AYUNTAMIENTO DE LLANES, MUCHO PROHIBIR, MUCHO MULTAR Y MUY POCO GOBERNAR

 

Ayer se publicaba en la prensa regional que el Ayuntamiento de Llanes ha puesto en marcha una nueva normativa para regular el uso de autocaravanas y vehículos vivienda en todo el concejo durante el año 2026. La medida, que entró en vigor el 1 de junio mediante una Resolución de Alcaldía en aplicación de la Ordenanza Municipal, busca responder al aumento de este tipo de turismo y a los conflictos que se han generado en los últimos años con los vecinos debido a la ocupación de espacios públicos y las pernoctas no autorizadas.

La regulación establece que, dentro de la villa de Llanes, las autocaravanas solo podrán estacionar en dos espacios concretos: la calle Francisco Mijares y el aparcamiento de tierra situado entre la calle Vicente Pedregal Galguera y la calle Periódico El Pueblo. El uso de estas zonas será gratuito, pero únicamente estará permitido entre las 9:00 y las 22:00 horas. Fuera de ese horario no se podrá permanecer estacionado y queda expresamente prohibida la pernocta.

                Foto: el alcalde de LLanes, "Torquemada" Enrique Riestra

En el resto del concejo, las autocaravanas podrán estacionar en las zonas públicas municipales habilitadas para vehículos en general, siempre respetando el mismo horario de 9:00 a 22:00 horas y sin posibilidad de pernoctar. Además, la normativa prohíbe estacionar fuera de los espacios autorizados y desplegar elementos propios de acampada, como toldos, mesas, sillas u otros objetos que ocupen la vía pública.

Tampoco se permitirá estacionar en doble fila, sobre aceras, en zonas de carga y descarga, en paradas de transporte público o en espacios reservados para personas con movilidad reducida. Asimismo, se considera acampada libre cualquier pernocta fuera de los lugares regulados, así como el vertido de aguas residuales, la emisión continuada de ruidos o el uso de generadores eléctricos en espacios públicos.

La única excepción para pasar la noche será el área municipal de autocaravanas de La Talá, ubicada entre las calles Francisco Mijares, Vicente Pedregal Galguera, Periódico El Pueblo y la carretera. Este recinto cuenta con hasta 86 plazas delimitadas y ofrece servicios específicos como suministro de agua potable y puntos de vaciado de aguas grises y negras. El tiempo máximo de permanencia permitido será de 48 horas consecutivas.

El incumplimiento de la normativa podrá conllevar sanciones económicas importantes. La pernocta fuera del área autorizada, el estacionamiento en lugares no habilitados o permanecer fuera del horario permitido se consideran infracciones muy graves y podrán ser castigadas con multas de hasta 500 euros. Además, la Policía Local tendrá la facultad de inmovilizar o retirar los vehículos infractores.

Para asegurar el cumplimiento de estas medidas, el Ayuntamiento creará una patrulla específica de la Policía Local durante la temporada estival. Su principal misión será controlar las pernoctas ilegales y vigilar especialmente las zonas más sensibles y visitadas del concejo.

El alcalde ultra de Llanes, Enrique Riestra, explicó que esta regulación pretende dar respuesta al importante incremento del turismo de autocaravanas en los últimos años, ofreciendo espacios claramente definidos para el estacionamiento y la pernocta autorizada, al mismo tiempo que se protege el entorno y se garantiza el bienestar de los vecinos. Según señaló, la medida forma parte de la apuesta municipal por un turismo sostenible y de calidad que permita compatibilizar la llegada de visitantes con la vida cotidiana de los habitantes del concejo https://tinyurl.com/42b2hhmh

La ordenanza parte de un problema real: el aumento del turismo en autocaravana y vehículos vivienda en un concejo con fuerte presión turística, mucha costa, espacios naturales sensibles y núcleos urbanos donde el aparcamiento ya es limitado. Desde ese punto de vista, la medida tiene una justificación clara: ordenar el uso del espacio público, evitar pernoctas dispersas, proteger el descanso vecinal y reducir comportamientos que sí son propios de la acampada, como desplegar mesas, sillas, toldos, generadores o verter aguas residuales.

