El auge de los pisos turísticos se ha convertido en uno de los problemas estructurales más graves que afronta actualmente Asturias, y su impacto resulta especialmente visible en concejos costeros como Llanes. Según los datos provisionales de Eurostat para 2025, el Principado ha alcanzado un nivel de pernoctaciones en apartamentos y viviendas turísticas comparable al de regiones francesas como Picardía o Champaña, superior al de ciudades como Colonia y solo ligeramente inferior al de Berlín. Esta comparación da una idea clara de la magnitud que ha adquirido el fenómeno en un territorio pequeño y con una oferta residencial limitada.
Desde la pandemia, la transformación del mercado ha sido vertiginosa. En apenas tres años, Asturias ha pasado de algo más de 1,2 millones de noches reservadas en 2021 a 2.885.783 en 2024, más del doble. Aunque el ritmo de crecimiento se ha moderado tras el rebote posterior al COVID —del 49% en 2022 al 19,4% en 2024—, la comunidad sigue creciendo por encima de la media europea y en 2025 ya suma más de 740.000 pernoctaciones adicionales en los primeros meses del año. Esta presión turística se concentra de forma muy desigual, afectando de manera especial a zonas de alta demanda como Llanes, donde la vivienda turística compite directamente con el alquiler residencial.
Las consecuencias sobre el acceso a la vivienda son evidentes. Durante la primera mitad de 2025, Asturias encadenó seis meses consecutivos de subidas de precios: un 19% en el primer trimestre y un 4,4% en el segundo, según el Ministerio de Vivienda. Municipios turísticos y urbanos son los más afectados, y en localidades como Llanes la conversión de viviendas en alojamientos de corta estancia ha reducido drásticamente la oferta para residentes y trabajadores locales, encareciendo el alquiler y expulsando población hacia el interior.
A este problema se suma la dimensión del mercado ilegal. Aunque en 2024 había 8.755 viviendas turísticas registradas en Asturias, la cifra real es mayor. La sanción de 64 millones de euros impuesta a Airbnb por el Ministerio de Consumo destapó parte de esta bolsa oculta: solo en Asturias se detectaron 2.198 anuncios ilegales, la mayoría sin número de registro. Esta situación ha obligado al Principado a intensificar la vigilancia, multiplicando las inspecciones de 1.230 en 2023 a casi 5.000 en 2025, y elevando de forma notable los expedientes sancionadores, especialmente los vinculados a viviendas de uso turístico.
El conflicto se encamina ahora al terreno normativo. El Gobierno autonómico tramita un nuevo decreto para regular las viviendas vacacionales, endureciendo los requisitos y dando mayor poder a los ayuntamientos. Sin embargo, el rechazo del sector y el anuncio de recursos judiciales anticipan un escenario de tensión. Mientras tanto, en concejos como Llanes el problema ya es tangible: una presión turística comparable a grandes regiones europeas, un mercado de vivienda tensionado y una población local cada vez más afectada por un modelo que, sin control efectivo, amenaza el equilibrio social y residencial del territorio bit.ly/3NxwTFN
El último informe de la Comisión Europea basado en datos de Eurostat confirma que España se ha consolidado en 2025 como uno de los grandes epicentros del turismo europeo, con un impacto que trasciende lo económico y se convierte en un problema social y territorial de primer orden bit.ly/4a1VeMF En el tercer trimestre del año, el conjunto de la Unión Europea registró 1.270 millones de noches en alojamientos turísticos, y España fue uno de los países que más contribuyó a ese crecimiento, con 3,2 millones de noches adicionales respecto al verano de 2024. Solo Francia e Italia aportaron más incremento en términos absolutos.
El peso del turismo internacional resulta especialmente significativo en el caso español. De las 631,9 millones de noches internacionales registradas en la UE durante el verano, casi la mitad se concentraron en tres países: España, Italia y Grecia. España encabezó este grupo con 119,9 millones de noches de turistas extranjeros solo entre julio y septiembre, lo que confirma su elevada dependencia del turismo exterior y la enorme presión estacional que soportan sus territorios más atractivos. A escala anual, las estimaciones apuntan a que España alcanzó en 2025 unos 330 millones de noches de turismo internacional, el 64,2% del total de pernoctaciones del país, una proporción que ilustra hasta qué punto la economía turística condiciona el uso del suelo y de la vivienda.
