COGERSA, LA CRÓNICA DE UN DESASTRE ANUNCIADO

 

Las informaciones publicadas en la prensa regional los días 16 y 18 de junio reflejan la creciente preocupación sobre la gestión de los residuos en Asturias y sitúan en el centro del debate tanto el destino del Combustible Sólido Recuperado (CSR) producido por Cogersa como el futuro del vertedero central de Serín. Ambos asuntos fueron abordados durante la comparecencia de la gerente de Cogersa, Paz Orviz, en la Junta General del Principado, donde ofreció explicaciones sobre la situación actual del consorcio y sus perspectivas de futuro https://tinyurl.com/y2af2t2z   

Foto: Alejandro Calvo y Paz Orviz... Dos pesos muertos de la política asturiana

Durante su intervención, Orviz confirmó que entre noviembre de 2023 y abril de 2024 Cogersa envió 778 toneladas de CSR a la cementera de Aboño y aproximadamente 5.600 toneladas a la planta de La Robla (León), ambas propiedad de Cementos Tudela Veguín. Según explicó, estos traslados se realizaron porque la empresa había solicitado combustible para realizar pruebas en sus instalaciones y Cogersa aprovechó la oportunidad para dar salida a parte de los residuos generados por la Plantona. La gerente señaló además que la operación se realizó sin coste para el consorcio y reconoció que, aunque no era competencia de Cogersa decidir el destino final de esos materiales, entendía que fueron utilizados para valorización energética, es decir, para ser quemados como combustible. Esta afirmación resultó especialmente relevante porque semanas antes el Gobierno asturiano había negado públicamente que la opción de enviar residuos a La Robla estuviera siendo considerada.

Orviz también anunció que la Plantona volverá a funcionar “en las próximas semanas” tras los retrasos acumulados desde el incendio sufrido en abril de 2024. Explicó que la puesta en marcha de la instalación permitirá reducir considerablemente la cantidad de residuos destinados al vertedero, prolongando su vida útil. No obstante, advirtió que, incluso con la planta operativa, el horizonte del vertedero sigue siendo limitado y requerirá decisiones estratégicas a medio plazo. Respecto al futuro tratamiento de los residuos, expresó una opinión personal favorable a estudiar la valorización energética, afirmando que “no me produce sarpullidos la valorización energética; hay plantas que funcionan muy bien”. Asimismo, aseguró que no sería quien se opusiera a una eventual planta de este tipo y añadió que, si finalmente se construyese una instalación de valorización energética, sería partidaria de que estuviera ubicada en Asturias.

La gerente también abordó la situación interna de Cogersa y su relación con la Consejería de Medio Ambiente. Tras las críticas previas del consejero Alejandro Calvo (el catador de vinos), que había señalado que su gestión “no había sido ejemplar”, Orviz defendió su perfil técnico y recordó que los responsables del organismo actúan bajo las directrices políticas. Reconoció que actualmente no participa en la elaboración del nuevo plan autonómico de residuos y manifestó que, si finalmente fuera cesada, regresaría a su puesto de funcionaria, donde afirmó que viviría “mucho más tranquila”. Además, admitió que Cogersa (no ella) había sido excesivamente optimista respecto a los fondos europeos perdidos (14,7 millones de €) y explicó que la instalación incendiada carecía de un seguro específico porque todavía no había sido recepcionada oficialmente, aunque anunció que se incorporará dicha cobertura.

Las declaraciones de Orviz provocaron una intensa reacción política en la Junta General. Los grupos de la derecha extrema (PP y Foro) valoraron positivamente su comparecencia y aprovecharon la ocasión para criticar al Gobierno autonómico y al consejero Alejandro Calvo. Manuel Cifuentes, del Partido Popular, agradeció las explicaciones de la gerente y afirmó que “todo lo que toca este Gobierno lo gafa”, añadiendo que Orviz no había tenido suerte con los consejeros que le habían correspondido. Desde la ultraderecha de Vox, Gonzalo Centeno llegó a afirmar que, tras escuchar sus explicaciones, le “perdonaba todo” y calificó la jornada como su “día de júbilo”. Adrián Pumares, de Foro Asturias, consideró que la gestión de la gerente podía ser mejorable, pero calificó de “impresentables· las críticas que había recibido por parte del consejero. Posteriormente, tras conocerse los datos sobre el envío de CSR a La Robla, Luis Venta, del PP, acusó directamente al presidente Adrián Barbón de haber mentido a la ciudadanía, mientras Carolina López, de Vox, afirmó que la comparecencia había dejado al consejero “a los pies de los caballos”. Pumares volvió a insistir en que la intervención había sido mucho más clarificadora que las explicaciones ofrecidas por el Gobierno.

