SIN VIVIENDA NO HAY RELEVO GENERACIONAL: EL MODELO QUE EXPULSA A LOS ASTURIANOS (LLANES Y GIJÓN)

Hoy he podido leer  dos informaciones en la prensa que dibujan un escenario coherente y preocupante de uno de los grandes cuellos de botella sociales y económicos de España y de Asturias en particular: la relación cada vez más frágil entre vivienda, natalidad y relevo generacional.

Por un lado, Asturias ofrece una excepción estadística positiva dentro de un país envejecido. Los últimos datos del SADEI, publicados recientemente, confirman que en 2025 la comunidad ha registrado el mayor repunte de natalidad en 17 años y ha logrado mantenerse por encima del millón de habitantes, situando la población en 1.020.009 personas https://bit.ly/4kpUwMW

Según explica la vicepresidenta del Principado, Gimena Llamedo, este cambio no responde a una coyuntura puntual, sino a una estrategia sostenida basada en servicios públicos sólidos, políticas de conciliación, fiscalidad favorable a las familias, inversión territorial y atracción de población de retorno e inmigrante. Asturias crece porque ofrece estabilidad, calidad de vida y un horizonte razonablemente previsible para desarrollar un proyecto vital.

Sin embargo, incluso en este contexto relativamente favorable, emerge con claridad el factor vivienda como límite estructural. La propia Llamedo reconoce que el encarecimiento del mercado inmobiliario en ciudades como Oviedo, Gijón o Llanes por ejemplo, está desplazando población hacia concejos periféricos y obliga a intervenir con políticas públicas para evitar que el acceso a un hogar se convierta en un obstáculo vital. La vivienda aparece así como una condición necesaria —aunque no suficiente— para consolidar la recuperación demográfica.


Foto: Carmen Moriyón, Ángela Pumariega y Jesús Martínez Salvador, los tres principales responsables del desatino de la vivienda en el municipio de Gijón.

Ese mismo problema, ampliado y agravado, es el que atraviesa el conjunto de España. En la segunda noticia se describe una transformación silenciosa pero profunda: el alquiler ha dejado de ser una etapa transitoria asociada a la juventud para convertirse en una trampa estructural que alcanza a personas de mediana y avanzada edad, muchas de ellas con empleo estable, pero sin capacidad de ahorro ni acceso a la propiedad https://bit.ly/45RkhzM

Los datos del INE y de CaixaBank Research confirman que el peso de los inquilinos de entre 45 y 65 años no deja de crecer y que una parte cada vez mayor de la población llega a la madurez y a la jubilación sin vivienda en propiedad. En el año 2024, el 14,9 % de los hogares encabezados por personas de entre 45 y 65 años vivía de alquiler, más del doble que dos décadas atrás. En los tramos de renta más baja, el esfuerzo para pagar la vivienda supera con frecuencia el 40 % de los ingresos, situando a muchos hogares en riesgo de exclusión residencial.

Los testimonios recogidos en la información que se publica recogen que —trabajadores cualificados, separados, con hijos, o personas cercanas a la jubilación— evidencian que el problema ya no es marginal ni exclusivo de colectivos tradicionalmente vulnerables. Cuando una parte creciente de la población destina una proporción tan elevada de su renta a la vivienda, la capacidad de ahorro desaparece. Y sin ahorro, no hay acceso a la propiedad, ni seguridad a largo plazo, ni condiciones materiales para asumir decisiones vitales como tener hijos.

Aquí es donde ambas noticias convergen con claridad. La crisis de la vivienda y la crisis demográfica son dos caras del mismo problema. No se trata solo de políticas de natalidad, ayudas fiscales o discursos sobre conciliación. Sin un acceso razonable, estable y previsible a la vivienda, el relevo generacional se resiente. Las parejas retrasan o renuncian a tener descendencia, los proyectos de vida se vuelven frágiles y el envejecimiento deja de ser únicamente una cuestión demográfica para convertirse en un problema social de gran escala.

