MORIYÓN: EL REGRESO QUE PROMETÍA SOLUCIONES Y ACABO RETRATANDO UN GOBIERNO EN DESCOMPOSICIÓN

 

El día 1 de junio se publicaba en el medio Gijón al Norte la siguiente noticia. El gobierno municipal de Gijón afronta una etapa especialmente delicada marcada por el desgaste interno, la falta de coordinación política y las crecientes dificultades de liderazgo de la alcaldesa, Carmen Moriyón https://bit.ly/4uaKeDo Distintas fuentes municipales coinciden en señalar que la estabilidad del ejecutivo local se ha visto afectada por una progresiva desconexión entre Alcaldía y las diferentes concejalías que forman parte del gobierno.

Uno de los principales problemas descritos es la ausencia de una dinámica regular de trabajo conjunto entre todos los ediles del equipo de gobierno. En una coalición integrada por Foro, Partido Popular más un tránsfuga, la coordinación interna resulta clave para sostener una acción municipal coherente. Sin embargo, según las fuentes citadas, el ejecutivo de Moriyón llevaría al menos un año sin mantener reuniones conjuntas con la frecuencia esperable en un gobierno encargado de dirigir la principal ciudad de Asturias.

 

A esta falta de reuniones se suma la limitada presencia de Carmen Moriyón en las juntas de gobierno, órgano en el que se adoptan decisiones relevantes para el funcionamiento del Ayuntamiento. Esta circunstancia ha alimentado la percepción de que la alcaldesa se encuentra cada vez más alejada del trabajo diario de las concejalías y de los espacios habituales de coordinación política y administrativa.

La situación ha tenido especial impacto en la relación entre Foro y el Partido Popular. Varios episodios recientes han generado malestar entre los ediles populares, que habrían visto cómo decisiones impulsadas desde sus áreas terminaban siendo rectificadas, matizadas o reinterpretadas públicamente desde Alcaldía. Este patrón habría provocado la sensación de que algunas concejalías asumen el coste inicial de las polémicas mientras la posición definitiva del gobierno acaba fijándose posteriormente desde el entorno de la alcaldesa, intentando salvar la cara ante el malestar vecinal por sus decisiones.

Entre los casos mencionados figuran Naval Azul, los comedores escolares, el Albergue Covadonga, la adjudicación del servicio de recogida de ropa usada y la regulación de los patinetes eléctricos. Todos ellos han contribuido a reforzar la imagen de un gobierno con dificultades para actuar de forma cohesionada y con una línea política clara desde el primer momento.

La información también apunta a un progresivo aislamiento político de Carmen Moriyón dentro del propio ejecutivo. Algunas fuentes municipales hablan de una toma de decisiones cada vez más concentrada en el entorno más cercano de Alcaldía, lo que habría reducido la participación efectiva de otras áreas en asuntos relevantes para la ciudad. Esta forma de funcionamiento ha generado incomodidad no solo entre los socios del Partido Popular, sino también dentro del propio Foro.

En ese sentido, la tensión interna no se limitaría a las discrepancias entre los dos partidos que integran el gobierno municipal. Según la información publicada, también habría concejales de Foro que se encuentran cada vez más distanciados del clima político que existía al inicio del mandato. Se cita expresamente a Pelayo Barcia y Nuria Bravo como ediles alejados de la dinámica interna actual, además de otras voces dentro de la formación que tampoco compartirían algunos de los métodos consolidados por Moriyón.

Las consecuencias de esta desconexión no son únicamente políticas, sino también de gestión. Uno de los ejemplos más relevantes es la pérdida de una subvención europea para Cimavilla cercana a los 12 millones de euros. Según las fuentes consultadas, la falta de coordinación entre áreas y la decisión de no implicar plenamente a los profesionales de la Concejalía de Innovación, dirigida por el Partido Popular, habrían perjudicado una candidatura que había generado importantes expectativas para la ciudad.

Este episodio se interpreta dentro del Ayuntamiento como una muestra de los efectos prácticos que puede tener la falta de comunicación interna. Cuando las áreas municipales no trabajan de manera coordinada, los proyectos estratégicos corren el riesgo de debilitarse, especialmente aquellos que dependen de fondos europeos, plazos administrativos y criterios técnicos exigentes.

A pesar de este deterioro, Foro y el Partido Popular mantienen la coalición de gobierno. La razón principal sería política: ambas formaciones son conscientes de que una ruptura antes de finalizar el mandato podría tener consecuencias electorales negativas. De cara a las elecciones municipales del año 2027, tanto Foro como PP necesitan conservar abierta la posibilidad de reeditar algún tipo de acuerdo que permita mantener el poder municipal.

