Hoy se publica una entrevista del sátrapa alcalde de Llanes, Enrique Riestra, en la diario oficial del gobierno municipal, LNE. El Ayuntamiento de Llanes, bajo la presidencia de dicho personaje ha aprobado inicialmente el Plan Especial de Usos Turísticos (PEUT), una iniciativa diseñada para ordenar la proliferación de viviendas vacacionales y de uso turístico (VUT/VV) y, con ello, aliviar la presión inmobiliaria que sufre el concejo. El plan fue publicado en el Boletín Oficial del Principado de Asturias y sometido a información pública tras su aprobación plenaria.
El alcalde fascista del Ayuntamiento de Llanes ha defendido que el plan “traspasa ideologías y busca encontrar soluciones” más allá de enfrentamientos políticos, subrayando que se trata de una gestión de recursos —vivienda y turismo— con “sentido común” frente a respuestas improvisadas o motivadas por necesidades electorales. En su diagnóstico, muchas de las medidas autonómicas han llegado tarde o no han contado con la participación activa de los actores locales, como en el caso de la tasa turística, de la que afirma todavía no haber sido informado oficialmente por parte del Gobierno del Principado.
En este contexto, Llanes se alinea con otros municipios de costa que han percibido un incremento sostenido de la demanda de vivienda turística en los últimos años, un fenómeno que no solo transforma el paisaje urbano sino que también contribuye a que la oferta de alquiler residencial tradicional se reduzca y los precios suban de forma acelerada. El propio Principado ha identificado zonas dentro del concejo con niveles preocupantes de presión de mercado —con hasta siete posibles áreas susceptibles de ser declaradas “zonas tensionadas”— aunque las declaraciones oficiales de estas zonas aún generan debate y tensiones políticas internas.
El PEUT establece un sistema de zonificación basado en porcentajes máximos de viviendas turísticas: como norma general se fija un límite del 5 % del total de viviendas en cada núcleo o barrio, considerado el umbral más allá del cual la presión turística puede dañar la vida cotidiana y el acceso a la vivienda de largo plazo. Según esta clasificación:
- Los Núcleos Saturados (NS) —donde ya se supera el 5 %— no podrán autorizar nuevas licencias de VUT/VV y se incentivará la reconversión de algunas de estas propiedades a uso residencial permanente.
- En los Núcleos de Contención (NC) —entre el 2 % y el 5 %— habrá un crecimiento controlado hasta ese límite.
- Y en los Núcleos en Equilibrio (NE) —menos del 2 %— se permitirá un desarrollo ordenado también al amparo del techo del 5 %.
Además de esta zonificación, el plan introduce medidas urbanísticas concretas como la prohibición de nuevas viviendas turísticas en las plantas bajas del centro histórico de Llanes y la protección de las “fincas singulares” (casonas, villas con jardín y edificaciones de especial valor), que no podrán transformarse en alojamientos turísticos. Asimismo, se abandona el sistema de declaración responsable para abrir una nueva vivienda turística: a partir de ahora será necesario que el Ayuntamiento verifique y autorice expresamente cada solicitud, comprobando el cumplimiento de todas las normativas urbanísticas, técnicas y de habitabilidad.
Estas decisiones no han estado exentas de polémica política interna: el PSOE de Llanes presentó un recurso contencioso administrativo contra la moratoria provisional que suspendía la tramitación de declaraciones responsables para viviendas vacacionales y de uso turístico. Sin embargo, los tribunales desestimaron el recurso, respaldando al Ayuntamiento y, según el propio Riestra, marcando un camino de actuación que otras administraciones también deberían seguir ante problemas similares.
Riestra ha insistido en que la declaración de zonas tensionadas por sí sola “de poco valdría si no va aparejada a una regulación de las viviendas vacacionales”, ya que sin ellas muchas medidas quedarían desarticuladas en la práctica. En su conclusión, ha insistido en la necesidad de mejores gestores y menos política por la política, enfatizando la urgencia de abordar de forma efectiva la problemática de la vivienda y el turismo en Llanes, donde estos asuntos son percibidos por muchos vecinos como críticos para el futuro demográfico, económico y social del concejo bit.ly/49vzecY
Desde un análisis estrictamente técnico y no especulativo, el Plan Especial de Usos Turísticos (PEUT) de Llanes presenta una debilidad estructural de fondo: no está diseñado para revertir el problema de la vivienda, sino únicamente para contener parcialmente uno de sus efectos visibles. En su configuración actual, el plan corre el riesgo de convertirse en un instrumento meramente declarativo si no se acompaña de cambios profundos en el planeamiento general y en una política activa de vivienda, especialmente en el marco del PGOU en tramitación, cuestión que el que ofrece dicho plan al llanisco (Riestra y sus mariachis concejales) no han hecho.