La reacción de Izquierda Unida fue muy distinta. La diputada Delia Campomanes reprochó a Orviz sus declaraciones favorables a la valorización energética y calificó esas palabras como una “ocurrencia desafortunada”. Posteriormente, el diputado Xabel Vegas expresó la preocupación de IU-Convocatoria por las contradicciones detectadas entre las declaraciones del Gobierno y la información facilitada por la gerente. Señaló que no era aceptable que una semana se negara en sede parlamentaria el envío de CSR a La Robla y que pocos días después se confirmara exactamente lo contrario. IU anunció que exigiría explicaciones tanto dentro del Gobierno como ante la ciudadanía asturiana y advirtió de que la quema de residuos en la cementera leonesa suponía una cuestión especialmente sensible para la formación.

Por su parte, Somos Asturias también mostró una posición crítica. Covadonga Tomé calificó de “nefasta” la gestión de los residuos y consideró “impresentable” que el CSR estuviera siendo quemado fuera de Asturias. Mientras tanto, Alejandro Calvo intentó rebajar la polémica asegurando que el uso del CSR por parte de Tudela Veguín era una información conocida desde hacía meses y que no condicionaba las decisiones futuras sobre el tratamiento de residuos en el Principado.

En conjunto, la comparecencia de Paz Orviz puso de manifiesto tanto los problemas técnicos y de planificación que afronta Cogersa como las profundas discrepancias políticas existentes sobre el modelo de gestión de residuos que deberá adoptar Asturias en los próximos años. El debate gira principalmente en torno a dos cuestiones: la necesidad de encontrar una solución estable para el CSR producido por la Plantona y la búsqueda de alternativas que permitan afrontar el progresivo agotamiento del vertedero central de Serín https://tinyurl.com/2s49n7cx

La comparecencia de la gerente de Cogersa, Paz Orviz, en la Junta General del Principado ha dejado una sensación difícil de ignorar: la de una organización que atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia reciente y cuyos principales responsables parecen incapaces de ofrecer una imagen de coordinación, liderazgo y control sobre los problemas que afectan a la gestión de los residuos en Asturias.

Lo más llamativo de la intervención no fueron únicamente los datos aportados por la gerente, sino las contradicciones que dejaron al descubierto entre la dirección política y la dirección técnica del consorcio. Durante meses, el Gobierno asturiano había intentado restar importancia a las informaciones relativas al envío de Combustible Sólido Recuperado (CSR) a la cementera de La Robla. Sin embargo, fue la propia gerente quien confirmó públicamente que entre finales de 2023 y comienzos de 2024 más de 5.600 toneladas de este material fueron trasladadas a la planta leonesa y otras 778 toneladas a la instalación de Aboño. La revelación no solo confirmó una práctica que había sido objeto de controversia política, sino que también puso en cuestión la coherencia del mensaje trasladado por el Ejecutivo autonómico a los asturianos, dejándoles con el culo al aire.

La imagen que proyectó la comparecencia Paz Orviz fue la de una gerente que parecía actuar con una autonomía absoluta respecto al discurso oficial del Gobierno. Mientras el consejero Alejandro Calvo y el presidente Adrián Barbón habían tratado de desactivar la polémica generada por el posible destino del CSR, la máxima responsable técnica de Cogersa acabó reconociendo unos hechos que alimentaron todavía más el debate. Resulta difícil no preguntarse cómo es posible que una cuestión de semejante relevancia estratégica haya sido comunicada de forma tan contradictoria por las distintas partes implicadas.