Asturias demuestra que es posible amortiguar el declive demográfico cuando existen políticas públicas coherentes, servicios de calidad y un territorio que ofrece bienestar. Pero incluso en ese escenario, la vivienda emerge como el factor crítico que puede consolidar o frustrar esa tendencia. En el resto del país, donde el alquiler se ha encarecido sin una oferta suficiente y la propiedad se ha vuelto inaccesible para amplias capas de la población, el problema adquiere tintes de urgencia estructural: una generación que envejece de alquiler, sin red patrimonial y con pensiones limitadas, es una bomba de relojería social.

En síntesis, ambas informaciones apuntan a una misma conclusión: sin una política de vivienda ambiciosa, sostenida y orientada al interés general, no hay política demográfica posible. La natalidad, el arraigo territorial y el relevo generacional no dependen solo de incentivos puntuales, sino de algo mucho más básico y hoy cada vez más escaso: la posibilidad real de construir una vida estable.

La situación de la vivienda en Asturias ofrece hoy dos ejemplos especialmente elocuentes de cómo determinadas decisiones políticas pueden agravar un problema estructural en lugar de corregirlo: los municipios de Gijón y Llanes. Ambos municipios comparten un mismo resultado —los precios de la vivienda más altos del Principado— y una misma orientación de gobierno, pero también una respuesta política que, lejos de aliviar la tensión, refuerza los factores que la han generado.

En Gijón, gobernado por una colación de Foro Asturias y el PP, la estrategia para afrontar el encarecimiento de la vivienda ha pivotado sobre la colaboración con la patronal de la construcción, en particular con ASPROCON. El planteamiento parte de una premisa conocida: aumentar la oferta mediante la iniciativa privada como vía principal para moderar precios. Sin embargo, en un mercado fuertemente tensionado, con una demanda sostenida y una creciente presión turística y de inversión, esta aproximación presenta límites evidentes.

El problema no es la interlocución con el sector constructor —necesaria en cualquier política de vivienda—, sino delegar en él la corrección de un fallo de mercado. La vivienda, cuando se rige exclusivamente por lógicas de rentabilidad, tiende a orientarse hacia los segmentos de mayor capacidad adquisitiva. En ausencia de una intervención pública decidida —vivienda protegida, alquiler asequible, suelo público—, la colaboración con la patronal no corrige la exclusión residencial, sino que normaliza precios que ya son inaccesibles para amplias capas de la población. El resultado es un municipio dinámico en lo económico, pero crecientemente expulsivo en lo social.

Llanes representa una variante aún más clara del mismo problema. Gobernado por una coalición en la que participa la ultraderecha de VecinosxLlanes y el PP,  el municipio afronta una presión extrema sobre su parque residencial, derivada del peso del turismo, la segunda residencia y la inversión inmobiliaria. En este contexto, la tramitación de un nuevo planeamiento urbanístico sin una apuesta clara por la vivienda pública no es una omisión menor: es una decisión política con consecuencias estructurales, es el regalo que hace a los llaniscos el fascismo más descarnado.

Renunciar a incorporar vivienda protegida en el nuevo PGOU equivale a asumir que el mercado resolverá por sí solo un problema que él mismo ha creado. En un municipio donde los precios del metro cuadrado de la vivienda son los segundos más altos de Asturias, esta estrategia consolida un modelo basado en la exclusión progresiva de residentes permanentes, jóvenes y familias trabajadoras. La vivienda deja de ser un derecho o un factor de arraigo para convertirse en un activo escaso orientado al uso turístico o al patrimonio privado, vaciando de contenido la idea misma de comunidad local.

Lo que une a Gijón y Llanes no es solo el encarecimiento de la vivienda, sino una visión política que reduce el problema a una cuestión de oferta privada o, directamente, lo elude. En ambos casos, se evita asumir que el acceso a la vivienda requiere intervención pública sostenida, planificación a largo plazo y una clara prioridad por el interés general frente a la lógica especulativa. Esta renuncia no es neutral: tiene efectos directos sobre la demografía, el mercado laboral y la cohesión social.

En un momento en el que Asturias intenta revertir su declive poblacional y consolidar una recuperación demográfica incipiente, estas políticas municipales actúan como fuerzas de fricción. Allí donde la vivienda se encarece sin corrección, la población joven se marcha, las familias no se asientan y el relevo generacional se debilita. El discurso sobre atracción de talento o retorno demográfico se vacía cuando no se garantiza algo tan básico como un hogar accesible.