Por ello, la coalición continúa unida, aunque cada vez con más dificultades para proyectar una imagen de equipo compacto. El gobierno municipal de Moriyón parece sostenido más por la necesidad electoral que por una verdadera cohesión interna. Mientras tanto, los problemas de liderazgo, comunicación y coordinación siguen acumulándose alrededor de la figura de Carmen Moriyón.

En conjunto, la situación descrita refleja un Ayuntamiento de Gijón gobernado por una coalición que mantiene formalmente su estabilidad, pero que arrastra tensiones profundas en su funcionamiento diario. El aislamiento de la alcaldesa, la falta de reuniones conjuntas, las diferencias con los concejales del Partido Popular, las incomodidades dentro del propio Foro y los problemas derivados de la pérdida de oportunidades de financiación configuran un escenario complejo para el tramo final del mandato municipal.

Por otro lado, no he encontrado una noticia que documente un enfrentamiento personal directo entre Carmen Moriyón y Nuria Bravo.

Lo que sí aparece documentado en prensa es:

  1. Desautorización política en el caso de los patinetes eléctricos: MiGijón publicó que, tras la propuesta defendida por Pelayo Barcia y Nuria Bravo, Moriyón marcó después una posición más prudente desde Alcaldía, “enmendando la plana” a sus ediles https://bit.ly/4o7P2bs
  2. Alejamiento interno de Nuria Bravo dentro de Foro: otra información de MiGijón señala que fuentes municipales sitúan a Pelayo Barcia y Nuria Bravo “cada vez más alejados” del clima interno inicial del mandato https://bit.ly/4fXatd7  

El dato riguroso sería: hay prensa que recoge desautorizaciones o distancia política entre Moriyón y Nuria Bravo, especialmente por la regulación de los patinetes, pero no una ruptura o enfrentamiento personal acreditado públicamente.

Lo primero que quiero manifestar es que si hay discrepancias documentadas en prensa, aunque no siempre formuladas como “enfrentamiento directo” entre Pelayo Barcia y Carmen Moriyón.

El dato más claro es El Muro de San Lorenzo: MiGijón publicó que Pelayo Barcia quedó “marginado” del ámbito decisorio por Carmen Moriyón y que el edil respondió públicamente defendiendo los estudios técnicos y marcando distancia sobre la gestión del proyecto.

Otro caso reciente es la regulación de los patinetes eléctricos. MiGijón señala que Moriyón acabó corrigiendo o matizando la posición inicial defendida por Pelayo Barcia y Nuria Bravo, hasta el punto de hablar de “desautorización” al concejal.

También consta una discrepancia interna de Barcia con la línea de Foro: en diciembre del año 2024 rompió la disciplina de voto del partido y apoyó una propuesta de Vox sobre “Gijón, ciudad por la vida”. No es una discrepancia personal directa con Moriyón, pero sí evidencia distancia política dentro del grupo municipal de Foro.

Por tanto, el dato riguroso sería: sí existen episodios publicados en prensa que reflejan diferencias políticas o desautorizaciones entre Carmen Moriyón y Pelayo Barcia, especialmente en asuntos como El Muro y los patinetes, aunque no hay constancia pública de una ruptura formal entre ambos.

Lo que está ocurriendo en el gobierno municipal de Gijón es que el deterioro político ha pasado de ser una suma de polémicas aisladas a convertirse en un problema de método de gobierno. La figura de Carmen Moriyón aparece cada vez más asociada a una forma de dirección muy concentrada en Alcaldía, con poca coordinación regular con el resto de concejalías y con decisiones que, según distintas informaciones, se corrigen o se matizan públicamente después de haber sido defendidas por sus propios ediles.

El primer síntoma es la falta de cohesión interna. Según la información publicada, el equipo de gobierno llevaría al menos un año sin reuniones conjuntas con la regularidad esperable en una coalición que gestiona la principal ciudad de Asturias. A eso se suma la escasa presencia de la alcaldesa en las juntas de gobierno, lo que refuerza la idea de una Alcaldía alejada del día a día de las áreas municipales. Ese vacío de coordinación termina generando desconfianza: cada concejalía actúa, pero no siempre con la sensación de formar parte de una estrategia común.

