Hoy podemos leer en la prensa que el gobierno municipal fascista de Llanes ha decidido cerrar definitivamente la puerta a la implantación de nuevas viviendas vacacionales (VV) y viviendas de uso turístico (VUT) en más de medio centenar de pueblos y barrios del concejo. Un detallado estudio técnico ha determinado que estos núcleos se encuentran “saturados”, con una presión turística excesiva (a buenas horas mangas verdes).
La decisión se recoge en el Plan Especial de Uso Turístico de Llanes (PEUT), actualmente en tramitación, y supone la consolidación normativa de una suspensión temporal que el propio gobierno municipal venía aplicando desde octubre de 2024. Ahora, esa moratoria se transforma en una regulación estable que se prolongará, al menos, durante los próximos cuatro años (tras la borrachera urbanística llega la resaca del gobierno fascista de Vecinos y PP).
El objetivo del equipo de gobierno, integrado por VecinosxLlanes y el PP, es frenar la expansión descontrolada que ellos mismos generaron con su política errática del “dejar hacer” al alquiler turístico y vacacional de temporada, un fenómeno que en la última década ha alterado profundamente el mercado residencial y la vida comunitaria. Con esta medida, se pretende recuperar un cierto equilibrio entre la actividad turística y la función social de la vivienda.
El diagnóstico técnico dibuja un escenario de fuerte presión turística. En total, el municipio cuenta con 1.202 establecimientos dedicados al alquiler turístico, que ofertan 6.498 plazas. De ellos, 560 corresponden a viviendas vacacionales, con 3.700 plazas, y 642 a viviendas de uso turístico, que suman 2.798 plazas.
Estas cifras sitúan a Llanes como el segundo concejo asturiano con mayor peso de este sector, solo por detrás de Gijón, y evidencian un crecimiento exponencial, especialmente acelerado desde 2020. Sin embargo, la comparación resulta reveladora: Gijón cuenta con unos 275.000 habitantes, mientras que Llanes apenas alcanza los 13.500, lo que pone de manifiesto el desgobierno municipal y las consecuencias derivadas de esa falta de planificación.
Para establecer límites claros, el plan analizó los 114 núcleos de población del concejo —pueblos y barrios delimitados por el planeamiento urbanístico— y los clasificó en tres categorías en función de su nivel de saturación.
La saturación no se mide únicamente en cifras absolutas, sino también en la densidad de la actividad turística respecto al tejido residencial tradicional. Para ello, los técnicos calcularon distintos indicadores de carga, siendo el principal la ratio de viviendas turísticas por cada 100 viviendas existentes.
El resultado del análisis identifica 51 “núcleos saturados” (NS), donde el porcentaje de VV y VUT supera el 5% del total de viviendas. En estos ámbitos no se concederán nuevas licencias para este tipo de alojamientos. Además, se han detectado 22 “núcleos de contención” (NC), con porcentajes situados entre el 2% y el 5%, en los que se permitirá un crecimiento muy limitado hasta alcanzar el umbral máximo. Las restantes 41 entidades de población se consideran “núcleos en equilibrio” (NE), donde por ahora no se estima necesaria una intervención restrictiva, aunque el desarrollo se permitirá de forma ordenada y con el mismo límite del 5%.
Los cinco núcleos con mayor número de viviendas turísticas son la villa de Llanes, con 410; Posada, con 160; Nueva, con 50; Po, con 48; y Celoriu, con 45. Si se atiende al número de plazas ofertadas, el ranking se mantiene: Llanes encabeza la lista con 1.984 plazas, seguida de Posada (694), Po (280), Celoriu (252) y Nueva (250).
En conjunto, estas cinco localidades concentran el 62,3% de todas las viviendas turísticas del municipio y el 53,25% de las plazas disponibles, lo que evidencia una fuerte concentración geográfica del fenómeno y refuerza el diagnóstico de saturación que sustenta el PEUT.