En definitiva, Gijón y Llanes ilustran con claridad que la crisis de la vivienda no es solo un fenómeno económico, sino una consecuencia directa de decisiones políticas. Delegar el problema en el mercado o esquivarlo en el planeamiento urbanístico no es una solución técnica fallida: es una elección ideológica cuyos costes sociales ya están siendo visibles. Y en territorios pequeños y frágiles demográficamente, esos costes se pagan rápido y se pagan caro.

Foto: Juan Valladares, Enrique Riestra y Juan Carlos Armas, el trío "calavera" del urbanismo llanisco, parados que han encontrado en la política el medio para cobrar lo que no pueden en la vida civil en sus profesiones

Hay, además, un aspecto que termina de evidenciar el fracaso de las políticas de vivienda en Gijón y Llanes bajo gobiernos de la derecha extrema y la ultraderecha: la ausencia total de rendición de cuentas frente a los resultados. A pesar de que ambos municipios encabezan los rankings de precios de vivienda en Asturias, no existe una revisión crítica de las decisiones adoptadas ni un reconocimiento explícito de que las estrategias aplicadas no están corrigiendo el problema, sino profundizándolo.

En Gijón, la colaboración preferente con la patronal de la construcción se presenta como una política “responsable” y “realista”, pero los datos muestran que el acceso a la vivienda sigue deteriorándose para jóvenes, familias trabajadoras y rentas medias. La oferta que se genera no está pensada para quienes viven y trabajan en la ciudad, sino para quienes pueden pagar precios crecientes en un mercado cada vez más tensionado. El resultado es una ciudad que crece en actividad económica, pero pierde capacidad de retener población, una contradicción que desmiente el relato oficial.

En Llanes, el problema adquiere una dimensión aún más grave porque se institucionaliza desde el planeamiento urbano. Excluir la vivienda pública del nuevo PGOU no es una omisión técnica ni una decisión neutral: es una renuncia explícita a intervenir en un mercado dominado por la especulación turística y la segunda residencia. Esa renuncia condena a generaciones enteras de llaniscos a no poder vivir en su propio concejo y convierte el territorio en un espacio pensado para visitantes y patrimonios, no para comunidad estable. No es una consecuencia no deseada: es el efecto lógico de la política aplicada por los fascista que hoy se sientan al frente del gobierno municipal.

Lo más revelador es que, en ambos casos, el problema de la vivienda se trata como una externalidad, no como una prioridad central. Se habla de crecimiento, dinamismo o atractivo territorial, pero se ignora que sin vivienda accesible no hay proyecto vital posible, ni natalidad, ni relevo generacional. Esta desconexión entre política y realidad social es especialmente grave en una comunidad como Asturias, donde cada decisión que expulsa población tiene efectos inmediatos y difícilmente reversibles.

Así, el fracaso no reside solo en que los precios sean altos, sino en que los gobiernos municipales de Gijón y Llanes han aceptado ese encarecimiento como un daño colateral asumible, subordinando el derecho a la vivienda al interés del mercado. Esa es la verdadera marca de estas políticas: no la falta de instrumentos, sino la falta de voluntad para usarlos en defensa del interés general.

Para terminar el post quiero manifestar que la crisis de la vivienda en Asturias no es una fatalidad ni un efecto colateral inevitable del crecimiento: es el resultado de decisiones políticas concretas. Cuando se renuncia a intervenir en mercados tensionados, cuando se delega el interés general en la lógica del beneficio privado y cuando se acepta la expulsión residencial como un daño asumible, el fracaso deja de ser coyuntural y se vuelve estructural.

Gijón y Llanes no solo encabezan los precios de la vivienda en Asturias; encarnan un modelo que sacrifica arraigo, natalidad y cohesión social en nombre de una supuesta normalidad de mercado. En una comunidad que intenta revertir su declive demográfico, estas políticas no son neutrales: erosionan el futuro. Porque sin vivienda accesible no hay proyecto vital posible, y sin proyecto vital no hay relevo generacional. Todo lo demás es relato de gobiernos fascista que no encuentran consuelo en la ciudadanía que recibe su “mierda” política.

