LLANES TIENE AGUA. LO QUE LLEVA ONCE AÑOS FALTANDO ES GESTIÓN.

Asturias atraviesa en agosto de 2026 una situación hidrológica especialmente delicada, marcada por la persistencia de la falta de lluvias, el descenso de los recursos disponibles en numerosos manantiales y captaciones municipales y un incremento considerable del consumo durante el verano. La situación está provocando restricciones en distintos concejos y ha vuelto a poner sobre la mesa una debilidad estructural del abastecimiento asturiano: una parte importante de los municipios depende de recursos locales que presentan una elevada vulnerabilidad cuando se prolongan los periodos secos.

Las dos informaciones publicadas por La Nueva España los días 19 y 20 de agosto dibujan conjuntamente un escenario en el que Asturias no se encuentra simplemente ante un problema coyuntural de un verano seco, sino ante la necesidad de adaptar su sistema de abastecimiento a episodios de escasez que pueden hacerse más frecuentes como consecuencia del cambio climático.

La sequía pone a prueba el sistema asturiano de abastecimiento

La primera noticia, publicada el 19 de agosto, analiza las inversiones que el Principado y el Consorcio de Aguas de Asturias (Cadasa) tienen previstas para reforzar el abastecimiento. Puede consultarse aquí:

La Nueva España — actuaciones para mejorar la red de abastecimiento de agua en Asturias

La principal paradoja de la situación actual es que los grandes embalses asturianos se encuentran aproximadamente al 70 % de su capacidad, un volumen que a primera vista podría parecer relativamente tranquilizador. Sin embargo, el problema no depende exclusivamente del porcentaje almacenado en los grandes embalses. Asturias posee un sistema de abastecimiento muy fragmentado, donde conviven municipios conectados al sistema supramunicipal de Cadasa con otros que dependen fundamentalmente de manantiales, captaciones, depósitos y recursos hídricos propios, mucho más sensibles a una sucesión prolongada de semanas sin precipitaciones.

Esta diferencia entre disponer de agua en los grandes sistemas regulados y poder garantizar que el agua llegue a todos los municipios constituye una de las claves para comprender la actual situación asturiana.

Cadasa proporciona actualmente agua a 25 ayuntamientos de los 39 que están consorciados, aunque algunos complementan ese suministro con recursos propios. En 2025, el sistema suministró agua en alta a esos municipios y alcanzó aproximadamente a 784.000 habitantes, cerca del 80 % de la población asturiana. Mientras tanto, los restantes concejos dependen en mayor medida de sus propios recursos.

El abastecimiento central de Cadasa depende fundamentalmente del complejo Tanes-Rioseco, mientras que el sistema occidental utiliza el embalse de Arbón. Después de su tratamiento, el agua circula por una infraestructura de aproximadamente 246 kilómetros de red, apoyada en las estaciones de tratamiento de agua potable de Rioseco, Ablaneda y Arbón. 

Los municipios sin conexión a Cadasa, especialmente vulnerables

Los problemas más visibles de este verano se están produciendo precisamente en municipios que carecen del respaldo completo de la red supramunicipal. Pravia y Piloña son dos ejemplos de esta vulnerabilidad, con restricciones y cortes derivados de la reducción de sus recursos y del aumento de la demanda durante la temporada turística. En Pravia se han llegado a producir cortes nocturnos en determinadas localidades.

El aumento estacional de población tiene una importancia considerable. Durante el verano, numerosos municipios asturianos reciben visitantes y residentes temporales justo en el momento del año en el que los caudales naturales disminuyen y las necesidades de abastecimiento aumentan. El resultado es una presión simultánea sobre sistemas municipales que, en algunos casos, cuentan con escaso margen de regulación.

Para reducir esa vulnerabilidad, Pravia está pendiente de una infraestructura presupuestada en 8,12 millones de euros, que permitirá conectar la conducción existente entre Muros de Nalón y el depósito municipal de Pravia mediante aproximadamente 9,46 kilómetros de tubería, además de diferentes ramales. La actuación beneficiará a más de 6.400 habitantes y deja abierta una futura extensión hacia Salas.

También está prevista la extensión del servicio hacia Valdés, mediante otra actuación de más de 8,6 millones de euros. Entre las conexiones de Pravia y Valdés se movilizan más de 17 millones, ampliando progresivamente la protección que ofrece la red supramunicipal hacia territorios que actualmente presentan una mayor dependencia de sus propios recursos.

