Hoy hubo un pleno ordinario del Ayuntamiento de Llanes que viene tras el hecho ocurrido por la dimisión de Juan Valladares. Si tuviera que calificar el pleno diría que solo hay una palabra para describir el mismo… esperpento (deformar la realidad sistemáticamente resaltando sus rasgos grotescos, absurdos y trágicos). Y como no puede ser de otra manera, voy a meterme en el barro de la sucia política que hoy vivimos los ciudadanos que vivimos en Llanes con un gobierno de la ultraderecha, VecinosxLlanes y PP. Tras once años de un gobierno municipal ultra que ha socavado y erosionado la democracia en Llanes hasta niveles que producen alergia al llanisco ajeno a la política, como el ciudadano que escribe en este blog. Lo sucedido hoy en él Ayuntamiento de Llanes merece cuando menos una reflexión que no vi en las intervenciones de la oposición socialista que se sienta en dicho pleno. Lo primero que voy hacer es empezar por la intervención del ínclito personaje del “sombrerito” Juan Valladares. Su intervención se conoce como “falacia tu quoque” —“tú también”— o, en lenguaje más común, desviar la culpa. Consiste en no asumir el propio error y responder señalando los errores del otro. También puede llamarse falsa disculpa, porque parece una disculpa, pero en realidad busca justificarse o atacar.
Foto del pleno con la intervención del ya exconcejal Juan ValladaresUna disculpa verdadera exige reconocer el daño causado sin convertir al otro en acusado. Para los filósofos griegos, esa estrategia estaría más cerca de la sofística que de la verdad. El filósofo Sócrates habría visto en dicha intervención una forma de escapar del examen honesto de uno mismo: en vez de preguntarse “¿he obrado mal?”, la persona intenta ganar la discusión. No busca corregirse, sino quedar por encima.
Platón desconfiaba de ese tipo de discurso porque usa las palabras para aparentar justicia sin practicarla. La persona que culpa al otro mientras se disculpa no está ordenando su alma hacia el bien, sino protegiendo su orgullo. Cambia la verdad por una defensa personal.
Aristóteles diría que una disculpa así carece de virtud, porque la virtud exige responsabilidad, templanza y justicia. Admitir una falta no debilita a quien la reconoce; al contrario, muestra carácter. Pero usar los defectos del oponente político socialista como hoy utilizó Valladares como escudo de su tropelía, convierte la disculpa previa dada en una maniobra para eludir sus responsabalidades.
En el fondo, quien se disculpa culpando al otro no pide perdón: negocia su inocencia. No repara el daño, solo intenta repartirlo. Y para el pensamiento griego, especialmente el socrático, una vida justa empieza cuando uno deja de huir de sus propios actos.
Dicho esto, y una vez aclarada la actuación de Valladares, basada en una letanía de reproches hacia personas condenadas por la justicia en la bancada socialista, resulta evidente que intentó desviar la atención para no asumir sus propias tropelías. Sin embargo, hubo un momento en el que el subconsciente le traicionó: cuando dijo literalmente en el pleno: “El que paga el pato soy yo”.
No terminó la frase porque le faltaron agallas y coraje para hacerlo, así que se la voy a terminar yo: Valladares pierde algo más de 30.000 euros al año que cobraba por vivir de la política. Y digo vivir de la política porque este es un gobierno al que se le llena la boca hablando de transparencia, buena gestión y defensa del dinero público, mientras hay una pregunta que lleva once años sin respuesta: ¿cuáles eran los ingresos reales, en su vida civil, de los ocho liberados de este gobierno municipal ultra?
De momento, los ciudadanos de Llanes, entre los que me incluyo, seguimos esperando esos datos. Y mucho me temo que no los veremos, porque si el “transparente” Riestra y su cuadrilla de liberados mostrasen la realidad de sus retribuciones, quizá a muchos vecinos de Llanes se nos abrirían las carnes.
Llanes es una villa pequeña, donde todo el mundo se conoce. Por eso, ninguna de las justificaciones que hoy utilizó Valladares para despedirse puede borrar ni exculpar lo que hizo como cargo público al frente del gobierno municipal.
Yo, como ciudadano ajeno a la política, le digo al señor Valladares que “yo sí le toso”. Nada tengo que ver con la política y mis tragaderas no son como las suyas, acostumbradas durante demasiados años a “chupar de la piragua” política.
Se fue del Ayuntamiento de Llanes pataleando, como quien nunca rompió un plato. Sin embargo, cuando tenía que levantar la voz ante las tropelías que cometía su propio gobierno con los vecinos de Llanes, no aparecía. Ahí está el ejemplo de los 25 vecinos de Nueva, que pagaban un saneamiento que el gobierno de Valladares no arreglaba. Tuvieron que pasar seis años y perder tres juicios contencioso-administrativo hasta que el gobierno municipal ultra dobló la rodilla y tuvo que hacerse cargo de dicho saneamiento por sentencia judicial. Entonces, el supuesto “Robin Hood” de los ganaderos, Valladares, ni estaba ni se le esperaba. Era, políticamente, un muerto viviente.
