Ayer se publicaba en la prensa regional la noticia en la que se informaba que el Ayuntamiento de Llanes presentó el balance de cuentas correspondiente al ejercicio 2025, con unos resultados que, según el informe de evaluación de la Intervención General municipal, cumplen simultáneamente los tres grandes mandatos de la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera: estabilidad presupuestaria, regla de gasto y límite de deuda pública. Los datos fueron dados a conocer por el alcalde, Enrique Riestra, de VecinosxLlanes, y por el teniente de alcalde, Juan Carlos Armas, del Partido Popular, formaciones que comparten el equipo de gobierno municipal https://bit.ly/4mQFvVn
Uno de los principales datos destacados de la liquidación presupuestaria es el remanente de tesorería para gastos generales ajustado, que asciende a 7.119.700,68 euros positivos. De esa cantidad, más de 4,5 millones de euros no están comprometidos, lo que deja al Ayuntamiento con margen económico disponible para afrontar futuras inversiones o necesidades imprevistas. La noticia explica este remanente como una especie de ahorro neto o fondo de maniobra que refleja la salud financiera del Consistorio a corto plazo, una vez atendidas facturas y compromisos pendientes.
El balance también subraya el volumen destinado a inversiones reales durante el ejercicio anterior, que alcanzó los 3.692.740 euros. El alcalde Enrique Riestra destacó que se trata de una cifra “nunca antes vista en nuestro concejo”, y el equipo de gobierno remarcó que esas obras y mejoras en infraestructuras se llevaron a cabo sin recurrir al crédito. Además, el informe recoge que el nivel de deuda del Ayuntamiento se mantiene muy por debajo del límite legal, con una deuda que el alcalde calificó como “prácticamente testimonial”. Las autoridades locales también resaltaron que Llanes encadena once años consecutivos cerrando sus cuentas en positivo.
Juan Carlos Armas atribuyó estos resultados al “trabajo constante, la disciplina presupuestaria y la correcta planificación”. Según el teniente de alcalde, el gobierno local ha logrado “crecer en servicios sin disparar el gasto”, algo que, en su opinión, se refleja en el saneamiento del remanente municipal.
Por su parte, Enrique Riestra expresó su satisfacción por unas cuentas que definió como “el reflejo de la gestión responsable, transparente y orientada a la sostenibilidad financiera” desarrollada durante la última década. El alcalde señaló que cumplir al mismo tiempo con el superávit presupuestario, la regla de gasto y los límites de endeudamiento no resulta sencillo, especialmente en un contexto marcado por el crecimiento de los servicios públicos y la subida de precios de suministros y materiales.
Riestra afirmó que los informes demuestran que en Llanes “se hacen bien las cosas”, porque el Ayuntamiento controla el gasto, no gasta por encima de sus posibilidades y mantiene una deuda muy reducida. Según explicó, esa situación permite afrontar el futuro con garantías y seguir invirtiendo en prioridades vecinales. También avanzó que el saneado remanente de tesorería permitirá plantear un presupuesto con importantes inversiones sostenibles y mejoras en los servicios públicos municipales, sin necesidad de endeudarse.
El alcalde insistió en que “Llanes tiene músculo económico” y defendió que el municipio cuenta con una gestión económica racional, en la que se sabe “en lo que se gasta y por qué se gasta”. Además, contrapuso la gestión actual con la de anteriores gobiernos socialistas, señalando una “diferencia absolutamente radical” en materia económica. Finalmente, Riestra destacó que el Ayuntamiento ha pasado de presupuestos de 17 a 23 millones de euros y que año tras año presenta liquidaciones positivas y remanentes de tesorería que después se reinvierten. En relación con los más de siete millones de remanente de este año, subrayó que los más de cuatro millones y medio no comprometidos se destinarán a obras y necesidades de los llaniscos para mejorar la vida de los vecinos.
