El 4 de febrero podíamos leer en la prensa “amiga” del gobierno municipal de Llanes, LNE, la reacción del alcalde de Llanes, Enrique Riestra Rozas, a las declaraciones realizadas por la vicepresidenta del Principado, Gimena Llamedo, tras la polémica generada por la carta en catalán enviada por su partido fascista, VecinosxLlanes (sicarios de la asociación AVALL, enemigos de Llanes), al presidente autonómico Adrián Barbón https://bit.ly/3O7PwQP
El tahúr Riestra defiende que dicha misiva fue una acción simbólica y deliberadamente provocadora, concebida en un tono humorístico (una payasada política por la que cobra de los llaniscos todos los meses lo que no gana en la vida civil al carecer de empleo), para denunciar lo que considera un persistente “ninguneo institucional” hacia el concejo de Llanes. Según el alcalde, el uso del catalán pretendía evidenciar, desde su punto de vista, la sumisión del PSOE a los nacionalismos y el abandono de los principios de igualdad y solidaridad territorial, una deriva que —afirma— acaba perjudicando a Asturias y, en consecuencia, a Llanes.
El regidor reprocha a Llamedo haber utilizado su cargo institucional para responder a una crítica política y considera preocupante la confusión entre partido, Gobierno e instituciones. Asegura que, aunque durante los actos oficiales mantiene un comportamiento respetuoso y actúa como alcalde de todos los vecinos, eso no le impide expresar el malestar existente por el trato que recibe el concejo en materia de inversiones públicas.
Riestra insiste en que Llanes lleva más de una década situada en los últimos puestos de inversión pública en relación con su población y extensión, y recalca que no pide privilegios, sino igualdad y respeto institucional. Muestra además su escepticismo ante los anuncios reiterados del Principado sobre infraestructuras y proyectos que, a su juicio, se repiten año tras año sin llegar a materializarse. Para el alcalde fascista, la política debe medirse por hechos y resultados concretos, no por titulares, y promete seguir defendiendo los intereses de los llaniscos con firmeza, serenidad y argumentos.
Foto: gobierno municipal fascista del Ayuntamiento de Llanes
El análisis del gobierno municipal de Llanes en los últimos diez años permite identificar una retahíla de carencias estructurales sostenidas en el tiempo, que explican la percepción de estancamiento y deterioro institucional existente entre una parte significativa de la población llanisca. Se trata de déficits constatables en ámbitos clave de la gestión pública, cuyo impacto es acumulativo y afecta de forma directa al desarrollo social, económico y demográfico del concejo.
En el ámbito de la vivienda, Llanes presenta una oferta claramente insuficiente, especialmente en lo que respecta a vivienda habitual y accesible. No se han promovido de forma efectiva planes de vivienda pública ni se ha desbloqueado suelo urbanizable con criterios de interés general, lo que ha contribuido a un fuerte encarecimiento de los precios y a una progresiva sustitución de la vivienda residencial por usos turísticos. Este fenómeno ha tenido como consecuencia directa la dificultad de acceso a la vivienda para jóvenes y familias trabajadoras, acelerando la pérdida de población permanente y el envejecimiento demográfico del concejo.
El urbanismo constituye otro de los puntos críticos. Llanes arrastra desde hace años una planificación deficiente, con instrumentos urbanísticos bloqueados, modificaciones parciales sin una visión estratégica global y una notable inseguridad jurídica. Esta situación ha frenado inversiones, paralizado iniciativas privadas y públicas y generado un desarrollo desordenado, sin que se haya avanzado de manera clara hacia un modelo equilibrado que compatibilice conservación del territorio, actividad económica y derecho a la vivienda.
En cuanto a los servicios públicos, las carencias son especialmente visibles en áreas sensibles. La atención a la dependencia sufre retrasos prolongados, falta de recursos y una insuficiente coordinación administrativa, lo que repercute negativamente en personas mayores y dependientes y en sus familias. A ello se suman problemas recurrentes en el suministro de agua, con episodios de escasez en determinados núcleos y épocas del año principalmente en verano, y un sistema de saneamiento incompleto o obsoleto en varias parroquias, donde siguen existiendo vertidos ilegales y redes inadecuadas que no han sido corregidas pese al paso del tiempo.
Estas deficiencias contrastan con una presión fiscal muy elevada. Llanes se sitúa, según los datos comparativos de ordenanzas municipales, como el segundo concejo con mayor carga impositiva de Asturias entre los 78 municipios, con impuestos y tasas —como el IBI, el impuesto de vehículos o determinadas tasas por servicios— claramente por encima de la media regional. Este esfuerzo fiscal no se ha traducido en una mejora proporcional de infraestructuras ni de servicios, lo que alimenta una sensación de desequilibrio entre lo que se recauda y lo que se devuelve a la ciudadanía en forma de políticas públicas eficaces.
En conjunto, el balance de esta etapa de gobierno municipal refleja una gestión incapaz de resolver problemas estructurales básicos, que ha ido acumulando déficits en lugar de corregirlos. Las recientes declaraciones del alcalde fascista, Enrique Riestra Rozas, pueden interpretarse en este contexto como la manifestación de una impotencia política ante una década de resultados pobres, donde los datos objetivos en vivienda, urbanismo, servicios esenciales y fiscalidad dibujan un escenario de deterioro institucional y de oportunidades perdidas para los llaniscos.
Para describir de forma rigurosa y analítica el patrón recurrente de actuación política del alcalde de Enrique Riestra Rozas, puede señalarse un mecanismo discursivo constante orientado a desplazar el foco del debate público desde la gestión municipal hacia la confrontación institucional externa.