Posteriormente intervino Juan Carlos Armas (PP), que, como de costumbre, no dejó pasar la oportunidad de soltar una de esas perlas a las que nos tiene acostumbrados a los vecinos de Llanes en nombre del PP. Dijo que “había sido un honor trabajar con él” y añadió que “no había que dar más explicaciones”. Pues bien, esas dos afirmaciones merecen ser analizadas con calma, porque no explican nada: intentan cerrar el asunto.
Decir que ha sido un honor trabajar con Valladares es desplazar el debate desde los hechos hacia la lealtad personal. No se habla de la actuación irregular reconocida, ni de la documentación bajo custodia, ni de las responsabilidades políticas que pudieran derivarse; se habla del compañero, del trato personal y de la despedida. Es una forma de envolver el problema en una capa sentimental para rebajar su gravedad pública.
Y cuando Armas afirma que no hay que dar más explicaciones, lo que realmente está haciendo es intentar levantar un muro. La dimisión se presenta como punto final, cuando en realidad debería ser el punto de partida para aclarar qué ocurrió, cómo pudo ocurrir y quién permitió que ocurriera. Una renuncia puede cerrar una etapa personal, pero no puede cerrar una responsabilidad institucional.
Estratégicamente, la intervención de Armas debe entenderse como una operación de contención política: cerrar filas con el dimitido, proteger al gobierno municipal y evitar que la explicación avance hacia el fondo del asunto. La maniobra es sencilla: Valladares se va, el gobierno le despide con honores y al vecino se le pide que no pregunte más. Pero en democracia, cuando se toca documentación bajo custodia y se reconoce una actuación irregular, las explicaciones no son un favor del poder: son una obligación pública.
Posteriormente el grupo socialista leyó en el punto 15 una moción presentada de urgencia sobre los hechos acaecidos por la actuación de Valladares. La moción como no podía ser fue rechazada por el gobierno ultra de la transparencia de VecinosxLlanes y PP.
La situación debe interpretarse de forma sencilla: si un concejal dimite tras reconocer un acceso irregular a documentación sometida a custodia especial, lo democrático no es cerrar el asunto, sino aclararlo. Según Europa Press, Valladares presentó su dimisión después de admitir que consultó por su cuenta documentación técnica relacionada con un concurso de parcelas agrícolas en la Sierra Plana de Purón, documentación sujeta a un régimen específico de custodia https://bit.ly/49z3jrv
Por eso, el rechazo del gobierno municipal de VecinosxLlanes y PP a aceptar la moción urgente socialista no puede leerse como un gesto de transparencia, sino como una decisión política de limitar el debate. La información publicada señala que esa moción de urgencia no fue aceptada por el equipo de gobierno y que iba acompañada de un bloque amplio de preguntas dirigidas al alcalde Enrique Riestra y al teniente de alcalde Juan Carlos Armas para exigir explicaciones sobre lo ocurrido https://bit.ly/3R8f6a2
Sin elucubrar, hay un hecho objetivo: la dimisión de Valladares no responde a una discrepancia política cualquiera, sino a una actuación reconocida como irregular sobre documentación municipal protegida. Y, ante un hecho de esa naturaleza, el rechazo a investigar o a dar explicaciones transmite a los vecinos una idea preocupante: que el gobierno considera suficiente la salida del concejal y no ve necesario aclarar públicamente el alcance institucional del problema.
Los llaniscos no tienen por qué interpretar automáticamente ese rechazo como prueba de culpabilidades añadidas, porque eso sería ir más allá de los hechos conocidos. Pero sí, pueden y deben, interpretarlo como una falta de voluntad política para rendir cuentas. En democracia, una dimisión puede ser una consecuencia personal, pero no sustituye a una explicación pública. La pregunta no es solo por qué se fue Valladares, sino cómo pudo acceder a esa documentación, qué controles fallaron, quién conocía los hechos, cuándo se supieron y qué medidas se van a tomar para que algo así no vuelva a repetirse.
Foto: imagen del "Aló Presidente" del ultra Enrique Riestra
La oposición había reclamado “máxima transparencia, explicaciones inmediatas y responsabilidades políticas”, sosteniendo que la renuncia del edil no cerraba todas las preguntas sobre el procedimiento ni sobre los errores mencionados por el propio Valladares https://bit.ly/4nNwo8N Frente a eso, el rechazo de la moción coloca al gobierno municipal en una posición indecente: quien presume de transparencia debería ser el primero en facilitar luz, documentos y respuestas, no en impedir que el asunto se debata.
Por tanto, la lectura política más prudente y directa es esta: VecinosxLlanes y PP han optado por convertir la dimisión de Valladares en punto final, cuando para muchos vecinos debería ser punto de partida. Han preferido cerrar filas antes que abrir una investigación política clara. Y eso, en un asunto que afecta a documentación bajo custodia, deteriora la confianza pública, porque deja la sensación de que el gobierno municipal quiere administrar el silencio en lugar de administrar explicaciones.