El principal punto favorable es que el Ayuntamiento no prohíbe totalmente la presencia de autocaravanas, sino que diferencia entre estacionamiento diurno y pernocta. En la villa permite estacionar gratuitamente en dos zonas concretas entre las 9:00 y las 22:00, y reserva la pernocta al área de La Talá, con 86 plazas, agua y vaciado de aguas grises y negras. Esta estructura da seguridad jurídica al visitante porque le indica dónde puede estar, cuándo puede estacionar y dónde puede dormir. Además, reduce la ocupación prolongada de aparcamientos públicos, especialmente en temporada alta, cuando Llanes recibe mucha presión turística.

También es positivo que la norma intente separar el turismo itinerante ordenado de la acampada libre. La DGT reconoce que, con carácter general, las autocaravanas pueden parar y estacionar como otros vehículos, pero también admite que los ayuntamientos pueden regular el estacionamiento en vías urbanas y prohibir la acampada fuera de zonas autorizadas. La propia DGT menciona que el Tribunal Supremo avaló la capacidad municipal para limitar tiempos de estacionamiento y prohibir la acampada en vías urbanas o espacios adyacentes, siempre que la finalidad sea proteger la fluidez del tráfico, la seguridad, el uso peatonal o la distribución equitativa del aparcamiento https://tinyurl.com/yw4pp6se

El punto más delicado está en la frontera entre “estacionar” y “pernoctar”. Si una autocaravana está correctamente aparcada, no despliega elementos exteriores, no vierte residuos, no hace ruido y no ocupa más espacio que el delimitado, puede surgir conflicto si se sanciona únicamente por dormir dentro. Ahí es donde la ordenanza puede chocar con interpretaciones más favorables al usuario basadas en la normativa de tráfico. La clave jurídica estará en si el Ayuntamiento sanciona una verdadera conducta de acampada o si sanciona simplemente el uso interior del vehículo mientras está aparcado. Cuanto más clara sea la conducta externa —toldos, mesas, sillas, calzos, generadores, vertidos o exceso de ocupación— más fuerte será la posición municipal. Cuanto más se sancione una autocaravana inmóvil y correctamente estacionada solo por haber personas durmiendo dentro, más discutible puede resultar.

Otro punto discutible es la proporcionalidad. La sanción de 500 euros para pernoctar fuera del área autorizada, estacionar fuera del horario o hacerlo en zonas no habilitadas puede considerarse eficaz como medida disuasoria, pero también puede generar rechazo si se aplica sin graduar la conducta. No es lo mismo una autocaravana ocupando un espacio natural protegido con residuos y elementos desplegados que un vehículo aparcado una noche sin causar molestias. Para que la ordenanza sea sólida, la aplicación práctica debería distinguir entre infracciones leves de estacionamiento, ocupaciones indebidas del espacio público y comportamientos claramente asimilables a acampada.

Desde el punto de vista económico, la ordenanza puede tener efectos positivos y negativos. Puede beneficiar a vecinos, hoteles, campings y áreas reguladas, porque evita una competencia desordenada basada en el uso gratuito e ilimitado del espacio público. También puede mejorar la imagen turística de Llanes si reduce saturación, suciedad, ruidos y conflictos en playas, miradores y aparcamientos. Un destino saturado o percibido como caótico puede perder calidad turística, y en ese sentido la regulación puede proteger el valor económico del concejo.

Pero también puede perjudicar a parte del comercio local. El turista de autocaravana consume en supermercados, bares, gasolineras, restaurantes, lavanderías y pequeños negocios. Si la norma se percibe como demasiado restrictiva, Llanes puede perder visitantes frente a concejos cercanos con normas más flexibles. El riesgo económico no está en regular, sino en que la regulación sea vista como expulsiva. Si solo existen 86 plazas para pernoctar en temporada alta, puede producirse un cuello de botella: cuando La Talá esté llena, muchos viajeros se marcharán directamente a otro municipio. Eso puede reducir gasto local, especialmente en comercio y hostelería de bajo y medio consumo.