Este mecanismo se basa, de manera reiterada, en la construcción de un conflicto con otras administraciones, principalmente el Gobierno del Principado, personalizado en figuras como Gimena Llamedo o el presidente Adrián Barbón. La narrativa central insiste en un supuesto “agravio comparativo” y en un “ninguneo institucional” hacia Llanes, convirtiendo esa denuncia en el eje principal del discurso político municipal. Este planteamiento desplaza el debate desde los resultados de la gestión local hacia factores externos, sobre los que el gobierno municipal no tiene competencia directa.
La utilización de acciones simbólicas de alto impacto mediático, como la carta en catalán impulsada por el partido fascista, VecinosxLlanes, responde a esa misma lógica. Se trata de iniciativas con gran capacidad para generar polémica, titulares y reacciones políticas, pero sin efectos prácticos sobre los problemas estructurales del concejo. El protagonismo del gesto sustituye al análisis de políticas públicas concretas, y la confrontación retórica reemplaza a la rendición de cuentas sobre la gestión diaria.
Este recurso discursivo resulta especialmente significativo cuando se contrasta con la persistencia de déficits objetivos en ámbitos de competencia municipal. Mientras el debate público se centra en el trato recibido desde otras administraciones, permanecen sin resolver problemas como la escasez de vivienda habitual, la parálisis urbanística, las deficiencias en servicios básicos —dependencia, agua y saneamiento— y una presión fiscal muy elevada que no se ve compensada por mejoras proporcionales en infraestructuras o calidad de los servicios. La reiteración del conflicto externo actúa así como un elemento de distracción política, que reduce la visibilidad de estas carencias estructurales.
El resultado es un juego político recurrente, basado en la victimización institucional y en la denuncia constante, que desplaza la atención ciudadana del balance de gestión municipal. Este enfoque no aporta soluciones a los problemas de fondo ni modifica los indicadores objetivos que afectan al día a día de los llaniscos, pero sí permite mantener el debate en un terreno simbólico y confrontativo. Desde un punto de vista analítico, este patrón puede interpretarse como una estrategia política para opacar la evaluación de resultados y diluir la responsabilidad directa del gobierno local en la situación actual del concejo, más que como una vía eficaz para corregir los desequilibrios existentes.
El conjunto de los hechos descritos permite trazar un retrato coherente del clima político municipal en Llanes, caracterizado por una combinación de gestos temerarios, ausencia de resultados tangibles y un deterioro progresivo de los contrapesos institucionales. El gobierno local encabezado por Enrique Riestra Rozas ha convertido la confrontación externa en el eje central de su acción política, recurriendo de forma sistemática a la polémica simbólica y al conflicto discursivo con otras administraciones como sustituto de una gestión eficaz de los asuntos cotidianos del concejo.
Este comportamiento revela un patrón de imprudencia política: se priorizan iniciativas de alto impacto mediático, como la carta en catalán promovida por VecinosxLlanes, que generan ruido, polarización y titulares, pero que no aportan soluciones a los problemas estructurales que arrastra Llanes. Mientras se alimenta una narrativa de agravio permanente frente al Principado, se diluye la responsabilidad directa del gobierno municipal sobre ámbitos que son de su competencia y donde los déficits son persistentes y verificables: vivienda, urbanismo, servicios públicos básicos y una presión fiscal elevada sin retorno proporcional.
A esta dinámica se suma la actuación de los apoyos políticos y sociales del gobierno local, que refuerzan el discurso de confrontación sin introducir elementos de autocrítica ni propuestas concretas de mejora. El resultado es un ecosistema político cerrado, poco proclive a la rendición de cuentas y más orientado a la reafirmación identitaria que a la resolución de problemas reales.
En paralelo, la oposición municipal, el PSOE llanisco, aparece desdibujada y carente de iniciativa. Su presencia pública se limita, en gran medida, a actos institucionales y a la imagen, como en visitas oficiales de responsables autonómicos —entre ellos la de Gimena Llamedo—, pero sin que ello se traduzca en una oposición política firme, sostenida y visible frente al gobierno local. Esta ausencia de un control efectivo y de una alternativa clara contribuye a consolidar la inercia del ejecutivo municipal y a empobrecer el debate democrático.
En conjunto, el panorama que se desprende es el de un gobierno municipal que actúa con temeridad política al anteponer la confrontación y el gesto a la gestión, respaldado por un entorno acrítico, y frente a una oposición débil, incapaz de ejercer un papel de contrapeso real. Este equilibrio disfuncional ha favorecido la cronificación de los problemas estructurales del concejo y ha dejado a los llaniscos sin respuestas eficaces ni un debate político centrado en soluciones, reforzando la sensación de estancamiento y de deterioro institucional.
Para terminar el post quiero manifestar que lo ocurrido en Llanes no es una sucesión de episodios aislados, sino la expresión de un despropósito político sostenido. Un gobierno municipal encabezado por el fascista, Enrique Riestra Rozas, ha optado por el ruido, la provocación y la confrontación como sustituto de la gestión, mientras los problemas reales del concejo se enquistan y se agravan. La falta de resultados se tapa con gestos vacíos; la ausencia de proyecto, con victimismo institucional; y la carencia de autocrítica, con la búsqueda constante de enemigos externos. Todo ello ocurre ante una oposición incapaz de ejercer un control efectivo, dejando a los llaniscos atrapados entre el desgobierno y el silencio. El balance es claro: mucho espectáculo, poca política útil y una realidad cotidiana que sigue esperando respuestas.
Ya lo dijo Aristóteles: “Los demagogos nacen cuando el pueblo deja de exigir hechos”.
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