Ya lo dijo Karl Polanyi: “El mercado es un excelente sirviente, pero un pésimo amo.”

 

GOBERNAR SIN VIVIENDA Y SIN TRANSPARENCIA: EL FRACASO DEL MODELO VECINOS-PP EN LLANES

El debate sobre la política de vivienda en Llanes ha escalado en los últimos días a raíz de dos posicionamientos claramente enfrentados. Por un lado, el alcalde del partido fascista, VecinosxLlanes (sicarios de la asociación llanisca AVALL, los enemigos de Llanes), Enrique Riestra, ha defendido públicamente una postura de prudencia ante la posible declaración de zonas tensionadas del mercado del alquiler en el concejo, subrayando que el procedimiento se encuentra aún en una fase muy inicial y que no se puede adoptar una decisión de ese calado sin informes técnicos rigurosos por parte del Principado. El regidor comparte el diagnóstico general sobre los problemas de acceso a la vivienda, pero insiste en que existen otras prioridades más inmediatas, como la aprobación definitiva del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) y el desarrollo de la Reserva Regional de Suelo de Poo para vivienda pública, un proyecto largamente prometido que, a su juicio, podría aliviar de forma significativa el mercado del alquiler. El fascista Riestra recalca además que el Ayuntamiento solo ha recibido hasta ahora una documentación “claramente insuficiente” y que no quiere abrir un conflicto institucional con una Consejería clave para el futuro del municipio https://bit.ly/4qlDyQU

Frente a este planteamiento, el PSOE de Llanes ha respondido con dureza, acusando al alcalde de instalarse en el populismo, el victimismo y la generación de polémicas artificiales para desviar la atención de lo que consideran una gestión fallida. Los socialistas ponen el foco en datos que califican de “demoledores”, como una ejecución presupuestaria en inversiones que apenas supera el 20% en 2025, la ausencia total de una política de vivienda pública tras más de una década de gobierno, el colapso del área de Urbanismo con licencias bloqueadas durante años y el deterioro del patrimonio municipal, ejemplificado en la situación del Casino de Llanes, declarado Bien de Interés Cultural. Según el PSOE, el verdadero problema del concejo no es el trato de otras administraciones ni episodios simbólicos recientes, sino la incapacidad del equipo de gobierno para transformar los recursos disponibles en soluciones reales para la ciudadanía https://bit.ly/3MkecFb


Foto: "Pinocho" Riestra, el fascista que hoy asola desde la alcaldía el municipio de Llanes 

En conjunto, ambas informaciones reflejan un choque político de fondo sobre cómo afrontar el principal problema social del concejo —el acceso a la vivienda— evidencian una creciente tensión entre el discurso de cautela institucional del gobierno socialista.

Lo primero que quiero manifestar es que el municipio de Llanes lleva desde el año 2007 sin PGOU que fue anulado por el Tribunal Supremo desde abril de dicho año gobernando el PSOE en el Ayuntamiento de Llanes. En él año 2015 llego al gobierno municipal el fascismo de VecinosxLlanes y PP que llevan algo más de diez años y han sido incapaces de aprobar el mismo pese a llevar gastados en dicho tema algo más de 300.000 € https://bit.ly/4tkVRIQ  Desde entonces el concejo ha carecido de un plan general plenamente vigente durante aproximadamente 18–19 años.  Aunque en abril del año 2025 el Ayuntamiento aprobó un nuevo PGOU a nivel municipal y está en proceso de tramitación para su aprobación definitiva por la Comisión de Urbanismo del Principado, oficialmente Llanes llevaba sin un PGOU vigente desde 2007 hasta ese momento.

En segundo lugar hay que recordar el rechazo a la declaración de zonas tensionadas del mercado del alquiler promovida por el Gobierno del Principado ha sido expresado de forma coincidente por el equipo de gobierno municipal de Llanes, integrado por VecinosxLlanes y el Partido Popular. En el caso del PP, esta postura fue manifestada de manera explícita por su presidente, el sicario Álvaro Queipo Somoano, en una reunión con cargos públicos del partido —concejales y diputados autonómicos— celebrada en Ribadesella, en una cumbre interna de coordinación política https://bit.ly/3ZkpIDF

Según recogió el medio local COPE Ribadesella, en ese encuentro el Partido Popular trasladó su oposición a la figura de las zonas tensionadas, alineándose con una visión crítica sobre esta herramienta de intervención del mercado del alquiler impulsada desde el Gobierno del Principado de Asturias. La posición defendida incide en que este tipo de medidas no resuelven los problemas estructurales de acceso a la vivienda y pueden generar efectos negativos sobre la oferta.