Este contexto europeo y nacional se refleja con nitidez en Asturias, donde el crecimiento del alojamiento turístico, especialmente el vinculado a estancias cortas y plataformas digitales, ha sido mucho más rápido que el aumento de la población o del parque de vivienda residencial. Aunque el informe de Eurostat no desciende al nivel municipal, sí deja claro que el segmento de “alojamientos de vacaciones y otras estancias cortas” es el que más crece en toda la UE (+3,8% interanual en el tercer trimestre), una categoría en la que se encuadran los pisos turísticos que proliferan en la costa asturiana. Asturias, con cifras de pernoctaciones ya comparables a regiones europeas mucho más pobladas, se sitúa claramente por encima de lo que cabría esperar por su tamaño, lo que intensifica los efectos negativos sobre el acceso a la vivienda.
Dentro del Principado, el caso de Llanes es paradigmático. Municipio pequeño, con una fuerte estacionalidad y una oferta residencial limitada, Llanes sufre de manera amplificada las dinámicas que describe Eurostat para el conjunto de España: concentración del turismo en los meses de verano, crecimiento sostenido de las estancias de corta duración y desplazamiento progresivo del alquiler residencial por el uso turístico. El hecho de que, a escala europea, uno de cada cuatro alojamientos turísticos ya corresponda a viviendas de vacaciones y estancias cortas ayuda a entender por qué en concejos como Llanes el mercado de vivienda se tensiona hasta extremos difíciles de sostener para la población local… Pero difícilmente comprensible para un gobierno municipal de inútiles fascistas como los miembros de VecinosxLlanes y PP.
En síntesis, los datos europeos muestran que el problema que viven hoy muchos asturianos no es anecdótico ni local, sino la expresión territorial de una tendencia continental en la que España juega un papel central. Asturias, y de forma muy visible Llanes, se encuentran en el punto de choque entre un turismo en máximos históricos y un mercado de vivienda incapaz de absorber esa presión. Lo que en las estadísticas de Eurostat aparece como crecimiento y récords de pernoctaciones, sobre el terreno se traduce en encarecimiento del alquiler, pérdida de vivienda habitual y una creciente dificultad para mantener comunidades vivas más allá de la temporada turística.
Noches pasadas en alojamientos turísticos, por origen del huésped, de enero a octubre de 2025. Fuente: Eurostat
El Plan Especial de Uso Turístico (PEUT) que ahora impulsa el gobierno municipal de Llanes cuando el agua le ha subido al cuello y no encuentra salida al problema generado, se presenta oficialmente como una respuesta firme a la saturación turística del concejo. Pero una lectura crítica de su contenido y de su contexto político revela una realidad muy distinta: las medidas llegan tarde, llegan mal y no afrontan el problema estructural que hoy asfixia al municipio, un problema que ha sido generado y alimentado por el propio gobierno municipal mediante años de inacción y subordinación al mercado.
El cierre a nuevas viviendas vacacionales y de uso turístico en más de medio centenar de núcleos no es una decisión valiente ni anticipatoria, sino el reconocimiento explícito de que la situación se ha desbordado. Se actúa cuando ya existen 1.202 alojamientos turísticos y casi 6.500 plazas en un concejo de apenas 13.500 habitantes, cuando más del 60% de estas viviendas se concentran en cinco localidades y cuando la oferta de vivienda para residencia habitual se ha reducido a niveles prácticamente residuales. No se previene la saturación: se certifica.
El propio diseño del plan evidencia su carácter defensivo. El PEUT no revierte la turistificación acumulada, no recupera vivienda para uso residencial ni corrige la expulsión de población local; simplemente congela parcialmente el crecimiento futuro en las zonas más dañadas. Es decir, se limita a gestionar las consecuencias del problema sin asumir responsabilidades sobre su origen. El modelo que ha llevado a Llanes a esta situación —liberalización del alquiler turístico, ausencia de límites, falta de zonificación y una política de vivienda pública testimonial— permanece intacto.