Un plan de unos 170 millones para transformar el abastecimiento

La respuesta del Principado y de Cadasa tiene una dimensión considerable. La modificación del Plan de Inversiones 2022-2032 contempla alrededor de 170 millones de euros para extender el abastecimiento y, al mismo tiempo, reforzar las conducciones existentes.

Entre las actuaciones más importantes aparecen las arterias Oriental de Asturias y Bajo Nalón, con una inversión estimada conjunta de 90 millones de euros. Su finalidad es extender el sistema supramunicipal precisamente hacia zonas que pueden sufrir una mayor presión hídrica durante sequías y periodos de elevada afluencia turística.

A ello se añade el desdoblamiento de la conducción Lieres-Espiniella, presupuestado en unos 38,6 millones de euros. La existencia de una segunda conducción permitirá reducir el riesgo de que una avería o una operación de mantenimiento en la tubería actual pueda comprometer el suministro del sistema central.

También resulta especialmente significativa la incorporación de agua del Narcea al sistema central a través de Ablaneda, una actuación de aproximadamente 8,7 millones de euros. Su importancia no reside únicamente en aumentar los recursos disponibles, sino en diversificar las fuentes de abastecimiento. De esta manera, el sistema dispondría de una alternativa a Tanes-Rioseco que podría utilizarse en episodios de sequía, averías o trabajos de mantenimiento.

La planificación incluye además actuaciones como la renovación del ramal Pinzales-Mareo, la extensión occidental hacia Villayón y el nuevo ramal de Silvota, este último con una inversión de 3,8 millones de euros.

El objetivo de estas inversiones no es únicamente disponer de más agua, sino construir una red más interconectada, redundante y capaz de responder cuando falle una captación o un territorio concreto entre en situación de escasez.

Ni siquiera los municipios conectados están completamente al margen

La conexión a Cadasa proporciona una garantía considerablemente mayor, pero no significa que el sistema pueda soportar indefinidamente cualquier nivel de consumo. La situación ha llevado al propio Consorcio a advertir a Gijón, el concejo más poblado de Asturias y uno de los principales consumidores, sobre el elevado nivel de demanda. Diferentes ayuntamientos han comenzado igualmente a realizar campañas de concienciación y llamamientos al ahorro.

Esto muestra otro elemento esencial del episodio de 2026: la sequía no depende solamente de la oferta de agua, sino también de la demanda. Cuando coinciden menos precipitaciones, reducción de los caudales naturales, temperaturas estivales, turismo y mayor consumo doméstico, el margen de seguridad del sistema disminuye.

La segunda advertencia: casi toda Asturias podría tener problemas ante una sequía grave

La segunda noticia, fechada el 20 de agosto, profundiza en esta vulnerabilidad utilizando las conclusiones del Plan Director de Abastecimiento de Aguas del Principado de Asturias 2020-2030.


La información puede consultarse aquí:

La Nueva España — restricciones y plan de emergencia por la situación del agua en Asturias

La conclusión más importante del Plan Director es contundente: en un periodo grave y prolongado de sequía, prácticamente todos los ayuntamientos asturianos podrían tener dificultades para garantizar completamente sus necesidades de abastecimiento.

El documento identifica 46 municipios con algún tipo de advertencia relacionada con su capacidad para afrontar escenarios secos. La vulnerabilidad no es igual en todos ellos.

Cinco concejos destacan especialmente: Grado, Mieres, Cangas de Onís, Lena y Tineo, que podrían registrar problemas de abastecimiento durante episodios secos debido a balances deficitarios o dificultades específicas de sus captaciones. Otros diez presentarían situaciones negativas durante sequías moderadas, especialmente en verano.

Otros 31 municipios no tendrían inicialmente problemas importantes durante una sequía moderada, pero podrían sufrirlos si la ausencia de precipitaciones se prolongase y se alcanzara una situación comparable a episodios históricos especialmente secos, como el de 1988-1989. Por el contrario, los 25 municipios abastecidos por Cadasa disponen de la protección adicional que proporciona el sistema supramunicipal.

El gran problema oculto: falta capacidad para almacenar agua

Además de las captaciones y conducciones, el Plan Director señala otra debilidad fundamental: la insuficiente capacidad de almacenamiento de agua potabilizada.

