LLANES, VENDIDO POR METROS CUADRADOS Y TRAICIONADO POR SU POLÍTICA

El año 2024 marcó un hito histórico para el turismo en Asturias, convirtiéndose en el ejercicio con mayor número de viajeros y pernoctaciones jamás registrado en el Principado. El llamado Paraíso Natural vivió un récord global que, sin embargo, oculta importantes desequilibrios internos cuando se analizan por separado los distintos tipos de alojamiento. Tal y como avanzó El Comercio https://bit.ly/4psNvMh, el turismo rural —uno de los emblemas tradicionales del modelo asturiano— no ha logrado recuperar los niveles previos a la pandemia, quedándose todavía por debajo de los datos de 2019.

En el año 2025, lejos de consolidarse el crecimiento, el panorama se vuelve más complejo. Aunque el alojamiento rural muestra una leve mejoría del 1%, impulsada artificialmente por los bonos rurales financiados por el Gobierno del Principado (vigentes entre el 16 de septiembre y el 31 de diciembre), este incremento resulta insuficiente para compensar el comportamiento del sector hotelero. Paradójicamente, mientras los apartamentos turísticos experimentan un crecimiento espectacular —55% más de clientes y 31% más de pernoctaciones—, el motor histórico del sector, la hotelería, entra en retroceso.

Los hoteles asturianos recibieron en 2025 un 2% menos de viajeros y vendieron un 5% menos de estancias, lo que en términos absolutos supone la pérdida de más de 40.000 clientes y cerca de 200.000 pernoctaciones. La explicación que da el propio sector es clara y directa: “Algunos clientes se han ido a otras fórmulas de alojamiento”. No se trata, por tanto, de una caída del atractivo del destino, sino de un desplazamiento del consumo turístico hacia modelos alternativos, más flexibles y, en muchos casos, más baratos o adaptados a nuevas demandas.

Fernando Corral, vicepresidente de Otea, la patronal hostelera, rechaza la idea de que 2024 haya sido el “techo” del turismo asturiano. Según su análisis, Asturias se encuentra aún en una fase de crecimiento, pero inmersa en un cambio estructural profundo en la forma de alojarse. La pandemia aceleró la expansión de pisos y viviendas turísticas, tanto profesionales como no profesionales, cuya oferta crece mucho más rápido que el número total de turistas, generando una competencia interna cada vez más intensa.

Los datos ilustran esta transformación: frente a los 797 hoteles abiertos, con 29.577 plazas, el Registro de Empresas y Actividades Turísticas recoge 5.923 Viviendas de Uso Turístico (VUT) que suman 27.303 plazas, a las que se añaden 2.720 Viviendas Vacacionales, con 17.134 plazas adicionales. Es decir, la capacidad alojativa no hotelera ya supera ampliamente a la hotelera, sin que exista todavía un sistema fiable para medir su ocupación real.

 

Esta falta de datos preocupa al sector, al igual que la regulación tardía que se ha hecho por ejemplo en el municipio de Llanes. El nuevo decreto sobre viviendas turísticas, aunque considerado insuficiente por la patronal, supone al menos un primer paso hacia el control de una oferta que durante años creció sin apenas exigencias. No obstante, Corral subraya que el principal problema no es la competencia, sino el aumento descontrolado de los costes: los suministros han subido un 40% en tres años, a lo que se suma el encarecimiento del empleo y el aumento del absentismo laboral. Así, 2025 se considera un “buen año”, pero peor en rentabilidad, y el sector firmaría repetir cifras en 2026.