Pero el problema va mucho más allá del episodio de La Robla. La comparecencia sirvió también para recordar algunos de los principales fracasos que han marcado la gestión reciente del consorcio. El primero de ellos fue el incendio de la Plantona en abril de 2024, una instalación clave para la estrategia de tratamiento de residuos de Asturias. La destrucción de la planta supuso un golpe enorme para la planificación de Cogersa y obligó a buscar soluciones provisionales durante meses. Más preocupante aún resultó conocer que la instalación carecía de una póliza de daños específica, una circunstancia que la propia gerente justificó alegando que todavía no había sido recepcionada oficialmente (balones fuera). Aunque la explicación pueda tener fundamento administrativo, para muchos ciudadanos resulta difícil comprender que una infraestructura de semejante importancia estratégica no contara con una cobertura específica frente a riesgos tan evidentes.

A ello se suma la pérdida de aproximadamente 14,7 millones de euros de fondos europeos destinados a proyectos de modernización y mejora de las instalaciones. La propia Orviz reconoció durante su intervención que Cogersa había sido excesivamente optimista en la planificación de estos proyectos. Sin embargo, la magnitud de la cantidad perdida convierte el asunto en algo mucho más serio que un simple exceso de optimismo. Se trata de recursos que debían servir para mejorar la gestión de residuos en Asturias y cuya pérdida supone una oportunidad desaprovechada para modernizar infraestructuras y servicios que ahora deberán buscar financiación por otras vías que pagaran los asturianos de su bolsillo.

Otro aspecto especialmente preocupante es la falta de una estrategia clara para afrontar el futuro del vertedero central de Serín. La propia gerente reconoció que, incluso con la reactivación de la Plantona, la vida útil del vertedero sigue siendo limitada y que Asturias deberá tomar decisiones relevantes en los próximos años. Sin embargo, lejos de transmitir una hoja de ruta definida, la comparecencia dejó la impresión de que muchas de las decisiones fundamentales siguen pendientes de concretarse. La gestión de los residuos constituye uno de los mayores retos ambientales y económicos para cualquier administración moderna, y la sensación de improvisación resulta especialmente inquietante cuando se trata de una cuestión que afecta a toda la comunidad autónoma.

Tampoco pasó desapercibida la actitud mostrada por la gerente respecto a su propia continuidad. Cuando afirmó que, si era cesada, regresaría a su puesto de funcionaria donde viviría “mucho más tranquila”, abrió inevitablemente un debate político sobre el grado de compromiso con la responsabilidad que ocupa. La frase fue interpretada por numerosos observadores como una muestra de distanciamiento respecto a los problemas que atraviesa la entidad y respecto a las tensiones existentes con la Consejería. Más allá de cuál fuera su intención, la declaración resultó sorprendente en un momento en el que Cogersa afronta algunos de los desafíos más importantes de su historia reciente.

En paralelo, la actuación del consejero Alejandro Calvo tampoco salió reforzada de esta crisis. La comparecencia evidenció una evidente falta de coordinación entre la Consejería y la gerencia del consorcio. Cuando un organismo público transmite mensajes diferentes según hable su responsable político o su responsable técnico, el problema deja de ser exclusivamente de comunicación para convertirse en una cuestión de liderazgo. La sensación trasladada a la opinión pública es la de una dirección incapaz de unificar criterios y de ofrecer explicaciones convincentes sobre asuntos fundamentales.

Las reacciones de los grupos parlamentarios reflejaron precisamente esa percepción. Las formaciones de la oposición aprovecharon la comparecencia para cuestionar tanto la gestión de Cogersa como la capacidad del Gobierno para dirigir el organismo. Incluso algunos socios parlamentarios del Ejecutivo mostraron públicamente su malestar por las contradicciones detectadas. Cuando la crítica llega simultáneamente desde posiciones ideológicas tan distintas, resulta evidente que existe un problema político de fondo que no puede resolverse únicamente mediante explicaciones técnicas y disculpas de mal pagador al que nos tiene acostumbrado Barbón y sus consejeros.