Las medidas que propone el Partido Popular (PP) para abordar la crisis de la vivienda y cómo se reflejan estas en un caso concreto como es el municipio de Gijón, donde gobierna en coalición con Foro Asturias. El PP ha planteado a nivel nacional y autonómico una respuesta al problema de la vivienda centrada en impulsar el mercado, incentivar la construcción y reducir la intervención directa en precios o controles de alquiler. En discursos y declaraciones de su liderazgo, el PP propone movilizar suelo público para facilitar la construcción de nuevas viviendas, ampliar la disponibilidad de vivienda asequible a través de colaboración público-privada, ofrecer bonificaciones fiscales como reducciones en el impuesto de bienes inmuebles (IBI) para vivienda habitual o alquiler dirigida a jóvenes, y agilizar trámites administrativos como la concesión de licencias de edificación para acelerar promociones de obra nueva. Estas medidas se enmarcan en una visión que busca favorecer la iniciativa privada, reducir barreras y atraer inversión para ampliar la oferta de vivienda sin recurrir a regulaciones de precios estrictas o controles sobre los alquileres.

En Gijón, donde el PP forma gobierno municipal con Foro, esta visión se ha traducido en una actitud reticente hacia medidas como la declaración de zonas tensionadas, que implican regulaciones específicas sobre el mercado del alquiler y mecanismos de control de precios. El pleno del Ayuntamiento de Gijón aprobó rechazar la declaración de zonas tensionadas en barrios como La Arena y Cimadevilla sin un acuerdo previo con la Consejería de Vivienda, votación que contó con los votos de Foro, PP y otros grupos afines, precisamente en defensa de una mayor claridad y consenso antes de aplicar intervenciones directas sobre el mercado.

Este contexto refleja una postura general del PP contraria a intervenir directamente en el mercado de alquiler mediante herramientas como topes de precios o zonas reguladas, sosteniendo que tales intervenciones pueden desincentivar la oferta y afectar negativamente a la inversión en vivienda. A cambio, el PP apuesta por medidas que, según sus dirigentes, favorezcan la construcción y permitan que aumente la oferta disponible, con incentivos fiscales y menos cargas administrativas, además de proteger jurídicamente a los propietarios frente a ocupaciones ilegales.

En Gijón también se ha puesto de relieve que esta lógica de mercado y fomento de la construcción no siempre se ha traducido en una promoción pública de vivienda significativa, algo que partidos de la oposición critican señalando que el rechazo a herramientas reguladoras como las zonas tensionadas o la falta de impulso de vivienda pública puede dejar sin respuesta las necesidades reales de acceso a una vivienda asequible.

En conjunto, las medidas defendidas por el PP y su ejecución en gobiernos municipales con Foro como el de Gijón ilustran una propuesta política que prioriza la dinamización del mercado, la colaboración con el sector privado y la reducción de la intervención estatal en los precios del alquiler, frente a propuestas que implican controles directos u otras formas de regulación más estricta.

Esta postura política enlaza con la mantenida en Llanes por el gobierno municipal de Vecinos x Llanes y PP, que ha mostrado públicamente su rechazo o, como mínimo, sus reticencias a la aplicación de las zonas tensionadas en el concejo. Ambas formaciones comparten la idea de que antes de aplicar este instrumento deben priorizarse otras actuaciones, como el desarrollo de planeamiento urbanístico, la promoción de vivienda pública y medidas que incrementen la oferta residencial.

La posición común del PP y de VecinosxLlanes es contraria a la estrategia del Principado en materia de zonas tensionadas, expresada tanto en el ámbito municipal como en foros políticos regionales, y difundida por medios de comunicación locales sin que consten matices favorables a la aplicación inmediata de dicha figura.