Lo primero que quiero manifestar es que como de costumbre el gobierno municipal de la ultraderecha que hoy gobierna Llanes, informa de forma torticera a los llaniscos. El límite de deuda pública que dice que ha cumplido al que se refiere la noticia, es el 110% de los ingresos corrientes liquidados del Ayuntamiento. Es decir, el Ayuntamiento de Llanes cumple el límite si su deuda viva no supera el equivalente al 110% de sus ingresos corrientes liquidados. La nota del Ministerio de Hacienda sobre endeudamiento local establece que el capital vivo de la deuda, incluyendo una posible nueva operación, debe ser inferior al 110% de los ingresos corrientes liquidados; si supera ese 110%, la entidad local no puede concertar operaciones de crédito a largo plazo https://bit.ly/4vRIT6I
Aplicado de forma sencilla:
Límite máximo de deuda = ingresos corrientes liquidados × 1,10
La noticia no facilita el importe exacto de los ingresos corrientes liquidados de Llanes ni el porcentaje concreto de deuda. Solo indica que, a 31 de diciembre de 2025, el Ayuntamiento presentaba un porcentaje de deuda sobre ingresos corrientes “muy inferior al límite legal”. Pero el detalle es que eso no esconde que el Ayuntamiento de Llanes está pagando dos créditos sin pagar todavía que ha pedido a los bancos por la compra del Cinemar y otro para su rehabilitación y un tramo de la macro traída de Posada por importe de 6.620.000 euros. El desglose es el siguiente:
· 900.000 euros para la compra del edificio del Cinemar. La operación de compra se cerró finalmente en 897.000 euros, financiada con préstamo bancario https://bit.ly/4tsJdqN
· 5.720.000 euros para la rehabilitación del Cinemar y la macrotraída de Posada: 4.600.000 euros para el Cinemar y 1.120.000 euros para la macrotraída de Posada https://bit.ly/3P1tArq
Además, hay otro umbral importante: si una entidad local está entre el 75% y el 110% de deuda sobre ingresos corrientes, puede necesitar autorización previa para endeudarse; por encima del 110%, queda prohibido acudir al endeudamiento a largo plazo https://bit.ly/4vPEAJ7
Que un ayuntamiento cierre la liquidación del presupuesto con remanente positivo no significa, por sí solo, que no tenga deudas. Significa que, al cerrar el ejercicio, después de hacer los ajustes contables correspondientes, dispone de un saldo favorable de tesorería para atender gastos generales. Es decir, hay margen financiero disponible, pero ese dato no borra ni elimina automáticamente los préstamos bancarios que el Ayuntamiento tenga vivos.
En el caso de Llanes, la noticia destaca un remanente de tesorería ajustado positivo de 7.119.700,68 euros, de los cuales más de 4,5 millones no estarían comprometidos. Ese dato refleja una situación de liquidez favorable. Sin embargo, junto a ese dato hay que tener presente que el gobierno municipal también ha recurrido a créditos bancarios para operaciones concretas, como la compra del Cinemar, su rehabilitación y la macrotraída de Posada, por un importe total señalado de 6.620.000 euros. Si esos créditos siguen sin estar completamente pagados, forman parte de la deuda viva del Ayuntamiento, aunque el remanente sea positivo.
La clave está en distinguir dos cosas distintas. El remanente de tesorería mide el dinero disponible o la capacidad financiera a corto plazo al cierre del ejercicio. La deuda bancaria, en cambio, mide lo que el Ayuntamiento debe a entidades financieras y que tendrá que devolver en los años siguientes mediante amortizaciones e intereses. Por eso pueden convivir perfectamente las dos realidades: un ayuntamiento puede tener dinero disponible en caja y, al mismo tiempo, tener préstamos pendientes de pago.
También es importante entender que un remanente positivo puede deberse a varias causas contables y presupuestarias. Puede venir de una buena recaudación, de un control del gasto, de ingresos superiores a los previstos o de gastos que finalmente no se ejecutaron durante el año (como es el caso del gobierno municipal de Llanes). En términos prácticos, si una administración tenía previsto invertir una cantidad determinada y no llega a gastar todo lo presupuestado antes del cierre del ejercicio, ese dinero puede contribuir a aumentar el remanente. Eso no implica necesariamente mala gestión, pero sí obliga a mirar no solo cuánto dinero queda, sino también qué inversiones se prometieron, cuáles se ejecutaron y cuáles quedaron pendientes.
Por eso, para que el llanisco comprenda bien la situación, no basta con decir que hay remanente positivo ni tampoco basta con decir que hay una deuda “testimonial” cuando la misma asciende al 29,76% del presupuesto del año 2025. Los dos datos deben leerse juntos. El remanente positivo indica que el Ayuntamiento tiene capacidad financiera inmediata; los créditos bancarios pendientes indican que existen obligaciones futuras de pago. La salud económica real se valora observando ambas cosas: cuánto dinero disponible hay, cuánta deuda queda por devolver, qué parte del remanente está comprometida, qué inversiones se han ejecutado realmente y qué carga supondrán los préstamos en los presupuestos de los próximos años.
