LLANES ABANDONADO: UN GOBIERNO ATRINCHERADO EN LA PROPAGANDA Y UNA OPOSICIÓN SOCIALISTA INSTALADA EN LA INERCIA

 

Hoy podemos leer en la prensa regional que el Ayuntamiento de Llanes ha finalizado las obras de mejora de las infraestructuras viales en los barrios de La Sertal y Cotaxu, situados en la localidad de Vibañu. La actuación, adjudicada por un importe de 34.025,20 euros, ha permitido renovar completamente el firme de varios caminos que presentaban un notable desgaste y diferentes problemas estructurales.

Los trabajos comenzaron con la demolición del pavimento de hormigón existente y la posterior excavación de la base para ampliar la plataforma. Esta intervención permitió preparar adecuadamente el terreno, instalar nuevas capas de firme y corregir las deficiencias detectadas.

Entre las actuaciones realizadas también se encuentra el saneamiento de los denominados “blandones”, zonas deterioradas que afectaban a la estabilidad del pavimento. Para solucionarlos se colocó y compactó una capa de zahorra artificial de 20 centímetros de espesor. Sobre ella se aplicó un riego de adherencia con emulsión asfáltica termoadherente.

Foto: el alcalde ultra Enrique Riestra por la izquierda con sus mantenidos concejales zascandiles del gobierno municipal

La renovación se completó con el extendido y compactado de una capa de rodadura de mezcla bituminosa en caliente de 5 centímetros de grosor. Además, se llevó a cabo la limpieza de la superficie y se realizaron los cortes necesarios en el asfalto para garantizar una correcta conexión con los pavimentos ya existentes.

El alcalde de Llanes, Enrique Riestra, destacó la importancia de la actuación para los vecinos de Vibañu, que disponen ahora de caminos en mejores condiciones de seguridad y circulación. Según explicó el regidor, la intervención se ha realizado de manera integral, renovando la estructura del pavimento con el objetivo de aumentar su resistencia y durabilidad.

Riestra señaló también que el mantenimiento y mejora de los caminos rurales del concejo continuará siendo una de las prioridades del equipo de gobierno, debido a su importancia para garantizar la comunicación entre los diferentes pueblos, barrios y parroquias del municipio.

El alcalde visitó Vibañu para comprobar el resultado de las obras acompañado por los concejales Juan Carlos Armas, responsable de Contratación y Urbanismo; Miguel Ángel Alonso, edil de Pueblos, y María del Mar García Póo, concejala de Medio Rural.

Con esta actuación, el Ayuntamiento de Llanes continúa avanzando en la modernización y conservación de la red viaria rural, con el objetivo de mejorar la accesibilidad, incrementar la seguridad de los desplazamientos y contribuir a una mejor calidad de vida de los vecinos del concejo.

Más información e imágenes de la actuación: Consulta aquí la noticia y las imágenes de las obras en Vibañu

Llanes: caminos arreglados frente a problemas que siguen esperando

Durante los últimos meses asistimos a una sucesión de noticias procedentes del Ayuntamiento de Llanes anunciando asfaltados, reparación de caminos y pequeñas actuaciones en distintos pueblos del concejo. Obras que, evidentemente, son necesarias y que los vecinos tienen derecho a recibir. Mantener en condiciones la red viaria municipal no es un regalo del alcalde ni una concesión del equipo de gobierno: forma parte de las competencias que corresponden a un Ayuntamiento.

Precisamente ahí está una de las cuestiones que conviene recordar. El artículo 25 de la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, establece las materias en las que los municipios ejercen competencias propias. Entre ellas aparecen el urbanismo y la vivienda de protección pública, el abastecimiento de agua potable, la evacuación y tratamiento de aguas residuales, las infraestructuras viarias, el medio ambiente urbano, los equipamientos municipales, la atención social, el tráfico, la cultura o el deporte, entre otras.

Consultar el artículo 25 de la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local en el BOE

Por eso, el debate no debería consistir en cuestionar que se arreglen los caminos de los pueblos. Deben arreglarse. La cuestión es si existe el mismo grado de prioridad política para afrontar otros problemas estructurales del concejo.

