El presidente del Partido Popular de Asturias, Álvaro Queipo, ha reclamado al Gobierno del Principado una revisión de la política fiscal y económica de la comunidad para reducir la carga tributaria de las familias y mejorar la competitividad empresarial.
Entre las medidas planteadas figura la deflactación del IRPF para todos los contribuyentes asturianos y la actualización de los límites de renta que permiten acceder a las deducciones autonómicas. Queipo sostiene que el aumento nominal de los salarios, derivado en parte del encarecimiento del coste de la vida, puede provocar que algunas familias superen esos límites y pierdan beneficios fiscales. El dirigente popular considera que el actual sistema tributario perjudica especialmente a las clases medias y acusa al Ejecutivo de Adrián Barbón de no haber adaptado los impuestos al efecto de la inflación. La información completa sobre estas propuestas puede consultarse en esta noticia.
Foto: el "trilero" político Álvaro Queipo con sus huestes de performance
Queipo también criticó el balance realizado por Barbón sobre sus siete años al frente del Principado y afirmó que no refleja la situación real de Asturias. Asimismo, atribuyó el reciente interés del Gobierno autonómico por las clases medias a la proximidad de las elecciones. Frente a la afirmación de Barbón de que la deflactación beneficia principalmente a quienes tienen mayores ingresos, el presidente del PP asturiano defendió que esta medida permitiría evitar que los contribuyentes paguen más impuestos únicamente por incrementos salariales vinculados a la inflación.
Durante la clausura de unas jornadas sobre industria, Queipo amplió sus propuestas al ámbito económico y empresarial. Destacó que la industria representa cerca del 21% del valor añadido bruto regional y emplea al 14,2% de los trabajadores, pero recordó que Asturias registró en el primer trimestre de 2026 un crecimiento del PIB del 1,9%, frente al 2,7% de la media nacional, además de varios meses de descenso de la producción industrial.
El dirigente popular señaló que la competitividad del sector depende especialmente del precio y la disponibilidad de la energía, la ejecución de infraestructuras como el anillo eléctrico, la existencia de suelo industrial y la reducción de los trámites administrativos. También propuso conectar mejor la formación con las necesidades de las empresas y desarrollar políticas de atracción y retorno de talento, acompañadas de financiación, ayudas al emprendimiento y medidas de apoyo al relevo empresarial. Los detalles de su intervención pueden leerse en esta información sobre las jornadas industriales.
En el mismo encuentro, la presidenta de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), María Calvo, defendió la necesidad de conservar y modernizar la industria existente mediante una alianza entre administraciones, empresas y sociedad. Calvo identificó como prioridades la disponibilidad de profesionales cualificados, el acceso a la energía y la estabilidad regulatoria, y destacó la importancia de explicar la necesidad de sistemas de almacenamiento para avanzar en el uso de energías limpias.
La trampa fiscal de Álvaro Queipo: prometer rebajas sin explicar quién pagará la factura
Álvaro Queipo pretende presentarse ahora como el gran defensor de las clases medias asturianas, pero sus propuestas fiscales están llenas de contradicciones, silencios y promesas sin respaldo económico. Habla de proteger a las familias frente a la inflación, aunque lo que realmente plantea es una rebaja generalizada de impuestos sin explicar cuánto costará, cómo se financiará ni qué servicios públicos tendrán que pagar las consecuencias.
El primer engaño aparece al comparar su discurso actual con el programa electoral presentado por el PP de Asturias en 2023. Entonces, el partido proponía corregir por la inflación únicamente los tres primeros tramos del IRPF, una medida orientada principalmente a las rentas bajas y medias. Ahora Queipo exige deflactar el impuesto para todos los contribuyentes (para los más pudientes también). Ha pasado de defender una corrección limitada a reclamar una rebaja que también beneficiaría a quienes tienen los ingresos más altos.
Queipo intenta mezclar deliberadamente dos cuestiones diferentes. Una cosa es actualizar los límites de renta de las deducciones para impedir que una familia pierda una ayuda por una subida salarial puramente nominal. Esa medida puede ser razonable. Otra muy distinta es utilizar ese problema como excusa para rebajar el IRPF de manera general. Bajo el discurso de proteger a las clases medias, Queipo introduce una reducción fiscal que alcanza también a quienes nunca estuvieron en peligro de perder ninguna deducción.
