LLANES: LA GRAN CONTRADICCIÓN DEL TURISMO “SOSTENIBLE”

 

El alcalde de Llanes, Enrique Riestra, participó el jueves 9 de abril en el VIII Congreso Internacional de Calidad y Sostenibilidad Turística, celebrado en el Palacio de Exposiciones de Córdoba, dentro del Bloque III, titulado “Cómo transformar una idea o producto turístico en una realidad certificada”, una sesión que cerró la primera jornada del congreso. En esa mesa compartió intervención con la presidenta de Paradores, Raquel Sánchez Jiménez; el director gerente de la Fundación CV MARQ de Alicante, Josep Albert Cortés; el alcalde de Vélez-Málaga, Jesús Lupiañez; y la directora general de Políticas Turísticas de la Secretaría de Estado de Turismo, Ana Muñoz Llabrés. El diálogo estuvo moderado por el periodista Carles Lamelo, dentro de un formato de Charlas & Diálogo abierto centrado en cómo adaptar la oferta turística a un mercado que demanda experiencias auténticas, relatos coherentes y garantías de calidad y sostenibilidad. Según ambas noticias, Riestra acudió como representante de un municipio considerado referente en turismo sostenible y de calidad en Asturias, aportando la visión de Llanes sobre la certificación de productos turísticos y la necesidad de avanzar hacia un modelo más competitivo y responsable. Las noticias pueden consultarse en estos enlaces: enlace 1 y enlace 2.


Las declaraciones de Enrique Riestra recogidas en la información fueron estas: afirmó que “para Llanes es un orgullo participar en un foro internacional de esta relevancia, donde vamos a compartir nuestra experiencia en la certificación de productos turísticos que combinan calidad, sostenibilidad y autenticidad”; añadió que “nuestro municipio lleva años apostando por un modelo de turismo respetuoso con el territorio y con las personas”; señaló también que el congreso era “una oportunidad excelente para aprender de otros destinos y también para mostrar lo que estamos haciendo en el Oriente de Asturias”; y defendió que “el diálogo entre administraciones locales, estatales y entidades como Paradores o museos de referencia es fundamental para seguir avanzando hacia un turismo más competitivo y responsable”.

Lo primero que quiero manifestar es que el turismo de calidad y sostenibilidad turística es un modelo de desarrollo turístico que busca ofrecer una experiencia valiosa, segura, satisfactoria y auténtica para el visitante, sin perjudicar el territorio que lo acoge, ni a la población local, ni a los recursos naturales y culturales de los que depende esa actividad. No se trata solo de atraer turistas o de prestar buenos servicios, sino de hacerlo de una manera equilibrada, responsable y duradera en el tiempo.

Cuando se habla de calidad turística, se hace referencia al conjunto de condiciones que hacen que la experiencia del viajero sea positiva. Esto incluye la buena atención al público, la profesionalidad del personal, la limpieza, la seguridad, la accesibilidad, la correcta señalización, la conservación de los espacios, la organización de la oferta, la fiabilidad de la información y la capacidad de responder a las expectativas del visitante. Un destino turístico de calidad no solo “funciona bien”, sino que transmite confianza, coherencia y cuidado en todos sus elementos, desde el alojamiento y la restauración hasta el transporte, el patrimonio o las actividades de ocio.

Por su parte, la sostenibilidad turística supone que esa actividad se planifique y gestione de forma que sus beneficios no se consigan a costa del deterioro del entorno o de la vida cotidiana de la población residente. Esto implica proteger el medio ambiente, evitar la sobreexplotación de recursos, reducir residuos y emisiones, respetar el paisaje, conservar el patrimonio histórico y cultural, favorecer la economía local y promover unas relaciones justas entre visitantes y comunidad anfitriona. En otras palabras, un turismo sostenible es aquel que puede mantenerse en el tiempo porque no destruye aquello que lo hace posible.