Ciñéndonos solo a los datos objetivos y evitando interpretaciones, el planeamiento general de Llanes al que haces referencia define capacidad residencial, no un programa cerrado de vivienda pública.

El documento del PGOU establece una capacidad máxima teórica de 5.774 viviendas, desglosadas en:

  • 3.347 en núcleos rurales,
  • 1.503 en suelo urbano consolidado,
  • 570 en suelo urbano no consolidado,
  • 354 en suelo urbanizable.

Ese dato describe dónde y cuántas viviendas podrían llegar a construirse, pero no identifica cuántas serán públicas, porque el PGOU no construye viviendas ni las califica individualmente como públicas o privadas.

Desde el punto de vista técnico-jurídico, lo único que puede afirmarse con certeza es lo siguiente:

  1. El PGOU no fija un número concreto de viviendas públicas.
    En la documentación conocida no aparece una cifra cerrada de viviendas públicas a ejecutar, ni un calendario, ni promociones concretas.
  2. La vivienda pública depende de las reservas legales, no del número total de viviendas.
    Como en cualquier planeamiento en Asturias, la vivienda protegida solo puede surgir:
    • en suelo urbanizable y
    • en suelo urbano no consolidado,
      mediante las reservas obligatorias de vivienda protegida que marca la legislación autonómica. En suelo urbano consolidado y en núcleos rurales, la vivienda es, por definición, mayoritariamente privada, salvo actuaciones públicas puntuales promovidas directamente por la Administración.
  3. El grueso del crecimiento (más del 58 %) está en núcleos rurales, donde no existe obligación legal de vivienda protegida.
    Esto es un dato clave: 3.347 de las 5.774 viviendas previstas se localizan en núcleos rurales, un ámbito donde el planeamiento no garantiza vivienda pública ni asequible.
  4. Sin convenios, sin proyectos y sin presupuestos, no hay vivienda pública efectiva. Aunque el PGOU pueda cumplir formalmente las reservas legales en determinados sectores, eso no equivale a que esas viviendas públicas se vayan a construir. Para que existan hacen falta:
    • desarrollos concretos,
    • iniciativa del Principado o del Ayuntamiento,
    • financiación,
    • y gestión pública directa o concertada.
      Nada de eso queda determinado por el simple dato de las 5.774 viviendas.

Conclusión factual
Con la información disponible, la respuesta a tu pregunta es clara y verificable:

➡️ El PGOU de Llanes no determina cuántas de esas 5.774 viviendas serán públicas.
➡️ No existe una cifra concreta de vivienda pública garantizada en el planeamiento.
➡️ La mayor parte del crecimiento residencial previsto se sitúa en ámbitos donde la vivienda pública no es obligatoria… Así piensa el gobierno fascista de Vecinos y PP en el mayor problema que acometen los llaniscos.

Cualquier afirmación más allá de esto —ya sea para defender o para criticar el planeamiento— requeriría documentación adicional específica (memorias de vivienda protegida, convenios urbanísticos o compromisos presupuestarios), que no constan como dato cerrado en el PGOU.

 

Las declaraciones del alcalde de Llanes, Enrique Riestra, en las que insiste en la prudencia institucional, en la necesidad de informes técnicos del Principado y en evitar un conflicto con la Consejería y con la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias, deben analizarse a partir de un hecho incuestionable: la aprobación definitiva del PGOU depende exclusivamente del Principado de Asturias. El Ayuntamiento puede impulsar, tramitar y aprobar provisionalmente el plan, pero carece de capacidad para culminar el procedimiento sin el visto bueno autonómico.

Desde ese punto de vista, las “buenas palabras” hacia la CUOTA tienen un significado institucional claro y comprobable: evitar fricciones políticas en un momento decisivo del procedimiento urbanístico, tras casi dos décadas sin plan general vigente desde su anulación judicial en 2007. Este dato no es interpretativo, sino estructural: sin informe favorable y aprobación definitiva de la CUOTA, el PGOU no existe jurídicamente.

Cuando este comportamiento se contrasta con los datos que muestra el propio PGOU en materia de vivienda, el análisis se vuelve especialmente nítido. El planeamiento fija una capacidad residencial máxima de 5.774 viviendas, pero no establece un programa de vivienda pública, ni concreta número, localización exacta, calendario ni financiación de promociones protegidas. Este es un hecho técnico, no una valoración política.