De los 81 principales sistemas de abastecimiento analizados en Asturias, al menos 31 no disponen del volumen de regulación considerado necesario.

Este problema es particularmente importante durante una sequía. Un depósito suficientemente dimensionado actúa como un colchón: permite continuar suministrando agua cuando disminuye temporalmente el caudal de una captación, cuando se dispara el consumo o cuando una avería interrumpe la llegada de nuevos recursos.

Sin capacidad de almacenamiento suficiente, una reducción relativamente breve del caudal disponible puede convertirse mucho antes en un problema de abastecimiento para la población.

Por este motivo, el Plan reclama incrementar la capacidad de regulación y, especialmente en los municipios pequeños que no pueden conectarse fácilmente a Cadasa, construir nuevos depósitos capaces de almacenar recursos suficientes para varios días.

Estado actual de la situación hidrológica asturiana

Tomando conjuntamente ambas noticias, la situación de agosto de 2026 puede definirse como un episodio serio de escasez y tensión sobre determinados sistemas de abastecimiento, pero muy desigual territorialmente.

Los grandes embalses mantienen aproximadamente un 70% de su capacidad, por lo que el principal problema inmediato no es un agotamiento generalizado de las grandes reservas. La preocupación se concentra en los sistemas locales dependientes de manantiales, pequeños depósitos y captaciones que están perdiendo caudal debido a la falta de precipitaciones.

La documentación oficial de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico disponible para junio de 2026 ya mostraba indicadores bajos en diferentes puntos de la Demarcación del Cantábrico Occidental, aunque esos indicadores abarcan un territorio más amplio que Asturias y no deben interpretarse por sí solos como una fotografía municipal de la situación asturiana de agosto.

Por tanto, no toda Asturias está sufriendo la sequía con la misma intensidad. Los sistemas integrados en Cadasa presentan una capacidad de respuesta considerablemente superior, mientras que determinados municipios abastecidos mediante recursos propios están mucho más expuestos a que varias semanas secas, combinadas con un consumo elevado, provoquen restricciones.

Las previsiones de lluvia citadas en las informaciones apuntaban a un alivio limitado, pero no suficiente para considerar solucionado el problema. Si la falta de precipitaciones continúa hacia el otoño, Cadasa y el Principado contemplan la posibilidad de adoptar medidas más severas.

Una advertencia que va más allá del verano de 2026

La cuestión de fondo es estructural. El episodio actual está funcionando como una prueba de resistencia para un modelo de abastecimiento diseñado en una comunidad tradicionalmente asociada a una elevada disponibilidad de agua, pero que ahora debe prepararse para periodos secos más frecuentes y prolongados.

El propio Plan Director relaciona esta vulnerabilidad con los efectos previsibles del cambio climático y advierte de la ausencia de suficientes elementos de regulación en numerosos sistemas municipales.

Por ello, el objetivo estratégico planteado para Asturias es especialmente significativo: «dotar a todos los concejos asturianos de una fuente de suministro garantizada». Para conseguirlo será necesario combinar la ampliación de Cadasa, nuevas conducciones, fuentes alternativas de agua, mayores depósitos de almacenamiento y mejoras específicas en aquellos pequeños municipios cuya ubicación hace inviable o excesivamente compleja su conexión a la red autonómica.

En definitiva, Asturias dispone todavía de importantes reservas de agua, pero eso no elimina el riesgo de desabastecimiento local. La situación de agosto de 2026 demuestra que el problema no consiste únicamente en cuánta agua existe en el conjunto de la comunidad, sino en dónde se encuentra, cómo se almacena, cómo se transporta y qué capacidad tiene cada municipio para acceder a ella cuando sus fuentes habituales disminuyen.

Las restricciones actuales en algunos concejos son, por tanto, una manifestación inmediata de una cuestión mucho más amplia. La prioridad pasa por transformar un sistema fragmentado y vulnerable ante sequías prolongadas en una red más interconectada, con mayor capacidad de almacenamiento y fuentes alternativas de suministro. Los aproximadamente 170 millones de euros de inversiones previstas representan el principal instrumento para avanzar en esa dirección.

Si las lluvias no recuperan de manera sostenida los manantiales, captaciones y reservas durante las próximas semanas, el otoño será el siguiente punto crítico. Por ello, además de las obras estructurales a medio y largo plazo, la reducción del consumo y la gestión prudente de los recursos disponibles constituyen las herramientas inmediatas para evitar que las restricciones tengan que extenderse o intensificarse.