En definitiva, la comparecencia de Paz Orviz no logró disipar las dudas existentes sobre la gestión de Cogersa. Al contrario, sirvió para poner sobre la mesa una acumulación de problemas que incluyen el incendio de una instalación estratégica, la pérdida de millones de euros en fondos europeos, la falta de soluciones definitivas para el tratamiento del CSR, las incertidumbres sobre el futuro del vertedero y las evidentes discrepancias entre la dirección política y la dirección técnica del organismo. Todo ello ha contribuido a reforzar la percepción de que Cogersa atraviesa una crisis de gestión y de liderazgo que exige respuestas mucho más claras y contundentes de las ofrecidas hasta ahora.

La comparecencia de la gerente de Cogersa, Paz Orviz, no solo sirvió para conocer nuevos detalles sobre la situación del consorcio, sino también para comprobar las contradicciones y debilidades que existen en el debate político asturiano sobre la gestión de los residuos. Las reacciones de los distintos grupos parlamentarios pusieron de manifiesto una realidad llamativa: mientras todos reconocen que existen problemas importantes en Cogersa, las conclusiones que extraen de ellos son completamente diferentes y, en algunos casos, parecen responder más a estrategias políticas que a una reflexión sobre cómo resolver el problema de fondo.

Resulta especialmente llamativa la actitud mantenida por la derecha extrema del, Partido Popular y Foro Asturias y por la ultraderecha de Vox durante la comparecencia. La gerente comparecía después de varios episodios que han marcado negativamente la trayectoria reciente de Cogersa: el incendio de la Plantona, la pérdida de aproximadamente 14,7 millones de euros de fondos europeos, los retrasos acumulados en la puesta en marcha de instalaciones estratégicas, las dudas sobre la cobertura aseguradora de infraestructuras clave y la falta de una solución definitiva para el Combustible Sólido Recuperado. Sin embargo, lejos de centrar sus críticas en la gestión desarrollada por la dirección técnica del consorcio, los grupos de la oposición dirigieron la mayor parte de sus ataques contra el consejero Alejandro Calvo y contra el Gobierno autonómico.

La consecuencia de esa estrategia política es que la comparecencia terminó convirtiéndose en una especie de juicio político al consejero, mientras que la actuación de la gerente quedó en un segundo plano. La paradoja es evidente: los mismos partidos que habitualmente exigen responsabilidades políticas por errores de gestión optaron en esta ocasión por presentar a la gerente como víctima de las circunstancias y como una figura enfrentada al Gobierno autonómico. De este modo, el debate dejó de centrarse en los resultados obtenidos por Cogersa para concentrarse en las tensiones internas existentes entre la dirección técnica y la dirección política del organismo.

Esta situación vuelve a poner sobre la mesa una cuestión recurrente en la política asturiana: la dificultad para asumir responsabilidades cuando se producen errores de gestión. El propio presidente Adrián Barbón ha sido acusado en numerosas ocasiones por la oposición de actuar con lentitud a la hora de relevar cargos públicos cuestionados. Los críticos con el Ejecutivo suelen señalar como ejemplo otros episodios recientes en los que determinados responsables mantuvieron sus puestos pese a la controversia política generada por su gestión, ejemplo el caso de la mina de Cerredo. Desde esa perspectiva, la continuidad tanto de Paz Orviz al frente de Cogersa como de Alejandro Calvo al frente de la Consejería es interpretada por algunos sectores como una muestra más de la resistencia del Gobierno a adoptar decisiones contundentes cuando aparecen problemas relevantes, es lo que Barbón llama de forma general “barullu”.

Sin embargo, tampoco la posición de Izquierda Unida está exenta de contradicciones. La formación fue muy crítica con las declaraciones de la gerente favorables a la valorización energética (quema de residuos) y reiteró su rechazo a cualquier fórmula que implique la quema de residuos. Esta postura es coherente con la línea histórica de la organización, que ha defendido siempre una gestión basada en la reducción, la reutilización y el reciclaje. El problema surge cuando se analiza la realidad actual de Asturias.

La comunidad autónoma se encuentra lejos de los objetivos europeos en materia de reciclaje y reutilización de residuos municipales. La normativa comunitaria exige alcanzar porcentajes de recuperación cada vez más elevados, mientras que Asturias continúa presentando cifras claramente insuficientes para cumplir esas metas. Esta situación genera un problema práctico evidente: incluso si se incrementan significativamente las tasas de reciclaje en los próximos años, seguirá existiendo una cantidad importante de residuos que necesitarán una solución final. La postura de IU resulta cuando menos sorprendente si no se analiza detalladamente lo que supone la valoración energética, cuáles son sus pros y sus contras.