Después de más de tres años de la actual legislatura y de más de una década de gobierno de la ultraderecha en Llanes, con Enrique Riestra al frente de la Alcaldía, resulta más que legítimo preguntarse qué balance puede presentar el Ejecutivo municipal en cuestiones esenciales para la vida cotidiana de los llaniscos, como el abastecimiento de agua, el saneamiento y el alcantarillado, el acceso a la vivienda o la respuesta a las numerosas necesidades urbanísticas del concejo como es la aprobación de un PGOU que solvente la carestía del precio de la vivienda, el más elevado de Asturias.

El agua y el saneamiento, además, no son asuntos ajenos a la actividad municipal. En 2025 el propio Pleno abordó una modificación del contrato de concesión de abastecimiento de agua y alcantarillado, y los padrones municipales continúan incluyendo tasas por suministro de agua y alcantarillado.

¿Gestión equilibrada o estrategia electoral?

Aquí aparece una cuestión política que merece ser planteada: ¿estamos ante una planificación equilibrada de las necesidades del municipio o ante una estrategia que concentra una parte importante de su visibilidad política en actuaciones muy concretas y fácilmente perceptibles?

Arreglar un camino produce un resultado inmediato. El vecino observa las máquinas, ve desaparecer los baches y contempla unos días después una carretera recién asfaltada. Es una actuación visible, fácilmente comunicable mediante fotografías y políticamente rentable.

Resolver problemas de abastecimiento de agua, ampliar redes de saneamiento, desarrollar políticas de vivienda o abordar grandes deficiencias urbanísticas resulta mucho más complejo y hay que trabajar, algo a lo que le tiene alergia este equipo de gobierno. Requiere planificación, inversiones, coordinación administrativa y actuaciones cuyos resultados pueden tardar años en apreciarse.

Mí crítica no es que se arreglen caminos, es que el arreglo de caminos pueda terminar convirtiéndose en el escaparate con el que ocultar la ausencia de soluciones suficientes para problemas mucho más profundos.

Y ahí es donde cabe plantear una interpretación política de lo que está ocurriendo.

Los pueblos no pueden convertirse en una estrategia electoral

El gobierno municipal está sustentado por VecinosxLlanes y PP. La composición publicada por el propio Ayuntamiento refleja que VecinosxLlanes obtuvo seis concejales y el PP tres, mientras que el PSOE consiguió ocho.

Ante esta realidad, cabe preguntarse si la reiterada difusión de actuaciones en caminos rurales responde exclusivamente a una planificación técnica de las necesidades municipales o si existe también una estrategia destinada a reforzar la presencia política del gobierno en los pueblos del concejo. Porque los pueblos necesitan caminos, naturalmente, pero también necesitan mucho más. Necesitan agua con garantías, saneamiento, servicios públicos, vivienda, comunicaciones, atención a sus mayores, oportunidades para los jóvenes y políticas capaces de mantener población durante todo el año.

Reducir la política rural a una sucesión de fotografías delante de carreteras recién asfaltadas sería tener una visión tremendamente pobre de lo que significa gobernar un concejo como Llanes. Y, al mismo tiempo, Llanes capital, Posada, Nueva y los demás núcleos del municipio tienen exactamente el mismo derecho a exigir inversiones y soluciones para sus problemas cotidianos.

Cumplir las competencias municipales no es hacer favores

Hay además una cuestión que debería quedar clara cada vez que desde el Ayuntamiento se anuncia una obra como un gran logro político. Cuando una Administración arregla una infraestructura de su competencia está cumpliendo con su función.

El artículo 25 incluye expresamente entre las competencias municipales propias la “infraestructura viaria y otros equipamientos de su titularidad”, pero en el mismo artículo aparecen igualmente el “abastecimiento de agua potable a domicilio y evacuación y tratamiento de aguas residuales” y materias relacionadas con el urbanismo y la vivienda pública.

Por tanto, resulta razonable exigir una explicación global: ¿qué se está haciendo en todas esas áreas?, ¿qué inversiones se han realizado?, ¿qué problemas se han solucionado y cuáles permanecen pendientes?, ¿qué calendario existe para resolverlos?

Ese debería ser el debate.

No una fotografía detrás de otra.

No convertir cada asfaltado en una extraordinaria conquista política.