Existe un municipio que ejemplifica especialmente bien los problemas de abastecimiento de agua en el oriente de Asturias: Llanes. Su situación permite analizar una de las principales contradicciones de la gestión municipal desarrollada desde 2015, año en que VecinosxLlanes alcanzó la Alcaldía con el apoyo de otras fuerzas como el PP: un concejo cuya economía depende en gran medida del turismo, cuya demanda de agua se dispara precisamente durante los meses de mayor afluencia y que, al mismo tiempo, se asienta sobre un territorio con importantes recursos hídricos subterráneos, continúa arrastrando problemas de abastecimiento y dependiendo de unas infraestructuras cuyas limitaciones e insuficiencias son conocidas desde hace años.

El ultraderechista alcalde llanisco, Enrique Riestra, de VecinosxLlanes, accedió a la Alcaldía en junio de 2015 gracias al apoyo de Foro Asturias y del Partido Popular, después de que el PSOE hubiera sido la candidatura más votada. La continuidad política ha sido extraordinaria: Riestra permanece en la Alcaldía desde entonces y, tras las elecciones de 2023, VecinosxLlanes cuenta con seis concejales y el PP con tres. Por tanto, han transcurrido once años desde el cambio político de 2015, tiempo suficiente para examinar el abastecimiento de agua no como una cuestión heredada o coyuntural, sino como el resultado de las prioridades acumuladas de varios mandatos municipales.

La primera cuestión que debe dejarse clara es que el abastecimiento de agua no constituye una competencia ajena al Ayuntamiento, sino una de sus responsabilidades esenciales. La Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, establece expresamente que todos los municipios deben garantizar la prestación del servicio de abastecimiento domiciliario de agua potable. Esto no significa que las administraciones autonómica y estatal carezcan de responsabilidades en ámbitos como las grandes infraestructuras hidráulicas, la planificación hidrológica o la gestión del dominio público hidráulico, pero sí impide presentar el abastecimiento municipal como una cuestión de la que el Ayuntamiento pueda desentenderse mientras espera actuaciones o financiación de otras administraciones. Precisamente esa transferencia recurrente de responsabilidades hacia instancias superiores constituye uno de los aspectos más cuestionables de la gestión desarrollada por el gobierno municipal ultra durante estos años.

Precisamente ahí aparece una de las cuestiones centrales de estos once años. El propio Ayuntamiento ha dirigido reiteradamente al Principado reclamaciones relacionadas con el abastecimiento. En febrero de 2024, por ejemplo, Riestra trasladó al presidente del PP asturiano reivindicaciones en esta materia y presentó entre los proyectos pendientes la denominada macrotraída de Posada. Dos meses después hizo algo semejante en una reunión con Foro. En marzo de ese mismo año, el alcalde compareció con la diputada Covadonga Tomé para reclamar al Principado una solución a los problemas de abastecimiento ante la proximidad de la temporada estival y el incremento de población que ésta provoca.

La macrotraída resulta particularmente significativa. VecinosxLlanes reconocía en 2023 que localidades como Caldu eño, Poo, Celorio, Barro, Balmori, Piedra, Quintana, Lledías, Posada, Bricia, Turanzas, El Allende, Los Callejos, Puente Nuevo, Meré y Cueto Meré continuaban esperando una actuación estructural sobre su abastecimiento. La propia formación señalaba entonces que había reclamado al Principado financiación para esta infraestructura desde 2021 y que la obra era imposible de asumir exclusivamente por el Ayuntamiento (es curiosa dicha afirmación, no hay dinero para garantizar el suministro de agua y si tienen 6 millones de euros para un teatro como el Cinemar).

Finalmente fue el Gobierno del Principado el que en septiembre de 2024 encargó a TRAGSA la ejecución de las obras correspondientes al proyecto de renovación de la red de abastecimiento en alta o macrotraída, en el tramo Rales-Santo Toribio. Es decir, una infraestructura considerada esencial para mejorar la garantía de abastecimiento de una parte relevante del municipio entró en fase de ejecución autonómica casi una década después de la llegada de Riestra a la Alcaldía.