La quema del CSR consiste en usar residuos no reciclables ya tratados como combustible, normalmente en cementeras o en plantas de valorización energética. No es lo mismo quemar basura mezclada sin tratar que quemar CSR, porque el CSR ha pasado antes por procesos de separación, triturado y acondicionamiento. Aun así, presenta ventajas e inconvenientes claros.

Su principal ventaja es que reduce la cantidad de residuos que acaban en vertedero. Esto puede alargar la vida útil de los vertederos y evitar parte de los impactos asociados al enterramiento de basura, como ocupación de suelo, lixiviados y emisiones de metano. Además, en cementeras puede sustituir parcialmente combustibles fósiles como coque de petróleo, carbón o gas, aprovechando el poder calorífico de residuos que no se han podido reciclar. La industria cementera europea utiliza residuos pretratados como combustibles alternativos y defiende que esto permite reducir consumo de combustibles fósiles y aprovechar parte del residuo dentro del proceso industrial https://tinyurl.com/mr36x2bv  

Un ejemplo habitual está en cementeras europeas, donde se emplean CSR/RDF como combustible alternativo en hornos de clínker. Países como Alemania, Austria, Bélgica, Italia, Países Bajos o Suecia llevan años usando este tipo de combustibles derivados de residuos en distintos grados. También en España existen plantas que producen CSR para enviarlo a cementeras e industrias con recuperación energética, como la planta de PreZero en la Zona Franca de Barcelona, diseñada para producir hasta 70.000 toneladas anuales de CSR a partir de residuos no reciclables https://tinyurl.com/nhbudx2x  

El principal problema ambiental es que quemar CSR genera emisiones. Aunque las instalaciones estén reguladas y cuenten con filtros y controles, la combustión puede emitir CO₂, óxidos de nitrógeno, partículas, gases ácidos y trazas de metales pesados o compuestos orgánicos persistentes si el residuo no está bien controlado. La Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que la incineración de residuos, aunque produzca electricidad o calor, es una opción menos preferible que la prevención, la reutilización, el reciclaje o el compostaje dentro de la jerarquía europea de residuos https://tinyurl.com/5n8h454u  


 Foto: el presidente Barbón en Cogersa, rodeado de alguna "joya"política como Nieves Roqueñi

Otro inconveniente es que puede crear dependencia del residuo como combustible. Si una cementera o una planta de valorización necesita un flujo constante de CSR para funcionar, existe el riesgo de que se reduzca el incentivo para mejorar la prevención, la separación en origen y el reciclaje. Es decir, lo que debería ser una solución para el rechazo no reciclable puede convertirse en una salida cómoda para residuos que quizá podrían haberse recuperado mejor si la recogida selectiva y el tratamiento previo fueran más eficaces.

También hay un problema de calidad del CSR. No todo CSR es igual. Su composición puede variar mucho: plásticos, textiles, papel, madera, restos no reciclables y otros materiales. Si contiene demasiado cloro, humedad, metales o impropios, puede generar más emisiones, problemas técnicos en los hornos y residuos secundarios. Por eso las cementeras suelen exigir especificaciones concretas de poder calorífico, humedad, granulometría y contenido de contaminantes. El Banco Europeo de Inversiones (BEI) señala que el SRF/CSR puede clasificarse bajo normas técnicas, pero su uso depende de requisitos de calidad y de las exigencias legales o del usuario final https://tinyurl.com/2s3nfrf3

En las cementeras, la ventaja técnica es que los hornos trabajan a temperaturas muy altas y el proceso permite aprovechar la energía del residuo. Además, parte de las cenizas puede incorporarse al clínker, reduciendo la generación de residuos finales frente a una incineradora convencional. Pero el inconveniente es que la cementera no deja de ser una instalación industrial cuya finalidad principal es producir cemento, no gestionar residuos urbanos, por lo que el control público, la transparencia y la aceptación social suelen ser asuntos sensibles.