No presentar como excepcional aquello que constituye parte de la actividad ordinaria que los ciudadanos financian mediante sus impuestos.

Llanes necesita algo más que política de asfalto

Después de tantos años de gobierno de Enrique Riestra, el balance municipal no puede medirse exclusivamente por kilómetros de caminos asfaltados. Tiene que medirse por la situación del abastecimiento, del saneamiento, de la vivienda, del urbanismo, de los servicios públicos y, en definitiva, por las condiciones de vida de quienes residen en Llanes durante los doce meses del año.

Por eso resulta necesario preguntarse si detrás de esta intensa política comunicativa alrededor de los caminos rurales existe una estrategia para recuperar o consolidar apoyo electoral en los pueblos mientras otros grandes problemas municipales permanecen sin una solución suficiente.

Esa es una valoración política y, como tal, debe someterse al debate ciudadano. Pero los vecinos tienen derecho a formularla y, sobre todo, a exigir datos y resultados que permitan comparar la propaganda institucional con la realidad del concejo.

Los caminos deben arreglarse. Nadie discute eso.

Pero gobernar Llanes es mucho más que echar asfalto.

Gobernar significa afrontar también los problemas difíciles, aquellos que no proporcionan una fotografía inmediata ni un titular favorable. Significa planificar el abastecimiento, mejorar el saneamiento, facilitar vivienda, ordenar urbanísticamente el municipio y garantizar unos servicios públicos dignos.

Y después de más de una década de gobierno municipal encabezado por el ultra, Enrique Riestra, la pregunta que deberían poder responder los vecinos es muy sencilla:

¿Ha avanzado Llanes al mismo ritmo en esas grandes necesidades estructurales que en la sucesión de obras y asfaltados que periódicamente protagonizan la propaganda municipal?

Porque los vecinos de los pueblos no necesitan que nadie compre su confianza con una carretera recién asfaltada, ni los vecinos de las principales localidades necesitan promesas eternas. Todos necesitan exactamente lo mismo: que el Ayuntamiento cumpla sus competencias, establezca prioridades transparentes y gobierne para el conjunto del concejo.

Llanes: un gobierno a la fuga y una oposición incapaz de convertirse en alternativa

Si al balance de la gestión municipal de los últimos años sumamos la incapacidad de la oposición socialista para transformar el desgaste del gobierno en una alternativa política sólida, reconocible y eficaz, la fotografía que obtenemos de Llanes resulta profundamente preocupante. El problema no consiste únicamente en analizar lo que hace o deja de hacer el gobierno encabezado por el ultra, Enrique Riestra, sino también en preguntarse qué oposición están ejerciendo los ocho concejales socialistas presentes en la Corporación. Una oposición no está solamente para registrar mociones, publicar comunicados o esperar pacientemente a las siguientes elecciones; está para fiscalizar al gobierno, controlar la ejecución de los presupuestos, exigir explicaciones, presentar alternativas y conseguir que los grandes problemas del municipio permanezcan en el centro del debate político. Y en Llanes esos problemas existen desde hace demasiado tiempo: vivienda, abastecimiento de agua, saneamiento y alcantarillado, urbanismo, diversificación económica y oportunidades laborales estables, entre otros.

La vivienda constituye uno de los ejemplos más evidentes. Durante años hemos escuchado hablar de suelo disponible, convenios, reuniones, futuras promociones y proyectos, pero la pregunta fundamental continúa siendo mucho más sencilla: ¿cuántas viviendas públicas nuevas se han construido y puesto efectivamente a disposición de los vecinos durante estos años? En febrero de 2025 el propio Ayuntamiento informaba de una reunión con la Consejería de Vivienda en la que se abordaba la disponibilidad de suelo municipal para construir vivienda pública, y anteriormente había anunciado que ponía a disposición del Principado una reserva situada entre Llanes y Póo, donde afirmaba disponer de unos 25.000 metros cuadrados de suelo municipal destinado a vivienda protegida. El PSOE, por su parte, también ha presentado iniciativas reclamando suelo y actuaciones para vivienda pública. Todo ello demuestra que el problema está perfectamente identificado. Precisamente por eso resulta todavía más necesario exigir resultados: los vecinos no pueden vivir eternamente de anuncios, reuniones, mociones y declaraciones de intenciones.