El segundo elemento es la acumulación de rectificaciones públicas. Casos como Naval Azul, los comedores escolares, el Albergue Covadonga, la recogida de ropa usada o los patinetes eléctricos han alimentado la imagen de un gobierno que primero lanza decisiones desde distintas áreas y después ve cómo Alcaldía las corrige, las modula o fija una posición diferente. MiGijón ha descrito esta dinámica como una serie de desautorizaciones a concejales delegados, especialmente en el caso de los patinetes, donde Pelayo Barcia y Nuria Bravo defendieron una línea que después fue matizada desde Alcaldía.

El tercer factor es el desgaste de la coalición con el Partido Popular. Los ediles populares aparecen en una posición incómoda: forman parte del gobierno, asumen responsabilidades de gestión y cargan con parte del desgaste de las polémicas, pero después ven cómo la posición definitiva puede quedar en manos de Moriyón. Eso deteriora la confianza entre socios, porque transmite la sensación de que no todos participan por igual en las decisiones ni en la defensa pública de las mismas.

El cuarto problema es que la tensión ya no se limita al PP. El propio entorno de Foro también aparece afectado. La información publicada señala distancia interna de Pelayo Barcia y Nuria Bravo respecto al clima inicial del mandato, además de incomodidad de más voces dentro de Foro con los métodos consolidados en Alcaldía. Esto es relevante porque cuando el desgaste alcanza al partido de la propia alcaldesa, el problema deja de ser solo una crisis de coalición y pasa a ser una crisis de liderazgo.

El quinto elemento es la consecuencia práctica sobre la gestión. La pérdida de una subvención europea para Cimavilla cercana a los 12 millones de euros aparece como uno de los ejemplos más graves. Según las fuentes citadas, la falta de coordinación entre áreas y la decisión de no implicar plenamente a la Concejalía de Innovación, dirigida por el PP en nombre de la vicealcaldesa Ángela Pumariega, habrían debilitado una candidatura importante para la ciudad. Ahí el conflicto deja de ser solo político: pasa a tener efectos sobre oportunidades concretas para Gijón.

Por eso puede decirse que el gobierno de Moriyón ha avanzado hacia el precipicio por una combinación de aislamiento, falta de coordinación, rectificaciones públicas, desgaste entre socios y pérdida de confianza interna. La coalición sigue en pie, pero más por necesidad electoral de no perder el poder político que por verdadera cohesión. Foro y PP saben que romper antes de 2027 podría perjudicar sus opciones, pero mantener el acuerdo sin recomponer la confianza solo alarga la crisis.

La imagen final es la de un gobierno que todavía conserva la mayoría necesaria para seguir funcionando, pero que cada vez proyecta menos autoridad colectiva. Moriyón mantiene el mando formal, pero el ambiente se ha deteriorado porque sus socios y parte de su propio espacio político parecen sentirse cada vez menos integrados en la toma de decisiones. Cuando un gobierno deja de actuar como equipo y empieza a funcionar a base de correcciones, silencios y desconfianzas, la estabilidad institucional se mantiene solo en apariencia.

Lo primero que quiero manifestar es que hay discrepancias documentadas en prensa, aunque no siempre formuladas como “enfrentamiento directo” entre Pelayo Barcia y Carmen Moriyón.

El dato más claro es El Muro de San Lorenzo: MiGijón publicó que Pelayo Barcia quedó “marginado” del ámbito decisorio por Carmen Moriyón y que el edil respondió públicamente defendiendo los estudios técnicos y marcando distancia sobre la gestión del proyecto.

Otro caso reciente es la regulación de los patinetes eléctricos. MiGijón señala que Moriyón acabó corrigiendo o matizando la posición inicial defendida por Pelayo Barcia y Nuria Bravo, hasta el punto de hablar de “desautorización” al concejal.

También consta una discrepancia interna de Barcia con la línea de Foro: en diciembre del año 2024 rompió la disciplina de voto del partido y apoyó una propuesta de Vox sobre “Gijón, ciudad por la vida”. No es una discrepancia personal directa con Moriyón, pero sí evidencia distancia política dentro del grupo municipal de Foro.

Por tanto, el dato riguroso sería: sí existen episodios publicados en prensa que reflejan diferencias políticas o desautorizaciones entre Carmen Moriyón y Pelayo Barcia, especialmente en asuntos como El Muro y los patinetes, aunque no hay constancia pública de una ruptura formal entre ambos.

Lo que está ocurriendo en el gobierno municipal de Gijón es que el deterioro político ha pasado de ser una suma de polémicas aisladas a convertirse en un problema de método de gobierno. La figura de Carmen Moriyón aparece cada vez más asociada a una forma de dirección muy concentrada en Alcaldía, con poca coordinación regular con el resto de concejalías y con decisiones que, según distintas informaciones, se corrigen o se matizan públicamente después de haber sido defendidas por sus propios ediles.