Además, el propio reparto del crecimiento residencial evidencia que la mayor parte del desarrollo (3.347 viviendas, más del 58 %) se sitúa en núcleos rurales, donde no existe obligación legal de reservar vivienda protegida. El resto del crecimiento se distribuye entre suelo urbano consolidado, urbano no consolidado y urbanizable, pero incluso en estos ámbitos la existencia de vivienda pública depende exclusivamente de que se desarrollen sectores concretos con las reservas legales y de que haya iniciativa pública o convenios, extremos que no quedan definidos en el plan.

Por tanto, cuando el alcalde enfatiza la necesidad de culminar el PGOU como prioridad absoluta y evita el enfrentamiento con el Principado, lo que muestran los datos es que la aprobación del plan, por sí sola, no garantiza un aumento efectivo de vivienda pública ni asequible. El PGOU del municipio de Llanes habilita mercado residencial, pero no compromete políticas públicas de vivienda. Esto no es una interpretación: es la consecuencia directa de cómo está redactado el documento… Fascismo de garrafón de VecinosxLlanes (AVALL) y PP.

En este contexto, las declaraciones conciliadoras hacia la CUOTA pueden leerse, desde un punto de vista estrictamente factual, como una estrategia institucional orientada a asegurar la aprobación del planeamiento, aun cuando dicho planeamiento no fija obligaciones concretas en materia de vivienda pública. El resultado práctico es que el instrumento considerado prioritario por el gobierno municipal resuelve la inseguridad urbanística, pero no responde de forma directa al principal problema social identificado —el acceso a la vivienda, al menos en términos de promoción pública garantizada.

La conclusión, ceñida exclusivamente a los datos, es clara:
las manifestaciones de prudencia y cooperación institucional del alcalde no se traducen, en el contenido del PGOU, en compromisos verificables de vivienda pública. El plan ordena suelo y permite construir, pero deja intacta la decisión política posterior sobre si, dónde y cuándo se promoverá vivienda protegida. Esa decisión no está en el PGOU y, por tanto, no queda respaldada por las declaraciones institucionales, más allá del objetivo de lograr su aprobación definitiva para beneficio de unos pocos.

Quiero manifestar que España, el derecho de acceso a la información pública está reconocido con carácter general en la Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno. Esta norma establece que toda la información elaborada o adquirida por las administraciones públicas en el ejercicio de sus funciones es pública por definición, salvo las excepciones tasadas que la propia ley regula. Los ayuntamientos, como administraciones públicas, están plenamente sometidos a esta obligación.

De forma complementaria, en el ámbito local, la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, reconoce expresamente que los vecinos tienen derecho a participar en la gestión municipal y a obtener información sobre la actividad de la corporación. Este derecho no se limita a conocer acuerdos plenarios o resoluciones finales, sino que alcanza a los expedientes administrativos, a los documentos que fundamentan las decisiones y a la información que permite comprender cómo y por qué se gobierna.

A ello se suma el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales (ROF), que garantiza a los concejales —incluidos los de la oposición— el acceso a toda la documentación necesaria para el ejercicio de su función representativa. Este acceso no es un privilegio personal del cargo electo, sino un instrumento para que la ciudadanía esté informada a través de sus representantes. La jurisprudencia ha reiterado que los concejales no acceden a la documentación en nombre propio, sino como cauce del derecho fundamental de participación política del artículo 23 de la Constitución, que conecta directamente con el derecho de los ciudadanos a un gobierno transparente.

Desde este punto de vista, el problema que hoy sufren los llaniscos no es solo la falta de transparencia del gobierno municipal, sino también la inacción de la oposición en trasladar esa información a la ciudadanía, pese a disponer legalmente de ella. Ninguna norma impide que los grupos municipales publiquen, difundan o expliquen los documentos que reciben, siempre que se respeten los límites legales claros (protección de datos personales, información especialmente sensible o legalmente reservada). Fuera de esos límites, la publicación es lícita y coherente con la finalidad de la transparencia.

