NO FALTAN CASAS EN EL ORIENTE DE ASTURIAS: FALTAN VIVIENDAS PARA VIVIR Y VERGÜENZA POLÍTICA PARA RESOLVERLO

Ayer podíamos leer en la prensa la noticia, disponible en este enlace: https://bit.ly/4vSVo1N, donde se explica que el municipio de Cabrales se ha convertido en una zona turística de gran presión, comparable en algunos aspectos a concejos como Cangas de Onís, Ribadesella o Llanes. Según destaca el alcalde cabraliego, José Sánchez, durante las etapas vacacionales el concejo llega a multiplicar por seis o por siete su población. En esta zona de los Picos de Europa, el turismo ha desplazado al pastoreo como principal motor económico, pero ese cambio de modelo ha traído un problema grave: algunas localidades pierden población, pero al mismo tiempo no hay viviendas disponibles para alquilar y, cuando aparece alguna, su precio es muy elevado.

El caso más destacado es el de Arenas y Poo, dos localidades de Cabrales que, según informes técnicos solicitados por el Ayuntamiento al Principado, reúnen las condiciones objetivas para ser declaradas zonas de mercado residencial tensionado. Esta figura legal permite intervenir para corregir desequilibrios en el acceso a la vivienda. También se estudió la situación de Carreña, capital del concejo, pero sus datos no alcanzaron los requisitos necesarios, aunque se encuentra cerca del límite.


La situación descrita no responde a una burbuja inmobiliaria repentina, sino a una transformación profunda del territorio. Cabrales ha perdido un 8,64% de población en la última década, aunque la caída no ha sido igual en todos los núcleos. Arenas, que concentra el 38% de la población municipal, solo ha bajado un 3,32%, mientras que Poo, con el 7,89% de los vecinos del concejo, ha perdido un 7,36%. A la pérdida de habitantes se suma un fuerte envejecimiento: en Arenas hay 3,4 personas mayores de 65 años por cada menor de 15, y en Poo la proporción sube hasta 4 mayores por cada menor. Además, los hogares son cada vez más pequeños. Entre 2011 y 2021, las viviendas unipersonales en Cabrales pasaron del 35,4% al 44,5%, lo que ayuda a explicar por qué, aunque haya menos población, sigue aumentando la necesidad de vivienda.

El problema se agrava por el uso turístico y residencial no habitual de muchos inmuebles. En Poo, el número de viviendas catastradas creció un 173% entre 2011 y 2024, a pesar de que la población descendió. La explicación está en que muchas de esas viviendas no se destinan a residencia habitual. En la sección censal que agrupa Arenas y Poo, solo el 33% de las viviendas son residencias principales, mientras que el 67% son segundas residencias. Además, en mayo de 2025 había 78 viviendas de uso turístico censadas solo en el entorno de Arenas y Poo, equivalentes al 4,51% del total. En el conjunto de Cabrales, casi la mitad de los inmuebles, el 49,79%, figuraban como vacíos según registros de consumo eléctrico. A esto se añade que el alquiler representa únicamente el 8,47% del parque de viviendas, una proporción muy reducida.

La consecuencia directa de esta situación es que trabajadores y vecinos encuentran muchas dificultades para acceder a una vivienda asequible. La noticia recoge casos como el de un empleado municipal que tuvo que vivir ocho meses en una furgoneta, o el de una empleada de un negocio de Arenas que tuvo que mudarse a un concejo vecino. El propio alcalde resume el problema afirmando que hay gente que no puede ir a trabajar a Cabrales porque no encuentra vivienda asequible.