2. Villaviciosa y el mercado inmobiliario: crecimiento demográfico y tensión habitacional

En paralelo al cambio turístico, Asturias vive transformaciones demográficas y urbanas significativas, especialmente visibles en concejos como Villaviciosa. En 2025, el municipio alcanza 15.783 habitantes, acercándose por primera vez en 45 años a los 16.000 residentes y superando el récord de 2024. Según el alcalde Alejandro Vega, se consolida así una tendencia de crecimiento continuado desde 2017, con ocho años consecutivos al alza y más de 1.175 nuevos vecinos en doce años https://bit.ly/49hcLA8

Este crecimiento contrasta con la etapa anterior de pérdida poblacional y demuestra la capacidad del concejo para compensar la alta mortalidad derivada del envejecimiento, gracias a la llegada de nuevos residentes que trasladan allí su residencia habitual. No obstante, el propio alcalde reconoce que este éxito trae consigo nuevas responsabilidades, especialmente en materia de vivienda, servicios e infraestructuras.

Villaviciosa carece aún de un Plan General de Ordenación (PGO) definitivo, rigiéndose por normas subsidiarias de 1997. El nuevo plan se presenta como clave para generar suelo para vivienda protegida, todo lo contrario de lo que sucede en Llanes con la ultraderecha de VecinosxLlanes y PP, especialmente dirigida a jóvenes, y permitir la construcción de unos 200 nuevos pisos, principalmente en la zona de La Oliva. A ello se suma la necesidad de rehabilitar el casco histórico, ampliar núcleos rurales y disponer de suelo industrial que consolide el crecimiento económico.

Sin embargo, este contexto local se inserta en un problema regional mucho más amplio: la crisis del mercado inmobiliario asturiano, caracterizado por una oferta limitada, precios inflados y viviendas que, en muchos casos, requieren reformas integrales. El Gobierno del Principado ha impulsado medidas como el plan “Alquilámoste”, la futura Ley de Vivienda o incentivos fiscales, pero estas políticas conviven con una realidad cada vez más polémica: la proliferación de mini pisos a precios desorbitados.

Según recoge el portal Idealista https://bit.ly/3YRdBOd, se ofertan en Gijón, Oviedo, Llanes o Avilés viviendas de entre 30 y 40 metros cuadrados por precios que oscilan entre 165.000 y casi 300.000 euros, superando en muchos casos los 5.000 euros por metro cuadrado. Algunas se publicitan incluso como inmuebles de “lujo”, pese a carecer de habitación independiente o presentar distribuciones extremadamente limitadas.

Estos anuncios revelan una distorsión profunda del mercado, donde la escasez de vivienda y la presión de la inversión —a menudo ligada al uso turístico— convierten espacios mínimos en supuestas “oportunidades únicas”. El fenómeno no solo afecta a compradores, sino que agrava el acceso a la vivienda habitual, especialmente para jóvenes y familias, y refuerza la desconexión entre salarios reales y precios inmobiliarios.

3. Conclusión: un mismo problema con múltiples caras

Ambas noticias, analizadas conjuntamente, dibujan una Asturias en crecimiento, atractiva y dinámica, pero tensionada por cambios estructurales mal acompasados. El turismo bate récords, pero se fragmenta; la población crece en determinados concejos, pero el acceso a la vivienda se dificulta; la economía se diversifica, pero los costes y la especulación erosionan la rentabilidad y la cohesión social.

El reto para el Gobierno del Principado no es frenar el crecimiento, sino ordenarlo, equilibrando turismo, vivienda y calidad de vida. Sin una planificación sólida, el éxito corre el riesgo de convertirse en un factor de exclusión, tanto para los profesionales del sector como para los propios residentes, como sucede hoy en el municipio de Llanes con estos inútiles del gobierno municipal fascista que hoy gobiernan.

Tras la lectura de ambas noticias que hoy se publican, el caso del municipio de Llanes emerge como el reverso oscuro del éxito turístico asturiano: un municipio con una potencia simbólica y paisajística extraordinaria que, sin embargo, no está sabiendo traducir esa fortaleza en bienestar residencial, equilibrio demográfico ni proyecto urbano de futuro bajo el gobierno fascista de Vecinos y PP.

Llanes: turismo intenso, vivienda imposible y proyecto urbano bloqueado

Llanes ocupa desde hace décadas un lugar central en el imaginario turístico del norte de España. Su costa, su casco histórico y su posición estratégica la convierten en uno de los destinos más deseados del Principado. Sin embargo, ese éxito se ha gestionado de forma profundamente desequilibrada desde hace tres décadas, los últimos 10 años con gobiernos ultras ha sido sangrante, hasta el punto de que hoy vivir en Llanes es mucho más difícil que visitarlo.