Su relato se vuelve todavía más insostenible cuando acusa al Gobierno asturiano de haber rechazado siempre cualquier alivio fiscal. Los documentos presupuestarios oficiales demuestran lo contrario. El informe de beneficios fiscales de Asturias para 2026 estima en más de 92 millones de euros las deducciones autonómicas del IRPF, frente a unos 36 millones en 2025. Se puede discutir su alcance o reclamar mejoras, pero negar su existencia es falsear la realidad para alimentar un discurso electoral.
La mayor irresponsabilidad de Queipo no está en proponer una rebaja concreta, sino en acumular promesas fiscales como si los ingresos públicos fueran ilimitados. El PP propone bajar el IRPF, bonificar prácticamente por completo Sucesiones y Donaciones entre familiares cercanos, eliminar Patrimonio, reducir otros tributos y conceder nuevas bonificaciones. Al mismo tiempo promete más gasto sanitario, más atención primaria, más ayudas sociales, más vivienda pública, más apoyo empresarial y más servicios… Es la cuadratura del círculo.
Lo quiere todo a la vez: recaudar menos, gastar más y no explicar de dónde saldrá el dinero, nada nuevo en la derecha extrema que hoy representa el PP y Foro Asturias.
El programa electoral del año 2023 calculaba en unos 40 millones de euros el coste de su propuesta sobre el IRPF, pero no ofrecía una estimación completa y creíble del agujero que produciría el conjunto de sus rebajas. Como supuesto ahorro destacaba la reducción de determinadas subvenciones nominativas, aproximadamente 13 millones de euros anuales. Esa cantidad resulta claramente insuficiente para compensar todas las supresiones, bonificaciones y reducciones tributarias prometidas.
Los Presupuestos Generales de Asturias para 2026 prevén ingresos de 32 millones de euros por el Impuesto sobre el Patrimonio y de 118 millones por Sucesiones y Donaciones. Eliminar o bonificar estos impuestos supone reducir de manera permanente los recursos del Principado. Queipo evita decir qué partidas sustituirían esos ingresos porque reconocerlo desmontaría su propaganda.
Cuando un gobierno reduce de forma permanente sus ingresos, las alternativas son limitadas: recortar servicios, frenar inversiones, aumentar otros impuestos y tasas o incrementar el endeudamiento. Tampoco sirve invocar la Curva de Laffer como nos acostumbra a decir el PP como si fuera una fórmula mágica que garantizase que toda rebaja fiscal termina aumentando la recaudación. Esa teoría únicamente plantea que, cuando un impuesto ha alcanzado un nivel tan elevado que desincentiva gravemente la actividad económica o favorece la evasión, una reducción podría ampliar suficientemente la base imponible como para recuperar ingresos. Pero el PP no ha demostrado que Asturias se encuentre en ese punto, no ha calculado dónde estaría ese supuesto umbral ni ha presentado una estimación seria de cuánto crecimiento adicional generarían sus rebajas. Mucho menos ha probado que bonificar Patrimonio o Sucesiones vaya a crear una actividad económica capaz de compensar la pérdida inmediata de recaudación. Repetir que bajar impuestos siempre permite recaudar más no es aplicar la curva de Laffer, sino convertir una hipótesis económica condicionada en un acto de fe. Si esos ingresos extraordinarios no aparecen, la factura acabará llegando a los asturianos mediante una sanidad más debilitada, menos recursos para la dependencia, menor inversión educativa, menos vivienda pública y peores servicios en los concejos rurales.
Además, la eliminación de Patrimonio y las grandes bonificaciones en Sucesiones no benefician por igual a toda la población. Quien no posee un patrimonio elevado o no recibe una herencia importante obtiene poco o ningún beneficio directo. Sin embargo, todos los ciudadanos dependen de los servicios financiados con esos ingresos. El resultado puede ser una transferencia profundamente desigual: ahorro para quienes más tienen y deterioro de los recursos públicos utilizados por la mayoría… Este es el veneno que regala el PP a los asturianos.
Ese es el verdadero contenido de la política fiscal de Queipo. Presentar como defensa de las clases medias una batería de rebajas que favorece también a las rentas y patrimonios más altos, ocultar su coste real y confiar en que nadie pregunte qué ocurrirá con los servicios públicos. Queipo critica al Gobierno por vivir en una “realidad paralela”, pero es él quien pretende gobernar mediante una contabilidad imaginaria. Promete menos impuestos y más servicios sin publicar una memoria económica completa, sin cuantificar la pérdida total de ingresos y sin identificar un solo recorte concreto. Eso no es una alternativa fiscal seria: es populismo tributario de la peor estofa política.
Antes de dar lecciones, Queipo debería responder con claridad a tres preguntas: cuánto dejaría de ingresar Asturias, quién se beneficiaría realmente de cada rebaja y qué servicios se recortarían si sus previsiones no se cumplen. Mientras no lo haga, sus propuestas no son un plan para mejorar la vida de los asturianos, sino un cheque en blanco cuyo coste terminarían pagando precisamente aquellos a quienes dice defender.
El laboratorio autonómico del PP: deteriorar lo público, favorecer lo privado y restringir derechos
Para saber qué podría significar un Gobierno de Álvaro Queipo en Asturias no es necesario recurrir a exageraciones ni imaginar escenarios apocalípticos. Basta con observar lo que hace el Partido Popular en las comunidades donde gobierna en solitario y leer los acuerdos que ha firmado con Vox allí donde necesita a la extrema derecha. El resultado no es una defensa más eficaz de los servicios públicos, sino un modelo reconocible: menor esfuerzo en los servicios esenciales, expansión de la iniciativa privada, rebajas fiscales que reducen los ingresos disponibles y restricciones ideológicas o administrativas para acceder a determinadas prestaciones.
Galicia ofrece el ejemplo más cercano de un Gobierno monocolor del PP mantenido durante años. En abril de 2026, el Consello de Contas de Galicia publicó su fiscalización de la Atención Primaria y alertó de que el peso de este nivel asistencial se encontraba por debajo de la media española y muy lejos de las recomendaciones internacionales. El informe también reflejó una desigualdad territorial especialmente grave: alrededor del 40 % de los municipios gallegos carecía de pediatría en sus centros de salud y otro 30 % tenía que compartir el servicio con otros municipios. No se trata de propaganda de la oposición, sino de las conclusiones del órgano público encargado de fiscalizar las cuentas y la gestión de la Xunta.
El deterioro también alcanza a la salud mental. Otra auditoría del Consello de Contas sobre los planes de salud mental de la Xunta concluyó que las actuaciones desarrolladas no habían conseguido reducir las listas de espera ni los tiempos medios para acceder a una primera consulta de psiquiatría. El organismo fiscalizador advirtió además de diferencias territoriales en el acceso, con mayores problemas en áreas como Lugo y Ourense. Mientras el Gobierno gallego anuncia planes y estrategias, una parte de la población sigue dependiendo de su código postal para recibir una atención especializada en un plazo razonable.
Este es uno de los métodos habituales del PP: negar que existan recortes porque el presupuesto nominal aumenta, aunque ese aumento no compense el encarecimiento de los servicios, las necesidades de una población envejecida o la falta de profesionales. Un servicio público puede recibir más euros que diez años antes y estar, al mismo tiempo, más saturado, más debilitado y peor distribuido territorialmente. En Galicia, el castigo se concreta en consultorios sin pediatría, plantillas insuficientes, dificultades para cubrir plazas y demoras que empujan a quienes pueden permitírselo hacia consultas privadas. Los demás esperan.
En las comunidades donde el PP gobierna con Vox, el ataque no se limita a la financiación. En el año 2026, ambos partidos alcanzaron acuerdos de gobierno en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Los cuatro documentos incorporan la denominada “prioridad nacional” para acceder a ayudas públicas y viviendas protegidas, establecen requisitos reforzados de arraigo y empadronamiento, proponen reducir a la mitad determinadas subvenciones a sindicatos y organizaciones sociales, avanzan en la concertación privada del Bachillerato y eliminan el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí de los centros educativos. No son declaraciones aisladas: son compromisos incluidos en acuerdos que garantizan la estabilidad y los presupuestos de esos gobiernos.
La llamada “prioridad nacional” supone sustituir la universalidad de los servicios sociales por un sistema que clasifica a las personas según su origen, residencia previa o tiempo de empadronamiento. Las prestaciones dejan de depender únicamente de la necesidad acreditada y pasan a condicionarse mediante barreras administrativas diseñadas por Vox y aceptadas por el PP. El castigo recae sobre familias vulnerables, trabajadores migrantes, jóvenes recién emancipados o personas que han cambiado de comunidad por razones laborales y todavía no cumplen el periodo de arraigo exigido. Cuando un Gobierno restringe una ayuda social a quien reúne los requisitos económicos pero no supera una prueba política de pertenencia, no está gestionando mejor los recursos: está utilizando la pobreza para dividir a la población… De esto el PP sabe mucho.
Andalucía muestra con especial claridad la combinación de rebajas fiscales, privatización y debilitamiento de determinadas políticas públicas. El acuerdo firmado en julio de 2026 por el PP y Vox incluye rebajas tributarias valoradas en aproximadamente 325 millones de euros, la reducción del 50 % de las ayudas a los sindicatos, restricciones en el acceso a prestaciones y vivienda pública, y la disminución progresiva de fondos destinados a cooperación internacional. También garantiza el apoyo de Vox a los presupuestos autonómicos durante toda la legislatura. El PP reduce ingresos mientras entrega a la extrema derecha capacidad para decidir quién merece recibir determinadas ayudas y qué programas públicos deben desaparecer.
Esta política se desarrolla sobre unos servicios que ya muestran graves tensiones. Las universidades públicas andaluzas denunciaron en diciembre de 2025 que la Junta había incumplido por segundo año consecutivo el modelo de financiación acordado. Los rectores advirtieron de que las cantidades transferidas no cubrían adecuadamente los costes estructurales del sistema. Paralelamente, el Servicio Andaluz de Salud puso en marcha un acuerdo marco para contratar con empresas privadas procedimientos quirúrgicos destinados a reducir las listas de espera. La respuesta del PP ante el deterioro de la capacidad pública no consiste prioritariamente en reconstruirla, sino en comprar actividad al sector privado, consolidando su dependencia de empresas que obtienen negocio de las carencias del sistema público.
El mismo patrón se observa en la Comunidad Valenciana, donde el PP no comparte formalmente todas las áreas del Ejecutivo con Vox, pero acepta sus votos para aprobar medidas esenciales. En julio de 2026, el PP respaldó las enmiendas de Vox que endurecen los requisitos de acceso a servicios sociales. Entre ellas figura la ampliación de uno a tres años del periodo de residencia necesario para acceder a la Renta Valenciana de Inclusión. Una persona puede carecer de ingresos, tener menores a su cargo y encontrarse en una situación de emergencia, pero quedar excluida por no haber vivido el tiempo suficiente en la comunidad. Ese es el significado práctico de la “prioridad nacional”: menos protección precisamente para quienes se encuentran en una situación más vulnerable.
También resulta significativo que los acuerdos PP-Vox prevean extender la concertación del Bachillerato. Concertar nuevas etapas educativas significa destinar más recursos públicos a centros de titularidad privada mientras numerosos centros públicos necesitan obras, personal de apoyo, reducción de ratios y refuerzo de la Formación Profesional. La libertad de elección que proclama la derecha termina convirtiéndose en libertad empresarial para recibir fondos públicos, mientras la red pública debe atender a toda la población, mantener centros rurales poco rentables y escolarizar al alumnado con mayores necesidades.
El castigo tampoco afecta por igual a toda la ciudadanía. Quien dispone de dinero puede contratar un seguro sanitario cuando no consigue cita, pagar una residencia privada, llevar a sus hijos a un centro privado o asumir el coste de una vivienda en el mercado. Quien depende exclusivamente de lo público soporta las listas de espera, la falta de profesionales, el cierre de servicios rurales y las restricciones de acceso. Por eso las rebajas fiscales acompañadas de deterioro público no representan simplemente una reducción del tamaño de la Administración: trasladan costes desde el presupuesto colectivo a los bolsillos particulares y aumentan las diferencias entre quienes pueden pagar y quienes tienen que esperar.
Este es el modelo que Asturias debe examinar cuando Queipo promete menos impuestos sin identificar qué ingresos sustituirá. Galicia demuestra que un Gobierno monocolor del PP puede mantener durante años una Atención Primaria insuficientemente financiada y territorialmente desigual. Andalucía enseña cómo se amplían los conciertos privados mientras las universidades públicas denuncian problemas estructurales de financiación. Los nuevos pactos de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía muestran que el precio de gobernar con Vox incluye restringir prestaciones, recortar programas sociales y educativos y condicionar el acceso a las ayudas mediante criterios de arraigo.
No hace falta llamar “eficiencia” a lo que termina siendo abandono, ni “colaboración público-privada” a la dependencia creciente de empresas privadas, ni “prioridad nacional” a la exclusión de personas vulnerables. Los hechos muestran un modelo político en el que se reducen impuestos, se debilita la capacidad directa de los servicios públicos y después se utiliza su deterioro como argumento para privatizarlos. El beneficio queda en manos de quienes pueden pagar y de las empresas que reciben contratos; el castigo lo sufren quienes dependen de una sanidad, una educación, una dependencia y unos servicios sociales universales.
Álvaro Queipo ha asegurado que, tras las elecciones autonómicas de 2027, Asturias vivirá un “cambio a mejor” que pondrá fin al que denomina “régimen socialista” después de cuarenta años. Durante un acto del PP en Gijón, afirmó que su partido tiene por delante un año de “intenso trabajo” para lograr un futuro “brillante” para el Principado.
Queipo sostuvo que en el Gobierno asturiano y en la Federación Socialista “ya se notan los nervios” y acusó al PSOE de querer presentarse ahora como defensor de las clases medias, las infraestructuras y El Musel después de años de abandono. También reivindicó las propuestas del PP en materia fiscal, vivienda, apoyo a los autónomos y comunicaciones, y afirmó que su formación no pretende únicamente “cambiar unas siglas por otras”, sino transformar “una manera de gobernar”.
El dirigente popular se mostró convencido de que el PP ganará las próximas elecciones autonómicas y presentó la gestión del Ayuntamiento de Gijón como ejemplo de que ese cambio es posible (si vemos los años de la gestión de Moriyón en sociedad con el partido de Queipo y un tránsfuga es para echarse a llorar, ni una sola vivienda pública construida, el vial de Jove esta como hace algo más de tres años, problemas de movilidad, etc.). Una seguridad sorprendente para quien todavía no ha explicado cómo financiaría sus promesas fiscales ni qué consecuencias tendría su modelo sobre los servicios públicos asturianos. Vivir para ver https://tinyurl.com/mwby7vj4
Para terminar el post quiero manifestar que Álvaro Queipo puede envolver sus promesas fiscales en discursos sobre libertad, familias y clases medias, pero la experiencia de los gobiernos del PP muestra el resultado real: menos ingresos públicos, servicios debilitados, privatizaciones y ventajas concentradas en quienes más tienen. Cuando las cuentas no cuadran, nunca pagan la factura los grandes patrimonios; la pagan quienes esperan meses por una consulta, quienes necesitan una plaza de dependencia, quienes estudian en la educación pública o quienes viven en concejos donde cada servicio perdido supone un nuevo paso hacia el abandono.
Queipo no ofrece un proyecto económico serio, sino la vieja estafa de prometer menos impuestos y más servicios sin explicar de dónde saldrá el dinero. Detrás de esa propaganda hay una elección muy clara: aliviar a los más pudientes y trasladar el coste a la mayoría. Asturias no necesita vendedores de humo ni contabilidad imaginaria. La política puede obligarnos demasiadas veces a escoger la opción menos mala, porque ninguna sigla merece un cheque en blanco; pero precisamente por eso conviene juzgar a cada partido no por lo que promete antes de las elecciones, sino por lo que hace cuando gobierna. Y allí donde gobierna el PP, los más débiles suelen pagar mientras los privilegiados reciben la recompensa.
Ya lo dijo Nelson Mandela: «La pobreza no es natural: ha sido creada por el ser humano y puede ser erradicada por él».


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