El primer síntoma es la falta de cohesión interna. Según la información publicada, el equipo de gobierno llevaría al menos un año sin reuniones conjuntas con la regularidad esperable en una coalición que gestiona la principal ciudad de Asturias. A eso se suma la escasa presencia de la alcaldesa en las juntas de gobierno, lo que refuerza la idea de una Alcaldía alejada del día a día de las áreas municipales. Ese vacío de coordinación termina generando desconfianza: cada concejalía actúa, pero no siempre con la sensación de formar parte de una estrategia común.

El segundo elemento es la acumulación de rectificaciones públicas. Casos como Naval Azul, los comedores escolares, el Albergue Covadonga, la recogida de ropa usada o los patinetes eléctricos han alimentado la imagen de un gobierno que primero lanza decisiones desde distintas áreas y después ve cómo Alcaldía las corrige, las modula o fija una posición diferente. MiGijón ha descrito esta dinámica como una serie de desautorizaciones a concejales delegados, especialmente en el caso de los patinetes, donde Pelayo Barcia y Nuria Bravo defendieron una línea que después fue matizada desde Alcaldía.

El tercer factor es el desgaste de la coalición con el Partido Popular. Los ediles populares aparecen en una posición incómoda: forman parte del gobierno, asumen responsabilidades de gestión y cargan con parte del desgaste de las polémicas, pero después ven cómo la posición definitiva puede quedar en manos de Moriyón. Eso deteriora la confianza entre socios, porque transmite la sensación de que no todos participan por igual en las decisiones ni en la defensa pública de las mismas.

El cuarto problema es que la tensión ya no se limita al PP. El propio entorno de Foro también aparece afectado. La información publicada señala distancia interna de Pelayo Barcia y Nuria Bravo respecto al clima inicial del mandato, además de incomodidad de más voces dentro de Foro con los métodos consolidados en Alcaldía. Esto es relevante porque cuando el desgaste alcanza al partido de la propia alcaldesa, el problema deja de ser solo una crisis de coalición y pasa a ser una crisis de liderazgo.

El quinto elemento es la consecuencia práctica sobre la gestión. La pérdida de una subvención europea para Cimavilla cercana a los 12 millones de euros aparece como uno de los ejemplos más graves. Según las fuentes citadas, la falta de coordinación entre áreas y la decisión de no implicar plenamente a la Concejalía de Innovación, dirigida por el PP en nombre de la vicealcaldesa Ángela Pumariega, habrían debilitado una candidatura importante para la ciudad. Ahí el conflicto deja de ser solo político: pasa a tener efectos sobre oportunidades concretas para Gijón.

Por eso puede decirse que el gobierno de Moriyón ha avanzado hacia el precipicio por una combinación de aislamiento, falta de coordinación, rectificaciones públicas, desgaste entre socios y pérdida de confianza interna. La coalición sigue en pie, pero más por necesidad electoral de no perder el poder político que por verdadera cohesión. Foro y PP saben que romper antes de 2027 podría perjudicar sus opciones, pero mantener el acuerdo sin recomponer la confianza solo alarga la crisis.

La imagen final es la de un gobierno que todavía conserva la mayoría necesaria para seguir funcionando, pero que cada vez proyecta menos autoridad colectiva. Moriyón mantiene el mando formal, pero el ambiente se ha deteriorado porque sus socios y parte de su propio espacio político parecen sentirse cada vez menos integrados en la toma de decisiones. Cuando un gobierno deja de actuar como equipo y empieza a funcionar a base de correcciones, silencios y desconfianzas, la estabilidad institucional se mantiene solo en apariencia. La situación que atraviesa Carmen Moriyón en el gobierno municipal de Gijón puede analizarse como el desgaste de un liderazgo que regresó a la Alcaldía con una expectativa política muy alta y que, sin embargo, se ha encontrado con una realidad mucho más resistente de lo previsto. El retorno al poder no ha desbloqueado automáticamente los grandes asuntos de ciudad. Al contrario, varios de los temas que habían servido para construir discurso político han terminado convirtiéndose en frentes abiertos cuya conclusión ha sido el reconocimiento explícito de su fracaso como sucedió con el vial de Jove. El proyecto quedó descartado después de que el Ministerio de Transportes, el Ayuntamiento de Gijón y el Principado no alcanzaran un acuerdo sobre su construcción. La renuncia al vial, tanto soterrado como en superficie, dejó al gobierno municipal sin una solución inmediata para uno de los grandes conflictos de movilidad y tráfico pesado de la zona oeste, que afecta a unos 40.000 gijoneses.