En un contexto en el que Internet permite un acceso inmediato, permanente y gratuito a la información pública, la ausencia de publicación sistemática de expedientes, informes, propuestas urbanísticas, estudios económicos o documentación clave no es una carencia técnica, sino una decisión política, tanto del gobierno como de la oposición. La ley no exige únicamente transparencia pasiva —responder cuando alguien pregunta—, sino que impulsa la transparencia activa, es decir, publicar de oficio la información relevante para la vida pública.

Por tanto, desde un análisis estrictamente jurídico, puede afirmarse que:

  • Los ciudadanos de Llanes tienen derecho a conocer la documentación que fundamenta las decisiones municipales.
  • Los concejales de la oposición tienen derecho a acceder a esa documentación y capacidad legal para difundirla, dentro de los límites legales.
  • La falta de publicación sistemática no vulnera solo un ideal democrático, sino que desnaturaliza el espíritu de las leyes de transparencia, que buscan evitar que la información quede confinada en despachos o circule solo entre cargos públicos.

En consecuencia, reclamar que la oposición publique los documentos que recibe no es una exigencia partidista ni retórica, sino una exigencia plenamente amparada por el ordenamiento jurídico, orientada a que los vecinos puedan ejercer un control real sobre las políticas que les afectan. Sin información accesible por los llaniscos, no hay deliberación pública efectiva; y sin deliberación, la democracia local queda reducida a un trámite formal, ajeno a la ciudadanía a la que dice servir.


Foto: concejales socialistas en el pleno municipal... Haber si espabilan publicando los datos en Internet de los bnv bnv documentos que reciben para conocimiento de los llaniscos

Para terminar el post quiero manifestar que lo que hoy ocurre en Llanes no admite ya más coartadas ni discursos evasivos. El gobierno municipal de VecinosxLlanes y el Partido Popular ha demostrado, con hechos y con datos, una incapacidad estructural para afrontar el principal problema social del concejo: el acceso a la vivienda. Tras casi dos décadas sin planeamiento vigente y más de diez años de gobierno fascista sin resultados tangibles, el balance es claro: dinero público gastado, decisiones aplazadas y ninguna garantía efectiva de vivienda pública.

La insistencia en la “prudencia”, en la “fase inicial” y en la necesidad de no incomodar a otras administraciones no ha servido para proteger a la ciudadanía, sino para posponer indefinidamente soluciones reales. El PGOU que se presenta como salvación ordena suelo y habilita mercado, pero no compromete políticas públicas, no fija objetivos verificables y no asegura que el crecimiento residencial beneficie a quienes hoy no pueden vivir en su propio concejo. Gobernar no es evitar conflictos; gobernar es asumir responsabilidades y tomar decisiones… El fascismo no lo hace como nos tienen demostrado.

A esta carencia de políticas se suma una opacidad injustificable. En una democracia local madura, la información no se administra como un favor ni se guarda como un botín: se publica. Cuando los expedientes no se hacen accesibles, cuando los documentos clave no se explican y cuando la ciudadanía debe reconstruir su futuro a base de titulares sueltos, lo que falla no es la comunicación, sino el respeto institucional.

Llanes no necesita más excusas, ni más tiempos muertos, ni más planes sin contenido social. Necesita gestión, transparencia y compromiso. Y mientras el gobierno municipal fascista siga confundiendo estabilidad con parálisis y prudencia con inacción, la brecha entre las decisiones del Ayuntamiento y las necesidades reales de los vecinos seguirá ensanchándose, sin que  la oposición socialista revele los datos y hechos que reciben de dichos fascistas, por obligación legal y que no publican para conocimiento de los llaniscos. En política local, como en la vida pública, no basta con decir que se gobierna: hay que demostrarlo.

Principio del formulario

Ya lo dijo John Steinbeck: “El poder no corrompe; el miedo corrompe… Quizá el miedo a perder el poder.”  

Final del formulario

 

 

SIN VIVIENDA NO HAY RELEVO GENERACIONAL: EL MODELO QUE EXPULSA A LOS ASTURIANOS (LLANES Y GIJÓN)

Hoy he podido leer   dos informaciones en la prensa que dibujan un escenario coherente y preocupante de uno de los grandes cuellos de bote...