El PEUT actúa sobre el síntoma —la proliferación de viviendas turísticas—, pero no sobre las causas estructurales del colapso residencial. Limitar porcentajes, zonificar y endurecer el control administrativo puede frenar el crecimiento futuro de las VUT y viviendas vacacionales, pero no corrige el desequilibrio ya existente: no reduce de forma efectiva el stock turístico actual, no recupera vivienda para uso residencial permanente y no incrementa la oferta de alquiler de larga duración. En un concejo como Llanes donde la desproporción entre vivienda turística y residencial es extrema, 1.202 viviendas turísticas y solo 13 residenciales, congelar el problema equivale a cronificar el mismo, pero no a resolverlo.
La ineficacia del PEUT se ve agravada por su desconexión con un PGOU orientado socialmente. Sin un planeamiento general que reserve suelo suficiente para vivienda protegida como sucede con el actual PGOU que está en trámite, que obligue a porcentajes significativos de VPO en nuevos desarrollos o que cree un parque público de alquiler, el PEUT se limita a ordenar usos existentes, pero no genera nueva oferta residencial, que es el núcleo real del problema. La ausencia de una estrategia urbanística centrada en vivienda pública o asequible invalida, en la práctica, el alcance transformador del plan.
Desde el punto de vista normativo, el diseño del PEUT es además conservador respecto al mercado existente. Las licencias ya concedidas se mantienen, la reconversión a uso residencial es voluntaria y carece de mecanismos coercitivos o fiscales potentes, y no se establecen obligaciones reales de cambio de uso. Esto implica que el grueso del parque turístico permanecerá intacto durante años o décadas, incluso aunque no se otorguen nuevas licencias, mientras el problema de acceso a la vivienda sigue siendo inmediato y urgente.
A ello se suma la ausencia total de una política municipal activa de vivienda vinculada al PEUT: no existe un plan municipal de vivienda, ni un parque público de alquiler, ni estrategias de movilización de vivienda vacía, ni una colaboración estructural con el Principado para desarrollar vivienda protegida. Regular el turismo sin crear alternativas residenciales supone, desde el punto de vista técnico, una política incompleta y de eficacia muy limitada.
El mayor riesgo del PEUT no es jurídico, sino político y estructural: ya que el sátrapa Riestra pretende que el mismo tenga un funcionamiento como una coartada de acción, reduciendo la presión social a corto plazo mientras el problema se mantiene o incluso se agrava por otras vías —venta a segunda residencia, presión sobre los precios, envejecimiento poblacional y expulsión de residentes—. En términos de política pública, esto se traduce en ausencia de soluciones reales a medio y largo plazo y en la continuidad del vaciamiento residencial del concejo.
La conclusión técnica es clara y contundente: el PEUT, aislado de un PGOU que priorice la vivienda social y sin una política activa de vivienda pública y asequible, está condenado al fracaso. Puede contener parcialmente el daño futuro, pero no revertirá la dinámica que ha convertido la vivienda en un bien inaccesible en Llanes, ni resolverá el problema estructural de las viviendas de uso turístico ni de las vacacionales.
Este escenario no es una anomalía local, sino el reflejo de un modelo político más amplio. Lo ocurrido en Llanes se inscribe en una forma de entender el urbanismo asociada al partido político de la ultraderecha como es VecinosxLlanes y el partido de la derecha extrema, PP, hoy presidido por Álvaro Queipo, que durante años ha tolerado y promovido un urbanismo desregulado, elevando a dogma ideológico desde los despachos municipales, con concejales como Juan Carlos Armas (PP) concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Llanes, mientras el mercado operaba sin límites. Cuando el problema estalla y la vivienda desaparece, la respuesta llega tarde, mal y sin convicción, recurriendo a regulaciones parciales como el PEUT de Llanes, insuficientes para afrontar un problema que exige decisiones estructurales y no simples gestos correctivos.
El discurso del alcalde fascista de Llanes, Enrique Riestra, defendiendo que el Plan Especial de Usos Turísticos “traspasa ideologías” y busca soluciones desde el “sentido común”, resulta no solo inconsistente, sino profundamente cínico cuando se contrasta con la trayectoria real del gobierno municipal que preside. Presentar el colapso de la vivienda como un problema ajeno a la ideología es una maniobra retórica tan interesada como grotesca, especialmente cuando ha sido precisamente ese mismo gobierno sectario y continuista el que, durante años, ha permitido —cuando no fomentado— un urbanismo desregulado, orientado al beneficio privado y completamente ajeno al interés general.