Además de los principales focos turísticos del concejo, el estudio técnico identifica como núcleos ya saturados a localidades como: Andrín, Hontoria, Naves, Parres, Vibañu y Villah.ormes, así como a partes de Barru y Celoriu. En una situación intermedia se encuentran los denominados núcleos de contención, entre los que figuran Ardisana, Belmonte, Cue, El Mazucu, Los Carriles, Pendueles, Niembru, Porrúa, Posada la Vieya, Ricaliente y Vidiago, donde el crecimiento del alquiler turístico solo se permitirá de forma muy limitada. Por último, otros núcleos como Frieras, Llamigu, Meré, Purón, Rinsena y determinadas zonas de Barru y Celoriu mantienen, por ahora, la calificación de núcleos en equilibrio.
La regulación impulsada por el gobierno municipal se presenta como una obligación derivada del propio planeamiento urbanístico. Tanto las normas provisionales en vigor desde mayo de 2024 como el futuro Plan General de Ordenación, aún pendiente de aprobación definitiva, contemplan la necesidad de un plan especial que delimite las zonas saturadas y establezca las condiciones de implantación de viviendas turísticas. La gravedad de la situación llevó al pleno municipal a aprobar en octubre de 2024, con los votos de VecinosxLlanes y el PP, a la suspensión provisional de nuevas declaraciones responsables para viviendas vacacionales y de uso turístico en las áreas más tensionadas.
Sin embargo, las advertencias no eran nuevas. El estudio dirigido por el profesor Sergio González Begega ya señalaba la intensa presión turística que sufre el Oriente de Asturias y situaba a Llanes como un caso paradigmático por la rapidez y profundidad de la transformación experimentada. Pese a ello, el gobierno municipal fascista de Vecinos y PP, plenamente consciente del problema optó por mirar hacia otro lado y relegó a un escaso 4% el parque de vivienda pública a precios tasados en el PGOU que está en trámite, una cifra claramente insuficiente para favorecer el crecimiento demográfico y el asentamiento de población estable en el concejo.
La memoria informativa del plan detalla con claridad las consecuencias de esta falta de regulación: sobrecarga de los servicios públicos, riesgo evidente de sobre turismo, encarecimiento sostenido del precio de la vivienda —con Llanes como el segundo municipio más caro de Asturias en compra, solo por detrás de Gijón— y un fuerte incremento del alquiler de larga duración, acompañado de un preocupante efecto expulsión de la población residente. Un dato resume con crudeza la situación actual tras más de una década de gobierno fascista: en agosto de 2025, en todo el concejo de Llanes solo se ofertaban 13 viviendas en alquiler para residencia habitual, frente a las 1.202 destinadas al alquiler turístico. En términos porcentuales, la vivienda disponible para vivir apenas representa un 0,81% de la oferta orientada a turistas.
El PEUT se apoya, además, en una jurisprudencia consolidada del Tribunal Supremo que avala la capacidad de los ayuntamientos para intervenir en este ámbito a través de la planificación urbanística, con el fin de proteger el derecho a la vivienda, el entorno urbano y el desarrollo sostenible. No obstante, esta doctrina ha sido ignorada por el actual gobierno municipal en el PGOU en tramitación, que sigue apostando por un parque de vivienda pública mínimo e irrelevante.
Las sentencias que han respaldado regulaciones similares en ciudades como Bilbao, Barcelona o Valencia han marcado un camino que Llanes dice ahora querer recorrer: compatibilizar la actividad económica vinculada al turismo con la preservación del carácter residencial y la cohesión social de sus pueblos. El objetivo declarado del Plan Especial de Uso Turístico no es una prohibición total, sino una ordenación detallada que limite la expansión allí donde la saturación es ya crítica y que, al menos sobre el papel, trate de reconciliar la vocación turística del concejo con el derecho de sus vecinos a una vivienda digna y a mantener pueblos vivos y habitables.
La primera pregunta que uno saca tras leer la noticia es, ¿Se ha facilitado dicho estudio a la oposición para su estudio con el fin de sacar conclusiones y soluciones al desgobierno municipal que hoy sufre Llanes? Si lo ha hecho uno se pregunta que ha hecho que no la ha publicado en su web de Facebook para que los llaniscos lo lean y puedan saber la magnitud del problema. Si no lo han hecho, nada nuevo en la doctrina fascista, que pasa por ocultar la información a los llaniscos con el fin de conozcan lo inútiles que son defendiendo los derechos de los llaniscos. Dicho esto me surge otra pregunta, ¿Por qué existe esta sobre turistificación en el municipio de Llanes? La sobre turistificación del municipio de Llanes no es el resultado de un fenómeno espontáneo ni de una moda reciente, sino la consecuencia lógica y acumulativa de un modelo económico y territorial construido durante décadas sobre un monocultivo turístico, sin mecanismos de corrección ni políticas públicas compensatorias eficaces.