La ordenanza también puede entrar en tensión con intereses privados. Los campings y alojamientos reglados pueden verla como una protección frente a la acampada encubierta, mientras que asociaciones de autocaravanistas o empresas vinculadas al caravaning pueden considerarla excesiva si limita demasiado la libertad de estacionamiento. La DGT reconoce el fuerte crecimiento del sector: las autocaravanas pasaron de poco más de 48.000 a casi 137.000 en España desde el año 2015, lo que explica que los municipios estén reaccionando con nuevas normas https://tinyurl.com/yw4pp6se  

En conjunto, la ordenanza es defendible cuando regula el uso del espacio público, impide la acampada libre, protege zonas sensibles y ordena la convivencia. Sus puntos débiles aparecen si se aplica de forma automática, sin distinguir estacionamiento de acampada, sin graduar sanciones o sin ofrecer capacidad suficiente para absorber la demanda real. Para Llanes, la solución más equilibrada no sería eliminar la norma, sino aplicarla con criterios claros, señalización suficiente, información visible para visitantes, control de vertidos y ruidos, y una oferta de pernocta proporcional al volumen turístico que recibe el concejo… Pero eso no es lo que hoy se oferta en el municipio gobernado por la ultraderecha.

Por otro lado hay que reconocer que existen modelos de regulación mejores que el que la ultraderecha ha puesto en servicio en Llanes en varios puntos concretos, sin dejar desprotegidos a los vecinos. El principal problema de la regulación de Llanes no es que ordene las autocaravanas, sino que es muy rígida: limita el estacionamiento diurno a 9:00-22:00, concentra la pernocta en La Talá y sanciona con dureza conductas que pueden ser distintas entre sí. Otros municipios regulan mejor porque distinguen con más claridad entre estacionar, pernoctar y acampar.

Un ejemplo asturiano más equilibrado es el del municipio de Grandas de Salime. Su ordenanza define cuándo una autocaravana está aparcada y no acampada: cuando solo toca el suelo con las ruedas, no despliega elementos exteriores, no ocupa más espacio, no vierte fluidos y no genera ruidos molestos. Esa precisión es mejor que una prohibición amplia como ha hecho la ultraderecha, porque permite sancionar lo que realmente perjudica al entorno o a los vecinos, pero evita castigar automáticamente a quien solo está estacionado correctamente. Además, fija 48 horas máximas en el área habilitada, obliga al uso de zona de vaciado y prohíbe mesas, sillas, toldos y vertidos. Es decir, protege la convivencia sin confundir estacionamiento con acampada https://tinyurl.com/5dauhnx2  

También es más equilibrada la regulación en el municipio de Tapia de Casariego en un punto importante: permite la parada y el estacionamiento en vías urbanas de autocaravanas si no son peligrosos, no obstaculizan la circulación y están colocadas en lugar autorizado. Además, fija un máximo general de 24 horas y regula las áreas de servicio con 48 horas, prohibición de elementos exteriores y obligación de usar los servicios de vaciado. Esto es mejor que restringir casi todo el estacionamiento a franjas horarias muy concretas, porque permite rotación y control sin expulsar al visitante que cumple las normas https://tinyurl.com/37evh349

Fuera de Asturias, la ordenanza del municipio de León aporta elementos más modernos. Diferencia entre temporada de alta y baja ocupación: en alta permite 72 horas y en baja hasta una semana, siempre con rotación posterior de cinco días. También prevé plazas para personas con movilidad reducida, áreas de servicio con agua, vaciado de grises y negras, contenedores, horario de uso del punto de reciclaje y un sistema de control mediante medios automatizados o aplicación móvil. Esta fórmula es mejor porque adapta la presión turística a la época del año y evita tratar igual agosto que enero https://tinyurl.com/3evupb53

Otro modelo interesante es el del municipio de San Vicente de la Barquera, que restringe autocaravanas en zonas sensibles como playas o puntos saturados, pero habilita un aparcamiento alternativo de 82 plazas con conexión peatonal y carril bici al núcleo urbano. Esa solución es más equilibrada que una simple prohibición, porque protege las áreas conflictivas sin perder totalmente el gasto turístico de los viajeros https://tinyurl.com/fbfmna48  

Además, el propio marco asturiano del Decreto 61/2022 es útil como referencia: considera que no hay acampada cuando la autocaravana está parada o estacionada sin desplegar elementos, sin ampliar su perímetro, sin emitir ruidos indebidos y sin verter residuos. Ese criterio encaja mejor con una ordenanza municipal garantista, porque permite actuar contra abusos reales sin sancionar por sistema el mero uso interior del vehículo como sucede con la ordenanza que acaba de aprobar el gobierno ultra del gobierno municipal de Llanes https://tinyurl.com/yc6fcasy

Por tanto, Llanes podría mejorar sustancialmene su norma manteniendo la defensa de los llaniscos si incorporase tres ajustes: una definición expresa de estacionamiento frente a acampada, como Grandas; un margen de estacionamiento urbano razonable con límite de horas y rotación, como Tapia; y una gestión diferenciada por temporada, con control digital, plazas PMR y más áreas periféricas conectadas al centro, como León o San Vicente. Eso protegería el descanso, evitaría vertidos y ocupaciones abusivas, pero reduciría el riesgo de que Llanes sea percibido como un municipio hostil al turismo itinerante.