Unidas, ambas ideas forman un concepto más completo: el turismo de calidad y sostenibilidad turística. Este modelo entiende que no puede haber verdadera calidad si el destino está masificado, degradado o desconectado de su identidad, y que tampoco puede hablarse de sostenibilidad si la experiencia turística es deficiente, improvisada o poco profesional. Por eso, la calidad y la sostenibilidad no son dos objetivos separados, sino dos dimensiones que deben avanzar juntas. La calidad aporta excelencia y satisfacción; la sostenibilidad aporta equilibrio, responsabilidad y continuidad.

Desde esta perspectiva, el turismo deja de medirse únicamente por la cantidad de visitantes o por el beneficio económico inmediato. Empieza a valorarse también por su capacidad para mejorar el destino sin dañarlo, para generar riqueza sin excluir a la población local, para conservar los recursos naturales y culturales, y para ofrecer experiencias auténticas que respeten la identidad del lugar. Así, un destino turístico de calidad y sostenible es aquel que cuida tanto al visitante como al residente, tanto al presente como al futuro.

En definitiva, puede definirse el turismo de calidad y sostenibilidad turística como un modelo de turismo basado en la excelencia en los servicios y en la gestión responsable del destino, orientado a satisfacer al viajero, proteger el entorno, preservar la cultura local, fortalecer la economía del territorio y garantizar que la actividad turística siga siendo viable, beneficiosa y respetuosa a largo plazo.

El municipio de Llanes tiene graves carencias que, no encaja y permite afirmar sin matices que el modelo turístico que defendió el alcalde en Cordoba, ni es excelente ni fomenta la sostenibilidad turística. El primer punto débil que tiene dicho modelo turístico es la vivienda. El propio Ayuntamiento impulsó en 2024 una moratoria para nuevas viviendas turísticas y vacacionales y la vinculó al tensionamiento del alquiler residencial; además, un estudio encargado por el consistorio situó en más de 5.600 las plazas turísticas en pisos y casas y el plan especial posterior prolongó la suspensión en los núcleos con mayor saturación. Traducido al modelo turístico, esto significa que una parte creciente del parque residencial deja de cumplir función de vivienda estable y pasa a usarse como alojamiento temporal, lo que reduce la oferta de alquiler de larga duración y dificulta fijar población y trabajo estable en el concejo.

La segunda gran carencia es la movilidad. Las medidas adoptadas por las administraciones muestran por sí solas que existe un problema recurrente de saturación: el gobierno municipal ha tenido que presentar la nueva ORA como una herramienta para liberar plazas en las zonas de mayor demanda y reducir tráfico, y el Principado reforzó en 2025 la movilidad estival con lanzaderas específicas en Llanes, incluidas dos líneas circulares con salida desde Posada hacia playas y núcleos cercanos. Además, el propio Ayuntamiento ha tenido que reordenar accesos a enclaves como Gulpiyuri y San Antolín para evitar atascos y mejorar la seguridad. La consecuencia es clara: en temporada alta el destino funciona con una presión muy elevada sobre carreteras, aparcamientos y accesos, lo que deteriora la experiencia de residentes y visitantes y resta calidad al día a día del municipio.

En cuanto a la excelencia reconocida externamente, hoy Llanes no figura entre las playas asturianas con Bandera Azul en el año 2025, y varias informaciones recogen que el Ayuntamiento dejó de solicitarlas desde 2018 al considerar arbitrarios los criterios de concesión. Eso no significa, por sí solo, que las playas no tengan valor, porque el concejo sí ha exhibido otros distintivos puntuales como la Q de Calidad Turística en algunos arenales; pero sí significa que Llanes carece actualmente de uno de los sellos más visibles y comunicables de certificación internacional para playas. En un municipio con más de treinta arenales, esa ausencia debilita el discurso de excelencia certificada que se quiso proyectar en el congreso.

A ello se suma la cuestión ambiental y de los servicios básicos, que es decisiva cuando se habla de sostenibilidad. Sobre la depuradora de Ardisana, las fuentes oficiales confirman que el Principado tuvo que prever su reparación en 2024-2025 y finalmente adjudicó en abril de 2026 una nueva estación depuradora para dotar al núcleo de un tratamiento adecuado de las aguas residuales; es decir, existía una carencia objetiva en saneamiento que exigía una actuación de sustitución o reforma profunda. En paralelo, el propio gobierno municipal llevó al pleno en enero de 2024 una moción para reclamar el final de otros vertidos al mar desde la depuradora del Paseo de San Pedro. Todo ello cuestiona la solidez ambiental del modelo y hace difícil sostener una imagen de sostenibilidad plena mientras el saneamiento requiere actuaciones correctoras de este calibre. 