Por consiguiente, la crítica rigurosa a este gobierno ultra debe ser la ausencia durante buena parte de estos once años de una transformación integral y suficientemente rápida del sistema de abastecimiento. Las actuaciones localizadas demuestran que se ha invertido, pero simultáneamente evidencian la persistencia de instalaciones antiguas, soluciones provisionales prolongadas durante años, problemas estivales de presión y capacidad y la necesidad de una macrotraída cuya ejecución terminó dependiendo fundamentalmente de la Administración autonómica.

Y esta cuestión adquiere mucha mayor relevancia cuando se analiza la disponibilidad natural de agua del concejo.

Llanes no se encuentra sobre un territorio hidrogeológicamente pobre. Todo lo contrario.

La planificación oficial de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico identifica la masa de agua subterránea Llanes-Ribadesella, de naturaleza carbonatada, sobre la que se encuentra el sistema de explotación de Llanes. La documentación hidrológica calcula para esta masa unos 170 hectómetros cúbicos anuales de recursos renovables, de los cuales aproximadamente 98 hm³/año se localizan dentro del sistema Llanes.

El Plan Hidrológico asignaba específicamente a Llanes 2,73 hm³ anuales procedentes de recursos superficiales y de la masa subterránea Llanes-Ribadesella, mencionando expresamente los manantiales de Siete Caños, Cueva el Molín, La Friera y Alloru. Por tanto, la utilización de aguas subterráneas para abastecimiento no constituye una hipótesis ni una posibilidad puramente teórica: forma parte históricamente del propio sistema de abastecimiento de Llanes.

La riqueza hidrogeológica aparece además documentada por el Ministerio para la Transición Ecológica. En territorio llanisco se encuentra la Reserva Natural Subterránea del Manantial del río Cabra, asociada al acuífero formado por las calizas carboníferas de la Sierra del Cuera. También está la Reserva Natural Subterránea de la Surgencia L’Aguañaz, en el complejo kárstico del Mazuco, una superficie de 42,5 km² caracterizada por numerosas zonas de infiltración y puntos de descarga y cuyo manantial principal se encuentra en Cueva el Molín.

Hay un documento todavía más significativo. Un estudio de la Dirección General del Agua y del IGME sobre la masa subterránea Llanes-Ribadesella identificaba expresamente los acuíferos costeros de Llanes, Sierra del Cuera, Mofrechu y otros sistemas próximos y señalaba una circunstancia fundamental: la zona soporta una demanda estacional elevada de agua debido al turismo. El estudio planteaba incluso analizar mecanismos de recarga artificial de acuíferos para mejorar la regulación y garantizar el abastecimiento, siempre teniendo en cuenta la necesidad de evitar problemas como la intrusión marina.

Este dato modifica sustancialmente la perspectiva. El problema de Llanes no puede reducirse simplemente a afirmar que falta agua. La documentación hidrológica lleva años apuntando a algo más complejo: disponibilidad de recursos hídricos combinada con posibles déficits en las infraestructuras necesarias para captarlos, regularlos, tratarlos, almacenarlos y distribuirlos con garantías.

De hecho, el Plan Hidrológico de la Demarcación del Cantábrico Occidental ya advertía expresamente, al analizar el sistema Llanes, que aunque los balances generales de recursos podían resultar aparentemente suficientes, era posible que esos cálculos estuvieran enmascarando un déficit de las infraestructuras de abastecimiento existentes. Esa observación es especialmente importante porque desplaza el problema desde la simple disponibilidad física de agua hacia la planificación y capacidad de las instalaciones.

Ahí se encuentra probablemente la principal cuestión que debe plantearse al examinar la gestión municipal desde la llegada en el año 2015 de la ultraderecha al gobierno municipal. Once años ofrecen un horizonte temporal suficientemente amplio para haber desarrollado una estrategia integral sobre captaciones, depósitos de regulación, conducciones en alta, renovación de redes, reducción de pérdidas, tratamiento y diversificación de fuentes de suministro. Sin embargo, lo que muestran las actuaciones localizadas es una sucesión de intervenciones sobre problemas concretos —Nueva, Cardosu-Hontoria, Riensena, Buelna— mientras una infraestructura estructural como la macrotraída continuaba pendiente y terminaba siendo asumida por el Principado.

La propia planificación autonómica demuestra cuáles son las actuaciones que técnicamente se consideran necesarias para garantizar los abastecimientos asturianos: investigación y aforo de recursos disponibles, captaciones de aguas subterráneas, infraestructuras de regulación, renovación de conducciones, incremento de la capacidad de almacenamiento de agua potable, protección de captaciones y mejora de las instalaciones de potabilización. El Plan Director de Abastecimiento de Agua del Principado 2020-2030 contempla expresamente todas estas líneas.