El gobierno municipal ultra de Llanes justifica la nueva regulación de autocaravanas afirmando que forma parte de su apuesta por un turismo sostenible y de calidad, capaz de compatibilizar la llegada de visitantes con la vida cotidiana de los vecinos del concejo. Sin embargo, la realidad que se percibe sobre el terreno plantea algunas contradicciones difíciles de ignorar.

A fecha de 20 de junio, cuando la temporada turística ya ha comenzado de facto y las playas reciben cada fin de semana a miles de visitantes, algunos aparcamientos estratégicos continúan cerrados. El caso de la playa de Cuevas del Mar resulta especialmente llamativo. Se trata de uno de los enclaves más visitados del municipio y, sin embargo, los espacios destinados a absorber la afluencia de vehículos siguen sin estar plenamente operativos, generando problemas de estacionamiento que eran perfectamente previsibles.

En este contexto, muchos visitantes se encuentran con una situación paradójica: por un lado, la administración municipal no ha habilitado todavía toda la infraestructura necesaria para canalizar adecuadamente la llegada de turistas; por otro, la presencia policial destinada a sancionar estacionamientos indebidos es constante. La Policía Local, dependiente del Ayuntamiento, realiza una labor legítima de control del tráfico y cumplimiento de la normativa, pero la sensación que puede trasladarse a una parte de la ciudadanía y de los visitantes es que se actúa con mayor diligencia en la sanción que en la puesta a disposición de soluciones... Nada nuevo para los llaniscos que lo llevan sufriendo algo más de once años.

La cuestión de fondo no es si deben existir controles o multas cuando se incumplen las normas. Evidentemente, cualquier municipio tiene la obligación de garantizar la seguridad vial, el acceso a los servicios de emergencia y la protección de espacios sensibles. El debate surge cuando las restricciones y las sanciones llegan antes que las alternativas. Resulta difícil hablar de una estrategia integral de turismo de calidad cuando algunos de los aparcamientos llamados a ordenar la afluencia de visitantes permanecen cerrados mientras se intensifica la vigilancia sobre quienes buscan dónde dejar sus vehículos… Hay que hacer caja para pagar el sueldo a los ocho liberados (siete concejales y un asesor del alcalde) de este gobierno ultra.

Un modelo turístico sostenible exige equilibrio entre derechos y obligaciones. Los visitantes deben respetar las normas, pero la administración también debe procurar que existan infraestructuras suficientes y operativas para que ese cumplimiento sea posible. Cuando ese equilibrio se rompe, la percepción pública puede ser la de una política centrada más en la prohibición y la sanción buscando la recaudación que en la gestión eficiente de los flujos turísticos.

Por ello, si el objetivo municipal es realmente compatibilizar turismo y convivencia, la apertura anticipada de los aparcamientos disuasorios y de las zonas destinadas a absorber la demanda debería constituir una prioridad tan importante como la vigilancia y el control. De lo contrario, el mensaje que se transmite corre el riesgo de resultar contradictorio: se reclama un turismo de calidad mientras no siempre se ofrecen, con la misma rapidez, los medios necesarios para gestionarlo adecuadamente.

Junto al debate sobre las autocaravanas y la gestión turística del concejo del municipio de Llanes existe una cuestión de fondo que cada vez genera más críticas entre una parte importante de los llaniscos: la sensación de que el Ayuntamiento está sustituyendo la gestión eficaz de los problemas por una política basada en prohibiciones y sanciones.

Los miembros del equipo de gobierno desempeñan sus responsabilidades con dedicación exclusiva y perciben unas retribuciones públicas precisamente para planificar, gestionar y resolver los problemas del municipio. Por ello, cuando situaciones previsibles como la falta de aparcamientos operativos, la saturación de determinadas zonas turísticas o la ausencia de medidas preventivas terminan resolviéndose mediante restricciones, prohibiciones o multas, resulta lógico que surjan preguntas sobre la eficacia de la acción de gobierno.