Frente a esto, algunos defensores de la valorización energética (quema de residuos) sostienen que, para la fracción no reciclable, es preferible quemar con recuperación de energía antes que enviar al vertedero. El argumento es que se reduce el enterramiento de residuos, se aprovecha energía y se sustituyen combustibles fósiles. Sin embargo, sus críticos responden que esta vía sigue siendo combustión, genera emisiones y puede bloquear políticas más ambiciosas de reducción, reutilización y reciclaje. Organizaciones contrarias a la co-incineración en cementeras advierten precisamente de ese riesgo: que quemar residuos en hornos industriales acabe debilitando la prioridad de reducir y reciclar https://tinyurl.com/hcn2reff

En resumen, la quema de CSR puede tener sentido como solución limitada para residuos que ya no pueden reciclarse, especialmente si evita vertedero y sustituye combustibles fósiles en instalaciones muy controladas. Pero presenta problemas importantes: emisiones, dependencia del residuo, riesgo de frenar el reciclaje, necesidad de controles estrictos, rechazo social y dudas sobre si encaja con una estrategia realmente circular. Por eso no debería plantearse como solución principal, sino como último recurso para el rechazo no reciclable, después de prevenir, reutilizar, reciclar y compostar todo lo posible

La consecuencia es que Asturias se encuentra atrapada entre dos problemas simultáneos. Por un lado, unas tasas de reciclaje insuficientes para cumplir los objetivos europeos. Por otro, una fuerte oposición política y social a las soluciones basadas en la valorización energética. El resultado es un escenario en el que prácticamente nadie parece disponer de una propuesta capaz de resolver simultáneamente ambos desafíos.

La comparecencia de Paz Orviz reflejó precisamente esa situación. La oposición conservadora aprovechó la ocasión para cargar contra el consejero y el Gobierno autonómico. Izquierda Unida y Sumar volvió a rechazar cualquier fórmula relacionada con la incineración o la valorización energética. El Ejecutivo intentó minimizar la polémica y defender la gestión realizada. Mientras tanto, las cuestiones fundamentales siguen sin resolverse: qué hacer con el CSR, cómo aumentar de forma significativa las tasas de reciclaje, cómo prolongar la vida útil del vertedero y qué modelo de gestión de residuos deberá adoptar Asturias durante las próximas décadas… De esta cuestión nadie aportó ninguna solución, solo excusas de mal pagador.

Más allá de las diferencias ideológicas, la realidad es que el tiempo disponible para tomar decisiones se reduce cada año mientras el vertedero se llena. El agotamiento progresivo del vertedero, los objetivos europeos de reciclaje y la necesidad de dar una salida estable a los residuos no reciclables obligarán a adoptar decisiones complejas. Y cuanto más se retrase ese debate, más difícil será encontrar soluciones técnicas, económicas y socialmente aceptables para un problema que afecta a toda Asturias.

 

Principio del formulario

Para terminar el post quiero manifestar que si algo ha dejado claro la crisis de Cogersa, es que Asturias lleva demasiado tiempo gestionando los residuos a golpe de improvisación, retrasos y patadas hacia adelante. La comparecencia de Paz Orviz en la Junta General no sirvió para transmitir tranquilidad ni para demostrar que existe una estrategia clara para afrontar los desafíos presentes y futuros. Más bien ocurrió lo contrario: puso negro sobre blanco una acumulación de errores, problemas sin resolver y contradicciones políticas que deberían preocupar seriamente a cualquier asturiano.

Resulta difícil encontrar un balance positivo cuando se analizan los principales acontecimientos que han marcado los últimos años. Una instalación estratégica como la Plantona terminó destruida por un incendio. Cogersa perdió aproximadamente 14,7 millones de euros de fondos europeos destinados a modernizar infraestructuras y mejorar la gestión de residuos. El futuro del CSR continúa sin una solución estable. El vertedero central se acerca progresivamente a sus límites de capacidad. Y, para rematar el cuadro, la comparecencia parlamentaria evidenció una falta de coordinación alarmante entre la gerencia del consorcio y el propio Gobierno del Principado.

