La crisis de la vivienda en España continúa agravándose y Asturias se encuentra entre las comunidades más afectadas. Según el informe anual de Fotocasa https://bit.ly/3Yv6wmg, durante 2025 el precio de la vivienda en el Principado aumentó un 24%, situándose como la tercera comunidad con mayores subidas a nivel nacional. Este fuerte encarecimiento responde a un desajuste estructural entre oferta y demanda: cada año se crean en España unos 200.000 nuevos hogares, mientras que la construcción de viviendas no alcanza las 100.000, lo que provoca que la demanda llegue a cuadruplicar la oferta. Aunque Asturias no se encuentra entre las regiones con el metro cuadrado más caro, el ritmo de subida confirma que el problema ya se extiende a territorios tradicionalmente más asequibles y que, según las previsiones de Fotocasa, continuará en 2026 con un aumento estimado del 7%.
Este contexto se suma a un encarecimiento general del coste de la vida. En alimentación, la retirada de las ayudas al IVA y diversas crisis internacionales han provocado subidas muy notables, como la de los huevos, un 30% más caros que el año anterior, junto con la carne de vacuno (20%) y la fruta (9,5%). En el ámbito energético, aunque se prevé que el precio medio de la electricidad baje en 2026 hasta unos 56,8 €/MWh, la recuperación del IVA al 21% y el aumento de los peajes eléctricos mantendrán las facturas elevadas. El gas podría mantenerse en niveles relativamente bajos, pero los hogares notarán un incremento medio de unos 15 euros anuales por la subida de los peajes de acceso.
En transporte, Asturias se beneficiará de la extensión de las ayudas al transporte público, con la continuidad de los descuentos en trenes de Cercanías y media distancia de Renfe y la implantación de un abono estatal de 60 euros mensuales (30 euros para menores de 26 años). No obstante, otras partidas seguirán encareciéndose: los peajes subirán alrededor de un 4% y los billetes de avión previsiblemente aumentarán tras la subida del 6,44% de las tarifas aeroportuarias de Aena.
Por último, en relación con el transporte ferroviario de alta velocidad, el Ministerio de Transportes intenta frenar la recuperación del antiguo sistema de indemnizaciones por retrasos de Renfe, que devolvía el 50% del billete con más de 15 minutos de demora y el 100% a partir de 30 minutos. De no prosperar las medidas legales, la compañía tendría que restablecer este sistema desde el 1 de enero, como se detalla en la segunda información publicada https://bit.ly/3LC8PAT.
En conjunto, aunque algunas medidas alivian el gasto en movilidad, la fuerte subida de la vivienda en Asturias y el encarecimiento sostenido de productos básicos consolidan un escenario económico complicado para los hogares del Principado de cara a 2026.
Con este escenario económico y social de fondo, el municipio de Llanes afronta el año 2026 en una posición especialmente frágil. La fuerte subida de la vivienda en Asturias —un 24% en 2025— golpea con más intensidad a un municipio donde la presión turística y residencial lleva años distorsionando el mercado. En Llanes, la escasez de vivienda habitual, el auge de la segunda residencia y la expansión de los alojamientos turísticos han expulsado progresivamente a población joven y trabajadora, dificultando el acceso a un alquiler estable y encareciendo también la compra. En este contexto, la previsión de nuevas subidas de precios en el año 2026 no hace sino agravar un problema estructural que el actual gobierno municipal fascista de VecinosxLlanes y PP no ha sabido —o no ha querido— corregir.
Esta situación se ve agravada por un deterioro de los servicios públicos, especialmente visible en ámbitos como el mantenimiento urbano, la limpieza, el acceso a servicios sociales o la planificación de infraestructuras, etc. La lógica que guía a estos mantenidos de la política que hoy gobiernan el municipio de priorizar el atractivo turístico inmediato frente a las necesidades cotidianas de la población residente, ha generado un modelo desequilibrado: un municipio saturado en verano, pero con carencias evidentes el resto del año. Esta falta de planificación a largo plazo se traduce en una pérdida de calidad de vida y en una creciente sensación de abandono entre los vecinos.