La función de una administración pública no debe limitarse a controlar y sancionar. Su principal obligación es anticiparse a los problemas, dotar al municipio de infraestructuras adecuadas y ofrecer soluciones antes de que aparezcan los conflictos. Cuando la respuesta habitual consiste en restringir actividades, limitar usos o aumentar la presión sancionadora, se corre el riesgo de trasladar a los ciudadanos la impresión de que se está corrigiendo mediante multas aquello que no se ha solucionado mediante gestión.

En el caso concreto de Llanes, la controversia no gira únicamente en torno a la regulación de las autocaravanas. Lo que muchos vecinos cuestionan es una forma de actuar en la que las prohibiciones parecen llegar con mayor rapidez que las soluciones. Si faltan aparcamientos, la respuesta debería ser habilitarlos a tiempo; si existen problemas de convivencia, deberían impulsarse medidas de organización y planificación; y si hay una presión turística creciente, corresponde a la administración adaptarse a esa realidad mediante una gestión eficaz de los recursos públicos.

La ciudadanía espera de sus representantes algo más que la aprobación de normas y la imposición de sanciones. Espera trabajo, planificación y capacidad de resolver problemas. Porque gobernar no consiste solo en cobrar y prohibir lo que genera dificultades, sino en crear las condiciones necesarias para que esas dificultades no lleguen a producirse. Cuando esa percepción se debilita, aumenta la sensación de que el peso de la gestión recae más sobre el ciudadano que sobre quienes tienen la responsabilidad y los medios para ejercerla.

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La oposición socialista en Llanes tampoco puede quedar al margen de esta crítica. Su silencio, su falta de iniciativa y su aparente desconexión con los problemas reales del concejo dejan a los llaniscos sin una alternativa firme frente a las políticas fascistas de Enrique Riestra y sus concejales mantenidos. Mientras el gobierno municipal impone restricciones, prohibiciones y sanciones, la oposición parece instalada en sus propias “caxigalinas”, incapaz de ejercer un control serio, constante y útil. Y ese vacío político también se paga: lo pagan los llaniscos, que quedan atrapados entre un gobierno que gobierna a golpe de ordenanza y una oposición que no está a la altura de las circunstancias.

Para terminar el post quiero manifestar que en definitiva, el problema de las autocaravanas en Llanes ha terminado convirtiéndose en el reflejo de una forma de hacer política que trasciende con mucho la mera regulación del estacionamiento. El gobierno municipal presume de orden, sostenibilidad y calidad turística, pero muchos vecinos perciben que las prohibiciones avanzan más rápido que las soluciones, que las sanciones llegan antes que las infraestructuras y que la planificación sigue siendo la gran ausente. Al mismo tiempo, una oposición socialista incapaz de fiscalizar con firmeza la acción del ejecutivo ha renunciado en la práctica a ejercer el papel que le corresponde en una democracia local sana y equilibrada.

Entre unos que gobiernan desde la restricción (gobierno ultra Vecinos y PP) y otros que parecen haber desaparecido (oposición socialista) del debate público, los llaniscos contemplan cómo los problemas se enquistan año tras año sin que nadie asuma verdaderamente responsabilidades. El resultado es un concejo donde las decisiones generan cada vez más polémica, donde los conflictos previsibles se afrontan cuando ya han estallado y donde la sensación de abandono político crece entre quienes esperan algo tan sencillo como una gestión eficaz de los asuntos públicos.

Porque la cuestión de fondo no son las autocaravanas. La cuestión es si quienes gobiernan están resolviendo los problemas antes de que aparezcan o si simplemente los administran a golpe de ordenanza, prohibición y expediente sancionador. Y también si quienes deberían ejercer la oposición están defendiendo realmente los intereses de los vecinos o se han resignado a ocupar un papel meramente testimonial como verdaderos comparsas del gobierno fascista. Cuando falla el gobierno y falla también el control al gobierno, quienes terminan pagando las consecuencias son siempre los mismos: los llaniscos.

Ya lo dijo Henry David Thoreau: “Cuando la ley es injusta, lo correcto es resistir.”

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