Lo verdaderamente preocupante es que ninguno de estos problemas apareció de la noche a la mañana. No fueron fenómenos imprevisibles ni acontecimientos imposibles de anticipar. Son cuestiones que requerían planificación, seguimiento y capacidad de gestión. Sin embargo, la impresión que se traslada el gobierno de Barbón a la opinión pública es la de una administración que siempre llega tarde, que reacciona cuando el problema ya ha estallado y que sistemáticamente encuentra explicaciones para justificar lo ocurrido en lugar de ofrecer soluciones convincentes.

La comparecencia de Paz Orviz dejó además una imagen institucional difícilmente defendible. Una gerente que reconoce la pérdida de millones de euros en ayudas europeas por un exceso de optimismo en la planificación. Una gerente que admite que el principal problema de residuos de Asturias sigue sin una solución definitiva. Una gerente que confirma informaciones que chocan frontalmente con el relato político defendido durante semanas por el Gobierno autonómico. Y una gerente que, lejos de transmitir determinación para corregir los problemas acumulados, llega a afirmar públicamente que, si es cesada, regresará a su puesto de funcionaria donde vivirá “mucho más tranquila”.

La frase puede interpretarse de muchas maneras, pero resulta difícil comprender que se pronuncie precisamente cuando Cogersa atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. Los asturianos esperan de los responsables públicos liderazgo, explicaciones y capacidad para resolver problemas, no resignación ni mensajes que puedan interpretarse como un distanciamiento respecto a las responsabilidades que conlleva el cargo.

Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente sobre la gerencia. Si la comparecencia dejó a alguien especialmente señalado, fue al consejero Alejandro Calvo. La imagen proyectada fue la de un responsable político incapaz de mantener una posición coherente con la dirección técnica del organismo que preside. Cuando una gerente comparece en el Parlamento y sus declaraciones provocan una tormenta política que contradice semanas de explicaciones oficiales, el problema ya no es de comunicación. Es un problema de liderazgo.

Y mientras todo esto sucede, el Gobierno de Barbón sigue instalado en una dinámica que parece repetirse una y otra vez: minimizar y alimentar a los problemas mientras estos crecen. Se perdió financiación europea, pero siempre existe una explicación. Se incendia una instalación estratégica, pero se habla del futuro. El vertedero se acerca a sus límites, pero se insiste en que todavía queda tiempo. El CSR continúa sin una salida definitiva, pero se pospone el debate. Todo se relativiza, todo se aplaza y todo parece quedar pendiente de una solución futura que nunca termina de concretarse.

Tampoco la oposición sale especialmente reforzada de este episodio. Buena parte de sus esfuerzos se han concentrado en utilizar los errores de Cogersa para desgastar al Gobierno, sin profundizar demasiado en las responsabilidades concretas derivadas de la gestión realizada. Por su parte, Izquierda Unida mantiene un rechazo frontal a la valorización energética, una posición legítima desde el punto de vista ideológico, pero que deja sin responder una pregunta fundamental: qué hacer con los residuos que no se reciclan en una comunidad que continúa lejos de los objetivos europeos de recuperación de materiales.

Y ahí reside la verdadera gravedad del problema. Asturias no solo tiene un problema de gestión de residuos. Tiene un problema de liderazgo político para afrontarlo. Mientras unos se limitan a señalar culpables y otros se refugian en posiciones ideológicas inamovibles, el tiempo sigue avanzando y las decisiones continúan sin tomarse.

La política del avestruz consiste precisamente en eso: esconder la cabeza para no afrontar la realidad. Y la realidad es que el vertedero sigue llenándose, que los objetivos europeos siguen alejándose, que las infraestructuras siguen necesitando inversiones y que las soluciones continúan sin llegar. Lo más preocupante es que, después de escuchar a todos los protagonistas de esta crisis, cuesta encontrar a alguien dispuesto a asumir plenamente la responsabilidad de lo ocurrido y, sobre todo, tanto en el gobierno como en la oposición, a explicar con claridad a los asturianos cómo piensan evitar que vuelva a repetirse.

Ya lo dijo Émile de Girardin: “Gobernar es prever.”Principio del formulario

 

 

 

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