Los precios reflejan esta presión. En Arenas, el precio de compraventa de vivienda libre pasó de 883 euros por metro cuadrado en 2020 a 1.354 euros en 2024, lo que supone una subida del 53,34%. En el alquiler, el precio medio por metro cuadrado en vivienda colectiva en Arenas y Poo pasó de 3,8 euros en 2019 a 4,7 euros en 2023, con un incremento del 23,68%. Estas subidas superan la evolución del IPC autonómico, que fue de casi un 20% en ese periodo. Según los informes, esto basta para cumplir uno de los criterios legales para declarar una zona tensionada: que el precio de compra o alquiler haya crecido al menos tres puntos porcentuales por encima del IPC. En Arenas, la diferencia en compraventa es de 33,44 puntos y en alquiler de 6,28 puntos; en Poo, el exceso en alquiler también es de 6,28 puntos.

Aun así, los informes introducen matices. Los otros criterios previstos en la norma, relacionados con que el coste de la hipoteca o del alquiler más los gastos básicos supere el 30% de la renta media de los hogares, no se cumplen en ninguna de las dos localidades. En Poo, además, la escasez de operaciones de compraventa impidió valorar correctamente el criterio relativo a la hipoteca. Por eso, los documentos no describen una tensión extrema, pero sí confirman que existe un riesgo real y documentado de falta de vivienda asequible.

La noticia concluye señalando que los jóvenes son uno de los colectivos más afectados. El portal oficial de vivienda protegida del Principado no ofrece ninguna vivienda en Cabrales. Aplicando la tasa regional de emancipación, de los 166 jóvenes de entre 15 y 29 años empadronados en el concejo en 2024, solo unos 28 habrían logrado independizarse, mientras que los 138 restantes seguirían viviendo en el hogar familiar. En conjunto, el caso de Cabrales nos muestra a los cabraliegos y asturianos cómo el auge turístico puede convivir con la pérdida de población y, al mismo tiempo, dificultar gravemente el acceso a la vivienda para residentes, trabajadores y jóvenes.

El problema que refleja la noticia de Cabrales, y que también se ve con claridad en Llanes, no es solo un problema de vivienda. Es, sobre todo, la consecuencia de un modelo económico muy concentrado en el turismo y en los servicios asociados a él, sin una base suficiente de empleos alternativos que permitan fijar población estable, atraer trabajadores durante todo el año y sostener una demanda residencial normal. La noticia sobre Cabrales muestra esa contradicción: el concejo pierde población, envejece y reduce el tamaño de sus hogares, pero al mismo tiempo la vivienda disponible para residencia habitual se estrecha porque una parte importante del parque inmobiliario se orienta a segundas residencias, viviendas vacías o uso turístico.

En Cabrales, el turismo ha sustituido al pastoreo como motor económico principal. Ese cambio no es menor: cuando una economía local pasa de actividades tradicionales vinculadas al territorio a un modelo basado en la llegada estacional de visitantes, también cambia la función de la vivienda. La casa deja de ser solo un lugar para vivir y pasa a ser un activo rentable en temporada alta. En ese contexto, el mercado tiende a premiar el uso turístico frente al alquiler residencial estable. El resultado es que trabajadores, jóvenes y familias que podrían vivir en el concejo encuentran muchas más dificultades para acceder a una vivienda asequible, aunque el municipio no esté creciendo demográficamente.

Lo que pone de manifiesto la situación es que el problema de la vivienda no puede separarse del problema laboral. Si el empleo se concentra en el turismo, la hostelería, el comercio estacional y los servicios de temporada, se genera una economía con mucha actividad en los meses vacacionales, pero con menor capacidad para crear proyectos de vida estables durante todo el año. Ese tipo de empleo atrae trabajadores, pero muchas veces no ofrece salarios ni continuidad suficientes para competir con los precios que marca un mercado inmobiliario orientado al visitante. Por eso se produce una paradoja muy visible: hacen falta trabajadores para atender la actividad turística, pero esos mismos trabajadores no pueden vivir cerca de sus puestos porque la vivienda se ha convertido en un recurso escaso y prohibitivo para los mismos.