Algo parecido ocurre cuando hablamos del desarrollo económico. No sería riguroso afirmar que en Llanes se han instalado «cero empresas», porque los datos disponibles lo desmienten. Un informe de FADE contabilizaba 662 empresas en Llanes en 2024, 88 más que en 2019, mientras registraba 1.658 autónomos, 56 menos que cinco años antes. El verdadero debate, por tanto, es otro y probablemente mucho más preocupante: qué modelo económico se está construyendo para Llanes y qué capacidad tiene el municipio para generar actividad económica estable más allá de su enorme dependencia de los servicios y del turismo. El propio Ayuntamiento reconoce en su información económica que el sector secundario ha tenido tradicionalmente poco peso en el municipio y que el sector terciario, especialmente las actividades relacionadas con el turismo, constituye el principal motor económico. Después de tantos años de gobierno, resulta legítimo preguntar qué estrategia existe para atraer industria compatible con el territorio, empresas tecnológicas, actividades profesionales, empleo cualificado y proyectos capaces de generar puestos de trabajo durante los doce meses del año.

Mientras estos grandes problemas requieren soluciones complejas y políticas sostenidas en el tiempo, hay un terreno en el que el gobierno municipal demuestra una extraordinaria capacidad para generar titulares: el asfaltado y acondicionamiento de caminos. Que nadie tergiverse esta crítica: los caminos rurales deben mantenerse y los habitantes de los pueblos tienen exactamente el mismo derecho que cualquier otro vecino a disponer de infraestructuras dignas. Es, además, una competencia municipal. Lo cuestionable es convertir actuaciones de mantenimiento viario en uno de los grandes escaparates políticos de una gestión, acompañando reiteradamente las obras de fotografías, visitas institucionales y declaraciones triunfalistas. Un Ayuntamiento no puede medir la transformación de un municipio exclusivamente por los kilómetros de pavimento renovados. Gobernar significa enfrentarse también a aquello que resulta mucho más complicado: garantizar agua y saneamiento, facilitar vivienda, ordenar urbanísticamente el territorio, favorecer la implantación de actividad económica y crear condiciones para que los jóvenes puedan desarrollar un proyecto de vida en Llanes durante todo el año.

Ahí es donde los cantos de sirena y la propaganda institucional chocan necesariamente con la obligación de presentar resultados. El gobierno puede anunciar presupuestos, inversiones y proyectos, y sería injusto negar que existen actuaciones municipales concretas. En los presupuestos de 2025, por ejemplo, se anunciaron unas cuentas de 22,25 millones de euros, además de inversiones relevantes como la rehabilitación del Cinemar o actuaciones relacionadas con la macrotraída de Posada. Pero anunciar inversiones no significa automáticamente haber solucionado los problemas estructurales del municipio. Después de tantos años gobernando, el balance debería poder expresarse mediante indicadores perfectamente comprensibles: cuántas viviendas públicas se han construido, cuántas familias se han beneficiado de políticas municipales de vivienda, qué actuaciones estructurales de saneamiento se han terminado, qué mejoras definitivas se han realizado en el abastecimiento, qué nuevas actividades económicas se han implantado y qué problemas históricos del concejo han dejado realmente de existir. Esa es la rendición de cuentas que debería exigirse a cualquier gobierno.