Resulta especialmente grave que estas medidas provengan del mismo gobierno que permitió durante años el crecimiento descontrolado de viviendas turísticas. El ejecutivo municipal, integrado por el partido fascista, VecinosxLlanes y el cómplice “mulillero”, PP, optó deliberadamente por una política de “dejar hacer”, renunciando a gobernar el territorio y entregando el parque de vivienda a la lógica del beneficio privado. Ahora, cuando el mercado ha hecho su trabajo y ha vaciado pueblos, encarecido la vivienda y expulsado a los residentes, se pretende vender como solución lo que no es más que una reacción tardía.
Las cifras son demoledoras: en agosto de 2025 solo había 13 viviendas disponibles para alquiler residencial frente a 1.202 destinadas al turismo. Esta desproporción no se corrige con una moratoria ni con límites porcentuales a futuro. Sin una política activa de recuperación de vivienda, sin un parque público suficiente y sin medidas que desincentiven el uso especulativo de la vivienda, el problema seguirá exactamente dónde está: en el presente.
Además, el plan ignora deliberadamente la raíz económica y social del conflicto. Llanes ha sido empujado durante décadas a un monocultivo turístico sin alternativas productivas reales. El empleo generado es estacional, precario y mal remunerado, lo que agrava la paradoja de un municipio que vive del turismo pero expulsa a quienes trabajan en él. El PEUT no diversifica la economía, no protege al residente ni plantea mecanismos de reparación del daño social ya causado.
En este sentido, las medidas actuales no son una solución, sino una maniobra de contención política. Sirven para limitar responsabilidades futuras, no para asumir la responsabilidad pasada. Se legisla para evitar que el problema crezca más, pero se elude cualquier compromiso con quienes ya han sido expulsados del mercado de la vivienda o forzados a abandonar el concejo.
Llanes no necesita solo frenar nuevas viviendas turísticas: necesita deshacer, en la medida de lo posible, el daño provocado por años de desregulación. Sin una intervención decidida sobre el mercado de la vivienda, sin una apuesta real por vivienda pública y sin transparencia y debate democrático, el PEUT será poco más que un parche. Un parche tardío para un problema creado por quienes ahora pretenden aparecer como sus salvadores.
Foto: el alcalde fascista, Enrique Riestra y su complice en el desaguisado de Llanes, Álvaro Queipo con el inútil parado,Juan Carlos Armas
La tramitación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana en Llanes, con una reserva de apenas el 4 % para vivienda pública, no puede analizarse como un hecho aislado ni técnico, sino como la continuidad de un modelo urbanístico que ha demostrado ser incapaz de garantizar el derecho a la vivienda y el equilibrio territorial. Lejos de corregir los desequilibrios generados en la última década, el PGOU en marcha consolida normativamente un marco que ha favorecido la mercantilización del suelo y de la vivienda, y que ha dejado al municipio sin herramientas eficaces para proteger a su población residente.
Desde un punto de vista estrictamente urbanístico, una reserva del 4 % de vivienda protegida resulta manifiestamente insuficiente para un concejo sometido a una presión turística extraordinaria y con un mercado residencial tensionado de forma estructural. No actúa como amortiguador frente al desplazamiento del alquiler residencial por el uso turístico, no ofrece una alternativa real para jóvenes, trabajadores y familias, y no permite intervenir de manera significativa en los precios. En términos prácticos, esa cifra convierte la vivienda pública en un elemento testimonial, sin capacidad para influir en la dinámica del mercado ni para reparar el daño ya producido.
Este planteamiento no es nuevo. Durante años, el gobierno municipal ha permitido que el mercado actuase como principal organizador del territorio, sin límites efectivos, sin planificación anticipada y sin políticas compensatorias. El resultado es un concejo con un parque de vivienda crecientemente orientado al beneficio privado, una oferta residencial mínima y una expulsión progresiva de población estable. El PGOU que ahora se tramita no rompe con esa lógica: la institucionaliza.
La gravedad del problema no reside solo en lo que el planeamiento permite, sino en lo que omite. El documento no incorpora una estrategia ambiciosa de vivienda pública, no articula mecanismos de recuperación del uso residencial, ni afronta la necesidad de diversificar el modelo económico para reducir la dependencia del turismo. Se limita a ordenar el crecimiento futuro sin asumir la responsabilidad de corregir los desequilibrios heredados, muchos de ellos generados bajo el actual marco de gobierno.