Llanes es uno de los ejemplos más claros de este problema en el Oriente de Asturias. Según los datos del Observatorio de Vivienda Turística, con datos del INE de noviembre de 2025, Llanes registraba 846 viviendas turísticas y 4.545 plazas, equivalentes al 5,21% del parque residencial municipal. Además, el Censo de Población y Viviendas de 2021 contabilizaba 16.224 viviendas familiares en el concejo, de las cuales solo 6.090 eran principales y 10.134 no principales. Es decir, la vivienda no habitual pesa más que la vivienda usada como residencia permanente https://bit.ly/4mRfNQK  

Ese dato es fundamental porque demuestra que en Llanes no falta únicamente vivienda construida; falta vivienda disponible para vivir todo el año, todo por obra y gracia de un gobierno de la ultraderecha (VecinosxLlanes y PP) que lleva 11 años gobernando con medidas lesivas para los llaniscos en el problema de la vivienda. El parque residencial existe, pero una parte muy importante no cumple la función de residencia habitual. En un municipio con fuerte atractivo turístico, costero y vacacional, muchas viviendas se destinan a segunda residencia, uso temporal o alquiler turístico. Esto reduce la oferta residencial estable y empuja los precios hacia arriba, especialmente en los núcleos más demandados.

La presión ya ha llegado al punto de que la villa de Llanes y Posada, junto con Arenas y Poo en Cabrales, han sido declaradas zonas de mercado residencial tensionado por el Principado de Asturias. La medida busca limitar el precio de los alquileres y facilitar el acceso a la vivienda en áreas con especial presión inmobiliaria. En el caso de Llanes, la dificultad para encontrar alquiler de larga duración se describe como “prácticamente misión imposible”, y se vincula al desvío de la oferta hacia el alquiler vacacional, que ofrece mayor rentabilidad a los propietarios https://bit.ly/41ZwmjS  

El mercado laboral llanisco confirma esa dependencia del sector servicios. En enero de 2026, Llanes tenía 529 personas registradas en paro, de las cuales 407 procedían del sector servicios. La agricultura, la industria y la construcción tenían cifras mucho menores: 13, 41 y 43 personas respectivamente. También en la contratación se observa la misma concentración: de 161 contratos registrados en enero de 2026, 125 correspondían al sector servicios, frente a 14 en industria y 20 en construcción. No todo el sector servicios es turismo, pero en un concejo como Llanes, donde el peso turístico y residencial vacacional es tan alto, esa concentración refleja una estructura económica poco diversificada.

Ahí está una de las claves del problema: cuando el turismo se convierte en el eje casi único de la economía local, la vivienda se adapta antes a la rentabilidad turística que a las necesidades de la población trabajadora. Si hubiera más empleo estable en sectores diversos —industria ligera, actividades agroalimentarias, economía vinculada al medio rural, servicios profesionales, cuidados, tecnología, transformación local o actividades productivas no estacionales— habría más capacidad para fijar población durante todo el año. Pero cuando la actividad principal depende de picos vacacionales, el municipio necesita mucha mano de obra en momentos concretos y, al mismo tiempo, no genera suficientes condiciones estructurales para que esa mano de obra resida allí.

Los gobiernos municipales actuales se encuentran ante una contradicción difícil: reciben ingresos, actividad económica y visibilidad gracias al turismo, pero también tienen que gestionar sus consecuencias sobre la vivienda, los servicios públicos y la vida cotidiana de los vecinos. En Llanes, el propio alcalde ha señalado que topar precios “tiene su riesgo” y que la medida, por sí sola, “poco valdrá” si no va acompañada de otras actuaciones. El alcalde ultra fía la solución del problema de la vivienda al mercado, cuando las consecuencias están a la vista para los llaniscos tras 11 años de gobierno ultra. El mercado intenta maximizar la rentabilidad de la vivienda y el problema de los ciudadanos llaniscos le importa un pimiento. Durante años, el gobierno municipal sembró hasta la saciedad el municipio de Llanes de vivienda turística y, solo cuando el problema ya estaba desbocado, aplicó una moratoria a las licencias de viviendas turísticas. Ahora vincula parte de la solución al nuevo Plan General de Ordenación Urbana, un PGOU que contempla 5.862 nuevas viviendas, pero solo 246 con algún tipo de protección: 55 en suelo urbano no consolidado y 191 en suelos urbanizables. Es decir, apenas en torno al 4,19% del total previsto. A ello se suma una reserva regional de suelo para vivienda pública, actuaciones que dependen también del visto bueno del Principado.