Resulta llamativo que quienes hoy apelan a “más técnicos y menos política” sean los mismos que han hecho de la política municipal un instrumento al servicio del mercado inmobiliario y turístico, renunciando de forma consciente a cualquier planificación que protegiera el derecho a la vivienda. Cuando el alcalde sostiene que el problema exige consenso y altura de miras, lo que en realidad hace es socializar responsabilidades justo en el momento en que el problema se ha vuelto inocultable y el daño ya está hecho. No es una llamada honesta a la cooperación, sino un intento tardío de diluir culpas… Y como la oposición socialista esta durmiendo seguro que le compran el relato.
La insistencia de Riestra en que la declaración de zonas tensionadas “de poco valdría” sin una regulación de las viviendas vacacionales incurre en una contradicción aún mayor: su propio gobierno ha carecido durante años de cualquier política integral de vivienda, limitándose a reaccionar cuando la situación es ya crítica. Apelar ahora a la falta de acción autonómica o a la ausencia de diálogo institucional no borra el hecho de que el gobierno municipal fascista del Ayuntamiento de Llanes ha sido un actor central —y no pasivo— en la generación del problema, al permitir que la vivienda se transformara en un activo especulativo sin contrapesos públicos.
La afirmación de que el problema “traspasa ideologías” se cae por su propio peso cuando se observa que el modelo aplicado responde con claridad a una ideología concreta: la del “laissez faire” (dejar hacer) urbanístico, la renuncia a la intervención pública y la subordinación del interés colectivo al mercado. Negar ese marco ideológico no es neutralidad: es encubrimiento político. Y hacerlo mientras se acusa implícitamente a la oposición de politizar el debate es un ejercicio de desfachatez institucional.
El resultado de esta gestión es evidente y lo sufren los vecinos: expulsión de población, imposibilidad de acceso a vivienda, envejecimiento demográfico y pérdida de tejido social. Frente a ese desastre, el gobierno municipal pretende ahora presentarse como gestor responsable y dialogante, cuando en realidad actúa a la defensiva, improvisando regulaciones parciales y vendiéndolas como soluciones estructurales.
No hay nada más revelador que escuchar a quienes han vivido cómodamente de la política municipal durante algo más de diez años a aquellos que careciendo de empleo, como el concejal de Urbanismo, Juan Carlos Armas y el propio alcalde Enrique Riestera, piden ahora menos política y más gestión. Si no fuera por la gravedad del problema que padecen los llaniscos, el espectáculo sería casi cómico. Pero no lo es. Es el retrato de un gobierno agotado, incapaz de asumir su responsabilidad histórica y que, cuando el agua ya le llega al cuello, opta por el relato antes que por la autocrítica, y por el cinismo antes que por una solución real… Y lo grave es que se va de rositas porque la oposición socialista, ni está ni se la espera.
Para terminar el post quiero manifestar que el balance final no deja espacio para la ambigüedad: la actuación del alcalde de Llanes, Enrique Riestra, no solo es políticamente fallida, sino moralmente indecente. Tras más de una década de gobierno, resulta obsceno que quien ha sido pieza central del modelo urbanístico que ha destruido el acceso a la vivienda pretenda ahora erigirse en gestor neutral, apelando al “sentido común” y a la despolitización del problema. No hay cinismo mayor que negar la ideología propia cuando sus efectos —expulsión de vecinos, vaciamiento social y mercantilización de la vivienda— están a la vista de todos. La falta de autocrítica, la huida hacia adelante y el uso del PEUT como coartada revelan a un gobierno agotado, sin proyecto y sin la mínima dignidad institucional para asumir su responsabilidad histórica.
Pero si grave es la conducta del alcalde, igual de alarmante es la absoluta nulidad de la oposición municipal. La ausencia de una alternativa política real, la pasividad del PSOE local y su incapacidad para confrontar el relato oficial han permitido que este desastre se gestione sin coste político alguno. Llanes no solo padece un gobierno que ha fracasado estrepitosamente en la defensa del derecho a la vivienda; padece también una oposición inexistente que ha renunciado a su función básica de control y fiscalización de las artimañas del gobierno fascista. Y cuando un poder actúa sin límites y sin oposición, el resultado no es gobernabilidad: es impunidad.
Ya lo dijo Sócrates: “El mayor mal no es la injusticia, sino que quien la comete crea tener razón”.

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