Este modo de proceder en el ámbito fascista ha tenido consecuencias jurídicas y sociales constatables. A lo largo de los últimos diez años, la gestión urbanística del Ayuntamiento ha sido objeto de un amplio seguimiento crítico por parte de la prensa y ha dado lugar a numerosas resoluciones judiciales condenando sus atropellos a los llaniscos en cuestiones como saneamiento, trabajadores del Ayuntamiento de Llanes, etc., derivadas de actuaciones que vulneraban derechos o se apartaban de los principios de la legalidad. Estos fallos no son episodios aislados, sino síntomas de una forma de gobernar el municipio basada más en la improvisación y atropello que en la atención al interés general.
El PGOU en tramitación, lejos de suponer un punto de inflexión, aparece así como un “clavo más” en un modelo urbanístico agotado. No responde a la emergencia habitacional que vive Llanes, no reequilibra el uso del suelo y no prioriza la función social de la vivienda. Al contrario, consolida un marco que ha demostrado ser funcional para el mercado y disfuncional para los vecinos.
El caso de Llanes resulta ilustrativo de cómo la ausencia de una política urbanística orientada al bien común termina erosionando la cohesión social y vaciando de contenido el propio concepto de municipio como espacio de vida. Cuando el planeamiento renuncia a garantizar vivienda accesible, cuando la reserva pública es simbólica y cuando las decisiones llegan siempre tarde, el resultado no es neutral: es un territorio cada vez más excluyente.
Desde esta perspectiva, el problema no es solo el porcentaje de vivienda pública, sino la lógica que lo sustenta. Sin una revisión profunda del modelo urbanístico, sin una apuesta decidida por la vivienda protegida y sin una voluntad real de poner límites al mercado allí donde vulnera derechos básicos, el PGOU no será una solución, sino la consolidación normativa de un fracaso ya visible en las calles, en los precios y en la pérdida progresiva de población residente.
Para terminar el post, quiero manifestar que el balance final de esta década de gestión municipal del gobierno fascista en el municipio de Llanes es devastador para los intereses de sus vecinos. El desgobierno no se mide solo por los errores cometidos, sino por la reiteración de decisiones que han favorecido sistemáticamente al mercado frente a la ciudadanía. La turistificación descontrolada, la renuncia a una política de vivienda eficaz y la tramitación de un PGOU con una reserva simbólica de vivienda pública no son fallos aislados: forman parte de un mismo patrón de gobierno que ha llegado siempre tarde, ha actuado siempre a remolque de los hechos y ha consolidado como norma aquello que ya había fracasado en la práctica. Hoy, cuando el acceso a la vivienda es casi imposible y la población residente es expulsada de su propio concejo, las medidas adoptadas no reparan el daño ni asumen responsabilidades; se limitan a certificar que el problema se ha ido de las manos.
A esta situación se suma un elemento especialmente preocupante: la ausencia de una oposición eficaz que ejerza de contrapeso real en el Ayuntamiento. La falta de fiscalización efectiva y pertinaz por la oposición socialista a todo este atropello que representa el gobierno municipal fascista, con medidas más efectivas que las propuestas y de una defensa clara de los intereses vecinales de los llaniscos, deja a estos prácticamente indefensos dentro de la propia institución que debería representarlos. Sin un gobierno que gobierne y sin una oposición que controle, el Ayuntamiento se convierte en un espacio cerrado, ajeno a la realidad social que se vive fuera. El resultado es un municipio donde las necesidades básicas —vivienda, estabilidad, futuro— quedan subordinadas a inercias políticas y a intereses que no coinciden con los de la mayoría social. Llanes no solo padece un mal modelo urbanístico y turístico; padece también un vacío de representación que agrava el daño y prolonga una situación que, lejos de corregirse, amenaza con enquistarse ya que los miembros que hoy gobiernan carecen de trabajos que les permita cobrar lo que hoy perciben del pesebre público.
Ya lo dijo Karl Polanyi:
“Cuando el poder deja de servir al bien común y se pone al servicio del
mercado, la injusticia deja de ser un error y se convierte en sistema”.


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