Por tanto, el problema no se explica solo por la existencia de viviendas turísticas, sino por la combinación de varios factores: una economía excesivamente dependiente del turismo, un parque residencial muy orientado al uso no permanente, poca oferta de alquiler estable, empleos muy concentrados en servicios y una insuficiente presencia de vivienda pública o protegida. En Cabrales se observa desde la montaña; en Llanes, desde la costa. En ambos casos, la lógica es similar: el territorio atrae visitantes y genera actividad, pero no consigue garantizar que quienes trabajan o quieren vivir allí puedan acceder a una vivienda.

La noticia de Cabrales pone de manifiesto que el Oriente de Asturias corre el riesgo de convertirse en un espacio económicamente activo pero socialmente expulsivo, como sucede actualmente en Llanes: útil para visitar, rentable para invertir y atractivo para pasar temporadas, pero cada vez más difícil para vivir de forma permanente. Llanes representa ese problema de manera especialmente clara porque combina una fuerte presión turística, mucho peso de la vivienda no principal y un mercado laboral dominado por servicios. Sin diversificación económica y sin una política de vivienda residencial estable, el monocultivo turístico acaba afectando al equilibrio básico de cualquier municipio: que haya trabajo, vivienda y población suficiente para sostener vida local durante todo el año.


Hay razones para asociar esa situación del problema de la vivienda con el modelo municipal aplicado en esos concejos Ribadesella, Cangas de Onís y Llanes, pero con un matiz importante: los datos permiten hablar de una relación de estos gobiernos locales con la turistificación, falta de diversificación económica y presión sobre la vivienda. El atractivo turístico, la costa, los Picos de Europa, la segunda residencia y la estructura económica del Oriente también influyen. Dicho eso, hay hechos suficientes para sostener que en los municipios de Cangas de Onís, Ribadesella y Llanes el modelo municipal impuesto por estos gobiernos no ha corregido el problema y, en algunos casos, lo ha dejado crecer.

1. La coincidencia política existe. Cangas de Onís está gobernado por el PP con mayoría absoluta: en 2023 obtuvo 9 concejales de 13 y el 62,02% de los votos. Ribadesella tiene alcalde del PP y acuerdo de gobierno con Foro Asturias; además, en las municipales de 2023 el bloque de PP, Foro y Vox sumaba 7 concejales frente a 5 de PSOE e IU. En Llanes, aunque el PSOE fue la lista más votada con 8 concejales, gobierna Vecinos por Llanes con el PP, que sostiene el gobierno y ocupa responsabilidades dentro del equipo municipal. Por tanto, cuando se habla de estos tres concejos, sí hay una base objetiva para decir que la gestión municipal actual está en manos del PP o de gobiernos apoyados por la derecha.

2. También existe la coincidencia territorial con la mayor presión turística sobre la vivienda. Según los datos del Observatorio de la Vivienda Turística, Llanes tenía en noviembre de 2025 un total de 846 viviendas turísticas, 4.545 plazas y un 5,21% de su parque residencial dedicado a este uso; además, aparece como el segundo municipio de Asturias en el ranking del observatorio. Cangas de Onís registraba 306 viviendas turísticas, 1.484 plazas y un 5,82% del parque residencial, situado en cuarta posición autonómica. Ribadesella tenía 220 viviendas turísticas, 1.232 plazas y un 3,54% del parque residencial, en quinta posición. La media asturiana era del 0,90%, por lo que los tres municipios están muy por encima del promedio regional.