El primer gran problema es la vivienda, convertida en un bien escaso y prohibitivo para la población local. La expansión descontrolada de las viviendas de uso turístico, unida a la falta de una regulación eficaz durante años, ha reducido drásticamente la oferta de vivienda habitual. El resultado es un mercado donde los precios se disparan, los alquileres de larga duración prácticamente desaparecen y los jóvenes —incluso con empleo— no pueden emanciparse ni quedarse en su propio concejo. Llanes se ha convertido, de facto, en un municipio donde la vivienda se orienta más al visitante que al residente.

Esta presión turística sobre el parque inmobiliario se ve agravada por un bloqueo histórico del planeamiento urbanístico. La ausencia de un Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) moderno y operativo ha dejado al concejo anclado en normas obsoletas, incapaces de responder a la realidad actual. Sin planeamiento actualizado no se genera suelo para vivienda protegida, no se planifican nuevos barrios residenciales equilibrados y no se establecen límites claros entre el uso turístico y el uso residencial. Llanes vive así una parálisis urbanística que beneficia a la especulación y perjudica al vecino.

Mientras otros concejos, como Villaviciosa, utilizan el planeamiento como herramienta para atraer población, fijar jóvenes y ordenar el crecimiento, con el fascismo en Llanes la falta de un proyecto urbano coherente expulsa población de forma silenciosa pero constante. No se trata de un desplome demográfico abrupto, sino de algo más grave a largo plazo: una pérdida progresiva de población joven y activa, sustituida por segundas residencias, estancias temporales y viviendas vacías fuera de temporada. El municipio se llena en verano, pero se vacía de vida cotidiana el resto del año.

A esta situación se suma una sensación creciente de desconexión entre las decisiones políticas y las necesidades reales de los llaniscos. La gestión municipal, percibida por amplios sectores de la población como incapaz de afrontar el problema de la vivienda y el planeamiento, no ofrece respuestas estructurales, sino soluciones parciales o directamente inexistentes. El debate sobre el modelo de concejo —para quién es Llanes y para qué— sigue sin resolverse, mientras el tiempo juega en contra de quienes quieren vivir y trabajar allí todo el año.

Las consecuencias son profundas:

  • Dificultad extrema de acceso a la vivienda habitual.
  • Fuga de población joven y envejecimiento progresivo.
  • Economía cada vez más dependiente del turismo estacional, con empleo precario y temporal.
  • Pérdida de identidad comunitaria, sustituida por un modelo de “escenario turístico”.

En este contexto, Llanes corre el riesgo de ocupar un lugar secundario en Asturias no por falta de atractivo, sino por falta de proyecto. Tiene paisaje, historia y marca; lo que no tiene —a día de hoy— es una estrategia clara para compatibilizar turismo, vivienda y vida local. Sin un PGOU moderno, sin una política decidida de vivienda protegida y sin límites efectivos a la turistificación residencial, el municipio seguirá creciendo hacia fuera mientras se vacía por dentro.

El problema de Llanes no es el turismo, sino la renuncia a gobernarlo. Y mientras esa renuncia persista, el concejo seguirá siendo un destino exitoso para quien viene unos días, pero un lugar cada vez más hostil para quien quiere quedarse.

Lo que sucede hoy en Llanes no es solo una crisis de vivienda, de planeamiento o de modelo turístico: es, sobre todo, una crisis política profunda, marcada por la inacción, la comodidad institucional y una corresponsabilidad evidente entre gobierno y oposición. Mientras el municipio se tensa, se encarece y se vacía de vecinos estables, quienes deberían liderar soluciones administran el tiempo como si no fuera con ellos, cobrando del erario público sin asumir el desgaste ni la urgencia del momento.