En consecuencia, que Llanes haya cumplido el límite legal de deuda pública significa que su endeudamiento está por debajo del máximo permitido por la normativa, no que la deuda sea inexistente como manifestaron los dos comparecientes ante los llaniscos: Enrique Riestra y Juan Carlos Armas. Cumplir la regla de deuda es un dato positivo desde el punto de vista legal y financiero, pero no equivale a decir que el Ayuntamiento no deba dinero. Y un remanente elevado puede ser una fortaleza, siempre que no se utilice de forma aislada como argumento político sin explicar también la deuda pendiente y el grado real de ejecución de las inversiones presupuestadas.
La afirmación bochornosa hecha por el alcalde, Enrique Riestra, de que han crecido los servicios públicos en Llanes, debe medirse con datos de servicio, no con datos de tesorería. Un remanente positivo, una liquidación presupuestaria favorable o el cumplimiento de la regla de gasto pueden demostrar equilibrio contable, pero no demuestran por sí mismos que la dependencia funcione mejor, que el suministro de agua sea más fiable, que la recogida de basura sea más eficaz o que el reciclaje haya avanzado. Para afirmar que los servicios públicos han crecido habría que enseñar indicadores concretos: más usuarios atendidos en ayuda a domicilio, menos lista de espera, más horas de atención, menos incidencias en el agua, mayor capacidad de abastecimiento, más frecuencia de recogida, más contenedores, mejores rutas y mejores porcentajes de reciclaje.
En materia de residuos, el propio debate municipal deja una fotografía incómoda. En el acta del pleno extraordinario del 11 de junio de 2025 se recoge una moción sobre reciclaje en la que se afirma que Llanes reciclaba el 10,95% de la basura que genera, muy por debajo de la media asturiana del 24,30%. También se señala que, mientras Asturias mejoraba un 5,92% en separación de residuos respecto al año anterior, Llanes empeoraba un 0,95% (otro éxito en negro más del gobierno ultra). En la misma moción se pedían medidas como recogida nocturna con equipos bicompartimentados, recogida semanal de papel y cartón en Llanes, Posada y Nueva, recogidas estivales de vidrio en hostelería, ampliación de contenedores de recogida selectiva y mejora de la recogida de plásticos ganaderos. Es decir, los datos y las propuestas recogidas en sede municipal no describen un servicio consolidado, sino un servicio que necesita mejoras sustanciales https://bit.ly/42tSoeM
Algo parecido ocurre con el suministro de agua. Los avisos de Asturagua reflejan que en agosto de 2025 el servicio municipal de agua de Llanes pidió un consumo responsable porque las altas temperaturas y el aumento de población estival habían provocado un descenso de las reservas de los manantiales. También consta un corte total de suministro en Posada, Celorio, Barro y pueblos del entorno tras incidencias en los sistemas eléctricos del bombeo, con interrupciones intermitentes durante la jornada. Eso no permite afirmar por sí solo que todo el sistema esté mal, pero sí muestra que el servicio tiene tensiones reales y episodios que afectan directamente a los vecinos.
En dependencia o ayuda a domicilio, la cuestión es todavía más clara: no basta con decir que crecen los servicios públicos si no se aportan datos de cobertura, usuarios atendidos, horas prestadas, listas de espera, bajas cubiertas, personal disponible y tiempos de respuesta. Sin esos datos, la afirmación queda como una declaración política, no como una conclusión verificable por el ciudadano.
La segunda cuestión es la presión fiscal. El informe de IEE y FADE sitúa a Llanes como el segundo municipio, entre los grandes concejos asturianos analizados, con mayor recaudación por habitante en impuestos locales: 724 euros por habitante, solo por detrás de Carreño, con 805 euros. La media del Principado aparece en 439 euros y la media española en 474 euros. Además, el mismo informe señala que Llanes recauda por habitante un 53% más que la media nacional en impuestos locales https://bit.ly/4u67Lpv
Ese dato es fundamental para entender el malestar ciudadano. Una presión fiscal alta puede defenderse si va acompañada de servicios públicos claramente mejores, más eficientes y mejor mantenidos. Pero si los llaniscos soportan una de las cargas fiscales municipales más elevadas de Asturias y, al mismo tiempo, observan problemas en reciclaje, incidencias en el agua, dudas sobre dependencia o falta de indicadores claros de mejora, entonces la afirmación de que “han crecido los servicios públicos” necesita mucha más explicación que un brindis al sol hecho por el ultra Enrique Riestra.