3. El problema no es solo que haya muchas viviendas turísticas, sino que hay mucha vivienda que no funciona como residencia habitual. En Llanes, el Censo de Población y Viviendas del año 2021 contabilizaba 16.224 viviendas familiares, pero solo 6.090 eran principales y 10.134 no principales. En Ribadesella había 6.222 viviendas familiares, de las cuales 2.607 eran principales y 3.612 no principales. En Cangas de Onís, las viviendas familiares eran 5.259, con 2.703 principales y 2.553 no principales. Estos datos muestran que el problema no es simplemente la falta física de casas, sino el uso que se da a una parte muy importante del parque residencial.

4. La estructura laboral refuerza el problema porque depende de forma muy intensa del sector servicios. En marzo de 2026, según el SEPE, Llanes tenía 479 personas paradas, de las cuales 367 procedían del sector servicios; además, de 405 contratos registrados ese mes, 374 fueron en servicios. En Cangas de Onís, de 188 personas paradas, 147 procedían de servicios, y de 281 contratos, 272 fueron en ese sector. En Ribadesella, de 173 personas paradas, 136 procedían de servicios, y de 191 contratos, 162 fueron en servicios. Estos datos no significan que todo el sector servicios sea turismo, pero en municipios donde el peso turístico y vacacional es tan alto, sí reflejan una economía poco diversificada y muy dependiente de actividades ligadas directa o indirectamente al visitante.

5. Esa falta de diversificación hace que el mercado de la vivienda se incline hacia el uso más rentable, no hacia el uso social. Cuando el empleo local depende mucho de servicios turísticos, hostelería, comercio estacional y actividades de temporada, se genera demanda de trabajadores, pero no necesariamente salarios estables ni suficientes para competir con la rentabilidad de la vivienda turística o de segunda residencia. En ese contexto, el propietario que actúa por lógica de mercado tiende a elegir el uso más rentable de su inmueble. Por eso el resultado es contradictorio: los concejos necesitan trabajadores para sostener la actividad turística, pero esos trabajadores tienen dificultades para vivir allí.

6. En Llanes, el caso es especialmente claro porque el municipio ha reaccionado tarde ante una presión ya muy visible. Llanes y Posada han sido declaradas, junto con Arenas y Poo en Cabrales, las primeras zonas de mercado residencial tensionado de Asturias. La declaración permite aplicar medidas de contención de precios, movilización de vivienda vacía o infrautilizada y refuerzo del acceso a vivienda habitual. Además, Llanes aprobó la prolongación de la suspensión de nuevas viviendas de uso turístico y vacacionales cuando el problema ya estaba descontrolado.

7. El planeamiento municipal tampoco corrige con fuerza suficiente el desequilibrio si la vivienda protegida queda en una proporción muy baja. Con el dato que manejas del PGOU en tramitación de Llanes, el plan contempla 5.862 nuevas viviendas, pero solo 246 con algún tipo de protección: 55 en suelo urbano no consolidado y 191 en suelos urbanizables. Eso supone aproximadamente un 4,2% del total. Si el municipio tiene un problema de acceso a vivienda habitual, una reserva de ese tamaño resulta muy limitada frente a la magnitud del parque turístico, la segunda residencia y la vivienda no principal.

En conclusión, sí hay razones para asociar el problema de la vivienda en el oriente de Asturias con el modelo seguido por los gobiernos municipales de la derecha en municipios como Cangas de Onís, Ribadesella y la ultraderecha de Llanes: se trata de municipios gobernados por el PP o por coaliciones apoyadas por el PP, con una presión turística muy superior a la media asturiana, un parque residencial muy orientado a usos no habituales, una economía muy concentrada en servicios y respuestas públicas que llegan tarde o con poca fuerza. No hace falta elucubrar: los datos muestran que el mercado, por sí solo, ha dirigido buena parte de la vivienda hacia los usos más rentables, mientras la vivienda habitual para vecinos, jóvenes y trabajadores ha quedado en una posición más débil.