 Foto: retribuciones de los golfos del gobierno municipal de la ultraderecha
 

El Ayuntamiento de Llanes se ha convertido en un espacio de parálisis compartida. El gobierno municipal no gobierna en el sentido pleno del término: no planifica, no ordena y no afronta los conflictos estructurales que arrastran al concejo desde hace años. Pero la oposición tampoco ejerce su papel de contrapeso útil: no empuja, no fiscaliza con contundencia y no construye una alternativa real. El resultado es un consenso tácito basado en la pasividad: nadie molesta demasiado y nadie asume costes políticos, mientras la realidad social se deteriora.

La ausencia de un PGOU actualizado es el símbolo más claro de este fracaso colectivo. No es un problema técnico: es una decisión política sostenida en el tiempo. Cada año sin planeamiento es un año ganado para la especulación y perdido para los vecinos. Sin PGOU no hay vivienda protegida, no hay suelo planificado para residentes, no hay límites claros al uso turístico ni una visión de futuro. Y, sin embargo, el tema se enquista legislatura tras legislatura, convertido en una excusa permanente que nadie resuelve y todos heredan con alivio, porque no decidir también es una forma de decidir.

Mientras tanto, los llaniscos se cuecen en su propia salsa. Jóvenes que trabajan en el concejo no pueden vivir en él. Familias que quieren asentarse se marchan a otros municipios. Vecinos de toda la vida ven cómo su entorno se vacía en invierno y se masifica en verano. Y ante esta realidad, el discurso político local se mueve entre el silencio, la autocomplacencia y la culpa difusa, sin señalar responsables ni asumir errores propios.

La gestión de la vivienda turística es otro ejemplo del despropósito. Durante años se permitió crecer sin control un modelo que hoy expulsa población residente, y ahora, cuando los efectos son evidentes, las respuestas llegan tarde, mal o directamente no llegan. Gobierno y oposición miran el fenómeno como si fuera una fuerza natural inevitable, cuando en realidad es el resultado de decisiones no tomadas. Regular incomoda; planificar obliga a posicionarse; y en Llanes posicionarse parece ser el mayor pecado político.

Este clima genera una desafección creciente entre los llaniscos. El vecino percibe que su problema no es prioritario, que su dificultad para acceder a una vivienda o para quedarse en su pueblo no ocupa el centro del debate municipal. Y cuando la política deja de representar la vida real, se convierte en un ritual vacío: plenos, declaraciones y titulares que no cambian nada. Se gobierna para aguantar, no para transformar.

Llanes tiene potencial para ocupar un lugar central en Asturias: por población, por economía, por identidad y por atractivo. Pero ese lugar no se conquista solo con paisaje y turismo; se conquista con política útil, valiente y comprometida. Hoy, el mayor lastre del concejo no es la presión turística ni el mercado inmobiliario: es una clase política local acomodada, más preocupada por no perder que por mejorar, más centrada en sobrevivir que en construir.

Y mientras tanto, el tiempo pasa. Y cada año que pasa sin decisiones es un año más lejos del Llanes que podría ser.

Para terminar este post quiero decir que este epílogo retrata con crudeza la pusilanimidad política que define hoy al gobierno municipal del Ayuntamiento de Llanes: un gobierno que gobierna sin gobernar y una oposición que se opone sin oponerse, ambos instalados en una comodidad obscena mientras los problemas reales de los llaniscos se agravan. Frente a una vivienda imposible, un planeamiento inexistente, una juventud expulsada y un concejo convertido en decorado estacional, sus representantes han optado por la cobardía institucional, por el silencio calculado y por eludir cualquier decisión que implique desgaste. No es incapacidad: es falta de voluntad. No es desconocimiento: es indiferencia. Y así, mientras unos y otros se reparten sueldos, sillones y excusas, Llanes pierde tiempo, vecinos y futuro, víctima de una clase política más preocupada por no incomodar que por cumplir con aquello para lo que fue elegida.

Ya lo dijo Antonio Gramsci:  “La indiferencia es el peso muerto de la historia; es el material con el que se construyen las derrotas colectivas”.

 

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