A ello se suma una fiscalidad percibida como confiscatoria como nos puso de manifiesto un análisis sobre fiscalidad municipal en Asturias. Llanes es el segundo concejo con mayor esfuerzo fiscal por habitante, con 724 € por residente, solo por detrás del municipio de Carreño bit.ly/3Lqp7wA Esto es especialmente gravoso para autónomos, pequeños negocios y residentes permanentes, que soportan una carga impositiva elevada sin que esta se traduzca en una mejora proporcional de los servicios municipales. En un contexto de encarecimiento general del coste de la vida —alimentos, energía, transporte—, esta presión fiscal resulta aún más difícil de asumir y contribuye al descontento social.
La economía llanisca está excesivamente turistificada, constituye otro de los grandes problemas de base de dicha economía. La dependencia casi exclusiva del turismo estacional hace al municipio vulnerable, precariza el empleo y limita la diversificación económica. Los beneficios de esta actividad se concentran en pocos sectores y actores, mientras que los costes —vivienda inaccesible, masificación, degradación ambiental— recaen sobre el conjunto de la población. Lejos de corregir este modelo, el actual gobierno municipal ultra ha profundizado en él, apostando por políticas que favorecen la especulación inmobiliaria y el crecimiento desordenado frente a un desarrollo sostenible y equilibrado, como nos ha mostrado el PGOU que está en trámite.
En conjunto, Llanes llega al año 2026 arrastrando problemas estructurales no resueltos: una vivienda cada vez más inaccesible, servicios públicos debilitados, una presión fiscal elevada y un modelo económico dependiente y frágil. Bajo el actual gobierno municipal de ultraderecha, la ausencia de políticas sociales, de planificación territorial y de protección del residente dibuja un horizonte complicado, en el que el concejo corre el riesgo de convertirse en un espacio cada vez menos habitable para quienes viven y trabajan en él todo el año, y cada vez más orientado a un consumo turístico de corto plazo.
Con este escenario, Llanes afronta un problema político y social que va más allá de la coyuntura económica y que condiciona de forma decisiva su futuro a medio plazo. A diecisiete meses de las elecciones municipales, el concejo se encuentra atrapado en una dinámica institucional profundamente dañina, marcada por un gobierno local de orientación claramente autoritaria y reaccionaria y por una oposición débil y sin capacidad real de contrapeso. Esta combinación es especialmente peligrosa en un contexto ya tensionado por la crisis de la vivienda, el encarecimiento del coste de la vida y un modelo económico agotado.
El principal problema que genera esta situación es la normalización de políticas excluyentes y cortoplacistas. Cuando un gobierno municipal con rasgos fascistoides gobierna sin una oposición sólida, se reduce el debate democrático y se sustituyen las políticas públicas por decisiones unilaterales, opacas y orientadas a beneficiar a minorías concretas. En Llanes, esto se traduce en una gestión centrada casi exclusivamente en el turismo, la especulación urbanística y el beneficio inmediato, sin tener en cuenta las consecuencias sociales, territoriales y demográficas. El resultado es un concejo cada vez menos habitable para sus vecinos y más dependiente de intereses externos.
La ausencia de una oposición creíble agrava aún más el problema. Una oposición incapaz de fiscalizar, proponer alternativas o movilizar a la ciudadanía deja a amplios sectores de la población sin representación efectiva. Esto genera desafección política, resignación y una peligrosa sensación de que “no hay alternativa”, caldo de cultivo perfecto para que el autoritarismo local se perpetúe. En lugar de articular un discurso sólido sobre vivienda, fiscalidad, servicios públicos o modelo económico, la oposición aparece desdibujada, reactiva y desconectada de los problemas reales de los llaniscos.
Este vacío político tiene consecuencias muy concretas. En vivienda, la falta de confrontación política permite que el gobierno municipal siga sin actuar frente a la turistificación, la proliferación de viviendas vacacionales y la expulsión de residentes. En fiscalidad, la segunda presión fiscal más alta de Asturias se mantiene sin debate serio ni rendición de cuentas, pese a que los servicios públicos no mejoran. En planificación urbanística, el PGOU en trámite avanza como una herramienta al servicio del crecimiento desordenado y la especulación, sin una oposición capaz de articular un modelo alternativo de desarrollo sostenible.