Foto: los dos fascistas responsables del desaguisado urbanístico de Llanes, el sicario Álvaro Queipo y su hermano ideológico fascista, Enrique Riestra.
Llanes reúne una combinación de factores estructurales que lo han convertido en un destino extremadamente atractivo: un litoral de alto valor paisajístico, una imagen consolidada de “paraíso natural”, cercanía relativa a grandes áreas emisoras de turismo (Madrid, País Vasco, Castilla y León), buenas conexiones viarias y una marca turística consolidada desde finales del siglo XX. Sin embargo, estas ventajas no se han acompañado de una estrategia de diversificación económica ni de una planificación urbana orientada a proteger el uso residencial de la vivienda.
La economía local ha ido abandonando progresivamente actividades tradicionales al no tener estímulos económicos que facilitasen al —sector primario, pequeña industria, oficios locales— sin que se hayan promovido alternativas productivas estables. El turismo ha pasado de ser un complemento a convertirse en el eje casi exclusivo de generación de renta. En este contexto, la vivienda deja de concebirse como un bien social para convertirse en un activo económico, y el alquiler turístico aparece como la opción más rentable, rápida y segura para propietarios e inversores, especialmente en un territorio con alta estacionalidad y fuerte demanda en periodos concretos del año.
A esta dinámica se suma la ausencia prolongada de regulación efectiva. Durante años, la implantación de viviendas vacacionales y de uso turístico se produjo sin límites claros, sin zonificación previa y sin evaluar su impacto acumulado sobre el mercado residencial. La falta de intervención temprana del gobierno municipal fascista permitió un crecimiento exponencial, especialmente a partir de 2020, cuando el cambio en los hábitos turísticos, el auge del teletrabajo y la búsqueda de destinos no masificados aceleraron aún más la conversión de viviendas en alojamientos turísticos.
Otro elemento clave es la debilidad estructural de la política de vivienda pública. Llanes ha mantenido históricamente un parque de vivienda protegida muy reducido, incapaz de actuar como amortiguador frente a la presión del mercado. Sin una oferta pública suficiente en alquiler asequible, la población residente —especialmente jóvenes, trabajadores del propio sector servicios y familias— queda completamente expuesta a la lógica del mercado turístico, que ofrece mayores rendimientos y desplaza sistemáticamente el alquiler de larga duración.
La propia configuración territorial del concejo refuerza este proceso. Llanes no es una ciudad compacta con amplias zonas residenciales, sino un municipio con numerosos núcleos pequeños, muchos de ellos costeros o de alto valor paisajístico. En este tipo de estructura, unos pocos alojamientos turísticos adicionales pueden alterar de forma muy rápida el equilibrio demográfico y funcional de un pueblo, generando fenómenos de vaciamiento residencial, pérdida de servicios básicos permanentes y sustitución de población estable por ocupación estacional.
Además, el empleo generado por este monocultivo turístico es mayoritariamente estacional, precario y de bajos salarios, lo que agrava la paradoja: quienes trabajan en el principal sector económico del concejo no pueden permitirse vivir en él. Esta desconexión entre estructura productiva y condiciones de vida refuerza el efecto expulsión y acelera el envejecimiento y la pérdida de población residente.
En síntesis, la sobre turistificación de Llanes responde a una combinación de factores objetivos: dependencia casi exclusiva del turismo, liberalización prolongada del uso turístico de la vivienda, ausencia de una política de vivienda pública sólida, estructura territorial frágil y falta de planificación anticipada. No se trata de un exceso puntual de visitantes, sino del resultado de haber dejado que el mercado turístico actúe como organizador principal del territorio y de la vivienda, sin contrapesos sociales ni económicos. Cuando el turismo deja de ser un sector y pasa a ser el sistema que ordena todo lo demás, la saturación no es una anomalía: es el desenlace previsible.