En Llanes estas inversiones tienen además una dimensión económica que trasciende la prestación cotidiana del servicio a los residentes. El agua es infraestructura turística. Hoteles, restaurantes, viviendas vacacionales, campings, comercios y segundas residencias necesitan una red capaz de responder a una demanda extraordinariamente estacional. En marzo de 2024, cuando el propio alcalde reclamaba al Principado actuaciones sobre la traída de Posada, se reconocía expresamente el riesgo de problemas durante el verano por el aumento de población.

Por eso resulta difícil considerar el abastecimiento como una infraestructura secundaria en un municipio de las características de Llanes. Si la población efectiva aumenta fuertemente durante la temporada turística, las infraestructuras no pueden dimensionarse exclusivamente en función de los aproximadamente trece mil residentes empadronados, sino también atendiendo a los picos de población y consumo que soporta el territorio en verano.

Y precisamente la disponibilidad de acuíferos obliga a plantear otra cuestión que no debe confundirse con la afirmación simplista de que basta con perforar pozos. Los acuíferos kársticos son sistemas ambientalmente delicados; cualquier nueva explotación exige estudios hidrogeológicos, autorizaciones de la Confederación, determinación de recursos realmente disponibles, protección frente a contaminación y garantía de que las extracciones no deterioren el estado cuantitativo o químico de las masas subterráneas. La masa Llanes-Ribadesella está, además, protegida como zona de captación de agua subterránea para abastecimiento.

Por ello, autosuficiencia hídrica no significa explotar indiscriminadamente los acuíferos, sino conocerlos, aforarlos, protegerlos e incorporarlos racionalmente a un sistema que disponga de suficiente capacidad de regulación y almacenamiento. Precisamente por eso resulta razonable preguntarse qué investigación hidrogeológica, qué planificación de nuevas captaciones estratégicas y qué incremento de reservas mediante depósitos se ha impulsado municipalmente durante estos once años para aprovechar de manera sostenible las posibilidades naturales del concejo… Ninguno.

El caso de Buelna resulta paradigmático de los ritmos seguidos. Una localidad cuyo depósito quedó inutilizado en 2013 permaneció utilizando una solución provisional hasta 2025. Doce años para sustituir definitivamente un depósito de apenas 50 m³ que había quedado fuera de servicio difícilmente representan el ritmo inversor que cabría esperar de un municipio cuya población y demanda de servicios se disparan estacionalmente. Aunque la causa inicial del daño fuera ajena al Ayuntamiento y estuviera relacionada con las obras de la autovía, el hecho objetivo es que la solución definitiva no llegó hasta doce años después.

Algo semejante puede deducirse de Riensena: en 2024 fue necesario intervenir sobre una instalación de bombeo con más de cuarenta años de antigüedad y sobre una conducción parcialmente instalada en los años cincuenta, después de que las roturas hubieran provocado diversos episodios de desabastecimiento. La obra fue necesaria y positiva, pero su propia descripción constituye una evidencia del envejecimiento que todavía presenta una parte de las infraestructuras hidráulicas rurales.

Por tanto, después de once años de gobierno ultra encabezado por VecinosxLlanes, el balance que permiten realizar las fuentes no es el de una inversión inexistente, pero tampoco el de una modernización integral del abastecimiento municipal. Se han ejecutado actuaciones concretas y algunas importantes, pero al mismo tiempo han persistido problemas históricos, infraestructuras envejecidas, soluciones provisionales extraordinariamente prolongadas y una dependencia de actuaciones autonómicas para resolver elementos esenciales de la red en alta.

La cuestión verdaderamente relevante es si, disponiendo de algo más de once años de gobierno, de un municipio económicamente volcado en el turismo y de unos recursos hidrogeológicos que la planificación oficial considera importantes, la política inversora municipal ha estado a la altura del carácter estratégico que debería tener el agua para Llanes.

Los documentos oficiales permiten sostener que esa pregunta está plenamente justificada. Porque existe una masa subterránea de gran importancia; porque existen numerosos manantiales ya utilizados para abastecimiento; porque la planificación hidrológica reconoce una demanda estacional elevada asociada al turismo; porque los propios documentos hidrológicos han advertido de posibles déficits de infraestructura; porque localidades del concejo han sufrido problemas de presión o abastecimiento; porque algunas instalaciones han llegado hasta fechas recientes con varias décadas de antigüedad; y porque una de las principales obras estructurales, la macrotraída, seguía siendo objeto de reclamaciones casi nueve años después del cambio de gobierno municipal.

