificulta la adopción de medidas rápidas frente a una crisis habitacional que ya se sitúa entre las principales preocupaciones de la ciudadanía.

De esta forma, el problema de la vivienda en Gijón no se explica únicamente por la evolución del mercado inmobiliario, sino también por la ausencia de políticas públicas capaces de aumentar de manera significativa la oferta de vivienda asequible y por la falta de instrumentos regulatorios que permitan contener la escalada de precios en los barrios más tensionados.

El debate sobre la vivienda pública suele estar ligado a dos modelos distintos de entender el papel de las administraciones. En el caso de las posiciones defendidas habitualmente por partidos como Foro Asturias o el Partido Popular en Gijón, su enfoque parte de una concepción de la política de vivienda donde el mercado inmobiliario y la iniciativa privada desempeñan el papel principal (principalmente “amiguetes” que financien sus campañas electorales) https://bit.ly/3OXRzaA , https://bit.ly/46zkA2w  Desde esta perspectiva, la intervención directa de las administraciones mediante la promoción de vivienda pública o la regulación de los precios del alquiler se considera una medida secundaria o incluso contraproducente ya que deteriora el negocio y las ganancias a los “amiguetes”.

Uno de los argumentos más frecuentes de este enfoque es que el aumento de la oferta de vivienda debe producirse principalmente a través de la construcción promovida por el sector privado. Bajo esta lógica, las administraciones deben facilitar suelo, simplificar trámites urbanísticos o incentivar la inversión inmobiliaria, pero no convertirse en promotoras directas de vivienda. La idea central es que el mercado, si dispone de suficientes incentivos y seguridad jurídica, será capaz de generar la oferta necesaria para equilibrar los precios.

Esta visión también suele ir acompañada de una cierta desconfianza hacia la intervención pública directa en el mercado del alquiler. Las medidas como la ampliación del parque público de vivienda o la regulación de precios en zonas tensionadas son interpretadas por estos sectores como políticas que pueden reducir la rentabilidad de los propietarios o desincentivar la salida de viviendas al mercado. Según este planteamiento, limitar precios o intervenir en el mercado podría provocar una reducción de la oferta disponible y, en consecuencia, empeorar el problema a medio plazo.

Otro elemento que explica esta posición es el peso que tienen en este modelo las políticas de colaboración público-privada. En lugar de construir vivienda pública de forma directa, las administraciones optan por acuerdos con promotores privados para desarrollar vivienda protegida o asequible en suelo público, compartiendo riesgos y beneficios. El llamado “Plan Llave” en Gijón responde precisamente a esta lógica: utilizar suelo municipal para promover viviendas mediante acuerdos con constructoras, en lugar de impulsar promociones públicas integrales gestionadas directamente por la administración.

A ello se suma un enfoque ideológico más amplio sobre el papel del sector público. En las corrientes liberales o conservadoras de la política económica se considera que el Estado debe intervenir lo menos posible en los mercados y centrarse principalmente en funciones regulatorias, de planificación o de apoyo, pero evitando competir directamente con la iniciativa privada. Esta visión contrasta con la defendida por otras fuerzas políticas que consideran que la vivienda es un derecho social y que, por tanto, las administraciones deben actuar como promotoras directas para garantizar una oferta suficiente de vivienda asequible.

Por último, el debate también está influido por la experiencia histórica de la política de vivienda en España. Durante décadas, gran parte de las viviendas protegidas fueron promovidas por empresas privadas con ayudas públicas, mientras que el parque público de alquiler quedó relativamente reducido en comparación con otros países europeos. Este modelo ha hecho que muchas administraciones locales estén más acostumbradas a actuar como facilitadoras del mercado que como promotoras directas de vivienda pública.

En conjunto, el rechazo o la reticencia hacia políticas de vivienda pública más ambiciosas no responde únicamente a una decisión puntual, sino a un modelo político y económico que prioriza el papel del mercado y de la iniciativa privada en la resolución del problema de la vivienda, frente a otros enfoques que defienden una intervención pública más intensa para garantizar el acceso a este derecho básico.

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Para terminar el post quiero manifestar que la situación de la vivienda en Gijón refleja una combinación de factores que se retroalimentan: un mercado del alquiler en máximos históricos, una oferta pública claramente insuficiente, una escasa movilización de vivienda vacía y la ausencia de instrumentos regulatorios que permitan contener los precios en los barrios más tensionados. Mientras los datos muestran que el coste del alquiler continúa creciendo y supera ya los 1.000 euros mensuales en zonas de la ciudad, el gobierno municipal de Foro y Partido Popular ha optado por una política que prioriza casi exclusivamente la colaboración con el sector privado y rechaza medidas de intervención pública como la ampliación decidida del parque de vivienda pública o la declaración de zonas tensionadas. Esta orientación ha sido duramente criticada por diversos colectivos sociales y políticos que consideran que el Ayuntamiento ha renunciado a utilizar las herramientas públicas disponibles para proteger el derecho a la vivienda. A esta situación se suma además la escasa capacidad de la oposición socialista para situar el problema de la vivienda en el centro del debate político municipal, lo que ha contribuido a que uno de los principales problemas sociales de la ciudad avance sin una respuesta política proporcional a la gravedad del momento. En este contexto, el debate sobre la vivienda en Gijón trasciende el ámbito técnico o urbanístico y se convierte en una cuestión profundamente política sobre qué modelo de ciudad se quiere construir y qué papel deben asumir las administraciones públicas para garantizar que el acceso a una vivienda digna deje de ser una preocupación creciente para miles de gijoneses.Principio del formulario

Ya lo dijo Leilani Farhi: "La vivienda no puede tratarse como una mercancía más, porque es la base sobre la que se construye la vida de las personas."

 

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