El escenario actual de Llanes no es el resultado de un error puntual ni de una coyuntura desfavorable, sino la consecuencia directa de una falta de gestión estructural y sostenida por parte del gobierno municipal fascista de VecinosxLlanes y el PP, que durante años ha renunciado a gobernar para limitarse a administrar inercias, siempre a remolque de los hechos y nunca anticipándose a ellos.
La decisión de cerrar ahora la puerta a nuevas viviendas vacacionales en decenas de núcleos no es una muestra de valentía política ni de buena gestión, sino el reconocimiento implícito de un fracaso previo. Se actúa cuando el daño ya está hecho, cuando la saturación es incuestionable y cuando los márgenes de maniobra se han reducido drásticamente. No se aborda el origen del problema, ni se repara el impacto social y residencial acumulado, sino que se intenta contener —tarde y mal— el daño futuro, trasladando el coste de esa inacción a la población residente.
Durante más de una década, el gobierno municipal optó por una política de “dejar hacer” que favoreció de forma explícita la mercantilización masiva de la vivienda. No hubo planificación, ni límites, ni una estrategia territorial coherente. La vivienda se entregó al mercado turístico sin contrapesos, sin parque público suficiente y sin una visión de largo plazo. Esta renuncia a gobernar el territorio convirtió al gobierno municipal en un actor pasivo, incapaz de corregir desequilibrios evidentes y cada vez más profundos.
El resultado es un municipio atrapado en una contradicción insostenible: vive casi exclusivamente del turismo, pero expulsa a quienes lo sostienen. Trabajadores, jóvenes y familias no pueden acceder a una vivienda digna, mientras el empleo generado es precario, estacional y mal remunerado. El gobierno municipal no solo no ha mitigado esta brecha, sino que la ha agravado al mantener un parque de vivienda pública irrisorio en el nuevo PGOU que trámita, claramente insuficiente para actuar como red de seguridad social y residencial.
La gestión urbanística refuerza esta crítica. El PGOU en tramitación no responde a la magnitud del problema ni a las advertencias técnicas previas. Lejos de corregir el rumbo, consolida un modelo que sigue priorizando el crecimiento turístico y residencial orientado al mercado, relegando la vivienda protegida a un papel testimonial. Se legisla pensando en evitar conflictos futuros, pero no en reparar el daño presente, ni mucho menos el ya causado.
Este modo de actuar revela una forma de gobierno defensiva y reactiva, que legisla para protegerse políticamente y no para proteger a la ciudadanía. La falta de transparencia —no facilitar estudios, no socializar diagnósticos, no abrir debates reales con la oposición ni con la sociedad civil— completa un cuadro de gobernanza cerrada, donde la información se administra como un riesgo y no como una herramienta democrática.
Las consecuencias de esta ineptitud no son abstractas: pueblos sin vecinos todo el año, servicios públicos tensionados, comercios que solo sobreviven en temporada alta, una población envejecida y expulsada de su propio territorio. Llanes no se enfrenta solo a un problema de saturación turística, sino a un proceso de vaciamiento social que compromete su futuro como comunidad viva.
El gobierno fascista de VecinosxLlanes y PP ha llevado al municipio a un auténtico agujero negro de difícil salida, porque no ha querido —o no ha sabido— abordar el problema cuando aún era reversible. Hoy actúa de rodillas, no ante los vecinos, sino ante una realidad que ya no controla. Y en ese intento tardío de contención, coloca a los llaniscos en el disparadero de su propia incompetencia, obligándolos a pagar el precio de años de desidia política, falta de visión y subordinación a los intereses del mercado turístico.
Para terminar quiero decir que no se gobierna un municipio evitando el daño futuro mientras se ignora el daño presente. Sin una política decidida de reparación —vivienda pública ambiciosa, diversificación económica real, recuperación del uso residencial y transparencia—, cualquier plan especial será poco más que un parche. Y Llanes seguirá siendo el ejemplo de cómo no gestionar un territorio: cuando el turismo deja de ser un medio y se convierte en un fin absoluto, lo que se pierde no es solo vivienda, sino comunidad, identidad y futuro.
Ya lo dijo George Orwell: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.”


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