 Foto: Enrique Riestra y Aurora Aguilar, los dos responsables del desaguisado de modelo turístico que hoy existe en Llanes

El último elemento es el abastecimiento de agua, que afecta directamente a la calidad real del destino. El Ayuntamiento informó de cortes y restablecimientos variables en Posada y Celorio, y otras noticias locales recogieron problemas de presión y suministro en verano, con necesidad de cargar depósitos mediante camiones cisterna y con advertencias expresas sobre la relación entre la demanda estival y el consumo. Cuando un municipio turístico tiene dificultades de agua precisamente en los meses de mayor afluencia, el problema deja de ser solo vecinal y pasa a ser estructural para su modelo turístico, porque compromete la habitabilidad, el funcionamiento de negocios y la fiabilidad de los servicios básicos.

En conjunto, el cuadro que dibujan estas carencias es el de un municipio con enorme atractivo turístico, pero con un modelo bajo fuerte presión en cinco frentes: vivienda, movilidad, certificación de calidad, saneamiento y abastecimiento. Por eso, con los datos disponibles, lo prudente y riguroso no es presentar a Llanes como un ejemplo acabado de excelencia turística, sino como un destino que arrastra problemas serios de sostenibilidad y de gestión que afectan directamente a la población local y restan credibilidad a ese relato de calidad.

Para poner todavía más el foco en las carencias que hoy sufre Llanes con un gobierno de la ultraderecha que lleva 11 años gobernando en el municipio, conviene cerrar en tres planos: la contradicción entre discurso y realidad, el impacto directo sobre la población local y la idea de que no se trata de fallos puntuales, sino de problemas estructurales del modelo turístico.

No basta con acudir a congresos o reivindicar un relato de calidad y sostenibilidad si, al mismo tiempo, persisten problemas que afectan a lo esencial: el acceso a la vivienda, la movilidad, el saneamiento, el abastecimiento de agua y la falta de certificaciones visibles en un municipio que basa buena parte de su proyección en sus playas y en su imagen turística. Estas carencias no perjudican solo a la imagen del destino, sino que deterioran la vida cotidiana de los vecinos, dificultan el trabajo en el municipio y debilitan la credibilidad institucional cuando se habla de excelencia.

La sostenibilidad no se mide por el discurso, sino por la capacidad real de un gobierno municipal para garantizar equilibrio entre visitantes y residentes, proteger los servicios básicos, conservar el entorno y evitar que la presión turística expulse a la población local, cuestión que en Llanes no sucede. Ahí está la clave: llevar el debate del terreno propagandístico al terreno de los hechos.

Para terminar quiero manifestar que en definitiva, la verdadera calidad y la verdadera sostenibilidad turística no se proclaman en un congreso, sino que se demuestran en la gestión diaria de un municipio. Y hoy, en Llanes, los hechos ponen sobre la mesa una realidad muy distinta al relato oficial: dificultades de acceso a la vivienda para la población local, saturación de tráfico y aparcamiento en verano, problemas en servicios básicos como el agua y el saneamiento, y una ausencia de reconocimientos visibles en un aspecto tan emblemático como sus playas. Un destino no puede considerarse excelente cuando su modelo turístico genera desequilibrios que afectan directamente a quienes viven y trabajan en él. Por eso, más que discursos autocomplacientes como el promulgado por el alcalde de la ultraderecha, Enrique Riestra y la gestión de su concejal delegada de Turismo, Aurora Aguilar (PP), Llanes necesita planificación, gestión eficaz y soluciones reales para que el turismo no siga creciendo a costa del territorio y de sus vecinos.

“Sin resolver estas carencias, hablar de excelencia turística en Llanes no es una realidad, sino un eslogan.”

Ya lo dijo Miguel de Cervantes: “La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.”

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