La conclusión razonable es que una buena liquidación presupuestaria no equivale automáticamente a una buena prestación de servicios. Un ayuntamiento puede tener remanente positivo y, al mismo tiempo, prestar servicios deficientes o insuficientes. Y también puede recaudar mucho sin que el ciudadano perciba una mejora proporcional en su vida diaria. Por eso, en Llanes el debate no debería quedarse en si hay remanente o si se cumple la estabilidad presupuestaria, sino en una pregunta mucho más concreta: con una presión fiscal tan alta, ¿qué calidad real reciben los vecinos en agua, dependencia, limpieza, basura, reciclaje y mantenimiento municipal?
Con esta realidad descrita, ahí es donde la oposición socialista de Llanes, encabezada por Óscar Torre, debería estar ejerciendo una labor firme, constante y útil de control político. Sin embargo, la sensación que deja la situación es la contraria: ante cuestiones que afectan directamente a la vida diaria de los vecinos, el PSOE local no aparece con la contundencia que exigiría el momento. Cuando un gobierno presume de “crecimiento de los servicios públicos” y los datos disponibles enseñan carencias evidentes, la oposición no puede limitarse a estar de perfil. Su función no es acompañar el paisaje, sino fiscalizarlo.
El problema es aún más grave cuando se observa el comportamiento de la FSA en el caso Cerredo. La comisión parlamentaria de investigación planteó reprobar a cuatro exconsejeros socialistas por la muerte de cinco mineros en Zarréu/Cerredo y señaló responsabilidades políticas y administrativas en torno al funcionamiento del Servicio de Minas. Además, el informe de la Inspección General de Servicios encargado por el propio Gobierno asturiano señaló deficiencias graves en la gestión administrativa, en el control de la actividad minera y en la respuesta ante incidentes, incluyendo falta de eficacia para detectar actividades no autorizadas.
Frente a eso, la FSA optó por cerrar filas. Los secretarios generales locales (incluido Oscar Torre) respaldaron de forma unánime el rechazo al borrador del dictamen de la comisión de Cerredo, considerando “inaceptable” el señalamiento de responsabilidades personales, políticas o técnicas, y defendiendo que la responsabilidad directa correspondía a la empresa por una actividad ilegal y clandestina. Esa posición puede servir como defensa orgánica de partido, pero resulta muy difícil de aceptar desde una perspectiva ciudadana: si una tragedia con cinco muertos revela fallos de control, denuncias no atendidas, retrasos administrativos y deficiencias en la vigilancia, la política no puede limitarse a decir que toda la culpa empieza y termina en la empresa.
Ese es el “barbonismo” que muchos asturianos perciben: una forma de gestionar en la que, cuando llega el “barullu”, se busca primero cerrar filas, desplazar la responsabilidad y evitar el coste político. Pero gobernar no consiste solo en inaugurar, anunciar y presumir; gobernar también es responder cuando las cosas salen mal. Y una oposición socialista local como la de Óscar Torre debería entender que no se puede exigir transparencia en Llanes y, al mismo tiempo, alinearse con una cultura política autonómica que huye de la asunción de responsabilidades cuando el asunto afecta al propio partido.
La conclusión es clara: en Llanes sobran discursos triunfalistas del gobierno ultra y falta control político real socialista. El equipo de gobierno debe explicar por qué presume de servicios públicos cuando hay datos que muestran carencias. Y la oposición socialista debe decidir si está para defender a los vecinos de Llanes o para integrarse en la disciplina de una FSA más preocupada por protegerse que por dar explicaciones. Porque ni los remanentes positivos tapan los problemas de los servicios municipales, ni las mayorías orgánicas de partido borran las responsabilidades políticas cuando cinco trabajadores han perdido la vida en una tragedia que todavía exige respuestas.
Ya lo dijo John F. Kennedy: “Quien tolera el desorden para evitar el conflicto acaba heredando el conflicto y el desorden.”