Posteriormente asistimos a un espectáculo surrealista, cuando llegó el turno de presentar preguntas para el próximo pleno y vimos la negativa del portavoz socialista a registrar ninguna cuestión. Y, justo después de ese hecho, el alcalde Enrique Riestra contestó 41 preguntas que habían entrado por el “caso Valladares”.
Lo primero que pudimos comprobar los vecinos de Llanes fue el cinismo institucional de un alcalde que despachó esas preguntas sin formularlas públicamente, como si nada tuviera que ver con lo que está sucediendo, cuando en realidad forma parte del problema. No puede presentarse como un mero espectador quien, según reconoció su propio concejal Valladares en una emisora de radio, conocía los hechos desde el jueves de la semana pasada.
Después vimos al portavoz del PSOE, Óscar Torre, intentando formular ruegos y preguntas tras la contestación de esas 41 cuestiones sobre el “caso Valladares”, pero ya no pudo hacerlo ante la negativa del ultra Riestra. Una vez más, esta oposición socialista actuó con una ingenuidad impropia de quien debería fiscalizar al gobierno municipal. Sigue sin aprender y continúa confiando en el tahúr político que hoy preside el Ayuntamiento de Llanes.
Foto: bancada socialista vacía al comienzo del "speech" del ultra Riestra
Por último, asistimos a un espectáculo grotesco, más propio de regímenes autoritarios que de una administración democrática. Un final de pleno al que, por desgracia, ya nos tiene acostumbrados este alcalde ultra, instalado en la política como forma de vida y siempre dispuesto a cerrar las sesiones desgranando lo mal que lo hicieron otros para ocultar la mugre acumulada tras once años de carcoma política.
Para ello utilizó la misma estrategia que Valladares al comienzo del pleno: la vieja táctica de que la mejor defensa es un buen ataque. En lugar de reconocer lo que hoy lleva en el zurrón de su paso por la política, Riestra volvió a mirar al pasado, volvió a los socialistas y volvió al relato del “cortijo”. Según él, con los socialistas Llanes era un cortijo. Pues bien, habrá que decirle que aquello que los jueces condenaron en su día no puede ni debe servirle ahora para ocultar que ese supuesto cortijo ha terminado cayendo sobre la cabeza de los vecinos de Llanes.
Hoy los llaniscos están a la intemperie por el sectarismo, la soberbia y la pésima gestión de un gobierno municipal compuesto por personajes que han encontrado en la política una forma cómoda de ganarse la vida. Riestra habla de las consecuencias que dejaron los socialistas para ocultar las consecuencias que hoy pagan los vecinos bajo su propio mandato. Olvida mencionar que, desde que gobierna, los llaniscos han tenido que pagar con sus impuestos 1.927.000 euros en litigios y contenciosos, terreno en el que este gobierno municipal parece moverse con una preocupante comodidad.
Habla de herencias socialistas para ocultar que, tras once años de gobierno, servicios públicos esenciales como la dependencia, la escuela de 0 a 3 años o la vivienda siguen siendo asuntos vergonzantes para Llanes. Ahí está el caso de la escuela de 0 a 3 años, donde tuvo que intervenir el Defensor del Pueblo para poner en evidencia a un gobierno incapaz de cumplir con sus obligaciones. Y ahí está también el problema de la vivienda donde existe una dependencia que no se ve satisfecha como debería, mientras muchos vecinos siguen esperando respuestas reales y no discursos de propaganda.
Si a todo ello sumamos que Llanes es hoy, según los datos que se han venido señalando la FADE y el IEE en un estudio que hoy Llanes es el segundo municipio con mayor presión fiscal de los 78 concejos asturianos, la fotografía resulta demoledora. Por eso, escuchar a Riestra hablar de moralidad, ética y defensa del dinero público suena casi a broma de mal gusto del día de los Santos Inocentes.
La imagen que hoy ofreció la oposición socialista en el pleno celebrado fue triste y preocupante. Se la vio desbordada, sin reflejos y sin capacidad para sortear a un gobierno municipal que campa a sus anchas en los plenos del Ayuntamiento de Llanes. Frente a un poder ultra que domina los tiempos, corta los debates y convierte cada sesión en un terreno hecho a su medida, la oposición no puede limitarse a reaccionar tarde y mal. Sin una oposición firme dentro del pleno y sin una oposición activa fuera del Ayuntamiento, en la calle, en las redes, junto a los vecinos y explicando cada atropello con claridad, resulta imposible construir una alternativa real y mandar a este gobierno a su casa.
Dice Riestra que su gobierno mira por el dinero público, pero se le olvida añadir que él y buena parte de los suyos viven precisamente de ese dinero público. Porque fuera de la política, por mucho que pataleen, señalen al pasado o escupan al cielo, muchos de ellos difícilmente encontrarían las mismas comodidades que hoy les proporciona el Ayuntamiento de Llanes.
Ya lo dijo Sócrates: “Cuando los ciudadanos dejan de vigilar al poder, el poder deja de servir a la ciudad y empieza a servirse de ella.”




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