El problema de fondo, por tanto, no es solamente cuánta agua tiene Llanes, sino qué se ha hecho durante algo más de once años para garantizar que esa agua pueda captarse de forma sostenible, almacenarse, potabilizarse y llegar con suficiente presión y garantía a todos los núcleos precisamente cuando el municipio soporta su máxima demanda.

Para un concejo que fundamenta buena parte de su economía en el turismo como es Llanes, el abastecimiento no debería ser una política reactiva consistente en solucionar sucesivamente averías, deficiencias locales o instalaciones obsoletas. Debería constituir una infraestructura económica estratégica, planificada con décadas de anticipación y preparada para absorber los picos estivales sin comprometer el suministro de la población residente.

Ese es el aspecto más cuestionable del balance 2015-2026: la dificultad para identificar en esos once años una transformación estructural del sistema municipal de abastecimiento proporcional a los recursos naturales disponibles, a los problemas conocidos y a la enorme importancia económica que tiene garantizar agua suficiente durante la temporada turística.

Para terminar el post quiero manifestar que la situación que atraviesa Asturias demuestra que la abundancia histórica de agua ya no puede confundirse con la garantía permanente de abastecimiento. Los episodios secos están poniendo de manifiesto las debilidades de un sistema fragmentado, en el que numerosos concejos siguen dependiendo de manantiales, captaciones y depósitos locales especialmente vulnerables cuando disminuyen las precipitaciones y, simultáneamente, aumenta el consumo. El propio Plan Director de Abastecimiento advierte de las carencias existentes en capacidad de regulación y de la necesidad de reforzar depósitos, conducciones y fuentes alternativas de suministro.

Dentro de este escenario, Llanes constituye un ejemplo particularmente significativo de lo que supone llegar tarde a la planificación del agua. Después de once años bajo el mismo gobierno municipal, las actuaciones realizadas no permiten hablar de una modernización integral y ordenada del abastecimiento: han persistido infraestructuras envejecidas, soluciones provisionales durante largos periodos y problemas locales, mientras una actuación estructural como la macrotraída continuó pendiente durante años y acabó dependiendo de la intervención del Principado.

La contradicción resulta todavía mayor por las características del concejo. Llanes dispone de importantes recursos hidrogeológicos y, al mismo tiempo, soporta una fortísima presión turística precisamente durante el periodo en que aumenta el consumo y disminuyen los caudales naturales. La documentación hidrológica identifica recursos subterráneos relevantes y reconoce expresamente la elevada demanda estacional vinculada al turismo. Por ello, el debate no consiste únicamente en determinar si existe agua, sino en comprobar si se han creado las captaciones, depósitos, conducciones, sistemas de regulación y mecanismos de reserva necesarios para aprovecharla de manera sostenible y garantizar el suministro.

Once años constituyen tiempo suficiente para haber situado el agua en el centro de la planificación estratégica municipal. No se trata de negar las actuaciones concretas ejecutadas, sino de constatar que no han configurado esa transformación estructural que requería un concejo con las características de Llanes. La persistencia de problemas conocidos y la necesidad de recurrir a otras administraciones para afrontar infraestructuras esenciales muestran las limitaciones de una política que ha avanzado mediante intervenciones parciales en lugar de mediante una estrategia global de largo plazo.

El episodio de escasez que vive Asturias en 2026 debería servir, por tanto, como advertencia. La política del agua no puede comenzar cuando aparece la sequía ni limitarse a reaccionar cuando falla una captación o un depósito resulta insuficiente. Exige anticipación, inversión y planificación. En un municipio turístico como Llanes, garantizar el abastecimiento es además proteger simultáneamente la calidad de vida de sus vecinos y uno de los pilares de su economía.

Ese es, en último término, el balance crítico que deja Llanes: no la ausencia absoluta de inversiones, sino once años sin haber conseguido articular una respuesta ordenada, coherente y estructural a uno de los servicios públicos más elementales y estratégicos de cualquier municipio: garantizar agua suficiente y segura a su población.

Ya lo dijo Leonardo Da Vinci: «El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza.»

 


 

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