Además, esta situación favorece un clima político de confrontación identitaria y populismo, donde se sustituyen los problemas materiales por discursos simplistas, culpabilizaciones externas y una retórica agresiva que fractura la convivencia. El “trumpismo” local que nos da VecninosxLlanes ayudado por los golfos del PP no se sostiene solo por su propia fuerza, sino por la debilidad del sistema democrático municipal, incapaz de ofrecer una alternativa ilusionante y creíble, como sucede hoy con la representación socialista al carecer de una renovación profunda que exige la situación.
En conjunto, Llanes no solo llega al año 2026 con graves problemas económicos y sociales, sino también con un déficit democrático preocupante. Un gobierno municipal autoritario sin oposición eficaz conduce a la parálisis, al empobrecimiento del debate público y a la cronificación de los problemas estructurales. Si esta dinámica no se rompe, el riesgo no es solo seguir igual, sino empeorar: más expulsión de población, más precariedad, más dependencia del turismo y menos capacidad de los llaniscos para decidir sobre su propio futuro. El verdadero problema, por tanto, no es solo quién gobierna, sino la falta de una alternativa política capaz de disputar el rumbo del concejo y devolver a Llanes una democracia local viva, crítica y orientada al bien común.
Para terminar el post quiero manifestar que si el año 2026 acaba siendo, como todo indica, una piedra más en el zapato de los llaniscos, no será por fatalidad ni por causas externas inevitables, sino por la persistencia de un fascismo municipal enquistado que lleva una década gobernando sin contrapesos reales. Diez años de gobierno municipal no son un accidente: son un proyecto que ha contado con la complicidad de una oposición socialista, que ha antepuesto los intereses particulares de algunos afiliados frente al bien de los llaniscos. Un proyecto de vaciamiento democrático como el de Vecinos y PP, de conversión del ayuntamiento en un cortijo político y de sustitución del interés general por una gestión autoritaria, clientelar y profundamente regresiva, es lo que hoy se vive en Llanes.
En Llanes, el año 2026 puede consolidar lo que ya es evidente: un municipio gobernado desde el desprecio al residente, desde la glorificación del turismo depredador y desde una concepción del poder basada en mandar, no en rendir cuentas. La vivienda se ha convertido en un lujo, los servicios públicos en una promesa hueca, la fiscalidad en una losa y la planificación urbana en una herramienta al servicio de unos pocos. Y todo ello ocurre sin que exista una oposición socialista capaz de articular una respuesta mínimamente seria, coherente y valiente.
La tragedia democrática de Llanes no es solo quién gobierna, sino quién no hace nada por evitarlo. Una oposición desnortada, envejecida políticamente y desconectada de la realidad social ha renunciado de facto a su papel histórico. No fiscaliza, no propone, no lidera y no moviliza. Ha dejado huérfanos a los llaniscos que sufren el encarecimiento de la vivienda, la asfixia fiscal, la precariedad laboral y la expulsión silenciosa del concejo. Su inacción no es neutral: es cómplice. Cada pleno sin debate, cada silencio ante el abuso, cada renuncia a confrontar el modelo dominante fortalece al autoritarismo local.
Así, el fascismo municipal de Vecinos y PP no necesita ya ni disimulo ni grandes discursos: gobierna por agotamiento democrático, por ausencia de alternativa y por resignación colectiva inducida. Se ha normalizado lo intolerable. Se ha asumido como normal que el concejo de Llanes no está para quien vive en él, sino para quien lo consume. Que el gobierno municipal no planifica, sino que reacciona. Que no gobierna, sino que impone. Y que quien protesta es señalado, ridiculizado o ignorado.
Si nada cambia, el año 2026 no será un punto de inflexión, sino un año de consolidación del deterioro: más expulsión de población joven, más dependencia del monocultivo turístico, más desigualdad, más descrédito institucional y menos futuro. Este será año más en el que Llanes seguirá perdiendo vecinos mientras presume de visitantes; seguirá subiendo impuestos mientras recorta servicios; seguirá hablando de progreso mientras profundiza su decadencia social y democrática.
Diez años de gobierno fascista municipal han dejado claro que el problema no es coyuntural ni de gestión puntual: es estructural y político. Y mientras la oposición socialista no asuma su responsabilidad histórica, se renueve de raíz y decida enfrentarse sin complejos al modelo autoritario imperante, los llaniscos seguirán pagando el precio. Porque el verdadero lastre de Llanes hoy no es solo quien gobierna, sino la ausencia de una alternativa capaz de devolverle dignidad democrática, justicia social y futuro al concejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario