PLAYAS ABANDONADAS, FOTOS OFICIALES Y SILENCIO POLÍTICO EN LLANES

 

La Playa de Poo, en el concejo de Llanes, vuelve a situarse en el centro de la actualidad turística asturiana tras ser reconocida como la mejor playa de España 2026 por los lectores de Condé Nast Traveler. El arenal llanisco, que ya había sido seleccionado como la mejor playa de Asturias, se impuso finalmente en la votación nacional organizada por la publicación especializada en viajes y estilo de vida, consolidando así su posición como uno de los enclaves costeros más singulares del norte peninsular.

Según recoge también la prensa regional, entre ella Cope Ribadesella, la elección de Poo supone un reconocimiento al valor paisajístico, familiar y turístico de una playa que desde hace años figura entre las más apreciadas del litoral asturiano. Su configuración natural, situada al final de una ría y protegida por acantilados, convierte este arenal en un espacio especialmente reconocible dentro de la costa oriental de Asturias.

La propia Condé Nast Traveler define la Playa de Poo como un “auténtico paraíso terrenal” y destaca su ubicación, rodeada de vegetación y con vistas al entorno montañoso asturiano. Uno de sus rasgos más característicos es el efecto que produce la marea. Cuando sube, el agua entra por la ría y cubre los arenales blancos, formando una gran zona de baño tranquila, de poco fondo y resguardada del oleaje abierto del Cantábrico. Por esa razón, muchos visitantes la consideran una especie de piscina natural de agua salada, especialmente adecuada para familias y bañistas de distintas edades.

En bajamar, el paisaje cambia por completo. La retirada del agua deja al descubierto una estampa distinta, abierta al paseo entre arenales y acantilados, con un recorrido natural hacia el mar que refuerza el atractivo de una playa marcada por la variación constante de la luz, la marea y el entorno. Esa dualidad entre pleamar y bajamar es una de las claves que explican la singularidad de Poo frente a otros arenales más convencionales.

El reconocimiento del año 2026 toma el relevo de Cala Bassa, en Ibiza, que fue elegida mejor playa de España en 2025 por los lectores de la misma publicación. En ediciones anteriores, el premio también había recaído en arenales como Zarautz, Bolonia, Valdevaqueros, San Antonio del Mar o Papagayo, lo que sitúa ahora a la playa llanisca dentro de una relación de espacios costeros de referencia en el turismo nacional.

El resultado de este año deja además una lectura destacada: las tres primeras posiciones del ranking están ocupadas por playas bañadas por aguas atlánticas. La clasificación publicada por Condé Nast Traveler sitúa en primer lugar a la Playa de Poo, en Llanes; en segundo lugar a la Playa de Los Locos, en Suances; y en tercer lugar a la Playa de Bolonia, en Tarifa. La publicación vincula este protagonismo atlántico con la búsqueda de destinos costeros más frescos ante el aumento de las temperaturas y el calor sofocante que afecta a otras zonas del país durante el verano.

El listado de las diez mejores playas de España 2026 queda encabezado por la Playa de Poo, seguida de la Playa de Los Locos, la Playa de Bolonia, Playa Norte de Peñíscola, Ses Illetes en Formentera, Playa de Laida en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, Praia de Augas Santas o Praia das Catedrais en Ribadeo, Playa de Calblanque en Cartagena, Playa de las Conchas en La Graciosa y Playa Illa Roja en Begur.

A su atractivo natural se suma la dotación de servicios. La información turística oficial de Turismo Asturias señala que la Playa de Poo cuenta con arena blanca, acceso rodado, duchas, aparcamiento, servicio de hostelería y servicio de salvamento. Esta combinación de paisaje, tranquilidad y servicios explica que el arenal sea una opción especialmente demandada durante la temporada alta.

El entorno también dispone de oferta hostelera y establecimientos próximos que permiten pasar la jornada completa en la zona. A ello se añade la existencia de alojamientos cercanos, incluido un camping, así como zonas de aparcamiento habilitadas. No obstante, el alto nivel de ocupación en verano hace que las plazas disponibles puedan resultar insuficientes en las horas centrales del día, por lo que se recomienda llegar temprano o valorar alternativas de transporte.

En este sentido, la línea ferroviaria próxima a Poo se presenta como una opción práctica para evitar los problemas de aparcamiento en temporada alta. La cercanía del pueblo y la conexión con Llanes refuerzan la accesibilidad de una playa que combina el atractivo natural de la costa oriental asturiana con servicios básicos para el visitante. Con este reconocimiento, la Playa de Poo no solo obtiene un título turístico de alcance nacional, sino que vuelve a poner a Llanes y a Asturias en el mapa de los grandes destinos costeros españoles. Su elección como mejor playa de España confirma el valor de un arenal que destaca por su paisaje, su seguridad en pleamar, su carácter familiar y su capacidad para ofrecer una experiencia cambiante según el ritmo de las mareas https://bit.ly/4vO5SPO


                         
 Foto: Playa de Poo

Condé Nast Traveler es una revista internacional especializada en viajes y estilo de vida, perteneciente al grupo editorial Condé Nast. En su edición española se presenta como una cabecera de referencia para destinos, hoteles, experiencias, gastronomía, naturaleza y tendencias turísticas, con presencia internacional en países como España, Reino Unido, Estados Unidos, Italia, India, China, Oriente Medio y Alemania. La propia publicación destaca que cuenta con más de 30 años de trayectoria y que reúne a una audiencia amplia a través de edición impresa, web, redes sociales y eventos https://tinyurl.com/mr29bt9y

El ranking de playas que publica tiene valor principalmente mediático, turístico y reputacional. No es una certificación oficial del Estado, ni un informe técnico de seguridad, calidad ambiental, accesibilidad o sostenibilidad. Es decir, no equivale a una bandera azul, a una auditoría pública ni a un estudio científico. Su fuerza está en otra cosa: en la capacidad de una marca internacional de viajes para poner un destino en el escaparate nacional e internacional.

En el caso de la Playa de Poo, el reconocimiento procede de una votación de lectores. Condé Nast Traveler explicó que “los votos” de sus lectores situaron a la playa llanisca en el primer puesto del Premio Condé Nast Traveler a la Mejor Playa de España del año 2026. La propia revista publicó que la elección se hizo entre playas candidatas y que los lectores participaron en la votación final.

Por tanto, el valor del ranking debe entenderse con precisión: no dice que Poo sea objetivamente la mejor playa de España en todos los parámetros posibles, sino que ha sido la playa más respaldada dentro de una votación organizada por una publicación de prestigio en el sector turístico. Eso le da un valor notable como escaparate promocional, porque Condé Nast Traveler tiene influencia entre viajeros, medios, hoteles, agencias, destinos y lectores interesados en turismo de calidad.

También hay que distinguir entre los grandes premios internacionales de la cabecera, como los Readers’ Choice Awards, y este premio concreto a la mejor playa de España. En sus premios de lectores, Condé Nast Traveler explica que las votaciones se realizan mediante encuestas, con candidatos por categorías y tabulación de resultados por la propia Condé Nast. En el caso de las playas españolas, la publicación lo presenta como una elección abierta a sus lectores, con una fase final y una ganadora oficial del premio https://tinyurl.com/mrx9r565  

Dicho de forma clara, el ranking tiene valor como reconocimiento editorial y popular dentro del mundo del turismo, pero no debe venderse como una certificación técnica absoluta. Su importancia está en la visibilidad que genera. Para Poo, para Llanes y para Asturias, aparecer como la mejor playa de España en Condé Nast Traveler supone un impulso de imagen, una llamada de atención para el visitante y una oportunidad promocional evidente. Pero ese prestigio también exige gestión: accesos, aparcamiento, limpieza, seguridad, servicios, control de afluencia y protección del entorno deben estar a la altura del escaparate que ahora recibe la playa.

La satisfacción por el reconocimiento recibido por la Playa de Poo no debe ocultar una realidad que los llaniscos y los asturianos no pueden pasar por alto. Que un arenal del concejo de Llanes haya sido elegido como la mejor playa de España por los lectores de Condé Nast Traveler es una excelente noticia para Poo, para Llanes y para Asturias. Pero precisamente ese galardón pone aún más en valor el enorme tesoro natural que tiene el concejo y, al mismo tiempo, deja en evidencia la falta de una política municipal ambiciosa, constante y eficaz para cuidar, promocionar y defender ese patrimonio.

Llanes cuenta con más de 30 playas, arenales y calas, tal y como recoge la propia información turística del concejo en Turismo Llanes, donde se presenta la costa llanisca como uno de sus grandes activos naturales. Sin embargo, ese potencial convive con un dato difícil de justificar: Llanes no tiene Banderas Azules desde el año 2018. El último año en el que el concejo sí contó con este distintivo fue 2017, cuando lo lucían las playas de Barro, Palombina, Toró y El Sablón.

En 2018, esas cuatro playas dejaron de tener Bandera Azul porque el Ayuntamiento de Llanes decidió renunciar a solicitar el distintivo. Así lo recogió entonces Cope Ribadesella, señalando que Barro, Palombina, Toró y El Sablón perdían la bandera por la decisión del gobierno municipal ultra de no concurrir a esas distinciones. No fue, por tanto, una pérdida accidental ni una sanción sobrevenida: fue una decisión política y administrativa del gobierno local.

La situación se ha mantenido en el tiempo. En el año 2024, la ausencia de Banderas Azules en Llanes volvió a generar debate político, y la coalición de gobierno formada por VecinosXLlanes y PP confirmó que la falta de distintivos se debía a que no se habían solicitado. Así lo publicó de nuevo Cope Ribadesella, recogiendo también las explicaciones del alcalde ultra, Enrique Riestra, que defendía optar por otros reconocimientos como la Q de Calidad o Ecoplayas.

El contraste es evidente. Mientras España lidera en 2026 el ranking mundial de Banderas Azules y Asturias suma 16 playas reconocidas, Llanes sigue fuera del listado. Según la información publicada por EFE, las playas asturianas con Bandera Azul en 2026 se reparten entre Castrillón, Castropol, Tapia de Casariego, Cudillero, Muros del Nalón, Navia, Valdés, Villaviciosa y El Franco. En esa relación no aparece ningún arenal llanisco.

El dato territorial también resulta significativo. En el año 2026, desde Villaviciosa, donde sí figuran Rodiles y La Ñora, hasta la frontera con Cantabria, no aparece ninguna playa con Bandera Azul en el listado asturiano publicado por Cadena SER. Esto deja fuera a a la totalidad del oriente costero asturiano, incluido un concejo como Llanes, que históricamente ha sido uno de los grandes referentes turísticos de la región.

Por eso, el reconocimiento de la Playa de Poo debe celebrarse, pero no puede utilizarse como cortina de humo. Al contrario, debería servir para exigir más. Si una sola playa de Llanes puede alcanzar semejante proyección nacional por su belleza, su singularidad y su atractivo natural, resulta todavía menos comprensible que el conjunto del litoral llanisco lleve desde 2018 sin Banderas Azules. El problema no está en la falta de patrimonio, sino en la falta de una estrategia pública capaz de convertir ese patrimonio en una política seria de calidad, protección, promoción y servicios.

Llanes tiene uno de los litorales más valiosos de Asturias. Tiene playas conocidas dentro y fuera de la región, arenales familiares, calas naturales, paisajes protegidos, hostelería, turismo, identidad y una marca costera de enorme potencia. Lo que no tiene desde el año 2015 que gobierna la ultraderecha de VecinosxLlanes y PP es una política municipal a la altura de ese capital natural. Y esa ausencia no puede normalizarse.

La Playa de Poo ha recibido un galardón que proyecta a Llanes en toda España. Pero ese éxito no debe tapar la pregunta de fondo: cómo es posible que un concejo con más de 30 playas, con una fuerza turística incuestionable y con arenales que durante años tuvieron Bandera Azul, haya renunciado desde 2018 a competir por un distintivo que reconoce calidad ambiental, servicios, seguridad y gestión. Celebrar Poo es justo. Exigir que Llanes cuide todo su litoral también lo es. 

La imagen del gobierno municipal de Llanes promocionando las playas del concejo con la Bandera Q de Calidad Turística merece una reflexión seria. No porque la Q carezca de valor, sino porque ese reconocimiento no puede utilizarse como sustituto político ni comunicativo de una ausencia mucho más llamativa: Llanes continúa sin Banderas Azules desde 2018.

La información publicada por Cope Ribadesella recoge que las playas de Toró y Palombina, en Llanes, han recibido un año más la Bandera Q de Calidad Turística, distintivo concedido por el ICTES y vinculado al cumplimiento de la norma UNE-ISO 13009. La misma información señala que Toró mantiene esta certificación desde 2006 y Palombina desde 2004, ambas de forma ininterrumpida. Es un dato positivo, porque acredita una gestión turística certificada en esos dos arenales concretos.

Pero el problema está en el contraste. Llanes no tiene más de dos playas. Llanes tiene uno de los litorales más potentes de Asturias, con decenas de arenales, playas y calas, y el hecho de que solo se exhiban determinados distintivos en Toró y Palombina no puede tapar la realidad de fondo: el concejo dejó de tener Banderas Azules en el año 2018, cuando Barro, Palombina, Toró y El Sablón perdieron ese reconocimiento por la decisión del gobierno municipal ultra de renunciar a solicitarlo, según publicó entonces Cope Ribadesella.

La Bandera Q certifica calidad turística en la prestación de servicios, equipamientos, limpieza, seguridad, información, accesos y gestión de uso público. No es un distintivo irrelevante ni debe despreciarse. La propia noticia sobre Ribadesella y Llanes señala que para obtenerla hay que superar una auditoría externa y cumplir requisitos vinculados a la norma UNE-ISO 13009. Ahora bien, una cosa es reconocer el valor de la Q y otra muy distinta presentarla como si resolviera la ausencia de Banderas Azules en el conjunto del litoral llanisco.

La Bandera Azul tiene otro significado público y turístico. Según la propia organización Bandera Azul, sus criterios se dividen en información y educación ambiental, calidad del agua, gestión ambiental, seguridad y servicios. Exige, entre otras cuestiones, calidad excelente de las aguas de baño, cumplimiento de la legislación ambiental, limpieza, gestión de residuos, accesos seguros, socorrismo y primeros auxilios. Por tanto, no se trata solo de una marca promocional, sino de un distintivo asociado a una lectura más amplia de calidad ambiental, servicios y seguridad.

Por eso resulta discutible que el gobierno municipal se conforme con hacerse fotos con la Q mientras mantiene al concejo fuera del mapa de las Banderas Azules. En el año 2026, Asturias cuenta con 16 playas con Bandera Azul repartidas en nueve municipios, entre ellos Villaviciosa, con La Ñora y Rodiles, pero ninguna playa de Llanes aparece en la relación oficial de arenales galardonados por ADEAC. El listado asturiano incluye playas de Castrillón, Castropol, Tapia de Casariego, Cudillero, El Franco, Muros de Nalón, Navia, Valdés y Villaviciosa, pero no al concejo llanisco.


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La cuestión de fondo no es elegir entre la Q y la Bandera Azul, como si un distintivo excluyera al otro. La obligación de un gobierno municipal que presume de playas debería ser aspirar a todos los reconocimientos posibles cuando el patrimonio natural lo permite. Llanes tiene paisaje, tiene marca turística, tiene playas conocidas dentro y fuera de Asturias y tiene una oportunidad evidente para reforzar su posición como destino costero de calidad. Lo que no puede hacer es convertir un reconocimiento parcial en coartada para no responder por una renuncia que dura ya desde el año 2018.

La foto con la Bandera Q puede servir para la promoción institucional de un día. Pero la ausencia continuada de Banderas Azules habla de una política de playas mucho más limitada. En un concejo como Llanes, con un litoral excepcional y con una playa como Poo reconocida como la mejor de España por los lectores de Condé Nast Traveler, la exigencia no puede ser menor. Al contrario: cuanto mayor es el valor natural del municipio, mayor debe ser la responsabilidad política de cuidarlo, certificarlo, promocionarlo y ponerlo a la altura de lo que representa para Asturias.

La Playa de Poo es hoy motivo de orgullo para Llanes después de haber sido elegida como la mejor playa de España por los lectores de Condé Nast Traveler. Pero ese reconocimiento no puede servir para tapar una realidad incómoda: Poo, como otros arenales del concejo, ha sufrido episodios de contaminación vinculados a problemas de saneamiento municipal que obligan a mirar de frente la gestión pública del litoral llanisco.

Conviene recordar que el 30 de agosto de 2018 la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies denunció ante la Consejería de Infraestructuras nuevos vertidos de aguas residuales y fecales a la Playa de Poo. Según aquella información, las aguas residuales procedentes de una estación de bombeo próxima a la playa se desbordaban y acababan en el arenal debido a las lluvias. La denuncia señalaba que esos vertidos continuados eran una de las principales causas de contaminación de una playa considerada una de las más bellas del litoral asturiano, y reclamaba al Principado y al Ayuntamiento de Llanes mejoras en el sistema de saneamiento para evitar que las arquetas del colector acabasen desaguando en la playa https://tinyurl.com/43hyvn2k

El problema descrito no era menor. La información publicada entonces detallaba que el colector recogía aguas residuales de Posada, Lledías, Niembro, Barro y Celorio, y que estas podían salir hacia la playa cada vez que llovía. También recogía la advertencia de los ecologistas sobre el déficit de instalaciones de saneamiento en concejos costeros asturianos sometidos a fuertes incrementos de población en verano, con problemas de capacidad en colectores y de calidad en la depuración.

Ese antecedente debe estar presente cuando se habla hoy del éxito turístico de Poo. Una playa puede ser un paraíso natural y, al mismo tiempo, estar expuesta a las consecuencias de una gestión municipal deficiente si el saneamiento no está a la altura. Precisamente por eso, el reconocimiento de Condé Nast Traveler no debería ser usado solo para la fotografía institucional, sino como una llamada de atención sobre la obligación de proteger un bien público que pertenece a todos.

Además, no se trata de un episodio aislado en la memoria reciente del concejo. En julio de 2024 se denunció el vertido de aguas fecales al río Ereba, en Nueva, un río que desemboca en la playa de Cuevas del Mar https://tinyurl.com/2vehkb49  Según la información publicada, el vertido se vinculaba a la parada de un sistema de bombeo que daba servicio a 25 viviendas, después de años de conflicto entre vecinos y Ayuntamiento por el saneamiento de la zona.

En agosto de 2025, de nuevo, las playas de Poo y El Sablón aparecieron en revisión por parte de la Consejería de Salud ante posibles episodios de contaminación orgánica. La Coordinadora Ecoloxista sostuvo entonces que no era un problema puntual, sino una situación que se repetía en verano por el mal saneamiento de las aguas residuales urbanas y la saturación del sistema en épocas de mayor carga. La misma información recogía la presencia de contaminación por Enterococo intestinal y Escherichia coli, con ambas playas pendientes de confirmación sobre su estado.

La responsabilidad política no puede esconderse detrás de premios, rankings o distintivos turísticos. El propio Gobierno del Principado recuerda que las autoridades locales tienen competencias directas en las playas: mantener la limpieza, higiene y salubridad de los arenales, informar sobre la calificación sanitaria y vigilar posibles puntos de vertido cercanos que puedan suponer riesgo de contaminación.

Por eso la crítica a la gestión municipal de Llanes es obligada. No basta con celebrar que la Playa de Poo sea reconocida como una de las mejores playas de España si al mismo tiempo el concejo arrastra antecedentes de vertidos, problemas de saneamiento, ausencia de Banderas Azules desde 2018 y episodios recurrentes de contaminación en algunos de sus arenales. Gobernar un municipio turístico no es hacerse fotos cuando llega un premio; gobernar es prevenir, invertir, mantener, vigilar y dar explicaciones cuando el patrimonio natural se ve amenazado.

La Playa de Poo no necesita propaganda ultra de un gobierno de incompetentes: necesita protección. Y Llanes no necesita administradores que vivan de la postal mientras el saneamiento vuelve una y otra vez al centro del problema. Un concejo con más de treinta arenales, con playas de valor excepcional y con una marca turística reconocida dentro y fuera de Asturias, no puede permitirse una política de litoral basada en la reacción tardía, la foto fácil y la falta de rendición de cuentas.

El reconocimiento a Poo debería servir para exigir más, no para conformarse. Porque cuando una playa que acaba de ser elevada al escaparate nacional ha tenido que convivir con denuncias por vertidos fecales, la pregunta ya no es si Llanes tiene un tesoro natural. Eso lo sabe cualquiera que conozca el concejo. La verdadera pregunta es si quienes gobiernan el municipio están actuando con la responsabilidad, el respeto a la legalidad y la vocación de servicio público que exige la protección de ese patrimonio. Y la respuesta, para muchos llaniscos, hace tiempo que dejó de ser una incógnita.

Para terminar el post quiero manifestar que el problema de Llanes no es la falta de playas, ni de paisaje, ni de atractivo turístico. El problema es la desidia de un gobierno municipal que presume del patrimonio cuando llegan los premios, pero no demuestra la misma diligencia cuando toca cuidarlo, mantenerlo, sanearlo y protegerlo. Las playas llaniscas no pueden ser solo un decorado para la foto institucional ni una postal de temporada: son un bien público, un activo ambiental y económico, y una responsabilidad política de primer orden.

Y frente a esa dejación, tampoco basta una oposición socialista que aparece en los plenos para dejar constancia, pero que demasiadas veces convierte el silencio en costumbre cuando el concejo exige firmeza. Llanes necesita gobierno, control y exigencia; no propaganda, resignación ni gestos vacíos. Porque cuando se abandona el litoral, no se deteriora solo una playa: se deteriora la credibilidad de quienes tienen la obligación de defenderla.

Ya lo dijo Winston Churchill: “El precio de la grandeza es la responsabilidad.”

 

 

 

 

 

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