Pero responsabilizar exclusivamente al Ejecutivo municipal sería ofrecer solamente media fotografía. El PSOE cuenta con ocho concejales en el Ayuntamiento de Llanes, una representación suficientemente importante como para ejercer una oposición firme, constante y fiscalizadora. Es cierto que existe actividad documentada de los socialistas, con mociones relacionadas con la vivienda pública, las instalaciones deportivas, el reciclaje y otras cuestiones municipales, por lo que no sería riguroso afirmar que «no hacen nada». La cuestión verdaderamente relevante es otra: ¿para qué está sirviendo políticamente todo ese trabajo y por qué no consigue traducirse en una alternativa municipal claramente reconocible? Presentar mociones es una herramienta legítima, pero una oposición eficaz debe ir mucho más allá: fiscalizar presupuestos y contratos, controlar plazos, confrontar las promesas con su grado real de cumplimiento, aportar datos, recorrer los pueblos, escuchar a los vecinos y poner permanentemente al gobierno ante sus propias contradicciones. Y, sobre todo, tiene que ejercer como altavoz de los problemas que padece el concejo, utilizando con mucha mayor eficacia las redes sociales, internet y todos los canales de comunicación disponibles para explicar, documentar y hacer visible ante la ciudadanía el desbarajuste que, a su juicio, sufre Llanes. Una oposición con ocho concejales no puede permitir que el relato público del municipio lo construya casi exclusivamente el gobierno mediante sus notas de prensa y su propaganda institucional; tiene la obligación de contraponer hechos, cifras y fiscalización, y conseguir que aquello que el poder preferiría mantener fuera del foco sea conocido por todos los vecinos.

Resulta especialmente difícil comprender que, después de tantos años de gobierno de Riestra y disponiendo el PSOE de ocho representantes municipales, la oposición no haya conseguido transformar el desgaste existente en una alternativa política suficientemente contundente como para condicionar por completo la agenda municipal. Ocho concejales no pueden limitarse a ocupar ocho asientos en el salón de plenos. Representan una enorme responsabilidad política. Si consideran que existen graves problemas de vivienda, saneamiento, abastecimiento, urbanismo o desarrollo económico, deberían ser capaces de construir alrededor de esas cuestiones una fiscalización constante, rigurosa y comprensible para cualquier ciudadano. No basta con presentar una iniciativa y pasar a la siguiente. Tampoco basta con esperar que los errores del adversario terminen entregando automáticamente la Alcaldía. La oposición tiene la obligación de demostrar cada día que existe otra forma de gobernar y que dispone de un proyecto preparado para aplicarse.

El resultado de todo ello dibuja una situación difícil de aceptar: un gobierno que parece encontrar refugio político en las actuaciones más visibles y una oposición que no consigue convertir sus ocho concejales en una herramienta suficientemente eficaz para obligarlo a rendir cuentas sobre los grandes problemas de Llanes. Unos anuncian caminos, inversiones y actuaciones; los otros responden con mociones, comunicados y denuncias. Mientras tanto, demasiadas cuestiones fundamentales continúan esperando respuestas. El mantenimiento de los caminos es necesario y la presencia de los representantes municipales en las fiestas y celebraciones de las parroquias forma parte de la vida institucional y social del concejo, pero ninguna de esas actividades puede sustituir la obligación fundamental de gobernar y resolver problemas.

Llanes necesita bastante más que asfalto, fotografías y presencia institucional en las fiestas patronales. Necesita vivienda asequible, abastecimiento fiable, saneamiento, planificación urbanística, diversificación económica, empleo estable y oportunidades para quienes desean quedarse a vivir en el municipio. Necesita un gobierno capaz de afrontar los problemas difíciles aunque resolverlos no produzca una fotografía inmediata, y necesita también una oposición socialista que abandone cualquier conformismo, aproveche el enorme peso político que representan sus ocho concejales y ejerza una fiscalización mucho más contundente, sistemática y eficaz. Porque cuando un gobierno no proporciona respuestas suficientes y la oposición tampoco consigue generar la presión política necesaria para obtenerlas, quienes terminan pagando esa parálisis son siempre los mismos: los ciudadanos.

Por eso la cuestión de fondo trasciende a Enrique Riestra, a su gobierno e incluso al PSOE que hoy está en la oposición. La pregunta verdaderamente importante es qué Llanes estamos construyendo después de tantos años y qué municipio vamos a dejar a quienes vengan detrás. No podemos conformarnos con medir una legislatura por caminos asfaltados, fotografías institucionales, notas de prensa o mociones presentadas. Una gestión municipal debe medirse por problemas solucionados y por mejoras permanentes en la vida de sus ciudadanos. Mientras no podamos responder con claridad a esas cuestiones, los cantos de sirena no podrán ocultar una realidad mucho más incómoda: Llanes necesita gestión, proyecto, ambición y una oposición capaz de estar a la altura de las circunstancias.

Ya lo dijo Aristóteles: «El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.»

 

 


 

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