Para terminar el post quiero manifestar que el problema de la vivienda en el Oriente de Asturias no ha aparecido de un día para otro ni puede presentarse como una consecuencia inevitable del éxito turístico. Es el resultado de años de decisiones políticas que han permitido que la vivienda dejara de cumplir su función principal: servir para que la gente pueda vivir en su concejo. Cuando un territorio tiene viviendas, pero sus vecinos, sus jóvenes y sus trabajadores no pueden acceder a ellas, el problema no es solo de mercado; es un fracaso de planificación, de regulación y de modelo económico implantado por los gobiernos municipales.

Cabrales, Llanes, Ribadesella o Cangas de Onís muestran una misma realidad con distintas intensidades: municipios con enorme atractivo turístico, pero con dificultades crecientes para sostener población estable. La vivienda se ha orientado cada vez más hacia el visitante, la segunda residencia o la rentabilidad vacacional, mientras el alquiler residencial se ha reducido y encarecido. Al mismo tiempo, la economía local se ha concentrado en el sector servicios y en actividades ligadas directa o indirectamente al turismo, sin una diversificación suficiente que genere empleo estable durante todo el año.

En Llanes, esta situación resulta especialmente evidente. Tras años de expansión de la vivienda turística, el municipio llega tarde a la moratoria, tarde a la contención y tarde a la protección del derecho a vivir en el concejo. El PGOU en tramitación, con 5.862 nuevas viviendas previstas y solo 246 con algún tipo de protección, refleja una apuesta claramente insuficiente para afrontar un problema que ya está plenamente instalado. Si apenas en torno al 4,19% de las viviendas previstas por el gobierno municipal ultra cuentan con protección en el nuevo PGOU, no se puede hablar de una respuesta ambiciosa ante una crisis habitacional que afecta a jóvenes, trabajadores y familias.

Las políticas que han fiado la solución al mercado han demostrado sus límites. El mercado busca rentabilidad, no arraigo; busca beneficio, no equilibrio territorial; busca el uso más lucrativo de la vivienda, no necesariamente el más justo ni el más necesario para la población local. Por eso, cuando las administraciones municipales renuncian durante años a intervenir con decisión, el resultado es el que hoy está a la vista: pueblos con actividad turística, pero con menos vecinos; empleos que necesitan trabajadores, pero trabajadores que no encuentran dónde vivir; viviendas construidas, pero no disponibles para residencia habitual.

El problema de la vivienda en el Oriente de Asturias exige asumir responsabilidades políticas, pero ya sabemos que de eso la derecha no gasta. No basta con señalar al turismo como si fuera un fenómeno externo e inevitable. El turismo puede generar riqueza, pero sin límites, planificación, vivienda pública suficiente y diversificación económica acaba expulsando a quienes sostienen la vida cotidiana de los concejos. Y cuando eso sucede, el municipio deja de ser un lugar para vivir y se convierte en un escaparate para visitar, como sucede en Llanes, Cangas de Onís o Ribadesella.

Por eso, la solución no puede limitarse a medidas tardías, porcentajes simbólicos de vivienda protegida o declaraciones de preocupación cuando el problema ya está desbordado. Hace falta una política pública clara: más vivienda protegida, más alquiler residencial estable, control efectivo de la vivienda turística, movilización de vivienda vacía, apoyo real a la emancipación juvenil y una economía menos dependiente del monocultivo turístico. Sin esas medidas, el Oriente de Asturias seguirá avanzando hacia un modelo profundamente desequilibrado: rentable para unos pocos, difícil para muchos y cada vez más injusto para quienes quieren vivir y trabajar en su propia tierra.

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Ya lo dijo David Harvey: “El derecho a la ciudad no es solo acceder a lo que existe, sino poder transformarlo colectivamente.”

 

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NO FALTAN CASAS EN EL ORIENTE DE ASTURIAS: FALTAN VIVIENDAS PARA VIVIR Y VERGÜENZA POLÍTICA PARA RESOLVERLO

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