También el desarrollo de Gijón al Norte y el plan de vías muestran los límites reales del poder municipal. Aunque se han anunciado avances y fechas, las obras se sitúan en un calendario dependiente de varias administraciones y de financiación compartida. La previsión publicada apunta al inicio de obras en el segundo semestre de 2026, con participación económica de ADIF, Principado y Ayuntamiento. Eso significa que Moriyón no controla por sí sola ni los tiempos ni el alcance completo de una operación estratégica para la ciudad.

A ello se suma el problema de la vivienda, donde el enfrentamiento con el Principado ha ocupado buena parte del discurso político. Moriyón ha acusado al Gobierno asturiano de bloquear vivienda protegida en Jove, mientras desde el Principado se le ha reprochado utilizar EcoJove como cortina de humo para tapar la falta de resultados en política de vivienda. En términos políticos, el dato relevante es que la vivienda se ha convertido en otro campo de choque institucional, pero no en una solución visible para la ciudadanía que sufre un problema escandaloso.

Ese conjunto de fracasos o bloqueos ha debilitado la autoridad política de Moriyón. No porque todos dependan exclusivamente del Ayuntamiento, sino porque el relato de su regreso prometía capacidad de mando, desbloqueo y eficacia. Cuando los grandes asuntos siguen atascados, el liderazgo queda expuesto. La alcaldesa puede señalar a otras administraciones, pero la ciudadanía juzga resultados, no solo responsabilidades competenciales.

En ese contexto aparece una deriva hacia el conflicto como herramienta política. El enfrentamiento con el Gobierno central, con el Principado o con adversarios municipales puede servir para desplazar el foco, pero tiene un límite: si el conflicto no produce soluciones, acaba pareciendo un sustituto de la gestión. El choque permanente moviliza a los propios, pero no resuelve el tráfico pesado, no acelera las obras estratégicas y no entrega vivienda asequible.

El problema es que esa presión externa parece haber terminado afectando también al funcionamiento interno del gobierno municipal. Según la información aportada, el ejecutivo lleva tiempo arrastrando falta de reuniones conjuntas, escasa coordinación entre áreas, rectificaciones públicas y malestar entre socios. En ese punto, el deterioro deja de ser solo una cuestión de comunicación y pasa a ser una crisis de gobernabilidad.

La categoría política que mejor encaja aquí no es tanto un diagnóstico personal, sino una forma de hibris del poder: la tendencia de un liderazgo a confundir autoridad con control, discrepancia con deslealtad y crítica con ataque. Cuando eso ocurre, el dirigente deja de usar el equipo como espacio de deliberación y empieza a verlo como un instrumento que debe alinearse con Alcaldía. El resultado suele ser más aislamiento, más tensión y menos capacidad de anticipar errores.

Por eso el deterioro ha avanzado hacia el precipicio: porque los grandes asuntos de ciudad no se han resuelto, el discurso del enfrentamiento no ha dado frutos visibles y la tensión exterior se ha trasladado al interior del propio gobierno. Moriyón conserva la Alcaldía, pero su margen político se ha estrechado. La coalición sigue formalmente en pie, aunque cada vez parece más sostenida por cálculo electoral que por cohesión real.

Para terminar el post quiero manifestar que quizás el verdadero problema de Carmen Moriyón no sea la oposición socialista que es inexistente, ni el Gobierno central, ni el Principado de Asturias. Quizá el problema sea que la realidad ha terminado chocando contra las expectativas que acompañaron su regreso a la Alcaldía. Los grandes proyectos siguen encallados, los resultados no llegan al ritmo prometido y el gobierno municipal transmite una sensación creciente de desgaste y desorientación.

Cuando un liderazgo empieza a refugiarse en el conflicto permanente para explicar sus dificultades, corre el riesgo de perder de vista aquello para lo que fue elegido: gobernar, coordinar y ofrecer soluciones. Gijón necesita menos confrontación y más capacidad de acuerdo; menos relatos de agravios y más resultados tangibles. A menos de un año de las elecciones municipales, la cuestión ya no es si Carmen Moriyón conservará la Alcaldía hasta el final del mandato. La verdadera incógnita es si será capaz de reconstruir la confianza dentro de su propio gobierno y recuperar la iniciativa política antes de que la sensación de parálisis termine convirtiéndose en el principal balance de su regreso al poder.

Ya lo dijo Francisco de Quevedo: “La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde se encarama.”

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